Correspondencia
De Bolívar a Chávez
1. Etapa colonial
La
futura Venezuela se consolidó a finales del siglo 17 sobre un nimio territorio en
relación con el actual (Occidente, hasta entrado el siglo 19, sólo controló un
15% de América). Colonia atípica _ninguna concuerda con el modelo falaz
inventado por la Historia Sagrada_ ausencia de plata, metal que enloquecía a
los europeos, clima, feracidad del suelo y costa en el Caribe, provocaron que
la oligarquía organizara la salida lógica en el sistema indiano, enorme
plantación produciendo coloniales (azúcar, algodón, cacao o tabaco) para el
mercado exterior, con esclavos africanos, pues la mayoría de aborígenes habían
sido capturados para explotarlos en las Antillas, en una primera etapa de
malversación.
La
máxima aspiración de los morenos era recuperar la libertad, lo que conseguían
de llegar al Llano, enorme territorio al sur, donde con nativos y blancos que
también huían de la represión, organizaron ámbitos cimarrones.
2. De liberales a tiranos
Como
en el resto de las Indias, la Independencia _plan de la oligarquía para
implantar definitivamente la sociedad capitalista y por tanto impopular_
enfrentó el impactante rechazo de la mayoría, lo que explicaría el turbulento
siglo 19. En 1909, cien años después de la secesión, un despiadado dictador,
Juan Vicente Gómez, consiguió consolidar el estado y controlar casi todo el
territorio, someter notables regionales, domesticar caudillos enfrentándolos y
aplastar la mayoría de insurgencias antiliberales. Gracias al petróleo pudo
construir una red vial _prisioneros políticos como mano de obra_ organizar una
policía y un ejército eficaces y bien pertrechados, corromper a quienes se
dejaron, envileciendo o atemorizando a buena parte del país. Una sola región y
un solo pueblo, el Llano y los llaneros no se doblegaron.
Gómez, primer hombre de Washington, urdió, de forma definitiva y sistemática,
el esperpéntico culto a Bolívar, grotesco y tramposo manejo del pasado, fue
paradigma del déspota latinoamericano que inspiró el patriarca otoñal de García
Márquez e inauguró el siglo 20 venezolano, alternando nuevos tiranos, sucesores
de aquél, su ministro del interior y yerno López Contreras o Pérez Jiménez
(1952-1958), con el parlamentarismo primero dominado por Acción Democrática
(AD) y luego compartido con COPEI que se decía socialdemócrata. Pero debajo de
la superestructura política sin apenas sociedad civil, fluía un estado
pletórico de recursos _crecientemente saudí gracias a royaltis del oro negro_
permitiéndole abusar del capitalismo de estado, derrochar, comprar (en todos
los sentidos de la palabra), enviciar, despilfarrar y anular a los no
beneficiados, con represión y pocas migajas.
Ámbito
cada vez más dantescamente desigual _opulencia y derroche ostentoso de bien
pocos contrastaba con miseria de la mayoría_ generó todo tipo de insurgencias.
En los `60, el espejismo castrista, supuso motines militares y recurso a la
guerrilla, siendo más espectacular la urbana del PC y el MIR (escisión rebelde
de AD), con sus Unidades Tácticas de Combate que detenían mandarines políticos,
fraguaban secuestros y saqueos publicitarios, reparto de alimentos o juguetes
en barrios marginales de ranchitos, incendio de los almacenes Sears de
Rockefeller o espectaculares fugas de las cárceles. El intento se liquidó con
colosales alienación y represión sin escrúpulos en la que destacó Carlos Andrés
Pérez (CAP), llamado "gatillo fácil", ministro de interior de Rómulo
Betancourt (1959-1963), durante cuyo mandato hubo más asesinatos políticos que
a lo largo de la dictadura anterior.
Desde
1958 Venezuela devino escaparate de la peculiar "democracia"
auspiciada por USA, de justicia enmascarada e igualdad brillando por su
ausencia; se jactaban de independencia, pero el sojuzgamiento era impactante o
de nacionalismo, a pesar de ser meros títeres de intereses foráneos.
El
escaparate se hizo añicos en febrero de 1989. A prodigiosas ofertas de CAP, en
su campaña para ser reelegido presidente, y fastos y boato de lo que la gente
llamó la "coronación", siguió, último día de aquel mes, anuncio del
paquete de medidas restrictivas a aplicar, cura de caballo del FMI, para salir
del atasco, secuela de la deuda, en parte debida al desenfreno saqueando las
arcas del estado quienes decían gobernar para el bien de todos, brutal alza de
precios o aumento de préstamos e hipotecas que trajeron una poblada festiva,
con vaciado de supermercados, y represión descabellada con centenares de gentes
asesinadas por el ejército o la policía.
3. Búsqueda de alternativas
De
alguna manera Venezuela no superó la conmoción. Desencanto de los más, ante un
sistema político depravado, ineficaz y putrefacto, ayudarían a entender, tras
ensayos de todo tipo, la victoria, en elecciones, 6/12/1998, de Hugo Chávez con
el 56.20% de los votos, frente al 39.97 de su oponente. Cuatro meses después,
más del 80% de los votantes aprobó la convocatoria de una Asamblea
Constituyente, en la que consiguió 121 de los 131 escaños. La nueva Carta Magna
se aprobó, 15/12/1999, con el 90% de los sufragios, mientras Chávez era
reelecto en julio del 2000. Protestas de la oposición, en especial la huelga
petrolera, culminan en un ensayo, abril de 2002, fallido, de golpe de estado,
tras el cual se afianzó Chávez, a la vez que crecían encono y críticas de
oponentes degenerando en crispado e inquietante antagonismo que puede acabar en
lo peor. Pues aquél y sus partidarios responden al hostigamiento opositor con
igual moneda y el enfrentamiento alcaza graves cotas de guerracivilismo.
La
discrepancia entre empecinados críticos y enfervorizados creyentes dificulta el
análisis, al exagerar todos con desmesura. Consciente de la inútil y quimérica
posibilidad de emitir parecer desapasionado en estas circunstancias enfatizaría
en el debe no sólo persistencia, sino desenfrenado incremento de una corrupción
embrutecedora, provocadora y ostentosa, degeneración del antidemocrático
parlamentarismo en autocracia personal y populista, abuso del culto al caudillo
y a Bolívar, persistencia del estado dadivoso, paternal y repartidor, deterioro
de antiguas y graves carencias sanitarias, escolares, viales o estructurales,
ausencia de proyecto alternativo no sólo al sin duda inoperante modelo criollo
previo, sino también al capitalismo global injusto, apropiativo, alienante y
ecocida. Persistencia de la inquietante inseguridad urbana (265 asesinatos en
Caracas en abril) y rural, con imparable matanza de dirigentes campesinos (más
de 160 en los últimos años), en parte provocadas por milicos.
El
"socialismo del siglo XXI", inspirado en el ensayo castrista, no
parecería, precisamente, solución para tan graves y viejos problemas, la
mayoría estructurales, sino una mera copia de un proyecto agotado y fallido.
Miquel
Izard