Teoría negativa de la historia y
teoría dialéctica de la historia
Entonces se verá que el
mundo posee desde hace mucho tiempo el sueño de una cosa de la que basta tener
conciencia para poseerla realmente. (Marx: Póstumos)
La historia pretende establecer el recorrido de la humanidad
como un tránsito de la animalidad y el salvajismo al estado de civilización a
partir de una concepción del devenir lineal, ascendente, racional y progresista.
Sigamos brevemente este recorrido.
Naturaleza y civilización
Para la «civilización» la idea del Hombre es por sí misma
una expresión de la distancia respecto del animal, la naturaleza es su
antítesis. Aquello que la civilización ha conquistado es fruto de la dominación
de la naturaleza y del cuerpo, de su desmembración del hombre.
La civilización se ha distinguido al separar el cuerpo del espíritu1;
en la escisión de la vida en espíritu y en su objeto. Ese objeto es la
naturaleza dominada sin fin. La naturaleza será valorada por la maquinaria
social de dominación como la antítesis de la sociedad. La naturaleza será
basura y descomposición. Su recuerdo nos debe trasladar a un estado inferior
que representa la bestialidad (la serpiente), la negación del espíritu, el
instinto, la carne…. A efectos del proceso civilizador, la naturaleza es un
objeto que ha sido desplazado convenientemente, está afuera y abajo. De esta
separación se desprende la relación mutilada con el cuerpo, el cuerpo abajo, el
alma arriba. La transformación del cuerpo en cosa inerte forma parte del
proceso en que se ha reducido la naturaleza a materia primera. El cuerpo como
lo inferior y sometido es a la vez deseado como prohibido, es un tabú, la
sexualidad es lo muerto que revive, Eros que resurge de Thanatos.
El dominio de la
naturaleza será reproducido en el interior de la humanidad. Hombre y mujer no
tienen, sin embargo, la misma participación en la formación de la civilización,
la mujer no «produce» sino que cuida a los productores2. La división
del trabajo impuesta históricamente por la dominación patriarcal, que acentúa
la separación entre el placer y el trabajo, relega a la mujer en su función
biológica como imagen de la naturaleza3 en cuya opresión la
civilización representará su esplendor. La civilización será el nuevo cercado
del animal separado, es la victoria de la sociedad naturalizada como un todo
sobre la naturaleza.
Tiempo cíclico y tiempo lineal
El hombre primitivo vive en un permanente presente y en un
perpetuo retorno. La mimesis4 es la rebelión contra el tiempo
concreto, el retorno periódico al tiempo mítico de los orígenes, la repetición
del tiempo cíclico. Por esa repetición el hombre es proyectado a la época
mítica que pretende la abolición del tiempo profano, de la duración y de la
historia. El hombre soporta difícilmente la historia, el sufrimiento equivale a
la historia y la conjura mediante un regreso continuo...
Yahvé5 es una personalidad que interviene sin
cesar en la historia. Los profetas bíblicos (la elite religiosa) interpretan
los acontecimientos como revelaciones de la divinidad, efectúan las profecías
que son validadas por catástrofes. Así, por primera vez los profetas valoran la
historia, consiguen superar la visión del ciclo y descubren un tiempo de
sentido único. Los acontecimientos históricos obtienen una significación
religiosa, tienen un valor en sí mismos.6
El monoteísmo, el más antiguo patriarcado que transformará
los tabús en máximas civilizadoras, se funda en el mesianismo, en la salvación
escatológica del tiempo (el futuro regenerará el tiempo) y su valoración en la
historia, que permitirá sacrificar el presente en aras del futuro7.
La historia deberá ser soportada porqué se sabe que algún día cesará, será la victoria
de la eternidad sobre el tiempo, en el más allá. Mesianismo y Apocalipsis son
las bases de la filosofía de la historia occidental.
El movimiento lineal de la historia
El movimiento de la Historia se desarrolla hacia la
abstracción. El binomio dominio-subordinación que arranca en el cuerpo social incipiente,
que es simbolizado por la ley y la Institución y que se fija sobre éste, se
inscribe sobre la fractura de la colectividad y el interés general, escribe
aquello que será considerado como el perímetro determi- minado del espacio y la
acción del cuerpo social. Esta separación originaria, este ser cosa del
cuerpo social constituirá su fractura, su alienación. La dominación que
ejercerá el hombre sobre la mujer, la subordinación de ésta hacia el otro y la
obediencia de ambos a lo instituido, será la energía que alimentará lo fundado
como separación. Sobre su separación se funda la dominación del órgano
separado. Esta separación, esta disociación, caracteriza las relaciones
sociales con el signo de la abstracción.
La subordinación del hombre al Estado incluirá (legalizar y
administrar) el reconocimiento de la subordinación de la mujer al hombre. El
Estado arcaico apoyándose en el poder del macho e institucionalizándolo, se
erigirá en patriarca de la nueva sociedad. A partir de entonces, cualquier gesto
del cuerpo social será un signo de ese dictado (de su fractura), de la
dominación, jerarquización y subordinación del cuerpo a la Institución, de lo
instituido sobre lo asociado. Al binomio dominio-subordinación le sigue el
binomio institución-sociedad.
El patriarca será poco a poco rebasado por el Estado moderno
y éste a su vez será desplazado por el capital. La afirmación del Estado por
encima de la comunidad, sobre cualquier apariencia de separación, reducirá el
espacio social a la abstracción, al movimiento del Capital.
La historia desconoce al individuo en la manifestación de su
sufrimiento, desconoce el sufrimiento de la humanidad que provoca la necesidad,
desconoce el miedo sin el cual no existiría dominio alguno, excluye cualquier
indicio de emancipación… La historia (como la ideología) se empeñará en su
ocultación, ocupando el espacio del mito, maravillándose en los «orígenes», de
lo natural y lo divino, recreando lo instituido, siguiendo la cicatera y
mezquina guía del Progreso como el perpetuum mobile de su mitológico
sentido.
Racionalización del «Mundo»
Para Condorcet
(1794), que entendía la historia de la humanidad bajo el influjo de la física
newtoniana como un proceso general de racionalización, la Ilustración
propugnaba la eliminación de los prejuicios a través de la difusión del
conocimiento científico. Al progreso
científico le sucedería un perfeccionamiento moral, del que cabría esperar un
progreso no sólo de la moralidad sino también de las formas de convivencia
civilizada.
Según Horkheimer y Adorno, la Ilustración, en el más amplio
sentido de pensamiento en continuo progreso, ha perseguido desde siempre el
objetivo de liberar a los hombres del miedo 8…
Entonces, ¿porqué la razón (en interés del progreso) no
penetra la necesidad humana, las formas sociales y económicas… porqué habiendo
servido a las fuerzas productivas no lo hace a las fuerzas sociales? ¿Tiene la
racionalidad un significado positivo más allá de su existencia instrumental?
9
El mito (el sacrificio, la renuncia, el mito solar, el
patriarcal) es ya Ilustración; la Ilustración recae en la mitología10.
La propia mitología ha puesto en marcha el proceso de la Ilustración, en el
cual toda determinada concepción teórica cae inevitablemente bajo la crítica de
ser sólo una creencia, hasta que también los conceptos mismos de verdad,
e incluso el de Ilustración, quedan reducidos a magia animista. En el mundo
ilustrado la mitología se ha disuelto en profanidad, supera el mito imponiendo su
dominio sobre la naturaleza y la humanidad. Al transformar la naturaleza, la
razón será de nuevo el mito llamado a reinar sobre los hombres. La recaída de
la Ilustración en mitología es la recaída del espíritu, que emergió con ella,
hacia el dominio ciego de la naturaleza.
El mito de la Ilustración, de la razón y su progreso, se
pone de manifiesto en la incapacidad de dar solución a los problemas que
atenazan a la humanidad, al pensar que aquello que la civilización había hecho
al hombre y a la mujer podía restituírselo el iluminismo. Bien al contrario, el
progreso de la razón instrumental es el resultado de la separación y
disociación del cuerpo social, es el producto del progreso de la dominación del
cuerpo social que una vez cosificado le sirve de instrumento.
No obstante, al
mismo tiempo, el pensamiento crítico no puede zafarse de esa misma órbita
racionalista; todo aquello que surge de este pensamiento conlleva ésta misma
separación, la disociación. Para Lukács (siguiendo a Marx), será la separación
entre teoría y praxis11, entre cultura y producción, la responsable
del aplazamiento de la superación dialéctica de la filosofía. Horkheimer
considera que desde el mismo momento en que la razón se convirtió en
instrumento de dominación de la naturaleza humana y no humana por el hombre
quedo frustrada su propia
intención de descubrir la verdad, manifestando su escepticismo frente a
la capacidad de superación racional de la historia12.
Lukács pone de relieve la cosificación de las personas como
reverso de la racionalización del sistema. Cosificación de todas las relaciones
sociales, que Lukács considera como producto del capitalismo, como fenómeno
histórico transitorio, que se verifica en la separación entre los productores y
sus productos. Relaciones que se confirman en esta sociedad en que toda
satisfacción de las necesidades se cumple en la forma mercancía, que se
impone como forma de objetividad dominante y rige las relaciones de los
individuos entre sí y con la naturaleza.
Cosificación que será superada, dialécticamente, por el
proletariado, gracias a la conciencia que interviene en la realidad e unifica
la teoría y la praxis13. Gracias a que esa racionalización
aparentemente integral del mundo encuentra sus límites en el carácter formal
de su propia racionalidad. Gracias a la escisión que se produce precisamente
entre objetividad (alienación del trabajo que deviene mercancía) y subjetividad
(del hombre que se objetiva como mercancía, pero que se resiste en su interior
contra esa existencia suya), esta situación se hace a la vez susceptible de
devenir consciente. También nos advierte que mientras (el trabajador o
trabajadora) siga siendo prácticamente incapaz de levantarse por encima de esa
función de objeto, su conciencia será la autoconciencia de la mercancía.
Sin embargo, a
pesar de una aparente superación del problema por parte de la filosofía, a
pesar del esfuerzo de algunos filósofos por apartar al pensamiento de la
cuestión, la disociación persiste. La separación entre los productores y sus
productos persiste. La razón está disociada de la moral (la moral del oprimido,
del bien común), la razón es autónoma e instrumental y está en ruptura
(Derecho, razón técnica). La realización de la razón instrumental, la praxis
que proviene de la cosificación de las personas, no solamente es producto de la
separación entre razón instrumental y razón moral o emancipadora, del
antagonismo entre la razón, la naturaleza y la colectividad entre iguales, sino
que reproduce y se reproduce forzosamente en el binomio
dominación-subordinación o no es: o no es separación y disociación, o no es un
problema para la filosofía, es su superación. Podemos objetar que, en este
momento, no se confirma una relación dialéctica entre razón emancipadora y
razón instrumental, a efectos de la negación de aquella sobre esta (pero si a
la inversa), de la misma manera que la dialéctica no será un problema para la
teoría del conocimiento, a menos que dicha teoría se interrogue alrededor de lo
puntual, de ese momento, de ese equilibrio.
El proceso de racionalización del mundo, es pues, la
expresión moderna del predominio, de la dominación de la naturaleza y de la
dominación de unos individuos sobre otros, su negación, la negación de la razón
emancipadora, el predominio de unos intereses que instrumentalizan las
capacidades sociales a su conveniencia en un proceso histórico de dominación,
acumulación, abstracción y alienación.
Necesidad e historia
Las necesidades, aquello que precisamos y que consideramos
necesario e inalienable para vivir, y su satisfacción, constituyen la manera en
que hombres y mujeres se han relacionado y se relacionan entre si y con la
naturaleza para alcanzar dicha satisfacción. Los diferentes procesos de
objetivación14 que deben resolver la tensión entre la necesidad y su
satisfacción, cómo discurren a través de la historia de la humanidad, producción,
distribución, intercambio, cómo se remedian y equiparan, serán pues los
elementos determinantes que caracterizarán el tipo de comunidad humana y las
relaciones entre sus miembros.15
La satisfacción
de las necesidades a lo largo del período histórico se ha distinguido por la
dominación del hombre sobre la naturaleza y por la dominación del hombre sobre
el hombre, de tal manera que la distancia incipiente que separaba al sujeto del
objeto, la distancia que separaba a la necesidad del sujeto de su satisfacción
material, se fundará en la distancia frente al objeto que el amo logra mediante
el esclavo. La satisfacción de la necesidad (el proceso de objetivación), la
distancia recorrida por el sujeto hacia el objeto no será pues lineal e
inmediata, no será unívoca, sino mediática. La mediación, el trabajo necesario16
para satisfacer las necesidades será el objeto predilecto de la dominación a lo
largo de la historia, dando lugar a unos sujetos que (se objetivan)
instrumentalizando la actividad humana y sirviéndose de ella se apoderan de la
riqueza social y del conjunto de la sociedad. Y otros, que, instrumentalizados,
reducidos a la condición de objetos (se objetivan) en el proceso productivo,
son privados del producto de su actividad, que no les pertenece. A este proceso
histórico de dominación y acumulación por parte de una clase social le
corresponde la abstracción y alienación de la riqueza social y de su
determinada sociabilidad.
Los hombres y las mujeres por mediación del lenguaje
objetivan diferentes procesos.17 El proceso de objetivación, aquel
en que la naturaleza es transformada por el individuo, transforma al individuo
a su vez. Para aquel sujeto que se sirve de otros, el proceso de objetivación
es un proceso de cosificación, se confunde con el de instrumentalización, es
decir, que la distancia respecto del objeto es igual a la distancia respecto
del sujeto (no hay cosificación sin dominación). El otro, que está al lado del
objeto, el que es confundido con éste, que es instrumento entre los
instrumentos, y que debe realizar la acción hacia el objeto que está
allá y afuera y que una vez poseído, en su poder, es privado de él, debe
reconocer que no le pertenece, que le pertenece a otro, que está desposeído;
para él el proceso de objetivación es un proceso de enajenación (no hay
enajenación sin subordinación).
Estos procesos (históricos) de objetivación diferenciados
alrededor de la actividad material, alrededor de la satisfacción de la
necesidad, son a la vez la manifestación de las contradicciones del devenir de
la humanidad, manifestaciones de la mistificación de su progreso que transita,
más bien, de la animalidad a la barbarie.
Procesos de objetivación contradictorios que interfieren
entre la necesidad del sujeto y su satisfacción material, cuya máxima expresión
paradójicamente es su privación fijada en una abstracción18 (el
Capital). Procesos de objetivación equívocos que confunden a los sujetos con
los objetos.
Negación del trabajo humano que somete a la humanidad bajo
la permanente tiranía de la necesidad y la privación, cuya definitiva
superación le permitiría salvar la distancia que le separa de su satisfacción
material, salvar la separación de pensamiento y acción, de espíritu y
naturaleza... que permitiría salvar la subjetividad.
Etcétera
2 (...) «las mujeres estando situadas del lado del interior,
de lo húmedo, de lo bajo, de lo curvo y lo continuo, se van a atribuir todos
los trabajos domésticos, es decir privados y ocultos, invisibles y vergonzosos,
como son los de los niños y los animales, así como todos los trabajos
exteriores impartidos por la razón mítica, es decir aquellos que traen el agua,
la hierba, la leche, la leña, y muy especialmente los más sucios, los más
monótonos y los más humildes». (A propósito de la sociedad kabil). Citado por
Pierre Bourdieu, La domination masculine, Éditions du Seuil, Paris, 1998.
4 La mímesis es un obrar semejante a la naturaleza más que un
obrar como mera imitación, esta noción se relaciona con la de catarsis. La
secuencia de los gestos en el transcurso de una ceremonia no hacen más que
retomar las secuencias de un relato mítico. Por ejemplo, frente al «desorden»
de la naturaleza el rito repite el mito de la creación.
5 El Dios hebreo era único como único era su mandato, «¡No
tendréis otros dioses delante de mí!».
6 Mircea Eliade, El mito del eterno retorno: arquetipos y
repetición, Alianza Emece, Bna 1985
7 La prohibición de la mitología decretada por el monoteísmo
condena lo divino a su posterior desaparición.
9 La idea de una razón instrumental dominante o «razón
subjetiva» que respondería a la solución de tareas técnicas, construcción de
medios, contrapuesta a otra razón o «razón objetiva o autónoma», que
respondería a criterios morales y estéticos (arte), se la debemos a M.
Horkheimer. (Crítica de la Razón Instrumental, Trotta.)
10 Horkheimer y Adorno, Dialéctica de la Ilustración.
11 Georg Lukács, Historia y conciencia de clase, Grijalbo, México,
1969, Trad.de M. Sacristán.
13 «Momento en que la utopía queda materialmente eliminada de
la lucha liberadora del proletariado». (Georg Lukács, Historia y conciencia de
clase).
15 Según
Marcel Mauss, el don o intercambio de dádivas entre numerosas tribus es ante
todo intercambio de cortesías, festines, ritos, servicios militares, mujeres,
niños, bailes, fiestas, etc. La noción de intercambio designa un hecho social
total, sin distinción entre lo económico y lo ideológico. Las transacciones son
el fondo rigurosamente obligatorias. Aquel que no regala o rechaza tomar o
entregar es considerado por ello como un enemigo. En ciertos casos se debe
gastar todo y no guardar nada: quien ha sabido consumir y destruir todo es
considerado como el jefe (práctica denominada potlach por las tribus indígenas
del noroeste americano). Los individuos, al dar, rompen el vínculo que les une
con la cosa, esta negación sólo es verdadera si el otro la reconoce al
efectuarla a su vez. Éstos, en esta operación idéntica, el don, se confirman
los unos a los otros que no son cosas. (M. Mauss: Sociologie et Anthropologie,
PUF, París, 2004).
16
El objeto del trabajo es la objetivación de la vida genérica del hombre, que
dirá Marx, pues éste se desdobla no sólo intelectualmente, como en la
conciencia, sino activa y realmente, y se contempla a sí mismo en un mundo
creado por él. Por esto el trabajo enajenado, al arrancar al hombre el objeto
de su producción, le arranca su vida genérica, su real objetivi- dad genérica.
Citado en: Manuscritos económicos y filosóficos, (1844), Alianza, Madrid, 1974.
17
«Papúes y melanesios, no poseen sino un solo vocablo para designar la compra y
la venta, el prestar o recibir un préstamo. Las operaciones antitéticas son
expresadas por el mismo vocablo». (Marcel Mauss: Sociologie et Anthropologie).