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Consideraciones sobre la historia

Cosas a tener en cuenta cuando hablamos de historia

1. Podemos considerar la historia como un fluido de acontecimientos que se dan a lo largo del tiempo y que nosotros, a posteriori, organizamos dándole forma comprensiva: interpretamos. En nuestra interpretación de lo acaecido prima por tanto nuestra estructura comprensiva, nuestra mirada no ingenua y condicionada por múltiples instancias, que Marx, Freud y Nietsche, los filósofos de la sospecha, en el siglo XIX, quisieron desvelar en los planos respectivos de lo económico, de lo inconsciente y de lo irracional. Marx subrayó la importancia de la economía para entender las relaciones que se establecen entre los hombres en la historia. Con el fetichismo de la mercancía, explicaba cómo en una sociedad donde los productos del trabajo humano adquieren la forma de mercancía, las relaciones sociales entre personas toman la forma de relaciones sociales entre cosas. Freud indagó en otra instancia para entender nuestro comportamiento y para entender el curso de la historia: más allá del sujeto cartesiano que cree dirigir conscientemente sus pasos, hay el sujeto del inconsciente, verdadero sujeto que rige nuestros pasos, que estructura nuestro deseo y que se manifiesta en el síntoma y aflora en el fantasma. Para Nietzsche la comprensión de la historia es trágica: una fuerza irracional, dionisíaca mueve el transcurrir histórico. Para él, la historia no puede conocerse y, por tanto, tampoco cambiarse. Contra Sócrates, para quien el pensar es capaz no sólo de conocer sino incluso de corregir el ser y de corregir el mundo por medio del saber, Nietzsche toma partido por Homero, por la Grecia heroica.

2. La importancia de Marx es que supo realmente explicar el mundo en el que vivía. Puso al descubierto aquello que, aún siendo evidente, nadie había sabido ver; pues lo evidente es en muchas ocasiones lo más oculto, lo que nos es más desconocido a pesar de tenerlo delante de nuestros ojos. "El programa de Marx es el de una historia consciente(...) La historia que se ha vuelto real ya no tiene fin(...) La crítica de la economía política es el primer acto de este fin de la prehistoria."(...) "Lo que liga estrechamente la teoría de Marx al pensamiento científico, es la comprensión racional de las fuerzas que se ejercen realmente en la sociedad. Sin embargo, esta teoría es fundamentalmente un `más allá' del pensamiento científico, donde éste es conservado únicamente en tanto que se lo supera: se trata de una comprensión de la lucha, y de

ningún modo de la ley. `Conocemos una sola ciencia: la ciencia de la historia', dice la `Ideología Alemana' (G. Debord). Esto es lo que hace que Marx no pueda ser ni obviado, ni olvidado. No la ideologización de su teoría, sino la capacidad de pensamiento y crítica que tuvo y que le permitieron explicar el funcionamiento de un mundo en el que aún vivimos.

En su interpretación de la historia, Marx subrayó la importancia de lo económico, la importancia que tienen la producción y la división del trabajo para entender el tipo de sociedad. Su concepción de la historia viene diseminada en todos sus escritos, pero aunque el texto más conocido (y también el más manipulado) sea el del prefacio a la Contribución a la crítica de la economía política de 1859, quizá sea en el pasaje I Feuerbach* de La Ideología Alemana de 1846 donde más claramente se expresa su concepción materialista y crítica del mundo. Marx entendió la historia como lucha de clases, lucha que se desarrolla según el actuar voluntario y consciente de los hombres y no regida, por tanto, por un ya determinado patrón a seguir. Esta concepción de la historia fue reducida por sus epígonos a un puro determinismo económico, la famosa infraestructura que determinaría en última instancia el quehacer histórico dejando pues sin lugar a la voluntad revolucionaria que puede precipitar el curso de los acontecimientos. Lo que para Marx era un "hilo conductor" para entender el curso de la historia pasará a ser con Engels "la concepción materialista de la historia" verdadero descubrimiento de Marx, dirá Engels, comparándolo con Darwin descubridor de la ley que regía la evolución indefinidamente progresista de las especies. Si es cierto que los escritos de Marx sobre los sucesivos modos de producción, desde el comunismo primitivo hasta el comunismo que el proletariado puede y debe llevar a cabo, pueden dar pie a una lectura progresista y teleológica de la historia, su consideración del comunismo no como teoría a realizar sino como el movimiento real que suprime las condiciones existentes y suprime las clases mismas (autonegación del proletariado), y el conjunto (inacabado) de su obra lo alejan del reduccionismo mecanicista al que el marxismo, verdadera ideología del siglo XX, lo ha encerrado. Hegel ha ganado pues la partida a Marx, o como dice Maximilien Rubel (1) la ausencia de Marx es la presencia de Hegel.

3. En nuestra interpretación de los hechos prima nuestra estructura comprensiva. Nuestra mirada no es ingenua, está atrapada en nuestro universo simbólico en el que concurren ideas, intereses, imaginaciones, deseos, fantasmas… que volcamos en nuestra interpretación de los hechos, y que orientan esta mirada. No tenemos otro
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1 Para ver la aportación de Rubel a una lectura de Marx, ver: Maximilien Rubel, Marx sin mito. Octaedro, 2003


acceso a los hechos que a través de esta mediación simbólica, aunque con ella se cuelen intereses y deseos. Nuestra percepción de las cosas y de los acontecimientos es lo que determinará nuestra comprensión y nuestra acción, nuestra teoría y nuestra práctica. Los fenómenos que apercibimos dependen de la construcción de nuestro ser, aunque esto no quiere decir que los hechos y las estructuras sociales sean meras creaciones de nuestro espíritu sino realidades existentes. Subrayar la importancia de lo simbólico no es negar la realidad de los acontecimientos, diluyéndolos en un puro subjetivismo: las cosas que pasan son unas y no otras y para entenderlas es importante el punto de mira, y hay puntos de mira mejores que otros, y hay hechos que dan más soporte a una interpretación del pasado que a otra (Por ejemplo, la salida masiva a la calle de los obreros tomando la ciudad el 19 de Julio en Barcelona da más soporte a una interpretación que ve en aquella fiesta un gesto revolucionario que a otra que sólo ve una mera reacción a la provocación fascista).

4. Si nuestra interpretación de los acontecimientos es a posteriori, el significado le viene después. A diferencia del animal cuya relación con el mundo es inmediata, a través del instinto, nosotros necesitamos de la mediación y esta mediación se hace a través del lenguaje, es simbólica. El pasado es siempre interpretado y tal interpretación contiene una visión, o una idea del futuro. La pretendida objetividad de los hechos, el fácil recurso al pasado para justificar cualquier cosa, puede esconder lo más ideológico y puede servir para defender las tesis actuales más opuestas.

Es manifiesta la dificultad del acceso al pasado, tanto a nivel personal como colectivo. Freud con su hipótesis del inconsciente y el Psicoanálisis nos muestran lo difícil del acceso a nuestro pasado, a nuestra historia personal. Igualmente, a nivel colectivo nuestra experiencia nos muestra la dificultad del acceso al pasado. Los cambios de paradigma de una época a otra y el consecuente reconocimiento del error en nuestras interpretaciones del pasado… nos dan a entender la dificultad de saber sobre este pasado. Para entender el presente, conocer el pasado no es pues un recurso fácil; es más bien desde el futuro que entenderemos el presente. No podemos entender el presente sin criticarlo y esta crítica viene del futuro, se hace desde un posible, no utópico, a construir en el presente. Futuro entendido como dimensión del presente que lo abre a lo posible, a lo posible en la historia, no más allá, fuera de este mundo. Futuro entendido como lo por venir que cuestiona el presente, lo ilumina al criticarlo y lo abre a la historia, a nuestra historia, a la historia que el poder al escribir la suya nos niega, ya sea ocultándola o escenificándola, según las distintas fases de su dominación. En la actual fase de dominación las conjuga, aunque predomina la escenificación.

5. Parece ser que la historia narrada _y dentro de ella sobre todo el historicismo_ siempre busca un sujeto, un o unos protagonistas que la realizan. La historia contada,

es siempre una historia realizada por unos protagonistas, esa es "su" historia. Esta historia es incapaz de narrarse sin protagonistas, sin el "sujeto" que la impulsa y protagoniza. Este "sujeto" pueden ser los reyes y su acrópolis, los sacerdotes y su templo, ambos impulsando la agricultura, la ganadería, el comercio y la guerra y lo que es más importante forzando a trabajar a muchos como esclavos para el beneficio y disfrute de unos pocos; o las esclavistas polis y su democracia de los amos libres; o los imperios esclavistas y colonizadores y sus hazañas y la clase burguesa que inicia este sistema capitalista que hasta ahora se desarrolla y arrolla; y con ella su Razón, su Nación, su Estado y su Espíritu... Para algunos el último "sujeto" protagonista debía de serlo el proletariado... Todos coinciden en una historia, no como cosa de la humanidad en la naturaleza, sino de un sujeto histórico que la impulsa y la realiza contra la naturaleza. La dominación de la naturaleza es la razón de la historia de los hombres: de la sociedad humana jerarquizada y sus civilizaciones, es su lucha y su imposición sobre ella la que les permite mejorar y progresar técnica y económicamente.

Este último sujeto englobaba a unas masas (a una "multitud"), a las que se quería uniformar; el proletariado como clase admitía pocos matices y ninguna individualidad (voluntad individual), representaba, para algunos, la esperanza de definir y encontrar un todo del que se esperaba actuaría al unísono, con una sola voz o bajo una sola voz, y como un solo actor. Hay rasgos de perversidad en esta esperanza uniformadora que pronto también se demostraría falsa y se tornaría brutalidad totalitaria bajo el capitalismo de estado y su ideología. Tan totalitario era el afán y el ansia del Estado que se pretendía dictadura del proletariado, como del Estado nacido del directorio de la burguesía triunfante, cuyo desarrollo dará lugar a este Estado democrático del Capital que nos domina.

 

La historia contada desde el Poder.

6. La Historia está ineludiblemente unida a la escritura. Es desde la invención de la escritura, que permite la inscripción permanente de la Ley y de la Historia, que podemos seguir la crónica del Poder, de las muchas dominaciones y, por lo tanto, de demasiados sometimientos y servidumbres.

Es evidente que el desarrollo de la escritura corre pareja al desarrollo del Estado y de las técnicas de dominación. Es en este trayecto, desde que el Estado empieza a escribir hasta ahora, en el que podemos observar los diferentes cambios y progresos en dichas técnicas de dominación, y al reconocer las diferentes variantes y adaptaciones de las estructuras de ese Poder impuesto, se puede constatar lo brutal de esta línea de muerte que señalan las diferentes "transmigraciones del Espíritu del Estado".

La tradición oral que explicaba las aventuras, avatares y logros humanos, no significaba un método suficientemente fiable y seguro para el Poder. Por un lado, la

narración oral podía ser objeto de constantes variaciones según donde y quien narrase, y por otro, la inmediatez de lo oral nos remite al presente verificable o a un pasado reciente, lo que implica la posible existencia de testigos directos que contrasten lo narrado. Esta falta de uniformidad de la tradición oral hace que la narración siempre esté abierta, permitiendo tantas versiones como narradores.

El Poder se quiere eterno y tiene la necesidad de presentarse como tal: como lo que siempre ha estado ahí, como lo que es natural. Por ello tiene la necesidad de contar uniformemente la misma historia y de la misma manera, subrayando esto y olvidando aquello. La escritura facilita la fijación de la ley y de la historia para la eternidad, para siempre, por ello los primeros "documentos" del derecho y de la historia están inscritos en dura piedra, para facilitar y lograr la repetición de la misma ficción, de la misma leyenda: la del Poder. El Poder se impone brutalmente, por la fuerza y la violencia, y aunque quiere ser recordado por eso y recordárselo permanentemente a sus súbditos, a los oprimidos, tampoco quiere ser recordado únicamente por ello, de ahí que una vez institucionalizado, es decir, cuando ya ha logrado establecer un Estado de Derecho, tenga la necesidad de fijar su leyenda, al igual que antes tuvo la necesidad de fijar sus castigos y sus leyes para que todos las acatasen. Esta es la historia escrita, la que quiere contar para siempre la leyenda fijada por el poder. También el arte, la arquitectura, el urbanismo, etc., serán otros lenguajes del poder, que se sustentan en su deseo de controlar y perdurar eternamente.

7. Ese quererse eterno del Poder le hace mostrarse con un sentido histórico de continuación, lo que hay es lo que tiene que haber, pues "el continuum histórico es tiempo homogéneo y vacío" (Walter Benjamin. Tesis de filosofía de la historia). Los historiógrafos plantean una imagen eterna del pasado, pues con ello pretenden conseguir una imagen eterna del presente y del futuro, lo que hay es lo único que puede haber, todo lo demás está fuera de lugar. La historiografía tiene un sistema o procedimiento aditivo que proporciona una suma de hechos, acontecimientos y personajes para llenar ese tiempo homogéneo y vacio.

Por el contrario, "la conciencia de estar haciendo saltar el continuum de la historia es peculiar de las clases revolucionarias en el momento de su acción" (W.B.). Estos son los momentos que a nosotros nos han de interesar: cuando los desesperados en su acción han hecho saltar por los aires la "historia continua" del poder y la luz de semejante explosión deja ver su propio protagonismo en acción. Este conocimiento, quizás nos permita entrever cómo es y cómo se encuentra nuestra conciencia de oprimidos en el presente, y si aún recordamos que "existe una cita secreta entre las generaciones que fueron y la nuestra" (W.B.). Cita capaz de interrumpir el continuum histórico.


8. La historia que realizan los especialistas en la academia, es como unas anteojeras puestas en la mirada de los historiadores que les obliga a mirar permanentemente algo del pasado. "Científicamente" nos narran lo que pasó en un tiempo pretérito. Pero la narración siempre tiene mucho de inventiva, de interpretación, nos narran el pasado según su gusto e interés y escogiendo a sus protagonistas.

¿Quiénes son los protagonistas de la historia para la, mayoría de los historiadores? el Poder y los poderosos, sus instituciones y sus burocracias.

9. La historiografía y todas las corrientes historicistas modernas, se empeñan en pretender explicar la historia de la humanidad como una constante y continua línea de progreso ascendente, cuyo máximo punto se alcanza con la Ilustración y la toma del Estado por la burguesía. El Capital, entonces, se establece «como la patria de los derechos del hombre», «como la mejor democracia y el único lugar donde mejor se puede ejercitar la libertad en el mundo». El progreso _o eso nos cuenta su leyenda_, en todos sus niveles, pero sobre todo económico y técnico, nunca había conocido un desarrollo tan grande como en la actualidad. Es más, según esta leyenda, es el progreso económico y técnico el que garantiza el progreso humano en general. A esta línea se han unido todas las fuerzas políticas (partidos y sindicatos de cualquier matiz e ideología) y todas aquellas voces que pueden balbucear algo públicamente para la gran masa informe, todos dicen lo que hay y toca decir, pero su voz única "reconoce únicamente los progresos de dominio de la naturaleza, pero no quiere reconocer los retrocesos de la sociedad"(W.B.).

10. La historia contada desde el poder es la historia del progreso, que arranca precisamente con la burguesía, clase ascendente que elabora la ideología del progreso, eliminando de su comprensión histórica todos aquellos obstáculos (trabajo esclavo, todo aquello que hay de catastrófico y no puede contarlo como natural…) que entorpecieran su concepción lineal ascendente, con sentido hacia un fin. La burguesía confunde el progreso del capital con el progreso de lo que de humano hay en la mujer y en el hombre, llamando progreso a su progreso, a su guerra contra la humanidad.

Esta ideología progresista elaborada en los siglos XVIII y XIX por una clase en ascenso y que las corrientes socialistas hicieron también suya, es hoy apenas discutida. Aparte de la inagotable crítica de Nietzsche, sí hay, por el contrario, una crítica reaccionaria, es decir hecha desde una exaltación del pasado, a la ideología del progreso, que se hace a caballo de la crítica al mundo moderno. Es la que encontramos por ejemplo en Bernanos, en La liberté pourquoi faire, o La France contre les robots, o en el Péguy de los Cahiers de la Quinzene, círculo del que era asiduo Georges Sorel. También en Sorel, Les illusions du progrès, escrito en 1908, encontramos la crítica del progreso junto a la crítica apasionada, más moral que intelectual, de la democracia liberal, desde una posición antiintelectualista que toma partido por la voluntad contra la razón, y, con Nietzsche, también por Dionisio contra Apolo, por la Grecia heroica de Homero contra Sócrates. Antiprogresista es también la posición de Bordita a caballo del anticapitalismo, e igualmente antiprogresista es la lectura que hace, también desde el anticapitalismo, Bruno Rizzi, en La Burocratización del mundo. Una importante crítica a la lectura progresista de la historia, esta vez desde posiciones próximas al neoprimitivismo, la encontramos en Fredy Perlman en su libro Against History, Against Leviatan, donde traza la historia de la bestia artificial, que Hobbes llamará Leviathan, desde el estado salvaje (el estado de naturaleza que todavía existía en Sumer) hasta el estado "superior" de civilización, al mismo tiempo que da cuenta de las resistencias a tal progreso de deshumanización.

Nuestra crítica a la lectura progresista de la historia, hoy mayoritaria en lo que, simplificando, podríamos llamar la izquierda en un amplio abanico, desde el socialismo al anarquismo, no puede fundamentarse en el pasado sino en el futuro, este futuro no utópico y que abre la historia a un por venir que no es mera proyección de la realidad actual, y tampoco puede nuestra crítica, agotarse en las distintas formas de irracionalismo. Ni fe en la razón, ni antirracionalismo. Salir de la ideología del progreso sin caer en la nostalgia de un pasado idílico (por otra parte igualmente atroz) es necesario para orientar nuestra mirada y hacerla capaz de ver en lo acaecido y en lo que acaece la historia de aquel resto no manejable desde el poder, que no ha podido ni ocultarlo ni escenificarlo, ni integrarlo, ni recuperarlo.

Nuestro mirada de la Historia.

11. La Historia, la conceptualización de lo vivido y de lo que se vive, de lo realizado y lo que se realiza en este mundo donde habitamos, nos debería permitir conocer la realidad en la que estamos, es decir, lo que es este mundo y lo que hay en él, donde estamos y cómo estamos, qué hacemos y cómo lo hacemos.

La Historia que pretendemos no puede estar solamente basada en el pasado. Conocer el pasado tan sólo puede tener sentido si su conocimiento ayuda a iluminar el presente, al tratar desde el acontecer de nuestro hoy de aprehender de las expe- riencias tenidas por aquellos, que como nosotros, estando bajo la fuerza del dominio de una clase en el poder, lucharon para deshacerse de dicho dominio y así buscar un afirmarse en su dignidad de personas humanas libres. Ayudarnos a comprender cómo y por qué han organizado el mundo de esta forma y como sobrevivimos en él.

12. El propósito hipócritamente proclamado por los historiadores de "mirar con pureza el pasado", más que difícil es imposible.


El pasado no puede ser visto como un acontecer fijo e inmóvil, al que nos acercaríamos desde un imparcial presente para que nos aportara su conocimiento. Por el contrario, nuestra visión crítica del presente nos ha de servir como punto de fuga que nos permita la perspectiva necesaria para tratar de saber del pasado aquello que nos interesa. El objetivo ha de ser traer a nuestra conciencia, al saber de sí mismo, estos elementos olvidados y reprimidos del pasado: la barbarie realizada por las civilizaciones y sus culturas y los sueños tenidos e intentados llevar a la práctica por los desheredados, por los pobres. Esto ha de ayudarnos en nuestra posición crítica del presente, así nos aportará la experiencia de aquellos que padecieron en la sociedad una situación análoga a la nuestra, la de estar sometidos, y que no se conformaron con su suerte. Es en este presente en el que tenemos que buscar ese Tiempo-Ahora, ese actuar que sea capaz de interrumpir "el continuum histórico que es tiempo homogéneo y vacío" (W.B.), para dejar brillar con tal interrupción el tiempo pleno de la experiencia.

13. Aquello que la mayoría de historiadores olvida es seguramente lo más importante para nosotros. Este es el pasado cuya comprensión nos iluminará para tratar de compren der el presente en el que nos encontramos. Pues este presente, es el único en el que viviremos, no podemos vivir ni en el pasado, ni del pasado y el futuro está por venir. El único calendario sobre el que nos desenvolvemos es el de nuestra biografía y a él nos hemos de remitir

14. Si la historia escrita es generalmente la historia escrita desde el Poder, escribir contra el Poder será pues escribir contra esta historia, y no por su perpetuación. Gracias a la memoria podemos hacer este ejercicio de olvido, de desaprender para aprender otra cosa, para entender lo callado, lo silenciado, lo reprimido que nos llega a nuestro conocimiento y con lo cual nos reconocemos como parte de nuestra humanidad, como aquello que hay de más humano en nosotros y que atraviesa todo el devenir histórico, aquel resto no manejable por el Poder, antes mencionado

15. Escribir la historia de este resto es anotar la historia de las resistencias al Poder, la historia de aquello que el Poder ha silenciado, ha aplastado, aquello que no ha podido recuperar, aquella vida que a lo largo de los tiempos escapa a su dominación. Todas las resistencias a esta dominación que encontramos ya en Sumer, cuando en Erech el jefe del lugar osó decir a una anciana donde no debía plantar las semillas, y al día siguiente aparecía muerto. O cuando en las provincias más pobladas del centro y del sur de China, los T'aip'ing, con el proyecto de construir una comunidad igualitaria, derrotaron a los ejércitos imperiales durante trece años, desde 1851 hasta 1864. O cuando en la pampa argentina cuatro mujeres prostitutas se negaron a tener relaciones sexuales con los soldados que acababan de asesinar a los obreros de las estancias en las huelgas de la Patagonia en 1921. O en la que podríamos llamar la primera huelga general, en Egipto durante el reinado de Ramsés II. O en la huelga de esclavos negros en Mesopotamia. O en Roma con la rebelión de los esclavos. O en las revueltas campesinas en la Europa del siglo XVI. O en todas las resistencias a la industrialización y a la mercantilización en los siglos XIX y XX llevadas a cabo por los proletarios, ya más conocidas.

Anotar en todo este transcurso y en todas las partes de la tierra estas resistencias, estas rebeliones en ellas mismas, sin proyectarlas ideológicamente en una trama teleológica, que las vacía de su radicalidad y las disuelve en una perspectiva progresista.

16. Todas las revueltas o rebeliones inacabadas que se han producido hasta ahora, en diversas partes y tiempos, se nos presentan como la doble cara de Jano. Por un lado, en el espíritu de la revuelta está inscrito esa cara que mira solamente hacia delante, en ella se refleja la esperanza y la ilusión de muchos seres humanos por otro posible existir, por un porvenir radicalmente diferente. Por otro lado, ante una tentativa revolucionaria, el Poder _los que tienen el Poder y los que aspiran a tenerlo_ desencadena la contrarrevolución y con ella tratan de volver al estado anterior. Esta es la otra cara, aquella que mira hacia atrás y de la que surge un fortalecimiento de las instituciones, jerarquías y burocracias.

17. En el sistema capitalista actual, sobre todo en los países más poderosos del centro del Capital, la propaganda y la potente voz publicitaria de los media y de los intelectuales que en ellos escriben, muchos de ellos ocultos tras la máscara de la radicalidad, consiguen que depositemos la esperanza y la ilusión en el mismo Poder capitalista, en la magnanimidad de sus burocracias e instituciones, en su Estado y en su Democracia, en su posible y mínima reforma, es decir, en el estado de cosas actual, retocando algo para que todo siga igual... La modernidad es la repetición constante de lo mismo en lo nuevo.

Los que sufrimos este Poder, "su poder", quizás no lo entendemos lo suficiente- mente bien para explicarlo detallada y completamente en todos sus pormenores, hay mucho de oculto, de secreto, de no descubierto por la mayoría que lo soportamos, mucho es lo que nos es negado. Ahora bien, aunque no sepamos explicar la dominación y su Poder en este sistema capitalista, si nos han enseñado y hemos aprendido a reconocerlo, a reconocer sus órdenes, sus voces de mando y a saber cuales son nuestras obligaciones, nuestros deberes, en este "su" mundo, y a saber el lugar que en él nos toca ocupar. Es decir, sin llegar verdaderamente a conocerlo, reconocemos su autoridad, esto es lo único que de él sabemos y esto es lo único que al Poder del Capital le interesa que sepamos, reconocerlo como poder sobre nosotros. Sólo es amo aquel que es reconocido como tal por el siervo, que a su vez se reconoce como lo que ha llegado a ser, el servidor de otro.

18. Pero el Poder visible del Capital, además de querer presentarse como continuación histórica para así legitimarse (no hay que olvidar que la burguesía y el capitalismo tienen poco más de 200 años en el poder del Estado) y poder mostrar su tiempo histórico homogéneo y vacío, es decir, ininterrumpible e irreversible, también ha sabido adaptarse a las nuevas necesidades. Ha sabido organizar un poder político visible (en el que se encuentra el Estado y demás burocracias) que como cualquier pieza de la cadena automática de montaje, cualquiera de sus elementos es fácilmente sustituible e intercambiable entre las diferentes opciones que públicamente presenta. Tras este poder político público (partidos, sindicatos, iglesias, ongs, fundaciones, lobbys, etc.) que no es de ficción y que está interconectado con el Estado de diversas maneras (sobre todo a nivel monetario), se esconde el verdadero Poder del dinero y del Capital. Y de ese poder y de ese dinero saben aquellos que lo tienen, que no es eterno y que a la fuerza lo han de mantener y aumentar, por ello se muestran tan violentos en todas aquellas ocasiones en que la acción consciente de la clase revolucionaria, de los pobres y oprimidos en lucha, pone en peligro su continuación histórica, su establishment, entonces toda su brutalidad se desboca y no hay límite para su violencia, sólo el de restablecer su Estado de Derecho.

 

Un momento presente. París, 2005-2006

19. En las recientes hogueras de las ciudades francesas, vemos iluminados destellos de una historia sin "sujetos", ni protagonistas. Los que somos anónimos, aquellos de los que jamás se espera que seamos protagonistas de nada, con esos fuego y con su luz vemos iluminar esta oscura historia que no desea, ni se preocupa de mirarnos, para la que estamos olvidados, siendo, a lo máximo, una amorfa y abstracta cifra para sus controles estadísticos. El fuego desecha las tinieblas y nos permite ver una realidad miserable y brutal, la oculta realidad de esta sociedad del Capital.

Con esta metáfora del fuego no pretendemos rehuir o simplificar el análisis social que tales hechos exigen, como tampoco mitificar la violencia de un movimiento complejo que a la vez que rechaza esta sociedad vehicula su misma ideología (consumista, machista…), sino ver con más claridad: la realidad de un racismo encubierto en las actuales relaciones sociales, la exclusión del "segmento" de la población no necesario a la producción y al mercado, la mentira de una República que tiene por lema la "igualdad".


Detrás de estos fuegos no hay "ni jefes ni programas, ni banderas ni proyecto", y es precisamente esto lo que tanto asusta a los periodistas, a los burócratas, a los intelectuales y a estos petulantes políticos, mezquinos personajes siempre en busca de un chivo expiatorio. Esta es la única verdad que repiten extrañados sin comprenderla todos estos publicistas en los diversos medias: no hay jefes ni representantes visibles de nadie. (Sólo con Nadie es con quien los políticos y burócratas pueden hablar y Nadie les escucha). No hay, por lo tanto, ni programa político que permita y posibilite negociar para retocar algo, pero sin tocar nada esencial.

Estos fuegos no pretenden presentar protagonistas, tan sólo gritan, que es mucho, la rabia de los que se saben despreciados y usados por esta sociedad tan jerárquica como elitista. Y para gritar la rabia no son necesarios ni consignas, ni protagonistas, ni políticos, ni discursos, si acaso algo de música.

Este fuego es la palabra de aquellos que sabiéndose sin posibilidad para hacer oír su voz, la toman ya. Poniendo al mismo tiempo al descubierto, la mentira que hay tras la propaganda del discurso oficial que machaconamente se nos repite en los medias, en las entrevistas a la prensa, en las cátedras, en los muchos parlamentos, por políticos y burócratas, por asistentes sociales e intelectuales. Estos fuegos son la luz que ilumina los múltiples rostros de aquellos que se saben condenados por esta sociedad.

Esta revuelta, en el centro del capitalismo, que no es un hecho nuevo _hechos similares, con distintas características y expresiones, se han repetido periódicamente en Europa y América_, es un mostrarse. Aquellos que jamás son vistos, que la sociedad ignora y excluye, muestran su cólera y su hartazgo. Están hartos de sobrevivir en estos guetos que son estos barrios para pobres; de ser llamados continuamente al consumo, sin poder tener dinero para consumir. Hartos de sufrir la escuela, con sus mentiras, su disciplina y su aburrimiento; de tener que resignarse al funcionario de la oficina del paro y al asistente social. Hartos de tener que soportar continuamente la presión de la policía y la amenaza de la cárcel...

Algunas revueltas sociales en ciudades del centro del capitalismo:

1965. Los Angeles, en el suburbio de Watss. La brutal detención y apaleamiento por la policía de un joven negro de 21 años, desencadena diez días de motines y 34 manifestantes muertos.

1968. Grandes revueltas en Europa (primavera de Praga, Mayo francés...) y en América: en EEUU grandes movilizaciones, amplio movimiento estudiantil en México que termina con más de 200 personas asesinadas por el ejército en Tlateloco (la plaza de las Tres culturas).

1976. Soweto en pleno aparheid sudafricano. En una manifestación de escolares que protestan contra la imposición del gobierno de tener que aprender el afrikánder, la lengua de la minoría blanca, la policía mata a un niño de 13 años. Estalla una revuelta generalizada que se prolongara durante varios días y en la que la policía matará a 23 personas.

1981. Brixton, el gobierno de M. Thatcher ordena a la policía atacar a la población antillana e india; se producen largos días de enfrentamientos con 9 muertos y más de 50 heridos graves entre los agredidos.

1992. Los Ángeles, en el barrio de South Central la policía propina una brutal paliza a un automovilista negro. Al grito de "No puede haber paz sin justicia" se produce una revuelta durante la cual la policía matara a 55 manifestantes y dejará más de 2000 heridos.

2006. Francia, dos jóvenes mueren electrocutados tras una persecución policial. Se desatan disturbios en muchos barrios de varias ciudades francesas. Cuando finalizan, hay 4402 jóvenes detenidos, de los cuales un centenar son menores, 562 son encarcelados y 422 condenados, en juicios rápidos, a penas de prisión en firme.

 

 
Gritan su rabia y su odio a esta sociedad de la abundancia de mercancías pero que les niega todo. Que les incita al consumo pregonándolo como su única máxima, mostrándoles continuamente mediante la publicidad y la propaganda todo aquello que no pueden tener _si no se tiene dinero_, pero que sin embargo está ahí gritándonos tomadme. Una sociedad así, en la que no se puede sobrevivir sin dinero y que niega a la mayoría aquello que exige como imprescindible para poder sobrevivir, dicen, merece arder. Más que arder, desaparecer diríamos nosotros precisamente porque está basada en el dinero. Con su revuelta ellos señalan también nuestra inmovilidad. Su insatisfacción es en la práctica más intransigente que nuestra crítica.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Esta historia sin protagonistas ha vuelto a aflorar ahora en Francia (marzo-abril 2006), en el movimiento de protesta de los estudiantes y jóvenes contra una ley que pretende precarizar aún más la actual precariedad del trabajo: el Contrato de Primer Empleo, contrato laboral para jóvenes, que permite el despido libre durante los dos primeros años.

Más allá de lo espectacular y mediático (los media siempre a la búsqueda de anécdotas y de protagonistas para ocultar o tergiversar el movimiento real…) y del papel que dicen jugar los sindicatos (en verdad ya casi residuales más allá de la pantalla), el peso de la protesta ha recaído en los jóvenes estudiantes, en sus asambleas de escuela y universidad, en la coordinación de tales asambleas.



Algunas revueltas sociales en ciudades del centro del capitalismo:

1965. Los Angeles, en el suburbio de Watss. La brutal detención y apaleamiento por la policía de un joven negro de 21 años, desencadena diez días de motines y 34 manifestantes muertos.

1968. Grandes revueltas en Europa (primavera de Praga, Mayo francés...) y en América: en EEUU grandes movilizaciones, amplio movimiento estudiantil en México que termina con más de 200 personas asesinadas por el ejército en Tlateloco (la plaza de las Tres culturas).

1976. Soweto en pleno aparheid sudafricano. En una manifestación de escolares que protestan contra la imposición del gobierno de tener que aprender el afrikánder, la lengua de la minoría blanca, la policía mata a un niño de 13 años. Estalla una revuelta generalizada que se prolongara durante varios días y en la que la policía matará a 23 personas.

1981. Brixton, el gobierno de M. Thatcher ordena a la policía atacar a la población antillana e india; se producen largos días de enfrentamientos con 9 muertos y más de 50 heridos graves entre los agredidos.

1992. Los Ángeles, en el barrio de South Central la policía propina una brutal paliza a un automovilista negro. Al grito de "No puede haber paz sin justicia" se produce una revuelta durante la cual la policía matara a 55 manifestantes y dejará más de 2000 heridos.

2006. Francia, dos jóvenes mueren electrocutados tras una persecución policial. Se desatan disturbios en muchos barrios de varias ciudades francesas. Cuando finalizan, hay 4402 jóvenes detenidos, de los cuales un centenar son menores, 562 son encarcelados y 422 condenados, en juicios rápidos, a penas de prisión en firme.






Medios de comunicación y sindicatos al lado de los políticos (cada uno a su manera y a tiempos diversos) para hacer tragar la dura ley del mercado que exige desmantelar lo que aún queda de "Estado del bienestar" arrancado al capital durante un largo periodo de luchas obreras, presentando tal desmantelamiento (con la figura del trabajo precario como algo insuperable) como un hecho natural, como la lluvia, como algo que se nos viene encima, imparable, como una plaga, y ocultando así su naturaleza económica y social ligada necesariamente a un modo de producción, capitalista; y engrandeciendo, por otra parte, lo anecdótico (que si los casseurs, que si los violentos…) para ocultar la realidad y la dirección de un movimiento que por el momento ha conseguido parar esta ley. Ha tenido fuerza para ello pero le hará falta mucha más fuerza para parar las leyes que vienen ahora… derivadas de este modo de producción capitalista. Y saben, han aprendido durante estos días, que sólo cuentan con su fuerza: no hay otros protagonistas. Sindicatos, políticos y media están en frente.

La memoria histórica. Barcelona 1936

20. Desde distintos ámbitos es cada vez mas recurrente hablar de la memoria histórica, rescatar del olvido personas y acontecimientos que el actual poder fáctico, aquí, tergiversa y silencia. Desde la izquierda socialista, comunista y anarquista se exhorta a recuperar esa memoria, aunque se trate de cosas distintas para cada una de estas posiciones. Para unos, hoy más cerca o ya en el poder, con tal reivindicación pretenden recuperar hechos y personas del pasado inmediato, de lo que llaman la guerra civil y no revolución social, para sacarle hierro, para endulzarlo, para ocultar su radicalidad crítica, sin compromisos: recuperarlo para su interés que no es otro que el de proseguir en el ejercicio del poder. Para otros, ya en el ámbito libertario, se trata precisamente de lo contrario, recordar aquellos hechos y personas que plantean la crítica radical al poder actual o simplemente al poder. También aquí, empero, se trata muchas veces de recuperación. Con la reivindicación de la memoria histórica, sin más, se pasa fácilmente por alto las contradicciones que se dieron a lo largo de los hechos mismos que quieren recordarse, las discusiones y las diferencias de posiciones en la misma línea, en la misma organización y en la misma trinchera. Sin pretenderlo, se refuerza una mitología y se disuelven las contradicciones y los posicionamientos más críticos que se dieron en aquellos años 1936, 1937… La ideología se vuelve a colar por la pretendida evocación de los hechos.

Mejor sería pues volver sobre aquellos hechos, pero, contra esta memoria -que no hace sino repetir consignas y mitos por una parte, o que, por otra, intenta claramente sacar mordiente a lo que aún muerde, y pasar página-, hacer un esfuerzo de desaprender lo sabido ideológico, ver el papel jugado por las organizaciones, los militantes, los "incontrolados", y subrayar de nuevo las discusiones y divergencias



que se dieron durante aquellos acontecimientos, cuestiones aún vigentes a pesar del manifiesto cambio de escenario después de 70 años.

La Barcelona de principios del siglo XX fue testigo de un movimiento social emancipatorio que poco tiene que ver con el movimiento social reivindicativo posterior al franquismo. Las luchas en las fábricas y en las calles de los obreros por sus condiciones de vida, en los años 20 y 30, se contemplaban en una perspectiva emancipatoria de revolución social, de cambio de sociedad, alimentada por el amplio asociacionismo obrero, y más en concreto por la CNT. Sin ello no se explicaría la explosión social de los días de julio de 1936. En este sentido pues podemos decir que el 19 de julio en Barcelona es más el inicio de una revolución social, o digamos más exactamente la aspiración de los obreros a su emancipación, que la simple respuesta a la provocación fascista. Al decir esto, no creemos mitificar una leyenda, ni sobre valorar la politización de las masas obreras barcelonesas y su grado de movilización, sino simplemente entender el período. Es cierto que la dimensión política de la guerra civil española ocupa casi toda la historiografía al respecto, y que faltan trabajos de historia social y económica, y trabajos sobre la vida cotidiana de los trabajadores y no solo de los militantes, trabajos que darían cuenta más exacta del grado de movilización del conjunto de los trabajadores; como cierto es también que tal inicio de revolución social se pierde enseguida en el frente antifascista, y sin que para ello tengamos que recurrir al trillado esquema de la traición de los jefes y de la capitulación de las organizaciones. Pero contra la tendencia que se va afianzando hoy de ver aquellos años como una guerra civil entre distintas tendencias, vaciándolas de su contenido de clase, nos interesa ver todo lo que pasó en aquel estallido revolucionario sin simplificaciones ideológicas o míticas.

Continúa pues abierta una interrogación sobre el desarrollo de los hechos en aquellos años 1936, 1937, 1938... desde el inicio de una guerra social que pronto se convierte en una guerra de frentes, en una guerra de frentes militar. Interrogación sobre la decisión de los dirigentes cenetistas de compartir con el gobierno republicano (Generalitat) el poder que la CNT había cogido en los primeros días al insurreccionarse contra los generales fascistas y tomar la calle el 19 de Julio, poder ahora compartido que poco a poco se les volverá en contra hasta llegar a mayo de 1937, cuando ya no hay base social para sostener lo conseguido en Julio. Sobre las discusiones y consideraciones de índole nacional e internacional que se dieron entre los militantes y dirigentes ante tales decisiones. Sobre los compromisos que la CNT va adquiriendo desde el gobierno compartido después de mayo, gobierno empeñado en el desarme de los trabajadores en la retaguardia y que provocará un amplio movimiento de detenciones que llevará a la cárcel Modelo a miles de libertarios entre mayo del 37 y agosto del 38. Qué discusiones y enfrentamientos se dieron dentro de la misma organización. Y, ya más ampliamente, qué discusiones y qué delegación y qué sostén

se dan por parte de la mayoría de trabajadores cuando se van alejando los primeros días revolucionarios, qué poder ejercen y qué delegan en las fábricas colectivizadas... Ver, sin mitificar, la amplitud de aquellas colectivizaciones y lo que en ellas podía haber de cambio revolucionario sin discutir el trabajo asalariado mismo. Interrogación que arroje luz sobre todo el proceso que conduce a la CNT a sostener al Estado republicano cuando éste desfallece en 1936 y en 1938, y arroje luz sobre la complejidad entre dirección, burocracia y base social, distinta y cambiante a lo largo de aquellos años, para explicar el triunfo de la contrarrevolución. Interrogación no idealista (donde todo es posible, fuera de las coordenadas político-sociales), sino engarzada en la dinámica de la lucha de clases.

Etcétera

* «Resumiendo, obtenemos de la concepción de la historia que dejamos expuesta los siguientes resultados: 1.° A un cierto estadio de la evolución de las fuerzas productivas, vemos surgir fuerzas productivas y medios de intercambio que, con las relaciones existentes, sólo pueden ser fuente de males, no siendo ya tales fuerzas de producción, sino más bien fuerzas de destrucción (maquinaria y dinero) e, íntimamente relacionado con ello, surge una clase condenada a soportar todos los inconvenientes de la sociedad sin gozar de sus ventajas, una clase que se ve expulsada de la sociedad y obligada a colocarse en la más resuelta contraposición a todas las demás clases, una clase que forma la mayoría de todos los miembros de la sociedad y de la que nace la conciencia de que es necesaria una revolución radical, la conciencia comunista, conciencia que, naturalmente, puede llegar a formarse también entre las otras clases, al contemplar la posición en que se halla colocada ésta. 2.° Las condiciones en que pueden emplearse determinadas fuerzas de producción son las condiciones de la dominación de una determinada clase de la sociedad, cuyo poder social, emanado de su riqueza, encuentra su expresión a la vez idealista y práctica en la forma de Estado imperante en cada caso, razón por la cual toda lucha revolucionaria está necesariamente dirigida contra una clase cuya dominación ha durado demasiado. 3.° Hasta ahora todas las anteriores revoluciones dejaron intacto el modo de actividad y sólo trataban de lograr otra distribución de esta actividad, una nueva distribución del trabajo entre otras personas, mientras que la revolución comunista está dirigida contra el modo anterior de actividad, elimina el trabajo y suprime la dominación de las clases al acabar con las clases mismas, ya que esta revolución es llevada a cabo por la clase a la que la sociedad no considera como tal, no reconoce como clase y que expresa ya de por sí la disolución de todas las clases, de todas las nacionalidades, etc., en el seno mismo de la sociedad actual. 4.º Para producir masivamente esta conciencia comunista y llevar adelante su causa misma, hace falta una transformación en masa de los hombres, que sólo podrá conseguirse mediante un movimiento práctico, mediante una revolución. Por tanto, la revolución no es sólo necesaria porque la clase dominante no puede ser derrocada de otro modo, sino también porque sólo por medio de una revolución la clase que derriba logrará salir del cieno en que está hundida y volverse capaz de fundar la sociedad sobre nuevas bases». K. Marx. La Ideología Alemana