Barcelona. Las huelgas de alquileres de
ayer
Desde la celebración de las Olimpiadas en 1992, y tal
como ya preveíamos los grupos críticos al proceso de transformación que se anunciaba,
Barcelona se ha convertido en una de las ciudades más caras de Europa para sus
residentes.
El aumento de la carestía de vida, en general, y de
la vivienda, en concreto, ha exigido modificaciones importantes en la vida de
los habitantes. Así, nos han obligado a ceder grandes zonas urbanas a
promociones inmobiliarias destinadas al uso y disfrute de personas con alto
nivel adquisitivo o nos han hecho la vida imposible hasta irnos de barrios
ahora dedicados a una fuerte explotación turística. Alejarse cada vez más de
Barcelona acaba siendo la única salida para quienes buscan vivienda.
Evidentemente todo este proceso no ha carecido de
críticas y resistencias de los afectados, algunas de las cuales ya hemos
recogido anteriormente en nuestro boletín. Sin embargo, visto el tema con
perspectiva y desde la situación actual, no deja de extrañarnos la conformidad
con que la mayoría nos enfrentamos al problema de la búsqueda de vivienda en
Barcelona.
Es desde esta extrañeza que nos parece interesante
recoger en este número un movimiento de huelgas de alquileres que se dio en
esta ciudad entre los años 1918 y 1936, un momento también de fuerte
crecimiento urbano.
También hemos querido aprovechar para insertar unos
breves apuntes sobre el proceso especulativo actual.
El movimiento de la huelga de alquileres, un proceso
de 1918 hasta 1936
En los últimos años de la 1ª guerra mundial se
produjo en Barcelona (también en Catalunya y en el resto del Estado) un
constante aumento en los precios de los artículos de primera necesidad. En
todos aquellos relacionados con la subsistencia, la carestía continuó durante
toda la Dictadura de Primo de Rivera, e incluso en la República. Agravándose
esta situación a partir de 1929 por efecto de la gran crisis capitalista, montada
a partir del crack de Wall Street, de manera que a este proceso inflacionario,
se uniría un fuerte incremento del paro y la caída de la peseta, lo cual
aumentaría aún más la ya de por sí difícil, por mísera, situación de los
obreros.
Desde el año 1910 hasta el 1931 la población
de Barcelona prácticamente se doblaría, pasando de poco más de medio millón de
habitantes a superar el millón (1.005.989). Entre 1920 y 1930 llegarían a
Barcelona unas 300.000 personas, mientras que toda la provincia pasaría, en el
mismo periodo, de 1.349.282 a 1.800.640 habitantes.
Barcelona durante la Dictadura se convirtió en un lugar de llegada para obreros
en busca de trabajo, dada la fiebre constructora que en ella se desarrollaban a
cubierto de la gran obra propagandística que pretendía ser la "Exposición
Universal" de 1929. Esta realización de grandes obras, montando la
"Exposición" como excusa, facilitó a la burguesía catalana una nueva
oportunidad para un rápido incremento de sus riquezas, al poder apoderarse de
todo el dinero que el Estado destina para estos eventos y de todo el negocio
que en torno a ellos se desarrolla. Sería el segundo acto de esta "ciudad
de los prodigios especulativos", que en 1992 vería el inició de un tercer
acto, el mayor de todos, cuyo movimiento especulativo todavía dura actualmente
y como en los anteriores también el dinero "público" del Estado ha
proporcionado una máxima "optimización sostenible" de beneficios
privados que inevitablemente se concentran en unos pocos y "distinguidos"
bolsillos.
A pesar del gran incremento de población (que
representó uno de los mayores de Europa), la construcción de nuevas viviendas
asequibles a los obreros fue mínima. De hecho durante toda la Dictadura que
publicitariamente se jactaba "de ser el gobierno que más viviendas para
obreros había mandado construir en Barcelona", tan sólo se construyeron
por el Patronato Municipal de Habitación las 2229 viviendas, divididas en
cuatro grupos, de las Cases Barates de Can Tunis, típico ejemplo de urbanismo
de control, muy alejado del centro de la ciudad, con calles rectas flanqueadas
por las viviendas organizadas como los barracones de un cuartel militar y en el
centro de cada conjunto una plaza con la iglesia y para ratificar su función
disciplinar cada recinto rodeado por un muro. Tenía más semblanza de campo de
concentración o cárcel perdida entre los cultivos y el mar al pie de Montjuïc
que de conjunto de viviendas.
En estas circunstancias, los obreros se amontonaban
en pisos excesivamente pequeños, frecuentemente divididos por sus propietarios
de tal manera que de uno hacían dos; en muchas ocasiones una familia podía
disponer de una sola habitación en un piso en el que se apiñaban unas junto a
otras. La elección se reducía a esto o a tener que alquilar una barraca de las
muchas que los especuladores construyeron en lo que ha sido calificado de
"industrialismo barraquista" y que rodeó Barcelona desde Montjuïc
hasta Poble Nou y la desembocadura del Besós, del Poblet al Guinardó, de Sant
Adreu a Santa Coloma o de la Torrassa a Hospitalet... Mientras que en el Raval
y la Ribera y algunas zonas del Eixample eran los terrados de los bloques de
pisos los que se llenaban de barracas.
Sin embargo, esta precariedad en la vivienda daba
lugar, inevitablemente, a un tipo de vida hecha en la calle que proporcionaba
un constante roce entre los vecinos, lo cual les obligaba a saber los unos de
los otros y, por lo tanto, a conocerse entre ellos. Y si bien esta masificación
por una parte causaba situaciones difíciles de subsistencia y mucha miseria,
también propiciaría (por la misma necesidad de subsistir) la creación de
fuertes redes de ayuda mutua y solidaridad ante la urgencia de solucionar
necesidades primeras.
En todo este proceso de encarecimiento de la
subsistencia que abocaba a los obreros a una situación de crisis y miseria
permanente, donde en mayor medida se produjo una desmesurada carestía, fue en
los alquileres de las viviendas que alcanzaron un incremento de entre el 100 y
el 150% en el precio mensual a pagar. En 1922, un alquiler de una vivienda para
obreros variaba entre 15 u 20 ptas. al mes. En 1931 el alquiler era de 50 a 60
ptas. en el Casc Antic; de 60 ptas. en la Barceloneta (donde más pisos se
dividieron); de unas 70 ptas. en el Poble Sec; de entre 45 y 55 ptas. en las
Cases Barates y de 30 o 35 ptas. por una barraca de 9 m2 sin agua ni luz en
Santa Coloma. Paralelamente a este fuerte aumento especulativo de los precios
se producirían toda clase de abusos y presiones por parte de los propietarios,
siendo el estado de las viviendas mayormente deplorable.
Por su parte los salarios obreros o bien
permanecieron estables o incluso disminuyeron al final de la Dictadura,
permaneciendo igualmente inmóviles en la Republica a pesar de los esfuerzos de
algunos historiadores para señalar algunos imperceptibles aumentos. En 1931, en
Barcelona, los sueldos más altos correspondían a metalúrgicos y albañiles y
oscilaban entre un máximo de 10 y un mínimo de 7 ptas. por jornada; en el
textil el salario de los hombres oscilaba entre las 8'50 y las 6 ptas.,
mientras que el de las mujeres, por la misma jornada, bajaba a entre 4 y 2'40
ptas. En este mismo año se aprecia una fuerte subida en el precio de los
alimentos y un paro que en la provincia de Barcelona es casi del 12%, llegando
en el sector de la construcción a un 50%.
Era pues evidente una permanente crisis de
subsistencia y la consiguiente miseria entre los obreros. Esto propicio que en
estos barrios obreros los vecinos se organizaran para paliarla, llevando a cabo
acciones, por ejemplo, de reapropiación de comida o negándose a pagar los
alquileres de las viviendas, o los gastos de luz y agua si los tenían.
En 1918, ya se tienen noticias de vecinos que se
organizan para exigir una rebaja de alquileres y que dejan de pagar el alquiler
como medida de presión, este mismo año la CNT organiza un sindicato de
inquilinos que fija una reivindicación de un 50% en la rebaja del precio del
alquiler. En 1922, este sindicato de inquilinos, con el apoyo del sindicato de
la construcción de la CNT, convoco la primera huelga de alquileres en varios
barrios obreros.
Pero será en el año 1930, cuando el precio de los
alquileres subió abusivamente, cuando en el barrio de la Barceloneta se inicie
espontáneamente una huelga de alquileres que pronto se hizo masiva y que se
extendió a otros barrios, a las Cases Barates, a Sans, a la Torrassa y a muchas
zonas de barracas hasta llegar a Santa Coloma. La decisión de la huelga, así
como todas las acciones de protesta que la acompañaban, se decidieron entre los
vecinos en un proceso asambleario de democracia directa que reforzó el aumento
y expansión de la movilización.
En 1931, la llegada de la República supuso algo de ilusión para los
huelguistas, pero no les llevo a desistir de su actitud. Sólo hicieron llegar al
nuevo gobierno de la Generalitat su reivindicación de una rebaja del 40% en el
precio de los alquileres y la exigencia de mejores servicios. La lucha se
enconó y continuó extendiéndose en los barrios.
A pesar de que esta lucha había nacido en y de las calles,
la CNT como organización se dio rápidamente cuenta de la magnitud e importancia
de este tipo de lucha urbana contra la carestía. Así un grupo de cenetistas del
sindicato de la construcción, que ya había apoyado al movimiento en sus
inicios, estableció un contacto permanente con los vecinos más activos de los
que habían organizado la huelga, creando en una reunión de dicho sindicato (en
abril de 1931), la Comisión de Defensa Económica (CDE) cuya función sería
estudiar el coste de la vida en Barcelona y su constante aumento.
La CDE, encabezada por dos miembros de la FAI, se
volcó en impulsar la huelga de alquileres, dándole cobertura, publicando varios
artículos en Solidaridad Obrera, en El Luchador o en Tierra y
Libertad, e imprimiendo gran cantidad de octavillas que eran repartidas por
todos barrios, en los que en este momento (y esto hay que recordarlo) la CNT
gozaba de una gran fuerza y presencia, así como también era muy importante la
función realizada por los Ateneos Libertarios.
El 1º de Mayo de 1931, la CNT convoco su
manifestación en Barcelona con el lema "Primero de Mayo contra el paro, la
inflación y por la rebaja de los alquileres". Unas 150.000 personas
llenaron el paseo del Triomf y se encaminaron hacia la Plaça de la República
(S. Jaume), pero al llegar allí los primeros obreros, la policía provocó un
tiroteo que se alargo durante 45 minutos con el resultado de 10 obreros heridos
por un lado y por el otro 2 policías heridos y uno muerto.
La huelga de alquileres, en su punto más álgido, se
alargó durante todo el año de 1931. Ante las medidas represivas, como las de
desahucio, tomadas por las autoridades, los vecinos optaron por la acción
directa de volver a realojar a los desahuciados en la misma o en una nueva
vivienda. O bien, se impedía por la fuerza el desahucio, o se asaltaban las
camionetas de los alguaciles y policías antes que llegaran al lugar que tenían
destinado, etc. El papel de las mujeres en estas luchas, y en todas las que se
llevaron a cabo contra la carestía de la vida, fueron de una participación
fundamental y de una gran radicalidad.
En el verano de 1931 la situación en Barcelona estaba
muy agitada y revuelta, a esta huelga de los alquileres se le añadirían dos
duras huelgas más convocadas por la CNT, la de los estibadores del puerto y la
de la Telefónica. El gobierno republicano optó decididamente por una política
represiva y empezó a detener obreros masivamente, sin cargo alguno, por orden
gubernativa, entre ellos también a los participantes en la huelga de
alquileres. A finales de agosto estalló un motín en la cárcel Modelo y el 2 de
setiembre la CNT convocó una huelga general que duro 72 horas y que paralizó no
sólo Barcelona, sino también Mataró, Granollers, Sabadell, Terrassa, Manresa y
alcanzó el Berguedá. Las autoridades republicanas decretaron la Ley marcial,
enviando a Barcelona a cientos de guardias civiles y dos buques de la armada
atracaron en el puerto.
En este ambiente represivo y en un intento de
destruir por la represión no sólo la CNT, sino las redes de solidaridad en y
entre los barrios, el gobierno de la República aplicó la recientemente aprobada
"Ley de Defensa de la República" que permitía la detención de
cualquiera al que la policía o el juez considerasen que había llevado a cabo
"un acto de rebeldía contra la República".
Finalmente la represión y la detención sistemática de
los vecinos que después de un desahucio volvían a ser realojados en pisos
ocupados, así como la ilusión, que pronto se demostró ilusa, de los huelguistas
por el prometido por la Generalitat "Decret de lloguers", consiguió
un receso en el movimiento de la huelga de alquileres. Lo que llevo a las
autoridades y a los "prohoms" de la "Cámara de la
Propiedad" a dar la huelga como "virtualmente por terminada".
Y sin embargo en muchos barrios como las Cases
Barates, la Torrassa, el Clot, en el mismo Raval y en las zonas de barracas,
mucha gente continuó en el año 1932 y siguientes con la buena costumbre de no
pagar el alquiler.
Apuntes del proceso especulativo actual (1992-2006)
Para rastrear el inicio del feroz proceso de
especulación inmobiliaria español que se ha llevado a cabo en los últimos 20
años, nos hemos de remontar al inicio de la llamada Transición y a los Pactos
de la Moncloa de los que formó parte la Ley del Mercado Hipotecario que sentó
las bases que convertirían las hipotecas en uno de los grandes negocios de
Bancos y Cajas de Ahorros; el proceso especulativo corre paralelo a la tan
cacareada "caída de los tipos de interés" (caída ficticia al
alargarse los términos de pago: un piso representa para un trabajador una vida
de pago) y, por supuesto, a la imparable subida del precio de venta de los
pisos e inmuebles, un 242% de 1996 al 2003, por lo cual el esfuerzo por la
compra supone casi un 60% de la renta de una "familia" trabajadora.
En segundo lugar hay que recordar al primer gobierno "socialista" y
al Decreto-Boyer de las respectivas Leyes de Arrendamiento Urbano, que
permitieron la reducción de los contratos, la ilimitada subida de los
alquileres y agilizó los procesos de desahucio (actualmente en Barcelona se
producen unos 10 desahucios diarios), propiciando el acoso al inquilino; todo
ello fue rematado por los gobiernos del PP; así los pisos de alquiler que
representaban un 45% en los años 70, han bajado hasta el 6% en el 2005.
Todo esto ha propiciado que a pesar de que
los precios de los pisos e inmuebles sean, proporcionalmente, los que más han
subido del mercado europeo, España tenga el
record de Europa de pisos de
propiedad, aunque una tercera parte de ellos estén vacíos. El sector
inmobiliario y de la construcción en general se ha convertido, después de una
serie de leyes y medidas dictadas y ejecutadas por los políticos en un
"bien seguro", un "refugio" donde invertir y lavar dinero y
al que acuden todos los Rackets capitalistas (el 40% de la inversión extranjera
directa se centra en el mercado inmobiliario). Cabe señalar que uno de entre
los muchos grandes negocios de la "Obra" especulativa _que se hace
con la connivencia de los políticos municipales_, sigue siendo la compra de
terrenos susceptibles de ser urbanizables pero aún no calificados como tales;
ahí se produce uno más de los cambalaches de esa transacción cuyos agentes
principales son: la clase política y el Capital.
Sabemos, por lo tanto, que la especulación
inmobiliaria y el enriquecimiento de unos pocos por medio de la obra financiada
a través del Estado es uno más de los negocios del Capital; sin embargo en
España, dada su estructural debilidad industrial, representa junto al turismo y
la banca, la actividad que más beneficios reporta a los capitalistas. Y como no
podía ser de otra manera Barcelona y sus alrededores son un punto importante
para desarrollar esta actividad especulativa.
La anterior etapa de especulación del
"barraquismo vertical" propiciada por el alcalde franquista
Porcioles, queda en "pequeña estafa" al lado del "Gran Plan
Estratégico de Especulación de Barcelona" iniciado bajo la coartada
de las Olimpiadas de 1992 (no podemos olvidar que Maragall inició su carrera
como "profesional" realizando "trabajillos" para
Porcioles). Actualmente nos encontramos bajo los efectos del "II Plan
Estratégico Especulativo Metropolitano de Barcelona", mera
continuación ampliada del primero y que se complementa con los diversos
"Planes" de los otros municipios del área metropolitana. El Comité
Ejecutivo de este "Plan" está presidido por el Ayuntamiento y de él
forman parte representantes de la Cámara de Comercio, del Círculo de Economía,
del Fomento del Trabajo Nacional, del Consorcio de la Zona Franca, del Puerto
Autónomo, de la Feria de Muestras, de la Universidad de Barcelona, de CCOO. y
de la UGT.
En Barcelona, en los últimos diez años el precio de
pisos de segunda mano (los más comprados) se ha triplicado, pasando de los
1.367 euros/m2 en el año 1995, a 4200 euros/m2 en 2005, y es en Ciutat Vella
donde más se han incrementado. En los pisos de reciente construcción se ha
pasado de 1887 euros/m2 a más de 5000 euros/m2 en 2005, suponiendo un
incremento de más del 265%. En el mismo periodo los ingresos netos salariales
subieron tan sólo un 34%, eso en los sectores que se rigen por los convenios.
Todos sabemos que mucho del trabajo que se ofrece no los respeta para nada. El
endeudamiento medio de lo que ahora se denomina "unidad de convivencia"
es más del 60%.
El alquiler de pisos en Barcelona ha pasado
de un 47% en el año 1981 a un 26% en el año 2005 y esto que con el aumento de
la inmigración esta actividad ha aumentado,
a pesar de que debido al alto
precio de los alquileres se vuelve a encontrar un alto índice de masificación
en los pisos alquilados. En el año 1999 el alquiler de los pisos valía una
media de 335 euros, alcanzando en el 2005 la media de 700 euros. Todo ello a
pesar de que el 14% de los pisos de la ciudad están desocupados.
En su vorágine de derribar para reurbanizar, el
Ayuntamiento de Barcelona ha decidido demoler el tambor de la plaça de les
Glories construido en 1992 y que costó hace catorce años unos cinco mil
millones de pesetas. Ahora gastará más de 150 millones de euros en derribarlo
(unos 2500 millones de las antiguas pesetas) y más de 600 millones de euros
(más de cien mil doscientos millones de pesetas) en su nueva construcción. Las
cúpulas dirigentes de las grandes empresas constructoras felicitan efusivamente
al Ayuntamiento, seguro que "algo caerá" a alguien.
Sin embargo, a pesar de que la violencia
inmobiliaria y urbanística que genera este proceso especulativo se nos
muestra con toda su brutalidad ante una necesidad imprescindible, para todo el
mundo, como es la vivienda, no se da un amplio movimiento de lucha y rechazo
entre la mayoría que lo sufrimos. Tan sólo en el movimiento okupa y en algunos
actos de protesta vecinal, encontramos rastros de resistencia.
Para saber más del ayer y del hoy:
• N. Rider, Anarquisme i lluita popular:
la vaga de lloguers de 1931. L'Avenç nº 89. Gener 1986.
• Chris Ealham, La lucha por Barcelona.
Clase, cultura y conflicto 1898-1937. Alianza Ed. 2005.
• AA.VV. La Barcelona Rebelde. Guía de
una ciudad silenciada. Edit. Octaedro; Barcelona 2003.
• Assemblea d'Okupes de Barcelona. Sota
les urpes de l'especulació. Barcelona 2003.
• Unió Temporal d'Escribes, Barcelona,
Marca Registrada, un model per desarmar. Virus Editorial.
• Taller contra la violència immobiliària i
urbanística. El cielo está enladrillado. Bellaterra. 2006.