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Los nuevos cercados, el cerco a la vida

 

Iniciados en el siglo XVI, fue entre los siglos XVII y XIX cuando tuvo lugar en el Reino Unido de Gran Bretaña el proceso de cercar las tierras que durante siglos habían sido comunales y basadas en el sistema de «campos abiertos». Esto significó que a partir de este momento, las tierras pasaron a ser propiedad privada de unos pocos terratenientes que las vallaron (cercaron) y expulsaron masivamente a los campesinos de unos lugares en los que habían subsistido durante generaciones.

Los cercados son uno de los factores que suponen el inició de una transformación acelerada que cambió radicalmente las relaciones humanas de poder y dominación, así como la relación económica entre las personas y las cosas. Se redujo la tierra a la condición de una mercancía más, en poder sólo de aquellos individuos que la podían comprar, y que se valoraba exclusivamente según su valor de cambio en cada momento. Las relaciones entre las personas se reorganizaron y surgieron nuevas jerarquías y burocracias.  Los campesinos, se convirtieron en trabajadores que podían vender su tiempo y su fuerza en el mercado de trabajo. Los cercados ayudaron a sentar las bases del mundo moderno. A partir de entonces y hasta ahora prácticamente todo en la naturaleza se ha convertido en mercancía: la vida, la Tierra, la existencia...., reducidos a patrones abstractos de valores económicos y aprehendidos únicamente por el lugar que ocupan en el libro de balances de beneficios.

El sistema capitalista, surgido en Europa, puso en marcha una sucesión de cercados y privatizaciones de tierras que extendió por todo el mundo, desde América hasta Africa, Asia y Oceanía, siendo el colonialismo el principal motor que los extendió, no escapando a su codicia ni las regiones más inaccesibles: las árticas, las selvas, o los desiertos. Actualmente todo el planeta es propiedad privada de personas o empresas y lo que no es de ellas, está bajo el control de los Estados y sus gobiernos.  Y nuevos cercados se están apoderando completamente de esta naturaleza de la cual formamos parte, habitamos y conformamos, que en teoría debiera protegernos y alimentarnos. La vida humana esta siendo, a cada vuelta de tuerca, más y más cercada y el individuo mismo, cada vez más en peligro y peligroso, está más atomizado en esta masificada y gregaria soledad.  Ya en el año 1993, en la revista nº 21 de Etcétera, hablamos de los Nuevos Cercados, al reproducir un texto del colectivo Midnight Notes que precisamente llevaba este título y donde se señalaban una serie de puntos que los caracterizaban. Ahora son más evidentes cuando además de cercar la vida también se la registra, ordinariamente, en la Oficina de Patentes con el fin de obtener grandes beneficios por estas vidas patentadas.  Si el colonialismo europeo sirvió para poder expoliar las riquezas de los países colonizados, también significó espacios que privatizar y vallar y gentes a las que explotar y poder vender las mercancías fabricadas en la metrópoli. Paralelamente, los Estados colonizadores propiciaron y alentaron a sus colonos para que se apoderaran de las tierras, esto lo consiguieron despojando a las comunidades nativas de sus tierras tradicionales. En todas las colonias se volvió práctica común declarar toda tierra «no cultivada» como propiedad de la administración colonial. De golpe les robaron a las comunidades locales todas sus tierras: barbechos, pastizales, los bosques y los ríos de los que dependían para la caza, la pesca o la recolección. De nuevo se repetían las escenas, habidas en Europa hacía un siglo, de miseria y humillación, miles y miles de campesinos que habían vivido de una economía agrícola de subsistencia durante muchas generaciones, se veían expulsados de sus lugares para ir al encuentro del hambre, pues al mismo tiempo se les imponía para las transacciones o para pagar los impuestos el uso del dinero, bien escaso que naturalmente no poseían.

Después de la 2ª guerra mundial, ni los gobiernos post-coloniales surgidos de los procesos de independencia, ni (en el lenguaje del BM) los LCD - siglas que indican a los Estados de los Países menos Desarrollados y dependientes de las potencias hegemónicas- no cuestionaban el tipo de economía a establecer, sino qué gratificación o «mordida» podían obtener. Por lo tanto siguieron gustosamente los consejos del FMI y aceptaron todos los créditos del BM que acabaron y acaban en los bolsillos de burócratas y jerarcas, al mismo tiempo que recibieron con la mano extendida a todas las empresas multinacionales que iban a continuar el expolio empezado bajo el colonialismo: corporaciones mineras, petroleras, alimentarias, químicas, constructoras, ayudadas por empresas especialistas en la miseria: Cruz Roja, Caritas, y misioneros varios, o la FAO ( Org. de Naciones Unidas para de la Agricultura y Alimentación) y últimamente Oxfam y otras Ongs de cualquier pelaje. Estos gobernantes han puesto a su disposición tierras y vidas y estas grandes transnacionales han llevado a su paso a los cuatro jinetes del Apocalipsis: la guerra, el hambre, la peste y la muerte.  En la Inglaterra del s. XIX el Estado y los burgueses terratenientes consideraron a los bosques «como el nido e invernadero de la pereza, la ociosidad y la miseria» y muchos bosques como el de Enfiel, el de Windsor o el de Hainault, fueron talados y destruidos por expreso mandato de las leyes parlamentarias de los cercados. En la Tanzania de 1983 se aprobaba una «Ley de Distribución de Recursos Humanos» que consideraba a los artesanos y vendedores callejeros sin licencia desocupados y alborotadores y legislaba para que fueran tratados como vagabundos. El propio presidente Nyerere exhortó a su primer ministro «que fuera valiente al implantar y aplicar la ley, pues si nosotros no detenemos a los vagabundos, ellos nos detendrán a nosotros, la nación les ha de declarar la guerra».

Un tipo de Estado basado en el terror y la guerra hace años que ha cercado a países de Asia, a toda Africa, a América del Sur, ahora ha llegado a los países surgidos de la extinta URSS y a centro Europa y quizás pronto cercara el mundo entero.

Estos nuevos cercados, como lo hicieron los primeros, han acabado con un determinado control que tenía la gente de los medios de subsistencia.  Actualmente son excepcionales los grupos humanos que aún tienen poder sobre su tierra y su trabajo para cubrir sus necesidades de subsistencia.  Como bien señaló Ivan Illich, «el cercamiento...está tanto en el interés de los profesionales y burócratas del Estado como en el interés de los capitalistas». Existe una verdadera maraña de organizaciones con siglas de nombres rimbombantes, nacidas por motivos contrarios a los que anuncian y llenas de altivos y agresivos ejecutivos que elaboran al mismo tiempo que ocultan sus propósitos: el Club de Roma, el G 8, la OMS, FMI, BM y su Instituto de desarrollo económico, la OMC o el actual GATT (Acuerdo General de Aranceles y Comercio). Es ahí donde se desarrollan las estrategias de penetración de las grandes corporaciones, donde se compran o hunden Estados, donde se aprueban y ejecutan los programas de ajuste estructural o programas de liberalización del comercio...  Los estados hegemónicos (llamados del Norte), EE.UU., Canadá, la UE.., practican la política agrícola del dumping, subvencionando a la agroindustria en sus propios países para poder mantener artificialmente bajos los precios agrícolas internacionales hundiendo la competencia de los países agrícolas más pobres y así poder importar los productos sobrantes a bajo precio. Mientras, a través del FMI, del BM y de la OMC presionan a los estados de los países dependientes para que eliminen ayudas y subsidios a sus agricultores y para que estos planten sólo determinados productos -monocultivos-; de esta manera los excedentes que quedan sin poderlos vender han de ser exportados y comprados por las multinacionales a precios muy reducidos.  Es así como la «globalización» está causando grandes daños en el llamado «Tercer Mundo», volviendo pobres a los más pobres, para enriquecer más a los más ricos.

Las nuevas estrategias de los cercados pasan, por ejemplo, por crear grandes reservas gubernamentales como ya se ha hecho en las selvas del Amazonas o en Indonesia, o como se hizo en las áreas turísticas mayas del Yucatán o Guatemala y todas estas experiencias han terminado arrinconando a los indígenas y benefician a las industrias, sean turísticas, madereras o constructoras; y últimamente a las de la biotecnología que van a la caza de cualquier gen del que esperan poder modificar, patentar y sacar beneficio.  Pero no es descubrir nada manifestar el carácter totalitario del Capital: es su naturaleza el abarcarlo todo, dominarlo todo bajo su sistema, por lo tanto busca el cercado total de la Naturaleza y de la vida.  Asistimos al apoyo subsidiado para la construcción de grandes infraestructuras: presas hidroeléctricas, conducciones de petróleo y gas, construcción de carreteras para apoyar a las industrias mineras, madereras o para edificar enormes complejos de procesamientos químicos...  La privatización de las playas y de las costas, para beneficio de la industria del turismo y las inmobiliarias, es un hecho. Los Océanos arrasados por la industria pesquera, surcados en su superficie y en su profundidad por barcos cargados con materias más que peligrosas: atómicas, químicas, etc. El agua en el mundo está siendo privatizada y los Estados entregan su control a grandes multinacionales. La atmósfera la convierten en autopistas privadas para uso de unas pocas compañías aéreas. Incluso el espacio exterior se reparte entre unos pocos Estados y empresas para sus plataformas espaciales y satélites.

El sistema capitalista, como fuerza totalitaria que pretende abarcarlo todo, cercándolo y convirtiendo cualquier cosa en propiedad privada1, busca y ofrece una cultura tensada, tan sólo, por dos agentes disciplinarios: la economía de mercado y el aparato estatal burocrático. Y dictamina que fuera de ellos se halle sólo la nada o lo que no debe existir y que debe ser combatido.

En este mundo cercado se impone el dominio del dinero y la forma de trabajo asalariado. El capital mantiene a los pobres constante y multitudinariamente en marcha, los convierte en inmigrantes perpetuos.  Extranjeros en cualquier parte los pobres nos vemos forzados a desplazarnos continuamente en busca de lo que nos falta y condena: trabajo y dinero.  Una de las consignas dadas en Davos, en la última cumbre de los muy ricos del G 8 es clara, en lo que pretenden y donde nos abocan: «Hacer más caro lo imprescindible y barato lo superfluo». Ante esta declaración se comprende la privatización del agua, la especulación con el suelo o la salud, la carestía de la vivienda, de los medicamentos y de los alimentos...etc.  A la Naturaleza la sabemos más cercada, las diversas especies que en ella viven y su manera de reproducirse, han sido atacadas y alteradas. Todos los seres vivos que poblamos el planeta, pasamos a ser contemplados como potenciales conejillos de indias para este gran experimento capitalista que se propone conseguir, con la máxima rapidez, la transformación de todo organismo vivo y no tener que confiar en el lento proceso evolutivo de la propia Naturaleza. Este deseado cambio no-evolutivo basado en la biotecnología y en la manipulación genética, es lo que nos lleva a que desde las semillas y las plantas, hasta los animales o los protozoos, estén siendo «diseñados» y patentados.

Es ahí donde primero encontramos el «cercado comercial» de las semillas en todo el mundo. Hace apenas 50 años, millones de campesinos dispersos por todo el planeta controlaban sus propias reservas de semillas y las intercambiaban libremente con sus vecinos. Actualmente la mayor parte de la reserva semillera ha sido manipulada, hibrizada y patentada y ha pasado en poder de una decena de grandes multinacionales que controlan no sólo el mercado de semillas, sino la comercialización del producto, así como la venta de pesticidas y demás productos químicos. Los agricultores que se mantienen en sus tierras se ven cada vez más obligados a producir según los métodos dictados de un tipo de agricultura y ganadería industrial que es totalmente dependiente de los intereses de estas grandes empresas. 

También se ha de ver desde esta perspectiva el creciente interés, por parte de los Estados más poderosos y de las grandes corporaciones, de patentar el acervo génico del planeta. Para ello se ha impuesto el Acuerdo de Protección de la Propiedad Industrial (conocido como Acuerdo TRIPS) que legaliza la biopiratería que llevan a cabo los agentes de estas multinacionales y que les permite patentar y convertirse en propietarios de seres vivos. El robo patentado de plantas medicinales y semillas usadas por los pueblos del mundo durante siglos es tan palpable como evidente: se patenta las semillas de arroz, el frijol, el maíz, la soja y otros cereales, pero también el tejo, la quinoa, la ayahuasca o la sangre de drago...etc.

Interesa saber como ejemplo que el Laboratorio Nacional de Almacenamiento de semillas de Estados Unidos, en Fort Collins, Colorado, contiene más de 400.000 semillas de todo el mundo.

La importancia y el dominio de capitales transnacionales ha propiciado la formación de esta gran industria al unirse, en grandes corporaciones, ramas de la producción antes separadas. Las empresas productoras de fármacos, de química, agro-tóxicos, de alimentación, del comercio de semillas y granos,genéticas (biotecnología) etc., se han fusionado formando enormes conglomerados: Du Pont con Agribiotech y Don Chemical; Monsanto compró Cargill, Pharmacia, Upjohn, esto en EE.UU. La suiza Novartis se hizo con Ciba Geigy, Sandoz y Sygenta. La francesa Aventis se apoderó de Rhone-Paulenc y Hoechst. A éstas hay que añadir el grupo frances Limagrain; el británico Astra Zeneca y a las alemanas Bayer y Basf. Mientras que, por ejemplo, tan sólo Cargill, el gigante del grano, controla el 60 por ciento del comercio mundial de cereales.

Esta sociedad cercada, universo total de mercancías ha logrado que los individuos nos volvamos cada vez más extraños los unos para los otros y que sea el mercado la única fuente de comunicación social. También el lenguaje, el vehículo de comunicación entre seres humanos, el medio que nos permite expresar a los otros nuestros pensamientos y sentimientos: lo que nos preocupa, entristece o aquello que deseamos y a lo que aspiramos gozar, lo percibimos y sentimos más constreñido, menos una herramienta que se construye entre un nosotros colectivo y más como un artefacto que nos enseñan a manejar disciplinadamente. La virtud de hablar con y entre otros por el placer de oír y ser oído, parece olvidarse y se considera «perder el tiempo». La lengua pierde riqueza y vivacidad, se impone el lenguaje de los especialistas en la nada y la banalidad, es el lugar del ruido, de la confusión y la incomunicación. La lengua que se impone es la del poder, la de la propaganda: «que nos lleva a una representación de las cosas, de los acontecimientos apoyados en las informaciones que sólo son «falsas palabras » porque no tienen por fin informar, sino formar».

Como también señala J. Ellul en su libro «La edad de la Técnica» este mundo «produce una especie de vacuidad en el individuo. Éste, masificado hasta el fondo, vaciado de sus propias tendencias, integrado en el grupo, se vuelve en realidad disponible a todas las solicitaciones».  Y en la complacencia de creer todo lo que se nos dice, aceptamos, por ejemplo, esta campaña neo-maltusiana que nos «informa» del exceso de población y de la escasez de alimentos, cuando se sabe que la producción agrícola mundial ha aumentado un 95 por ciento en los últimos 30 años. O que sólo en la región del Medio Oeste de EE.UU., 50 empresas producen la escalofriante cantidad de 3.700 millones de pollos anualmente. O que conozcamos que se tiran al mar toneladas de alimentos en buen estado lo que permite la continua carestía de su precio.

Pero el lenguaje es el único medio que nos sirve para comunicar nuestras experiencias a otros, para trasmitir saberes aprendidos y resistencias vividas y habidas. Muchos son aún los actos de resistencia que se realizan en este mundo que pretende ser cercado. Van desde la quema de parcelas de OMGs, hasta acciones de los campesinos en Brasil, Filipinas, la India o Tailandia. O las huelgas generales de la población en Bolivia, en este mismo país, en Cochabamba, la lucha victoriosa contra la privatización del agua por una multinacional. Las luchas de los conocidos como Pueblos Indígenas, los mayas en Guatemala y Mexico, los quechuas, o los mapuches de Chile contra los planes explotadores de Endesa y de Repsol, las luchas en Nigeria contra las petroleras Shell y Total...etc.

Etcétera, junio 2004

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El 70 por ciento del comercio mundial es controlado por 500 corporaciones, que también controlan el 80 por ciento de la inversión en el mundo y supone el 30 por ciento del PIB mundial.  El ingreso bruto de la Shell Oil en 1990 (132 millones de dólares), fue mayor que el Producto Nacinal Bruto de Tanzania, Etiopía,Nepal, Bangladesh, Zayre, Uganda, Nigeria, Kenya y Pakistán combinados, que cuentan con una población de 500 millones de habitantes.  Tan sólo Cargill, el gigante canadiense del grano, controla el 60 por ciento del comercio mundial. Sus transacciones en 1990 igualaron el Producto Nacional Bruto de Pakistán.

Sólo 13 corporaciones suministran el 80 por ciento de todos los automóviles. Cinco de ellas: General Motors, Ford, Toyota, Nissan-Renault y Peugeot venden la mitad de los vehículos matriculados cada año.

Las corporaciones norteamericanas gastan más de mil millones de dólares al año en publicidad.

El ciudadano norteamericano ve un promedio de 21 mil anuncios comerciales de televisión anualmente