No hay una sola Barcelona y
mucho menos la oficial. No hay una sola historia de Barcelona,
por más que se empeñen en querer difundir desde el marketing
institucional. La pueden engalanar, edulcorar y convertir en “fashion” pero
las pruebas dicen que junto a la ciudad del ocio, del turismo, de
la arquitectura y de los forums persiste otra comprometida en profundidad con
dar respuestas a los problemas de su época y de la sociedad en que le ha tocado
vivir.
El amplio colectivo de autores del libro La Barcelona rebelde. Guía de una
ciudad silenciada (Octaedro, Límites) ha rastreado en la historia de los
últimos 150 años para desvelar que entre el capital que siempre ha tratado de imponer
su dominación en el ejercicio de gobernar la ciudad y el cuerpo social
que él genera, se han producido históricamente comportamientos antagónicos
que se han reflejado en el territorio urbano.
Los descontentos de cada época
mostraron su hacer por medio de la acción, resistiéndose y desafiando lo
existente en busca de un mundo mejor. Por las páginas del libro
aparece desde la quema de conventos y de la fábrica
Bonaplata, a la revuelta de las quintas, pasando por la huelga de los alquileres,
el encierro de los inmigrantes sin papeles en la iglesia del Pí o el conflicto
de los portuarios. También la huelga de tranvías del año 1951.Quien visite el
Forum 2004 podrá saber que donde se celebran los fastos existió el Campo de la
Bota, lugar habitual de fusilamientos por las tropas franquistas. Porque la
mirada de una ciudad implica muchas miradas: el Liceo no es solo lugar de
escuchar ópera, también es el espacio burgués donde Santiago Salvador tiró una
bomba en 1893 y donde, en 1936, la Rambla se llenó de barricadas para
rechazar a los facciosos.
Esa Barcelona que resiste, que ha
mostrado sentimientos de incomodidad y rechazo
respecto a lo que le ofrecían, ha acogido en su espacio a colectivos tan
diferentes como las radios libres, los ateneos libertarios, la Escuela de Cine
de Barcelona o la Asociación Ramón Santos de estudiosos del cannabis. Por ella han pasado personajes
de la talla de G. Orwell, J. Genet, el pintor Helios Gómez,
el poeta León Felipe, Emma Goldman, la fotógrafa Katy Horna... y
todos ellos dejaron su huella de inconformidad. Como otros que soñaron
una sociedad diferente, no utópica, sino realizable por medio de sus actos
como Ferrer i Guardia y su Escuela Moderna, el poeta Joan Salvat-Papasseit, los
anarquistas Durruti, Seguí, Sabaté, Facerías o Mateo Morral.
La guía de esta rebelde
Barcelona camina por sus barrios y muestra la ciudad que se
trata de ocultar en la postal turística: las casas okupadas, el cine
Princesa y el Forat de la Vergonya, los lugares donde se produjo enfrentamiento
entre capital y trabajo (Bultaco, Harry Walker, Cervezas Damm) o la
colectivización en 1936 de La Maquinista Terrestre y Marítima.
La visión histórica de esa
ciudad silenciada pero real indica que el discurso de
resistencia ha tenido en su devenir momentos y lugares donde colectivizarse
junto a otros donde ha aflorado la crítica más disgregada.
Otro aspecto destacable de la
obra es el deseo de desenmascarar un lenguaje que
obstaculiza la comprensión de los hechos, desvirtuándolos. Desmanes, quema de iglesias,
vandalismo, robos, espiral de violencia, pistolerismo,
Semana Trágica de 1909 o Ciudad de las bombas quizás estaban
nombrando otros actos como resistencia al sistema de fábrica, revuelta
de clase, expropiación, colectivización y la denominada Rosa de Foc.
Como escribió el Gobernador
Civil Osorio y Gallardo en 1909 tras los hechos de la
revuelta ciudadana contra la leva de los jóvenes hacia la guerra de
Marruecos, “en Barcelona la revolución no se prepara, por la sencilla razón
de que está preparada siempre. Asoma a la calle todos los días; si no hay
ambiente para su desarrollo retrocede; si hay ambiente, cuaja. Hacia mucho
tiempo que la revolución no disponía de aire respirable; encontró el de la
protesta contra la campaña del Riff y respiró a sus anchas”.