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Naturaleza y técnica

Técnica de la máquina social

“La maquinaria es un ejemplo de cómo los productos visibles del

trabajo adoptan la apariencia de sus amos”

K. Marx

 

Un breve apunte en la confusión terminológica entre técnica y tecnología, tanto vulgar como docta, quizás nos permitirá soslayar esa desviación que se origina como consecuencia de la supremacía anglosajona después de la Segunda Guerra Mundial y que se traduce en la práctica en el giro anglicista de la traducción del sustantivo técnica, tanto por technique como por technology (la técnica hidráulica es igual a la hydraulic technology), y que los franceses censuran oportunamente, a través del Comité d’etudes de termes techniques français, y denominan “franglaise”.  La tecnología se nos presenta como la ciencia de las técnicas en lo que ha venido a ser un discurso de sistematización técnica al servicio del capital. La técnica es un sistema, un conjunto de instrumentos y operaciones que recrean un entorno, una totalidad de medios que nos envuelve. Según Watson4 consiste en la separación de la humanidad de sus herramientas y su dependencia en la mecanización de la vida, la proletarización de la humanidad y la destrucción de la comunidad.

A través de la técnica –tal y cómo podemos constatar– se ejerce un control

sobre amplias áreas de la vida; esta forma de dominación particular sobre la Naturaleza llega al extremo de suplantarla, su poder de transformación se eleva por encima de ella como un nuevo dios que recrea el universo viviente.  Este nuevo Entorno sirve y obedece propiamente a una nueva necesidad llamada mercancía.

Este largo proceso de sustitución por el que se confunde la dominación de la naturaleza y su abstracción y que desfila paralelamente a la del hombre y su cosificación se perfecciona en aquello que se ha dado en llamar “Civilización técnica”, y que Mumford ya identificó con la nueva orientación

4 “Contra la megamáquina”; Alikornio ediciones.

y la reorganización de la sociedad en una gran máquina, (la megamáquina, como primera máquina de la historia). Esta máquina capitalista, máquina que sintetiza la técnica en estado puro, entraña la mecanización y la aplicación sistemática de los procesos de racionalización sin límite aparente, de tal modo que la cultura se confunde con la técnica en un peculiar mecanismo de control y dominación.

Esta racionalización no es casual ni obedece al abuso mecánico sino a un proceso de suplantación e implementación, de “perfeccionamiento de la desposesión”, por el cual se sustituye la fuerza de trabajo por la fuerza técnica. Cambio en la relación de fuerzas entre capital y trabajo que concita una vez más el predominio y la superioridad del objeto sobre el sujeto.  Proceso que comprende la transferencia de los costes de reproducción capitalista, de la fuerza de trabajo hacia la apropiación del trabajo vivo.  Esta fuerza técnica no solamente representa una usurpación del valor de uso de los distintos oficios y saberes sino su conversión, directa y con la mínima intermediación, en valor de cambio, en un proceso de acumulación (capitalista) sin precedentes.

Este estadio del proceso de acumulación, posterior a aquel denominado “primitivo”, ha realimentado el progreso técnico como instrumento especializado en la reproducción y multiplicación del beneficio.

Mientras, la lucha contra la máquina llevada a cabo por los trabajadores fue en muchos casos una lucha contra la competencia directa que representaba la introducción de nuevas máquinas y diferentes técnicas en el proceso de producción.

La finalidad de la técnica ha seguido la propia dinámica extensiva de transformación de lo viviente en capital como un instrumento del poder social del capital.

La servidumbre del individuo, como objeto técnico y como objeto de la técnica, este “ser una cosa” sirve a la máquina social, obedece a su posición marginal en la pirámide de poder de la sociedad, al extrañamiento del propio sistema productivo. El devenir comprende todo lo dispuesto en este proceso de sustitución, de suplantación, subordinación, y ausencia… El progreso de la economía moderna consiste precisamente en extenderse y en extender el sistema mercantil a la explotación industrial de la naturaleza. El progresivo reduccionismo de la naturaleza (y el hombre) al sistema económico radica en el tratamiento mecanicista que transmuta lo “natural” en capital y en su inmediata subordinación al imperativo técnico. Este imperativo se ocupa, de  igual modo, en resolver los límites naturales de la productividad de la tierra y la competencia que supone que millones de seres humanos disfruten del libre acceso, posesión o intercambio de los recursos naturales.  Mientras la técnica de la propaganda reza, en la década de los 60, que la (primera) “revolución verde” va ha terminar definitivamente con el hambre en el mundo, la introducción de productos químicos sintéticos en la cultura del agrio ha permitido una productividad por trabajador muy elevada, una producción de biomasa útil por unidad de superficie relativamente baja y mantener unos costes muy altos. Hoy, la mitad de los habitantes del planeta viven en la escasez alimentaria, en el denominado “cinturón del hambre” y la situación alimentaria mundial nunca ha sido más precaria, siguiendo la tendencia negativa iniciada en los años 60.

El hambre finalmente ha sido supeditada a la extracción de valor de cambio y subordinada de nuevo al maltusianismo, al mismo crecimiento económico que produce dos veces las necesidades alimentarias de la humanidad.  Sin embargo, la falaz desaparición del hambre, sigue siendo el objeto preferido de la propaganda y de la apología del desarrollo de las fuerzas productivas y sigue alimentando la voracidad del sistema técnico capitalista que planifica el ataque contra la competencia que supone la riqueza anterior al mercado de millones de pequeños productores, repartidos por el planeta, que dependen directamente de la naturaleza y del conocimiento de las técnicas empíricas derivadas de su relación con ella. La segunda revolución verde se preocupa de resolver definitivamente este gran problema, controlando y explotando la vida, a través de la técnica de ingeniería genética aplicada a la naturaleza (desarrollo de las “semillas muertas”) y de la técnica de la economía política burguesa aplicada al hombre (“patentes de la vida”) vía OMC, TRIPS, BM, etc.

La ventaja que representa la subordinación a la máquina capitalista, al proceso de simplificación técnico, consiste en que la técnica en última instancia se presenta como una solución a si misma, emplea y se reproduce como respuesta a sus propias necesidades. El devenir del darwinismo tecnológico refleja ese momento de las relaciones de poder de la sociedad5.  Así a modo de ejemplo, si su consecución procede de los límites que impone la naturaleza, de la restringida tolerancia natural a los herbicidas, al uso de

5  D. Noble; “La locura de la automatización”; Alikornio ediciones.

 (herbicida) “Roundup” en los monocultivos de soja, la ingeniería genética contraataca patentando la soja transgénica “Roundup Ready”, modificada genéticamente para poder aumentar la cantidad del herbicida6 consumido por hectárea (ambos productos fabricados por Monsanto).  En este sentido, el avance de la ideología del progreso no sería comprensible sin la incorporación de una terminología y una nomenclatura que se instituye como una nueva centralidad, por encima de cualquier otra valoración, expresión o consideración. En esta nomenclatura el prototipo del cliente-consumidor reina por encima de cualquier otra categoría, como expresión de la conquista en el plano simbólico de la disciplina de mercado; él moviliza, canaliza, condensa y retroalimenta la energía de la máquina social, en representación de la preeminencia que ostenta el ascenso de la deriva capitalista.

Finalmente, la autonomización de la técnica de la máquina social consiste en mantenerse refractaria, insubordinada, ajena a cualquier premisa ética, si la hubiere, después de haber ocupado la centralidad, consumiendo y evacuando lo viviente, subordinándolo a su peculiar objetividad. La autonomía de la técnica consiste precisamente en conservar la funcionalidad para la que ha sido creada: el capitalismo es técnico y la técnica es capitalista. Es lo que la vaciedad del modo de vida industrial, del mundo instrumental, ha dado en llamar tecnoesfera, tecnópolis o tecnofascismo y que planea como la sombra de Frankenstein sobre todo lo viviente.

6 El glifosato, es el pesticida más vendido en el mundo, también usado en la guerra de

Vietnam como Agente Naranja y utilizado ahora para fumigar la Colombia cocalera y

campesina. En Argentina el uso del Roundup se ha disparado con la introducción de la soja

de Monsanto, de unos 14 millones de litros en 1997 a 150 millones de litros en 2003

 

                                                                                                                                                                     Etcétera, junio 2004