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HISTORIA DESENVUELTA DEL SURREALISMO.

Jules-François Dupuis.

Alikornio Ediciones; Colección Disidencias; Barcelona 2004.alikornio@eresmas.net

 

Quien se nos presenta historiando el Surrealismo bajo el nombre de Jule François Dupuis, es evidente que no es tal. Pues Dupuis, hostelero de profesión en Montmartre París, puede ser solo reconocido por aquellos incondicionales seguidores de Isidore Ducasse, más conocido en la literatura como Conde de Lautreamont, autor de los «Cantos de Maldoror». Y es que este hostelero, fue testigo y firmó el acta de defunción del desconocido joven poeta que terminaba de morir en una de las habitaciones de su pensión.  Lautreamont llego a realizar el deseo del Marqués de Sade: no dejar tras de sí ninguna huella. Así cuando en 1914 un joven Andre Breton oye hablar de este ardiente poeta a Apollinaire, para poder leerlo tiene que ir a la Biblioteca Nacional de París y allí copiar sus poemas, pues no había edición disponible en ninguna librería de la ciudad.

¿Pero reaparece un más que anciano hostelero para explicarnos desenvueltamente la Historia del Surrealismo?. Tras Jules François Dupuis encontramos al autor en 1967 (casi un año antes del Mayo Francés que conmovió esta sociedad capitalista) del libro «Tratado del saber vivir para uso de las jóvenes generaciones». Es él quien se ve envuelto en la realización de esta Historia de los Surrealistas, precisamente para desenvueltamente darla a conocer a los jóvenes o a aquellos que siendo mayores sienten aún joven su corazón.

Dadá surge cuando la política de los Estados europeos, basada en el nacionalismo y el imperialismo, ha llegado a su paroxismo y el capitalismo se ve acuciado por el temor a la Revolución. Los dadaistas lanzan un grito coherente ante esto, primero negándose a ir a la guerra e instalándose en Zurich, para desde allí condenar en bloque el poder mistificador de la cultura y denunciar al Estado y a los capitalistas y también a aquellos que sumisamente consienten la dominación del sistema capitalista cuya brutalidad se muestra descarnadamente en aquellos años.

Partiendo de este Dadá, «que se queda en la exigencia, a la vez confusa y clara, de la destrucción global del arte, de la filosofía y la cultura como sectores separados, y su realización en la vida social unitaria»; se llega al surrealismo, « el último movimiento que creyó en la pureza del arte dentro del sistema de mercancía».

A partir de ahí se repasa la trayectoria de los surrealistas, sus logros, sus inquietudes, sus ilusiones y sus mezquindades. Pone de manifiesto sus proyectos para cambiar la vida y transformar el mundo. Así como su empantanamiento en la política y en las tumultuosas relaciones y desrelaciones con los estalinistas y después con los trostquistas. O la participación de Benjamin Peret, por el que el autor siente una especial simpatía, en la Columna Durruti. El encuentro con la muerte a través del suicidio de muchos de ellos. También sus grandes aportaciones en el lenguaje y al subversión.  Sus indagaciones del hermetismo, la magia y la alquimia. La importancia concedida a la mitología, Markale estudia la «epopeya celta»; Artaut interesándose en México por el peyote, los Tarahumaras y su cosmovisión; o el mismo Breton cuando se instala en EEUU (exiliado en la 2ª guerra mundial), junto a Lévi-Strauss realiza un viaje hacia los territorios donde habían habitado los Hopis.

Finalmente se explica como las ideas surrealistas van expandiéndose y como aparecen grupos y revistas en muchas ciudades del mundo, hasta llegar a la actualidad.