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Desde Guisando- Madrid

Quim,

  También nosotros sentimos no poder estar más tiempo en Barcelona para profundizar en ciertas cuestiones, en concreto, la referencia al pasado que tantas críticas nos cuesta. Sobre ésto diremos algo.  Lo primero es que nosotros creemos que una verdadera teoría que aspire a ser revolucionaria –en el sentido más emancipador posible- debe hacerse una idea lo más exacta posible del proceso histórico de la gestación del poder y de la opresión (Marx tenía una que acertaba en algunas cuestiones pero que simplificaba dramáticamente en otras; los anarquistas fueron más sensibles en cuanto a los problemas organizativos, la conciencia o el Estado, pero en general nunca profundizaron mucho en el conocimiento de la historia y sus intervenciones se reducen con frecuencia a meras declaraciones ideológicas). En el texto sobre el antimaquinismo del nº 6, dejando aparte la tesis hacia la que apunta, hay el intento de reconstruir una genealogía de la opresión en un periodo concreto. Este tipo de trabajos son prácticamente inexistentes en los medios radicales y creemos que hoy son imprescindibles para tener una visión no ideológica –o lo menos posible- de cómo se constituyó el poder en el mundo moderno tal y como lo conocemos. Un llamado pensamiento de izquierdas ha desconocido durante mucho tiempo el mundo que precedía al mundo industrial moderno, y por esto han caído en innumerables abstracciones. Si ves el texto “Un diálogo con el BAH” (Amigos de Ludd nº 5), y el más breve “Por un conocimiento veraz de nuestro pasado inmediato” (AdL nº 3) comprenderás mejor nuestra insistencia en estos temas.

  Das algunos ejemplos de cómo la tradición o la religión, o ciertos sectores reaccionarios, se han opuesto al liberalismo. Eso es innegable,pero no debe convertirse en un obstáculo para que despejemos un poco más la verdad. Nosotros nunca salvaríamos a la Iglesia o a los carlistas;no se trata de esto, se tarta de ver más bien que la historiografía de “izquierdas” ha simplificado los hechos para ajustarlos a prejuicios teóricos, sean estos la lucha de clases, el determinismo económico o técnico, la idea de que el campesinado es siempre reaccionario, etc. Si existe –o existió- lucha de clases, ésta es de una complejidad que en general la izquierda ha tergiversado. Si muchos sectores de las clases rurales se aliaron a los carlistas en los mil ochocientos treinta y tantos, tendríamos que ser capaces de hacer una segunda lectura menos ideológica de los hechos (sin negar sus connivencias ideológicas claro), es decir, ver ahí la verdadera gestación de un Estado liberal especialmente interesado en destruir sistemas forales, etc. Tendríamos que intentar encontrar un mínimo común entre las ideas internacionalistas universalistas de los movimientos revolucionarios modernos y los modos de vida y de organización popular que han conocido una existencia concreta y que han sido también un depósito de vida resistente a los avances del Estado y de la economía totalitaria (en este sentido los escritos de Ruclé, Thompson o Díaz del Moral son iluminadores al respecto). Al igual que hoy se recuperan técnicas más humanas y ecológicas para la producción (artesanía, agricultura y medicina tradicional, etc.) es necesario estudiar con detalle las formas de democracia directa que se dieron en el pasado, para no caer en lo puramente abstracto. Hay que tener en cuenta que una vida menos industrial, menos monetarizada, menos jerarquizada y, en general, menos oprimida exigirá un tipo de moral convivencial, de apoyo mutuo, de responsabilidad y esfuerzo continuo, cuya genealogía está enraizada en la forma de vida comunitaria que se dio en el pasado (lo que no quiere decir que debamos reproducirla con todas sus alienaciones y miserias, pero sí tenerla en cuenta para aprender a ir más lejos en el ideal de vida en común). Por más que se pueda idealizar, algunas comunidades del pasado tenían una gran preparación para vivir en medio de la naturaleza y con bienes materiales muy sencillos Tal vez no debamos recuperar sus contenidos pero sí algunas de sus formas (la asamblea popular o los aljibes de agua, como quizá diría Ramón Germinal)

Amigos de Ludd