Desde Barcelona
Amigos de Ludd,
Me supo mal no tener más tiempo para intercambiar los
distintos puntos de vista en la crítica a la civilización industrial, a la
sociedad técnica, a la modernidad. Yo insistiría en lo que apuntaba en el Espai
Obert, no abusar del recurso al pasado. La crítica a la civilización técnica se
ha de hacer desde el hoy, un hoy que se abre al por venir. El recurso al pasado
es muy frágil y peligroso: es muy fácil caer en idealismos y en ideología: la
historia puede llegar a convertirse en eso, en ideología. Cierto que vemos en
tiempos pasados rasgos de comunidad, de autonomía,.. pero comparar es
muy difícil sino imposible: se trata de parámetros distintos. El presente es
atroz. Atroz es el pasado.
Es cierto que desde el ahora podemos pensar
lo ya acontecido. Por ejemplo respecto a los ludditas
podemos hoy, après coup, vistos estos casi doscientos años,
pensar que tuvieron razón: que la técnica no era neutral y que no sólo
importaba su modo de uso como pensó la corriente progresista (marxista).
Pero esta visión general pertinente no ahorra el análisis concreto de
cada situación. Y aquí es donde no podemos idealizar el pasado, como
por ejemplo se hace, creo, en el artículo sobre el antimaquinismo
rural del último Los amigos de Ludd. Se enfatiza demasiado aquella
sociedad tradicional como proporcionadora de muchas satisfacciones y
de una realización personal; se idealizan aquellas gentes para quienes
el bien supremo no era la riqueza, ni el consumo de cosas materiales, ni
los placeres sensuales, sino la preservación de las relaciones de ayuda
mutua entre iguales...Pero todo aquello estaba atravesado por una concepción
religiosa, de sumisión, por la penuria, el atavismo...(
Amigos
de Ludd, nº 6). Todos aquellos valores se han de historizar.
No podemos rechazar de plano,
sin más, todos los aspectos de la sociedad moderna que va
emergiendo..., en nombre de la tradición. Hay una crítica a
la modernidad nostálgica de un pasado idealizado, o de un pasado
enajenado. También desde la reacción se criticaba el mundo moderno: El
“Sillabus” de Pio IX; o por ejemplo el libro de un cura catalán, Sardà
i Salvany: “El liberalismo es pecado”, o el carlismo contra la burguesía
liberal de 1812;... Pero nuestra crítica no puede ser atávica ni
nostálgica para conservar lo inaceptable, sino rechazo de un pasado y un
presente inhumanos, y explicar en qué consiste esta inhumanidad, y las posibilidades
de salirse de ella.
Quim.