Desde
Francia
Rebeldía
en la enseñanza francesa
A
principios del mes de febrero se inició en Francia una huelga en la enseñanza
que empezó por los institutos profesionales (LP) y se extendió al conjunto de
la "Education Nationale" (E.N.). Dicha huelga ha sido una de las más
importantes del sector en muchos años y desembocó en la dimisión del ministro
de la E.N. Claude Allegre...
El
alcance de esta huelga se inscribe en un amplio movimiento de defensa del
Sector Público que conoce brotes endémicos de rebeldía desde hace unos años. De
hecho corresponde a una sensibilidad social particular en Francia vista la
importancia de dicho sector y la ferocidad de los ataques que sufre de parte de
las gestiones liberales actuales. Dicho rápidamente, la resistencia al
desmantelamiento del Servicio Público se expresa en múltiples huelgas y
manifestaciones y tiene una relevancia muy importante en el contexto actual.
No
os enseñaré nada recordando el papel que el capital mundial reserva al sector
público en la fase de liberalismo sin freno que conocemos. No ha escapado a nadie
tampoco la posición clara en este tema de los grandes entes internacionales del
capital. Ya sea el Banco Mundial, el
FMI, la OCDE o durante los selectos encuentros del G7, siempre se canta
el mismo refrán: acabar con los servicios públicos donde sea y como sea. Dicha
ofensiva se aplica metódicamente y sea cual sea el color del equipo
gubernamental del país.
Es
que, si bien el Servicio Público desempeñó un papel importante (pero variable
según las zonas) para regular la penúltima fase de desarrollo capitalista
(permitiendo que el proletariado pueda pasar plenamente de la crisálida
productor a la mariposa productor- consumidor), se desarrolló escapando
parcialmente o por la indirecta a la lógica mercantil.
Pero
el Servicio Público se encuentra en la encrucijada entre valor de cambio y
valor de uso. De hecho el sector Público no tiene por finalidad el lucro sino
responder a una demanda social. Así es como se concibe generalmente en
Francia desde el punto de vista de los
trabajadores. Este aspecto ha sido totalmente despreciado por los
revolucionarios libertarios, siempre reacios a defender lo que a pesar de todo
es un aparato estatal... No podemos defender el servicio publico porque
significaría defender al Estado. Pecado mortal, si lo hay, para toda radicalidad que se respete. Pero no es así para el pueblo llano que no
sufre de este tipo de espasmo existencial. Lo que defienden usuarios y
trabajadores del S.P. es su valor de uso, la idea misma de que haya una zona
dentro del sistema que escape (aunque fuera sólo en parte) al afán de
lucro y cuyo objetivo sea ofrecer un
servicio. Algo humano al fin y al cabo.
Saben y cada día más que al perder el
servicio público se pierde mucho... un último baluarte contra la barbarie
social.
El
servicio público no es rentable... se sabe. La rentabilidad no le es
consustancial y por eso ha de desaparecer bajo el sol del imperio.
Pero
el capital ya no necesita pagarse este lujo y se decide entregar este sector a
todas las voracidades mercantiles que se presenten. Quizás sea difícil desde
España apreciar la importancia del tema ya que las funciones del S.P. y sus
realizaciones han sido mucho más modestas que en Francia. Pero aquí se
encuentra de manera reiterada en el centro de la problemática de las luchas.
Los franceses hoy se resisten a perder el servicio público. Y no sólo esto. Es
que esta conciencia entra en una sensibilidad cada vez mayor hacia el uso como
valor esencial y respetable. La mercancía y el mercado llegan a ser altamente
sospechosos entre un número cada vez mayor de gente. La movilización y la toma
de conciencia han sido reales, por ejemplo, a través de la gran simpatía que
provocó Jose Bové y sus amigos de la confederación campesina, así como el
asunto de Seattle. "El mundo no es una mercancía" fue un grito que
recorrió muchas ciudades del país...
Volvamos
a la entelequia capitalista actual. Francia está al rojo. Es el país europeo en
el que el Servicio Público ocupa más espacio y, al mismo tiempo, es un país de
primer plano en la integración a los circuitos
mercantiles. ¡No puede ser! gritan los estómagos financieros. La social
democracia está siendo pagada para hacer tragar este desmantelamiento que la
derecha no lograba con tanta facilidad. Así es como en la vulgata
estadounidense se representa a Francia en los medias con todos los atuendos
antaño validos para el bloque del este: Francia es un país kafkiano, gris y
preso de la burocracia... todo un cromo.
Y
efectivamente el servicio publico se va destrozando pero hay una coña aquí en medio
y es la enseñanza... Dos millones de empleados altamente sindicalizados (esto
es lo de menos) y agarrados a sus "privilegios" como lapas a una roca
y que encima hasta los hay, y no son pocos, que creen en el valor social de su
oficio. ¡Joder ! ¡No va a ser fácil!
Pero
si pudieran cortar ya esta resistencia y echar al suelo este sector, entonces
sí que la cosa se adelantaría, y no poco, para el liberalismo ambiente... ¿Cómo
pues atacar esta ciudadela del sector público? Asediar primero con un cerco de
oprobio de cara a la opinión publica al profesorado. Así es como vimos una
propaganda desenfrenada de desprestigio de los profes inaudita; insultos tras
insultos se consiguió: los profes son absentistas, no curran, están siempre de
baja de enfermedad o de vacaciones
etc... ¡Unos privilegiados! Luego se
recortó su tiempo de vacaciones etc...
En
los institutos de formación profesional, el ataque fue mucho más brutal que en
los otros sectores. Se pretende hacer responsables a los profes del desempleo
juvenil porque no admiten que las empresas les dicten su trabajo. Así es como
se dictó una Carta magna llamada "Formación Profesional Integrada". De ahora en adelante
tendremos que ajustar los ritmos de trabajo y los contenidos educativos a los
desiderata de las empresas locales... Que el estudio de la literatura, de los
idiomas extranjeros, de las matemáticas, etc... se concentre en lo profesional
y basta! Paso sobre los detalles. Pero lo que prendió el fuego fue cuando se
pretendió alargar considerablemente el
tiempo de trabajo del profesorado y quitarle toda independencia en la práctica
de su oficio. La huelga se extendió rápidamente, basada en asambleas generales
y coordinaciones y el uso de internet, oponiéndose frontalmente al sindicato
mayoritario que había pactado con el ministro todo este "merde". Hoy
hemos conseguido una victoria en este punto preciso, pero ello no impedirá que
lo ofensiva liberal sobre los contenidos educativos y la adaptación estricta al
mercado de trabajo se imponga. Sin embargo, esta huelga permitió a muchos
colegas poner el dedo en la llaga en su papel como reproductores de los valores
del sistema y ponerlo en tela de juicio de manera más concreta. Nada más por el
momento...
Jean
Michel