Desde Dublín
LEYENDO CON VELAS:FISURAS EN EL
ESPEJO DE ZIMBABWE
Las fisuras en Zimbabwe han sido
evidentes durante años. Después del Tratado de Lancaster House y la abrumadora
victoria del partido de Robert Mugabe, el ZANU-PF en unas elecciones
internacionalmente reconocidas en 1980, el sentido de euforia que les siguió
duró poco. Las huelgas se generalizaron en todo Zimbabwe, dirigidas
principalmente por el Zimbabwe Congress of Trade Unions (ZCTU). Aunque el
gobierno hacía gala de cierta retórica socialista, el movimiento sindicalista,
que inicialmente le había apoyado, se impacientó ante el fracaso en la
consecución de políticas socialistas. Hacia mediados de los ochenta, cuando se
hizo evidente que el ZANU-PF no tenía la menor intención de introducir medidas
socialistas, los sindicatos se pasaron a la oposición.
Una manera inmediata y oportunista
de frenar la decepción fue la proclamación por parte del partido de Mugabe de
un progrom tribal en nombre de la mayoría Shona, el cual cayó sobre la minoría
más numerosa, la Ndebele. Horribles masacres se sucedieron en Matabeleland en
los ochenta. Este fue uno de los muchos gestos oportunistas de Mugabe.
El descontento aumentó. Por otro
lado, persistía el sistema de dominación blanca. El partido del gobierno ocupó
algunos de los palacios y las mayores haciendas de aquellos "rodesianos"
que se habían marchado. Pero la gran mayoría de los descendientes de Cecil
Rhodes que antes habían expoliado a los Shona y a los Ndebele ocupando sus
tierras, estableciendo sus grandes fincas, continuaron teniendo el control, y
los negros se vieron confinados en tierras baldías y hacinados en reservas
fundadas en los años treinta. Unos siete millones de negros todavía ocupan
estas reservas, mientras que unos 4.500 granjeros blancos ocupan 11 millones de
hectáreas con haciendas que pueden llegar a las 200.000 hectáreas. Las cosechas
no se destinan a alimentar a los pobres de Zimbabwe. El mango, el tabaco, las
judías francesas, etc..., se destinan a la exportación.
Aunque se construyeron viviendas
sociales en los ochenta y en los noventa, la mayoría de los trabajadores
estaban todavía confinados en los "townships", distritos situados en
la periferia de las grandes ciudades (Chitungwiza, Dzivarasekwa, etc...) para
ofrecer mano de obra barata. En 1980 Mugabe inició un ambicioso plan para reasentar
600.000 familias en cinco años. Hasta ahora, 65.000 has sido reasentadas. La
mayoría de esos proyectos de reasentamiento no han prosperado, en gran parte,
porque no han recibido un apoyo ni un seguimiento para cambiar la situación, y
porque no se les permitió la posesión de la tierra. Una lista reciente sobre
alojamiento muestra que el retraso nacional asciende al millón de marcos. La
lista, que registra alojamientos no individuales, indica que un tercio de los
zimbawos son alojados o no tienen siquiera donde vivir. Más del 40.000 vive en
pensiones de alta densidad, donde 40 personas comparten un solo lavabo y 10
viven en la misma habitación.
Según una investigación llevada a
cabo por Dialogue on Shelter for the Homeless in Zimbabwe, más del 50% de las
familias de Mbare están en las listas de espera de alojamiento, y llevan así
nueve años. Casi todos los de la lista firmaron cuando tenían de 28 a 33, lo
cual quiere decir que han pasado la mayor parte de su edad adulta sólo
esperando. Un tercio de los zimbawos son inquilinos o no tienen hogar. A pesar
de la escasez de casas, la industria de la construcción, que persigue el máximo
beneficio, ya no construye casas para los sectores más desfavorecidos, que
constituyen la gran mayoría de la población trabajadora de Zimbabwe. John
Nkomo, ministro de Gobierno Local y Alojamiento, dijo que le parecía irónico
que el Fondo de Pensiones de Mineros esté invirtiendo en la construcción de
casas y pisos para los grupos de ingresos medios y altos mientras que la
mayoría de sus miembros viven en casas de mala calidad.
Un informe financiado por el
Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas y producido en consulta con el
gobierno, el cual fue llevado a cabo por la Universidad de Zimbabwe, compara el
nivel de desarrollo de las diferentes provincias, tanto urbanas como rurales,
con la finalidad de "ofrecer a los políticos un análisis de la situación
que les permita atacar la pobreza en un esfuerzo por acabar con ella".
Algunas de las conclusiones de los investigadores, la mayoría de ellos
académicos de la Universidad de Zimbabwe, son:
* 61% de los hogares zimbawos están clasificados como pobres
(aquellos que viven por debajo de la línea de pobreza y tiene una renta de
2.132 dólares zimbawos por persona y año).
*45% son muy pobres - aquellos que
viven por debajo de la línea de pobreza y tienen una renta de 1.289 dólares
zimbawos por persona al año.
*"Unida a la mala distribución
y a la ineficacia de los programas de gasto social, la corrupción contribuye
significativamente a la pobreza y a la desigualdad"- sigue el informe,
añadiendo que en Zimbabwe la pobreza es a la vez real e inmediata.
*El estudio demuestra que la tasa de
ingresos por impuestos se ha reducido debido a la evasión de capital, la
torpeza de la administración de impuestos y las desproporcionadas exenciones
que favorecieron a los ricos y bien situados. "En algunos casos los
programas para aliviar la pobreza entre los pobres se fueron al traste porque
algunos individuos con buenas conexiones desviaron los fondos para sostener
otras empresas que beneficiaban los sectores ya favorecidos de la
sociedad," continúa el informe. "Un crecimiento económico estancado,
unos precios en aumento y una elevada tasa de paro, la cual ha empeorado en los
noventa, así como la desigual distribución de la riqueza, todo ello contribuye
a aumentar los niveles de pobreza con todos los problemas sociales
subsiguientes". El informe añade que la pobreza es mayor en las áreas
rurales. Aquí el 75% de los hogares son considerados como absolutamente pobres,
frente al 39% de las áreas urbanas.
* De los doce millones de zimbawos,
23% no tiene acceso a agua corriente, 19.6% de los adultos son analfabetos,
16.8 % murieron antes de llegar a los cuarenta, 13.3% de los niños menores de cinco
años estaban malnutridos y 8.8% de la población carecía de acceso a la
asistencia médica.
Hubo un breve boom en 1980-82 cuando
se produjo el levantamiento de las sanciones económicas pero enseguida se vio
seguido por una fuerte sequía en 1983 y por una recesión, y la luna de miel
socialista se acabó. Cuando en 1984, la Política de Reajuste Económico
Estructural (ESAP) fue introducida, ZANU-PF pretendía gobernar Zimbabwe según
las leyes de mercado con el subsiguiente embolsamiento de recursos. Si a ello
se le une la corrupción generalizada en el ámbito gubernamental, la caída de
Zimbabwe hacia la dictadura parecía inexorable, demostrándose una vez más los
efectos corruptores del poder.
ZCTU, junto con otro grupos de la
sociedad civil se volcaron en manifestaciones contra la corrupción
gubernamental, las violaciones de los derechos humanos y el deslizamiento hacia
un estado monopartidista. El secretario general de ZCTU, Morgan Tsvangirai, fue
detenido durante seis semanas en Octubre de 1989 por dar apoyo a los
manifestantes del Student Representative Council. Una Ley de Relaciones
Laborales enmendada en 1992 fue diseñada para debilitar la creciente fuerza del
movimiento sindicalista en general, mientras que la Ley de Orden Público de
1994 fue diseñada para evitar las reuniones y manifestaciones, incluso habiendo
sido considerada anticonstitucional por la Corte Suprema. Las huelgas se
generalizaron a principios de los noventa (trabajadores del ferrocarril en
1992, trabajadores de correos en 1992 y 1994, trabajadores de banca en 1993 y
funcionarios en 1996. Hay muchas divisiones en la sociedad zimbawa. Por un lado
están los terratenientes blancos de origen colonial. Por otro, los pobres
campesinos sin tierra.
Una sociedad dividida
Hay una separación entre los Ndebele
y los Shona que aumenta cada día, con sus diferentes culturas y lenguas.
También se da la riqueza de los miembros del aparato de los partidos y de los
viejos oficiales del ejército comparada con los habitantes de los
"townships" de la periferia de las ciudades. Se da también la
marginación cultural y social de las mujeres, que tienen un rol inferior
sancionado incluso por la constitución. El resentimiento llena la separación
existente entre la dolorosa pobreza experimentada por el zimbawo medio y el
confort y el lujo disfrutado por la mayoría de la población blanca y con
conexiones. Es una cuestión económica más que racial. La red se va cerrando. El
olor del dinero está en todas partes y en ningún sitio. El futuro de este
hermoso país de gentes hermosas depende de cómo evolucionen estas
contradicciones.
La cuestión de la tierra
4.500 granjeros blancos poseen
aproximadamente 11 millones de hectáreas de tierra excelente, un 30% de la
cantidad total de tierra, mientras que siete millones de zimbawos negros se
hacinan en estériles áreas comunes que representas un 41% de la tierra. La
Guerra de la Independencia fue realizada en su mayor parte por trabajadores
rurales sin tierra para reclamar lo que la muchedumbre de seguidores de Cecil
Rhodes les había arrebatado con la ayuda del fusil Maxim. Cecil Rodhes y la
banda de Jameson contaron con la bendición de Whitehall y el beneplácito de
Edgar Whitehead antes de que Ian Smith y su gabinete de cowboys vinieran a
defender los cercados con mercenarios y scouts fanáticos. Durante la era
rodesiana, las familias fueron despojadas de sus tierras ancestrales. No se les
compensó y fueron hacinados en reservas de tierra árida o poco fértil. Los
campesinos negros empobrecidos dieron su apoyo a Mugabe y a sus guerrillas
nacionalistas en su lucha contra Rodesia porque se les prometió que
recuperarían sus tierras.
Hacia 1997 los veteranos de guerra
empezaron a exigir el dinero del Fondo de Víctimas de Guerra que habían visto
robar a los oficiales del gobierno. Este fondo era para gente pobre que había
sufrido pérdidas durante la guerra de la Independencia, pero en realidad sólo
fue a parar a viejos oficiales del gobierno y a sus parientes, muchos de los
cuales alegaban heridas de guerra ficticias. Robert Marufu, cuñado de Mugabe,
fue uno de los mayores beneficiarios. Cuando los veteranos se enfurecieron,
Mugabe accedió a algunas de sus demandas y se vio obligado a entregarles tres
billones de dólares zimbawos de fondos no reservados para apaciguarles.
En 1996 el gobierno adquirió por la
fuerza 270 granjas, que cubrían un millón de acres, para redistribuirlas entre
los negros pobres. La mayoría de las granjas comerciales pertenecientes al
Estado, iniciadas bajo los programas de reasentamientos de tierras de Zimbabwe,
han sido entregadas a personas con influencias, muchas de las cuales son
terratenientes ausentes sin experiencia en el tema. Estos son datos
proporcionados por el South African Mail & Guardian. Muchos de los nuevos
propietarios han obtenido entregas por 98 años a un precio ventajoso, mientras
que otros todavía tienen que ser considerados
La lista fue obtenida en una
respuesta parlamentaria escrita en enero a la diputada de la oposición Margaret
Dongo, pero ha tenido escasa repercusión en la prensa zimbawa. También incluye
la tierra alquilada en forma de aparcerías desde 1990. Sólo un puñado de
aquellas, que van desde grandes granjas hasta pequeñas propiedades, han sido
entregadas a genuinos granjeros.
Dongo, presidenta de Unión Zimbawa
de Demócratas, miembro fundador de la Asociación de Veteranos de Guerra, ha
estado intentando dar mayor circulación a la lista de granjeros comerciales con
un mensaje acusatorio hacia el ZANU-PF en el gobierno por corrupción y mala
gestión.
Ella misma añadía: "Hago un
llamamiento a mis compañeros veteranos de guerra para que no permitáis que
vuestro sufrimiento sea utilizado por políticos egoístas y codiciosos que
fueron precisamente los causantes de todo. Camaradas, deberíais levantaros y
ser los vigilantes del gobierno. Si no lo hacéis, vuestra lucha habrá sido
inútil".
Las granjas han sido distribuidas a
416 miembro de alto rango del ZANU-PF, incluyendo a ministros, gobernadores
provinciales y oficiales del ejército. Un estudio del propio gobierno, obtenido
por The Observer de Londres, muestra que muy pocos de aquellos que recibieron
granjas tienen experiencia. Muchos no están pagando la renta.
En 1998 el gobierno anunció que
expropiaría 841 granjas y se les comunicó a 1.471 granjeros, en especial a
aquellos veteranos de guerra que habían luchado en la Guerra de la
Independencia. Nueve granjas comerciales, que sumaban un total de 500.000 acres
fueron ofrecidas voluntariamente por sus propietarios en 1998 y fueron
divididas en 253 unidades. Entre los beneficiados por el reparto están un
ministro del gabinete, dos gobernadores provinciales, numerosos funcionarios
civiles, dos jueces, cuatro miembros del despacho del presidente y empleados de
grandes corporaciones privadas y estatales. La granja Battlefields, por
ejemplo, en el área algodonera de Kadoma al sur de Harare, ha sido dividida en
27 parcelas, algunas de 4.800 acres. Ninguna está ocupada por sus propietarios.
Veinticuatro propietarios ausentes carecen de experiencia en agricultura.
Aunque las entregas se hicieron el año pasado, no se han recogido los pagos. De
las cincuenta parcelas de la granja Coburn, sólo nueve están ocupadas por
granjeros; veintidós aparceros no tienen experiencia. Un gobernador provincial
esta pagando menos de 1.000 dólares por 2.800 acres.
Otro gobernador, cuyos derechos de
tenencia de cinco años sobre 2.400 acres expiraron el mes de septiembre, tiene
todavía sus terrenos. El secretario permanente de defensa alquiló 780 acres
durante los noventa por un dólar al año. Mientras Mugabe utilizaba el asunto
para conseguir el apoyo del los pobres del campo -de donde él mismo proviene-,
existen pocas dudas sobre el hecho de que la misma corrupción empieza a actuar
en favor de los mismos funcionarios del partido que se benefician en nombre de
los pobres del campo.
Este mes casi 60.000 personas han
ocupado las tierras de más de 1.000 granjas repartidas por todo el país. El
gobierno alega impotencia, con una policía de sólo 20.000 miembros. El ministro
de Tierra y de Agricultura de Zimbabwe, Kumbirai Kangai, casi perece en la
invasión después de que un numeroso grupo intentara ocupar su granja en
Nyabira. Los guardias de seguridad tuvieron que actuar para expulsarlos de las
granja. Kangai describía a los ocupantes como chusma.
Al notar que su apoyo entre los
campesinos decae, Mugabe ha empezado a agitar la cuestión de la tierra una vez
más. Los dos últimos años ha lanzado proclamas incendiarias sobre el tema.
Negando su responsabilidad sobre la malograda reforma agraria, culpó de su
ineficacia al gobierno británico y a los mismos granjeros blancos.
Si bien no existe duda de la
vigencia de la cuestión de la tierra, lo que es discutible es si el partido de
Mugabe es capaz de dirigir la reforma agraria de una manera honesta y ética.
Los 60.000 ocupantes de tierras son sinceros en sus demandas. Todavía tienen
que hacer una crítica coherente a las anteriores entregas de tierra y
levantarse como ocupantes independientes del ZANU-PF.
Problemas raciales o de clase
Las paredes decoradas del Club
Harare hablan de años de tradición, privilegios y exclusividad, que datan de su
fundación en 1896. El Club Salisbury, como era conocido por entonces, fue el
centro social de los blancos que vivían confortablemente ya que ellos imponían
sus leyes sobre la mayoría negra del país. Hoy, la escalera principal está
decorada con retratos de los presidentes del club, todos ellos blancos. Uno de
los ex-rodesianos me pregunta si he estado en el Irish Club, cerca de la
Iglesia Católica de la calle 4. Tomé nota pero nunca llegué a ir.
El bar Exchange en Bulawayo, que es
un bar mestizo (blancos, negros y, ocasionalmente, alguna mujer blanca o negra)
cuenta la historia de esos hombres fronterizos que son alabados por la historia
europea, que defendieron sus imperios e hicieron rápidas razzias en territorio
enemigo, igual que los cowboys de la película "El nacimiento de una
nación" o los que luchaban contra los indios. Las fronteras americanas se
ganaron con sucesivas oleadas migratorias y revolucionarias en Europa... Sólo
los turistas van ahora a África. Otra cuestión es si se les permitirá quedarse
a los blancos que llevan ya mucho tiempo.
En comparación con Sudáfrica, las
relaciones raciales son aparentemente buenas. Blancos y negros de Zimbabwe, así
como otros grupos étnicos o mestizos, conviven fácilmente en calles, tiendas y
lugares públicos. El país muestra la falta de tensiones y animosidades
raciales.
Existen bolsas de racismo blanco
todavía, cada vez más encubiertos, y brotes no tan disimulados de indignación
negra. Pero entre esos dos extremos, hay una creciente población de zimbawos de
todas las tonalidades que encuentran intereses comunes.
La población blanca del país alcanzó
su techo a finales de los sesenta, aproximadamente 275.000 individuos. A medida
que la guerra con los rodesianos fue ganando terreno, los blancos fueron
abandonando el país, de forma que, cuando Zimbabwe finalmente alcanzó el
gobierno mayoritario en 1980, quedaban sólo 120.000 blancos. Hoy, la población
blanca se estima en 70.000 personas, menos del 1% de un país de 12 millones de
habitantes.
Con la independencia de 1980, Mugabe
anunció una política de reconciliación racial, y Zimbabwe se convirtió en una
flamante alternativa al sistema de apartheid sudafricano. Los ciudadanos del
país empezaron a convivir en pie de igualdad, aunque la minoría blanca todavía
retuvo la propiedad y la riqueza amasada durante la etapa rodesiana.
Mugabe fue reconocido como un
dirigente político de talla internacional al llamar a la concordia para
construir un nuevo país. Pero hoy en día, el propio Mugabe es la principal
amenaza para la armonía racial. La crisis económica galopante ha hecho muy
impopular su gobierno entre los negros de las ciudades. La Commercial Farmers'
Union, comprensiblemente, ha dejado de confiar en él. El régimen se ha hecho
represivo, prohibiendo huelgas y manifestaciones.
Para distraer a la gente de todos
estos problemas, Mugabe ha empezado a utilizar una retórica abiertamente
anti-blanca con la finalidad de ir removiendo los viejos resentimientos y recelos.
"Algunos blancos de origen británico están llevando a cabo actos de
sabotaje dirigidos a debilitar la lealtad, no sólo de nuestro pueblo en
general, sino también de partes vitales de nuestro gobierno, como nuestro
ejército, para que estos se vuelvan contra el gobierno legítimo de nuestro
país"- dijo Mugabe en un reciente discurso.
"Están decididos a minar la
unidad nacional y la lealtad de nuestro pueblo hacia sus instituciones. Pero lucharemos
para que sus viles maquinaciones no tengan éxito. Permitidme que afirme sin
ambages: han llevado nuestro sentido de tolerancia racial hasta el límite.
Permitidme que les advierta que, a menos que sus insidias cesen inmediatamente,
mi gobierno se verá obligado a tomar severas medidas contra ellos y sus
representantes". Últimamente su discurso se ha radicalizado: "Los
blancos son los enemigos del estado".
En Rodesia, Prince Edward School fue
la escuela gubernamental de élite para blancos. Yo solía pasar por delante de
camino al trabajo en Clayton Road, en el distrito Milton Park de Harare. Poco
tiempo después de la Independencia, todos los alumnos eran negros. Ahora tiene
un alumnado compuesto por un 80% de negros y un 20% de blancos, asiáticos y mestizos.
En la Prince Edward ahora pueden verse chicos de todas las razas con americanas
de estilo colonial, corbatas y sombreros canotier. Asisten juntos a clase.
Además juegan a cricket, rugby, fútbol y otros deportes. No es una institución
racialmente exclusivista, sino una institución clasista donde aquellos que
ostentan el poder y el dinero pueden enviar a sus hijos. El director, Clive
Barnes, ha conseguido mantener interesados a los ex-alumnos blancos de la era
rodesiana en el futuro de la escuela. Con motivo del centenario de la misma, un
riquísimo graduado donó recursos informáticos por valor de muchísimos millones
de dólares.
El creciente descontento con el
régimen de Mugabe es una causa común. Muchos grupos están ahora uniendo fuerzas
para impulsar un gobierno que supere la cuestión racial. Los sindicatos, las
iglesias, los grupos de mujeres, asociaciones de abogados, grupos pro derechos
humanos, grupos gay trabajan juntos. Recientemente, manifestantes
antibelicistas de todas las razas se unieron para no ser dispersados por la
policía antidisturbios. En una manifestación pro derechos humanos, blancos y
negros llevaron las pancartas juntos.
Posiblemente, el argumento más
fuerte en contra de la idea de enfrentamiento racial en Zimbabwe, en lugar de lucha
de clases, es la coalición de blancos y negros para formar la Asamblea
Constituyente Nacional, un grupo en pro de la elaboración democrática de una
nueva constitución. Desde 1980, la mayoría de los zimbawos blancos se han
mantenido al margen de la política, pero ahora un grupo de activistas pro
derechos humanos, blancos y negros, luchan por implicar a la gente zimbawa en
la elaboración de una nueva constitución.
Uno de mis compañeros de trabajo, un
fisioterapeuta irlandés me explicó esto muy bien cuando trabajábamos en el
hospital infantil de Harare. "El color de la piel es importante aquí. Mi
mejor amiga es africana, pero muy de clase media. Se horroriza porque comparto
los transportes públicos con las demás personas. Me dice que se sentiría degradada
si tuviera que hacerlo. Piensa que no es correcto mezclarse con 'el pueblo'. Yo
le digo que deje de preocuparse por esas cosas. Se avergonzaría si sus amigos
la vieran. Ves, no es un problema racial. Es un problema de clase".
Comparadas con Sudáfrica, las relaciones entre las distintas razas han sido
mucho más abiertas. En Johannesburgo, la atmósfera está cargada de tensión.
Cierto tipo de contactos son todavía tabú. En Zimbabwe, las cosas son mucho más
abiertas.
Además de todo esto, también hay
fisuras en el seno de la comunidad indígena zimbawa. La separación entre los
Ndebele y los Shona continúa siendo un problema hoy en día. Cuando visité una
reserva de gamos cerca de Bulawayo le pregunté al guía qué tipo de carne le
daban a los leones, a lo cual él me respondió que era "carne de
Shona".
Aunque el gran enfrentamiento sea el
que separa a los granjeros blancos ricos de los pobres sin tierra, hay otros
grandes problemas en juego. Mugabe es el gran responsable de estas divisiones y
de su mala gestión. Es su gran responsabilidad y hace difícil ver cómo podría
emerger una oposición coherente.
El fallecido vicepresidente Joshua
Nkomo se apuntó un gran tanto a su favor cuando pidió perdón públicamente por
las masacres de Matebeleland durante los enfrentamientos civiles de los
ochenta. A pesar de ello, esas masacres han sido el mayor muro de contención en
especial para la propia gente de Matebeleland, quienes, después de diez años
del acuerdo de unidad de 1987, no ven ningún beneficio tangible aparte de la paz
en sí misma. Las víctimas no fueron compensadas y algunos están todavía
intentando conseguir los certificados de defunción de sus esposas y padres,
para poder conseguir las indemnizaciones correspondientes.
Pero el tema de conversación diario
es la tangible sensación de corrupción en las esferas más elevadas y la
frustración de clase. Los escándalos son interminables. Mientras los ricos
pueden abandonar el país, hay un aumento del crimen entre la clase trabajadora.
Banana, el ex-presidente, acusado de violar a una joven oficial, fue dejado en
libertad. Otro alto dignatario del ZANU-P#êœYYPF que fue acusado
de desfalco de fondos pudo volver al país después de pasar algunos años fuera
sin que fuera arrestado. Hay leyes para los pobres y otras muy distintas para
los ricos.
Los precios de la gasolina subieron
un 67% en 1998 en medio de las acusaciones de desfalco por parte de algunos
funcionarios del gobierno que dirigen las compañías de petróleo. El precio de
la construcción en Harare ha subido a casi 50 millones de dólares zimbawos, eso
en un país donde la gran mayoría no tiene alumbrado público y carece de
condiciones sanitarias adecuadas. En uno de los escándalos financieros mayores
del país, el hombre de negocios Sampson Paweni defraudó al gobierno 5 millones
de dólares. En ese momento el dólar zimbawo era más fuerte que el americano, lo
cual significa que, con baremaciones actuales, esa cantidad sería la
equivalente a 90 millones de dólares zimbawos. Kangai se vio implicado pero
sobrevivió al escándalo. Paweni fue llevado a prisión y murió poco antes de ser
liberado. También él resistió el escándalo de la tierra, asumiendo sus
responsabilidades para dejar pasar la tormenta.
La farsa en Town House, sede del
Ayuntamiento de Harare es digna de un culebrón mejicano, pero el gobierno es
reacio a despedir al alcalde Solomon Tawenga. Mientras la ciudad se precipita
al colapso, todos los dedos señalan a un hombre. Recientemente, la mitad de la
ciudad se quedó sin agua durante tres semanas, y una cuarta parte sin electricidad.
Los trabajadores del ayuntamiento no cobraron en octubre porque ningún banco
estaba dispuesto a cubrir un descubierto de su administración. Entretanto, el
trabajo continúa en las mansiones de 50 millones de dólares.
Una comisión de investigación
gubernamental ha revelado escandalosas irregularidades en la gestión financiera
del dinero de los impuestos. El alcalde Tawenga busca chivos expiatorios y
acusa de sabotaje cuando es evidente para todo el mundo que la corrupción se
amontona sobre su mesa. Suspendió al director de obras, al tesorero municipal y
a los funcionarios. Todos ellos han sido reingresados en sus puestos por el
ministro responsable de gobierno local.
El informe del Programa para el
Desarrollo de las Naciones Unidas citado anteriormente señala que "la
corrupción se ha convertido en unos de los grandes problemas en Zimbabwe.
Muchos casos han llegado a los tribunales. El gobierno nombró comisiones para
que investiguen algunos casos y otros han tenido amplia cobertura en la prensa".
En Zimbwe se han quedado más de dos
billones de dólares de las Naciones Unidas cuando se enviaron las tropas a
Angola y Somalia. Hay otras acusaciones de corrupción y soborno relacionadas
con la guerra en el Congo. Allí están destacados, junto con pequeños
contingentes de Namibia y Angola, 11.000 soldados zimbawos, apoyando claramente
a Laurent Kabila contra las tropas ruandesas y ugandesas. Pero todo el mundo ve
que los altos oficiales del ejército están haciéndose así con el control de los
derechos sobre minerales del Congo. Han invertido en esos derechos. Pero, en
cambio, es la economía zimbabwa quien ha de soportar el gasto de un millón de
dólares diarios que significa la guerra. Además han muerto más de 100 personas.
Ha habido manifestaciones, aunque
sólo en Harare, pero nunca aparecen reflejadas en los canales oficiales de
televisión o en el periódico gubernamental, The Herald.
Las huelgas del petróleo, los
disturbios en masa y las huelgas generales el 11 y el 18 fueron totalmente
masivas. Harare y sus alrededores quedó paralizada. El Zimbabwean Congress of
Trade Unions (ZCTU), ahora MDC fue el líder absoluto de esas jornadas. Sin
embargo, condenó la violencia de los disturbios. ZCTU llamó a la calma y
condenó a "los violentos que usaban la situación para sus propios
fines". En el libro "Keep on Knocking, a history of the Labour
Movement 1900/97", un documento patrocinado oficialmente por el ZCTU,
aparece la típica retórica de partido socialista/laborista de la Segunda
Internacional. Llama al contrato social donde "los trabajadores aceptan
limitar sus demandas salariales, mientras que los empresarios controlan los
precios e invierten en la creación de puestos de trabajo y en la formación de
los trabajadores". La típica retórica laborista del camino de en medio.
Política Electoral
Mientras que sobre el papel hay más
de 20 partidos políticos, y 10 se presentaron en las elecciones de 1995, no se
puede hablar prácticamente de oposición. Sólo otro partido político tiene dos
escaños en el Parlamento. Los partidos parecen perderse en el olvido tan pronto
acaban las elecciones y es posible que sólo reaparezcan en el año 2000, cuando
se espera se convoquen los próximos comicios. Además, los partidos en la
oposición más populares como Zimbabwe Unity Movement, el United Parties y el
ZANU-Ndonga se moldearon en la vieja escuela de "Liberación Nacional"
y no suponen una seria amenaza para Mugabe. Sus líderes tampoco son jóvenes:
Edgar Tekere de ZUM tiene 61 años, Abel Muzorewa tiene 73 y Ndabaningi Sithole,
78. Por otro lado Tsvangirai tiene sólo 46 y puede ser un orador elocuente, tal
como fue Mugabe en sus días de gloria.
Los lugartenientes de Mugabe, aunque
no están dispuestos a hundirse con él, temen que no haya un futuro aparte del
ZANU-PF a menos que se retiren en bloque. Solamente el Movimiento Laborista, el
recientemente constituido MDC, pueda realizar una opción de fuerza en este
momento. Cuenta con el apoyo de los trabajadores, especialmente teniendo en
cuenta que la mayoría de la clase media urbana ha sido también reducida a la
pobreza y se vuelca en los sindicatos en busca de protección. Y no son
solamente los trabajadores, dado que en un país con un desempleo del 50%,
muchos parados también acuden al MDC. Además, en un país en el que el 80% de la
gente son pobres en áreas rurales esta alianza (la alianza de revoluciones
históricas) puede no ser suficiente. Ultimamente Tsvangirai ha atraído grandes
multitudes en las reuniones de trabajadores, con la presencia de enfermeras y
funcionarios, el tipo de seguidores que Mugabe disfrutó a principios de los 80.
Tsvangurai ha sido muy cauteloso en la cuestión de la tierra, y se ha comentado
que el Commercial Farmers Union se ha unido con él como la única alternativa a
Mugabe. Con la violencia desatada contra el MDC es difícil saber si la alianza
superará la prueba.
En cualquier caso el sistema está al
límite. Hay tantos distritos electorales amañados, y el hecho que una
disposición constitucional permita a Mugabe designar un 20% de todos los
diputados, que sería necesario que hubiera un desplazamiento masivo hacia la
oposición para que pudiera tomar el control del Parlamento. Con sólo tres
escaños pertenecientes a la "oposición" de los 150, Mugabe
prácticamente se asegura que eso no ocurra. Además, a lo largo de los años ha
manipulado hábilmente la composición de la Cámara para asegurarse que no se
creen alianzas excepto a su favor. En 1980, por ejemplo, de los 80 escaños para
la comunidad negra, Masvingo y Midlands tuvieron 23, Mashonaland 31, y los
bastiones fundamentales, Matebeleland y Manicaland 15 y 11, respectivamente. En
1995, de los 120 escaños elegidos, Masvingo y Midlands habían incrementado sólo
hasta 29; Matebeleland, debido a Bulawayo, había subido a 23; Manicaland se
mantenía todavía en 14, mientras que Mashonaland se había disparado a 54 con 20
de los escaños en la capital Harare.
Con los 30 escaños reservados por
designación de Mugabe, puede conseguir 84 escaños, es decir, la mayoría en una
cámara de 150 miembros, y eso sólo con el apoyo de Mashonaland. Además ha
eliminado de las fuerzas armadas a los sectores más formados que pudieran
instigar un golpe de estado, dejando únicamente a elementos leales a su
persona. El comandante de las fuerzas de defensa, Vitalis Zvinavashe, aunque un
Karanga no tiene ejército propio dado que hay un comandante del ejército,
Constantine Chiwenga, y un comandante de las fuerzas aéreas, Perrence Shiri.
Mugabe ha sobrevivido hasta la fecha porque no se puede hablar de oposición.
Democracia 1
Obviamente es poco probable que la
democracia en la representación electoral solucione las cuestiones sociales
como tampoco las otras desigualdades en la sociedad de Zimbabwe. La democracia
real tiene más que ver con la igualdad en la vida diaria, con la experiencia
vivida, que con la mera votación de representantes. La democracia se refiere
también a la libertad de elección, económica o de otro tipo, a la igualdad
entre los sexos, y la orientación sexual, ninguno de los cuales tiene un buen
lugar en la agenda de Mugabe. Un caso en el que una esposa, Ms Magaya, fue
desestimado en términos de herencia, pasando la propiedad al primogénito, hizo
que las mujeres salieran a la calle. Rita Makarau, abogada y diputada, apeló a
favor de Magaya al Tribunal Supremo y perdió. El tribunal decidió que, por la
ley de la tradición, sólo los hombres pueden heredar, y todos los miembros de
la familia están subordinados al cabeza de familia, varón; que la Ley de la
Mayoría de Edad, cuyo anteproyecto se redactó en 1982 para asegurar la
igualdad, no se aplica por razón de la ley de la tradición; y que el artículo
23 de la Constitución de Zimbabwe permite la discriminación contra la mujer
como "la naturaleza de la sociedad africana".
Se alzaron grupos de mujeres
quejándose que aunque las mujeres constituían la mayoría de la población del
país -sobre un 51% de los 12,4 millones de personas estimados en Zimbabwe-,
sólo tienen una representación del 22% de la comisión formada por 395 miembros.
El número total de mujeres en la comisión no llega a 100, de las que 52 han
sido designadas por el presidente mientras que el resto están presentes por el
hecho de ser parlamentarias. Esta reducida representación hace temer que la
constitución mantenga sus prejuicios contra la mujer, y que es probable que se
encuentre luchando contra un documento insensible a la cuestión de desigualdad
como ha pasado en los últimos 19 años con la presente Constitución.
Las mujeres, dice Rita Makarau,
están preocupadas, entre otras cosas, por dos grandes cuestiones, que son el
artículo 23, que se refiere a la ley de la tradición, y el artículo 111b, que
trata de los acuerdos internacionales.
Bajo esos dos artículos, los
derechos de la mujer están, por un lado, supeditados a la ley de la tradición
y, por otro, los acuerdos firmados por el Gobierno no se convierten
necesariamente en ley según el artículo 111b, por lo que estos últimos son
inútiles.
Mugabe, un radical anti-gay, es bien
conocido por su comportamiento excéntrico. Acusó al gobierno británico de estar
formado por homosexuales, como si fuera lo peor que hubiera. Gracias a la
bendición de Mugabe Jerry Falwell, el predicador televisivo anti-gay, sale al
aire cada domingo por la tarde en la televisión de Zimbabwe. La homosexualidad
es ilegal en Zimbabwe y el presidente ha condenado repetidamente su práctica,
describiendo a homosexuales y lesbianas como "inferiores a cerdos y
perros" .
La cuestión de la orientación sexual
continúa siendo polémica, ya que un Sínodo Eclesial invitó a la Iglesia de Gays
y Lesbianas a participar en la Conferencia el año pasado sabiendo que Mugabe
pronunciaría un discurso.
Los miembros estaban divididos sobre
admitirles en la Conferencia. Un delegado dijo que los homosexuales y lesbianas
cristianos eran libres de ir a la iglesia ya que es un "lugar de
pecadores", levantando objecciones en cuanto a qué constituye pecado. En
cualquier caso gays y lesbianas no fueron reconocidos oficialmente como
participantes de la asamblea sino como miembros individuales del público.
Democracia (2)
Aunque la constitución actual da a
Mugabe poderes casi ilimitados, intentó modificarla a principios de año para
garantizar al ZANU-PF poder absoluto, esperando limar detalles molestos como el
Poder Judicial, los medios de comunicación, y la influencia de organizaciones
cívicas y líderes religiosos en la Asamblea Constitucional. Apostó y perdió en
el reciente referéndum constitucional. La campaña contra las modificaciones
propuestas fue liderada principalmente por ZCTU. Se supone que Mugabe convocará
elecciones a lo largo del verano, y obviamente teme perder también en este
caso.
Mugabe está jugándose estas
votaciones como un alma perdida en una partida de poker. Cree conocer a su
gente y confía en una conciencia de los 60 para ganar, una conciencia basada en
la pobreza rural y una crianza campesina; ha apostado y ha perdido. Pero si
Mugabe ha recordado con retraso su pasado rural e intenta la cuadratura del
círculo, la opinión general en Zimbabwe es que ha perdido la orientación. La
lucha de clase es crucial pero no se comenta ni en Zimbabwe ni en la prensa
internacional. Si bien por un lado el movimiento de ocupación de tierras no ha
criticado todavía el oportunismo de Mugabe y su élite dirigente, por otro
Tsvangirai y el MDC es incapaz de distinguir entre el deseo genuino de los
trabajadores en Zimbabwe de sustituir a Mugabe a través de elecciones
democráticas, y el deseo de sus partidarios blancos de utilizarle a él y a su
lucha para frustrar el intento de los la comunidad negra en Zimbabwe de recuperar
sus tierras, su dignidad y sus derechos fundamentales. Mugabe no ha declarado
todavía "poderes extraordinarios", pero está trabajando en ello.
En 1999 el estallido en los medios
de comunicación comenzó cuando cuatro periodistas del semanario Zimbabwe Mirror
fueron detenidos. Ibbi Mandaza, editor, y Grace Kwinjeh, reportera, fueron
acusados de extender la alarma y el desaliento según la Ley de (Mantenimiento)
de la Ley y el Orden. Fueron liberados con fianza. Los otros dos fueron
liberados sin condiciones. Fue la consecuencia de una avalancha de historias
publicadas en el periódico sobre el papel del ejército en el Congo, la mala
administración económica de Mugabe, y la intervención de Zimbabwe en la guerra
como razones para su detención. La información fue facilitada por el periódico
semi-independiente The Standard y tanto el editor como el periodista
responsables tuvieron que ocultarse después de recibir una severa paliza en el
cuartel general del ejército. Hay soldados apresados todavía en la prisión de
máxima seguridad de Chikurubi, pendientes de un consejo de guerra.
Mugabe amenazó con "duras
medidas" contra los medios de comunicación y dijo que los periódicos que
publicaran historias que él considerase falsas perdían su derecho a la
protección de la ley.
El Zimbabwe Mirror había publicado
historias de la oposición del Gabinete a la guerra del Congo, y el regreso del
campo de batalla del cuerpo de un soldado sin cabeza. El informe enfureció al
Ministro de Defensa, que exhumó los restos del soldado en un esfuerzo por
demostrar que la historia era falsa y dirigió los cargos. Los soldados del
Ejército Nacional de Zimbabwe que han rehusado luchar en la República
Democrática del Congo han sido arrestados ya que la autoridad militar teme que
puedan influir en el resto de las tropas a desafiar las órdenes militares.
Estos amotinados, que se cree eran
unos 20, desafiaron las órdenes cuando el Presidente Robert Mugabe ordenó
personalmente el inmediato despliegue de las tropas de Zimbabwe hacia el país
en guerra de Africa central. Los soldados arrestados son custodiados en los
cuarteles de Chikurubi y Brady.
Se cree que los soldados habían
cuestionado la interpretación de la cláusula quinta en función de que la
intervención de Zimbabwe en la RDC no era una decisión universal. Normalmente,
cuando se implementa una resolución de conflicto de las Naciones Unidas, se
solicita a los estados miembros que envíen sus tropas para proteger al gobierno
legítimo de ser derrocado militarmente. En el caso de la RDC no hubo
resoluciones de las Naciones Unidas ni de la Comunidad para el Desarrollo de
Sud-África. Sólo unos pocos líderes con intereses personales y no nacionales,
acordaron intervenir. "Nuestros soldados tienen el derecho de rehusar ir
allí", decían los veteranos de la ZNA, añadiendo que aquellos que morían
en la RDC estaban muriendo por nada.
El abogado del Zimbabwe Mirror dijo
que apelaría al Tribunal Supremo para cuestionar si la Ley de (Mantenimiento)
de la Ley y el Orden, que se espera revocar este año, era consistente con el
derecho a la libertad de expresión garantizada en la Constitución.
Reflejando la nueva línea dura, el
Ministro de Información Chen Chimutengwende dijo el año pasado que los
periódicos que se beneficiasen de donaciones o inversión extranjera no tendrían
permiso para establecerse en el futuro.
En un discurso, Mugabe inflamó una
creciente crisis constitucional bombardeando al poder Judicial. Éste le había
solicitado que asegurase que mantendría la autoridad de la ley, después de la
negativa de su gobierno a las ordenes del tribunal de liberar a los periodistas
del The Standard. Describiendo como "un acto deliberado y ultrajante de
atrevimiento judicial" las llamadas de cuatro jueces, tres del Tribunal
Supremo, que pedían una declaración pública, les dijo que presentasen su
dimisión si querían tomar parte en cuestiones políticas.
La NCA, una asociación civil
orientada a reformar la Constitución autocrática del país, dijo que Mugabe,
enfrentado con una creciente resistencia, tendía a utilizar cada vez más la
coacción para contener a sus críticos. En Agosto, un modernizado Zapu 2000
convocará candidatos para los 11 cargos de concejales en el muncipio de
Victoria Falls, y es posible que funcione bien entre la comunidad Ndebele.
Uno de los candidatos es el agente
de viajes Silas Khuphe. Su criterio, citado en el South African Mail &
Guardian es que los residentes locales se benefician poco de los más de medio
millón de turistas que los visitan cada año. "Los impuestos sobre ingresos
y la tasa turista son desviados por el gobierno central. La discriminación
contra la comunidad Ndebele", dice Khuphe, "hace el resto". Por
encima de la pobreza, la comunidad Ndebele se queja de la discriminación
sistemática. "Nuestros hijos tienen menos posibilidades de entrar en
buenos colegios, los locales no tienen una cuota justa en el trabajo como
funcionarios, y es difícil conseguir un préstamo bancario", dice Sibanda,
que es Ndebele. "Sería fácil recopilar un catálogo completo de ejemplos".
De entre los 10 grandes hoteles de
Victoria Falls, ninguno tiene un gerente Ndebele. "Cada gerente trae
trabajadores de su propia área", dice Khuphe.
Conclusión
Así pues, ¿cual es el futuro de
Zimbabwe? Ciertamente Mugabe no es un personaje tipo Ide Amin, tal como ciertos
medios de comunicación británicos han apuntado. Tampoco es un Saddam Hussain
porque no tiene el poder. Existe una fuerte unión de la clase trabajadora que
le impide convertirse en un Saddam. En muchos sentidos es más una especie de
Milosovich que intenta utilizar a los pobres en las áreas rurales para reforzar
su riqueza e influencia. Mientras que la redistribución de la tierra está
definitivamente en juego (y Europa y Estados Unidos lo han aceptado ya como
principio), tanto la Commercial Farmers Union como Mugabe se han dado la mano
en olvidar sus propias historias, cuando hace sólo un cuarto de siglo en
tiempos de guerra, Rhodesia prohibía manifestaciones y colgaba a la generación
anterior como terroristas; o los sitiaba en campos de concentración locales
bajo la Ley de Mantenimiento de la Ley y el Orden. No reconocer esto es perder
todo respeto por la historia.
Pero quizás el reto más grande para
Mugabe en este momento es la economía. Cada vez es más evidente que no hay
forma en que le pueda dar la vuelta. Con una inflación por encima del 100% y un
desempleo del 50%, el país se ha deslizado por una pendiente en los dos últimos
años, y todos los esfuerzos para cambiarlo han fracasado. Es imprevisible y
puede llegar a extremos sorprendentes para mantener su posición de poder.
Extremos como que pueda declarar el estado de emergencia en Zimbabwe y la total
supresión de cualquier crítica. Mientras tanto los habitantes de Zimbabwe son
los que sufren. La parafina para las lámparas es demasiado cara para buena
parte de la población. La inflación está probablemente por encima del 100% y
cosas como papel higiénico se convierten en un lujo. Teniendo en cuenta que
Zimbabwe ocupa la posición nº 1 en cifras de VIH/SIDA (un 26% de la población
resultando seropositiva) es tan sólo otra carga que los pobres deben soportar.
En la situación actual el cinismo de Mugabe no es ninguna ayuda para los pobres
de Zimbabwe.
P.M.