Indice NUM. 34                    

   

Desde Bruselas

 

Sobre los hechos de El Ejido

 

A propósito de nuestra conversación telefónica de ayer sobre El Ejido, hay algunos aspectos sobre los que pienso que sería importante reflexionar y tengo la impresión que no conseguí expresar el sentido de mi preocupación. Voy a ser breve y dejar sólo unos tópicos para la discusión.

 

Toda la investigación que llevo hecha sobre las relaciones entre personas de diferentes orígenes, máxime en las colonias portuguesas, me lleva a comprender que las cuestiones levantadas por la ideología de las "razas" y la implícita afirmación de la superioridad "racial", se sitúan en el propio centro del principio de autoridad. En la relación mujer - hombre, en la que existe una evidente diferencia biológica, la reducción a la servidumbre del género femenino refleja la permanente relación del hombre con la naturaleza en términos de su dominación. La subyugación de la mujer por el hombre es la expresión más inmediata de cómo éste se plantea la necesidad de dominar la naturaleza para sobrevivir. Por el contrario, el etnocentrismo, en cuanto expresión más evidente del principio de autoridad, descansa en la invención de que existirían diferentes "razas", afirmando la superioridad "biológica", "natural", de unas sobre las otras*.  En este sentido es la forma más acabada de raciocinio mórbido y adialéctico.

 

Merece aquí una reflexión sobre la forma en que la clase dominante francesa fundamentaba, hasta principios de siglo, su superioridad en la supuesta existencia de dos razas en Francia que corresponderían a las clases sociales.

 

El conjunto del estado español muestra una sociedad muy atávica (quizás parecida al caso italiano) al compararla con las formaciones sociales del norte de Europa, sobre todo las antiguas metrópolis coloniales, o el mismo Portugal, cuyos rasgos plurales derivan más del reciente pasado colonial que de las necesidades de la industrialización. Con todo, el atavismo español se caracteriza por la existencia de diferentes grupos étnicos (castellanos, vascos, andaluces, catalanes, gallegos, esencialmente) que son, a pesar de toda la prosapia nacionalista, muy semejantes entre sí desde el punto de vista cultural, y me pregunto hasta qué punto podemos hacer referencia a etnias. Este carácter pseudo-plural de formación social aparece como telón de fondo del feroz etnocentrismo de las burguesías españolas. En el carácter autoritario, el etnocentrismo aparece siempre asociado a las diferentes formas de nacionalismo que es la expresión más directa de la ideología de la burguesía. En el caso del estado español y también, aunque con menos virulencia, en Portugal, el etnocentrismo radica, sobretodo, en la propia historia medieval de la península: la "reconquista" cristiana de España de los "moros". Una de las características comunes a los etnocentrismos ibéricos es  que todos manifiestan una miserable compensación del profundo complejo de inferioridad con relación a los europeos venidos del norte quienes fueron al fin los que lideraron la "reconquista". En el caso de los andaluces la compensación se manifiesta en la actitud para con los gitanos y sobretodo con el "moro". De la misma manera, el nacionalismo de las burguesías españolas alimenta el etnocentrismo que sustenta las demás clases, sobre todo las clases medias, como satisfacción ideológica compensatoria de los diferentes aspectos opresivos de las relaciones sociales mercantiles. "Si no somos mejores que los negros, ¿de quién seremos mejores?" preguntaba al hijo el personaje de Alan Parker en el film "Mississipi burning", después de haber quemado la finca de un afro-americano que había conseguido tener una pieza más de ganado que dicho personaje, un pobre blanco del Sur Profundo.

 

Conviene también reflexionar sobre el origen del concepto de racismo en la España renacentista como la "limpieza de sangre" y el exterminio de los judíos.

 

Igualmente merece una reflexión el concepto  de "sudaca" en el análisis de los mecanismos de los etnocentrismos hispanos que deriva directamente del hecho colonial.

 

Otro aspecto importante para comprender la actitud de la "izquierda" española e incluso de muchos antiautoritarios, tiene relación con el hecho de que los fascistas utilizaran un gran contingente de soldados norteafricanos en la guerra contra la República. El "moro" aparece así investido de un doble sentimiento de odio en las ideas de muchos "demócratas".

Si en el actual contexto español de crecimiento económico salvaje y  descenso de la natalidad, bajo el pretexto del "internacionalismo de la clase trabajadora" u otras ocurrencias ideológicas no dialécticas, no considerásemos el etnocentrismo como el flagelo engendrado por la personalidad autoritaria que puede tener consecuencias más graves en los términos de deshumanización, sería hacer como el avestruz. Tanto la "obra civilizadora" de los europeos en las colonias como el nazismo, el apartheid o la segregación americana, nos permiten reflexionar sobre su carácter de negación radical de la humanidad de los otros grupos, justificación abstracta de la autoridad sobre estos.

 

Son apenas unas notas para una eventual discusión que pueden quizás explicar mi preocupación con lo que está sucediendo en Andalucía en estos momentos.  No sé de donde vino la información que el corresponsal de "Le Soir" obtuvo, antes de estos motines racistas,  cuando se dieron otras manifestaciones racistas en Cataluña en el  año pasado, según la cual el Klu-Klux-Klan americano tenía organizadas varias secciones en Andalucía. Con todo sería un grave error entender el etnocentrismo como resultado de un hecho político y no en su realidad de fenómeno social, en cuanto expresión más directa de la personalidad autoritaria, que obviamente será utilizada por los fascistas.

 

Mi texto ya resulta muy extenso y es algo incompleto, apuntes rápidos para intentar reflexionar sobre este flagelo. Todavía me acuerdo de los altercados racistas de los trabajadores de la construcción en el Algarbe, en 1976, contra los caboverdianos, en los que fue arrasado un pueblo entero. También en aquel momento los izquierdistas portugueses rechazaron absolutamente el reflexionar sobre lo que había acontecido. ¿Cómo podía, la sacralizada clase trabajadora, comportarse de aquella manera? Los conflictos étnicos cotidianos en ciertos barrios de la Gran Lisboa muestran el desastre de haber hecho como el avestruz en el análisis de las relaciones sociales. Incluso así, tengo que reconocer que no es nada comparado con la actual barbarie andaluza engendrada por el capitalismo salvaje.

 

Propongo continuar el diálogo y la reflexión.                          

 

J. M.