Desde
Bruselas
Sobre
los hechos de El Ejido
A
propósito de nuestra conversación telefónica de ayer sobre El Ejido, hay
algunos aspectos sobre los que pienso que sería importante reflexionar y tengo
la impresión que no conseguí expresar el sentido de mi preocupación. Voy a ser
breve y dejar sólo unos tópicos para la discusión.
Toda
la investigación que llevo hecha sobre las relaciones entre personas de
diferentes orígenes, máxime en las colonias portuguesas, me lleva a comprender
que las cuestiones levantadas por la ideología de las "razas" y la
implícita afirmación de la superioridad "racial", se sitúan en el
propio centro del principio de autoridad. En la relación mujer - hombre, en la
que existe una evidente diferencia biológica, la reducción a la servidumbre del
género femenino refleja la permanente relación del hombre con la naturaleza en
términos de su dominación. La subyugación de la mujer por el hombre es la
expresión más inmediata de cómo éste se plantea la necesidad de dominar la
naturaleza para sobrevivir. Por el contrario, el etnocentrismo, en cuanto
expresión más evidente del principio de autoridad, descansa en la invención de
que existirían diferentes "razas", afirmando la superioridad
"biológica", "natural", de unas sobre las otras*. En este sentido es la forma más acabada de
raciocinio mórbido y adialéctico.
Merece
aquí una reflexión sobre la forma en que la clase dominante francesa
fundamentaba, hasta principios de siglo, su superioridad en la supuesta
existencia de dos razas en Francia que corresponderían a las clases sociales.
El
conjunto del estado español muestra una sociedad muy atávica (quizás parecida
al caso italiano) al compararla con las formaciones sociales del norte de
Europa, sobre todo las antiguas metrópolis coloniales, o el mismo Portugal,
cuyos rasgos plurales derivan más del reciente pasado colonial que de las
necesidades de la industrialización. Con todo, el atavismo español se
caracteriza por la existencia de diferentes grupos étnicos (castellanos,
vascos, andaluces, catalanes, gallegos, esencialmente) que son, a pesar de toda
la prosapia nacionalista, muy semejantes entre sí desde el punto de vista
cultural, y me pregunto hasta qué punto podemos hacer referencia a etnias. Este
carácter pseudo-plural de formación social aparece como telón de fondo del
feroz etnocentrismo de las burguesías españolas. En el carácter autoritario, el
etnocentrismo aparece siempre asociado a las diferentes formas de nacionalismo
que es la expresión más directa de la ideología de la burguesía. En el caso del
estado español y también, aunque con menos virulencia, en Portugal, el
etnocentrismo radica, sobretodo, en la propia historia medieval de la
península: la "reconquista" cristiana de España de los
"moros". Una de las características comunes a los etnocentrismos
ibéricos es que todos manifiestan una
miserable compensación del profundo complejo de inferioridad con relación a los
europeos venidos del norte quienes fueron al fin los que lideraron la "reconquista".
En el caso de los andaluces la compensación se manifiesta en la actitud para
con los gitanos y sobretodo con el "moro". De la misma manera, el
nacionalismo de las burguesías españolas alimenta el etnocentrismo que sustenta
las demás clases, sobre todo las clases medias, como satisfacción ideológica
compensatoria de los diferentes aspectos opresivos de las relaciones sociales
mercantiles. "Si no somos mejores que los negros, ¿de quién seremos
mejores?" preguntaba al hijo el personaje de Alan Parker en el film
"Mississipi burning", después de haber quemado la finca de un
afro-americano que había conseguido tener una pieza más de ganado que dicho
personaje, un pobre blanco del Sur Profundo.
Conviene
también reflexionar sobre el origen del concepto de racismo en la España
renacentista como la "limpieza de sangre" y el exterminio de los
judíos.
Igualmente
merece una reflexión el concepto de
"sudaca" en el análisis de los mecanismos de los etnocentrismos hispanos
que deriva directamente del hecho colonial.
Otro
aspecto importante para comprender la actitud de la "izquierda"
española e incluso de muchos antiautoritarios, tiene relación con el hecho de
que los fascistas utilizaran un gran contingente de soldados norteafricanos en
la guerra contra la República. El "moro" aparece así investido de un
doble sentimiento de odio en las ideas de muchos "demócratas".
Si
en el actual contexto español de crecimiento económico salvaje y descenso de la natalidad, bajo el pretexto
del "internacionalismo de la clase trabajadora" u otras ocurrencias
ideológicas no dialécticas, no considerásemos el etnocentrismo como el flagelo
engendrado por la personalidad autoritaria que puede tener consecuencias más
graves en los términos de deshumanización, sería hacer como el avestruz. Tanto
la "obra civilizadora" de los europeos en las colonias como el
nazismo, el apartheid o la segregación americana, nos permiten reflexionar
sobre su carácter de negación radical de la humanidad de los otros grupos,
justificación abstracta de la autoridad sobre estos.
Son
apenas unas notas para una eventual discusión que pueden quizás explicar mi
preocupación con lo que está sucediendo en Andalucía en estos momentos. No sé de donde vino la información que el
corresponsal de "Le Soir" obtuvo, antes de estos motines
racistas, cuando se dieron otras
manifestaciones racistas en Cataluña en el
año pasado, según la cual el Klu-Klux-Klan americano tenía organizadas
varias secciones en Andalucía. Con todo sería un grave error entender el
etnocentrismo como resultado de un hecho político y no en su realidad de
fenómeno social, en cuanto expresión más directa de la personalidad
autoritaria, que obviamente será utilizada por los fascistas.
Mi
texto ya resulta muy extenso y es algo incompleto, apuntes rápidos para
intentar reflexionar sobre este flagelo. Todavía me acuerdo de los altercados
racistas de los trabajadores de la construcción en el Algarbe, en 1976, contra
los caboverdianos, en los que fue arrasado un pueblo entero. También en aquel
momento los izquierdistas portugueses rechazaron absolutamente el reflexionar
sobre lo que había acontecido. ¿Cómo podía, la sacralizada clase trabajadora,
comportarse de aquella manera? Los conflictos étnicos cotidianos en ciertos
barrios de la Gran Lisboa muestran el desastre de haber hecho como el avestruz
en el análisis de las relaciones sociales. Incluso así, tengo que reconocer que
no es nada comparado con la actual barbarie andaluza engendrada por el
capitalismo salvaje.
Propongo
continuar el diálogo y la reflexión.
J.
M.