Indice num. 33               

 

EL MANIFIESTO COMUNISTA A LOS 150 AÑOS

Tesis, antítesis, síntesis:                                                                                           

ningún cubilete tiene la bolita.

Con estos trucos del fin de milenio

para saquear naciones enteras

de sus magras reservas

no hacemos sino volver sobre

los pasos de Aguirre.

En este Eldorado postmoderno,

sin embargo, los indios,

jaguares y guacamayos

han sido diezmados,

sus bromeliáceos bosques

hechos astillas,

incendiados para producir

hamburguesas liofilizadas

para nuestros astronautas

y por miles de millones, fíjate,

ya ves que seguimos progresando

Ahora que la diferencia

entre la tragedia y la farsa,

se ha disipado,

puedes poner a los profetas

y sus discípulos on line

en algún oscuro British Museum

del cyberespacio,

a sólo unos toques de teclado

de la aldea global pornográfica,

y las listas diarias

de precios y ganancias.

 

¡Estadios y espectáculos!

La mitad de los proletas en prisión,

el resto de compras,

con el destino expedido

por las máquinas tragaperras.

Grandes y modestos saqueadores

mordisquean su botín

en el calabozo del yo,

mientras por encima giran como ciclones

dinastías, conjuradas y borradas

en un día, y la serpiente se traga

eternamente la cola.

Deficiencias en el cableado

de los reactores nucleares,

más tumores en tu escáner,

los últimos pájaros cantores achicharrados

en la alambrada electrificada,

construida para cerrar el paso

a los bárbaros invasores.

El lugar donde naciste, asfaltado,

finalmente, para preservarlo—

o para construir el cineplex

donde puedes contemplar

las periferias descomponerse,

las metrópolis desmoronarse,

los esclavos disputar

por la última migaja.

 

Carlos, Federico, escuchad:

diferentes espectros nos acosan hoy

plagas de laboratorio

y desbarajustes climáticos,

venganza innumerable

de éxtasis manufacturados,

de prodigios demasiado prodigiosos,

tan tecnológicamente seductores,

que una vez dormitaban

en el regazo de la actividad social.

Y así llega la ruina mutua de las clases,

en lucha o no, la contaminación general

de paraíso e infierno. Prehistoria,

historia, posthistoria: otra adivinanza,

el nuevo imperio de gigawatio

se parece al anterior.

Mas el mismo hambre,

la misma rabia y desesperación,

la sempiterna incertidumbre

e inquietud, el mismo sacrificio humano

y la idiocia de la vida urbana.

Clones de faraón patinan

sobre el crujiente y quebradizo hielo

de lo que antes parecía sólido,

mientras en fábricas y minas,

quedan los hijos de quienquiera,

todavía esclavizados,

famélicos, bajo el látigo,

sin nada que perder

sino sus cadenas

y una ruina a conquistar.

                                    David Watson