Salud amigo
y compañero Jean Malaquais
Pasados
tres años después de prácticamente veinte de olvido (publicación de su tesis
sobre Kierkegaard en 1971), los media (televisión, radio, prensa...) habían
redescubierto la existencia de un escritor llamado Jean Malaquais.
Efectivamente, ediciones Phébus tuvo el mérito de hacer reaparecer su novela “Les
Javanais”, premio Renaudot en 1939; luego su “Journal de guerre”
(seguido por el inédito “Journal du Métèque”) cuya impertinencia
referente a la Francia “putainiste” había impedido hasta entonces su reedición
en nuestra querida patria de los derechos del hombre... cuando resulta ¡que
había sido publicada en francés en Nueva York tras la guerra!
Devorado
por el cáncer, Jean Malaquais nos ha dejado el 22 de diciembre 1998, en
Ginebra, donde residía con su compañera Elisabeth. Según su propia expresión,
“ha apartado definitivamente la escalera”...
Esto no
impedirá que ediciones Phébus siga reeditando sus otras novelas, como por
ejemplo “Planète sans visa” (aparición prevista para abril de
este año) y “Le Gaffeur”. Por otra parte otros editores publicarán su
correspondencia con André Gide y sin duda su obra de teatro “La Couerte
paille” que una compañía prepara para su puesta en escena. En cuanto a
ediciones Syllepse, ha reproducido el panfleto que ya habían sacado los “Cahiers
Spartacus”, revista animada por René Lefeuvre en febrero de 1947: “Le nommé
Louis Aragon ou le patoite professionnel”.
El amigo
que acaba de desaparecer y que ya cruelmente nos falta, rechazaba formar parte,
a pesar de su talento para la novela, de los grupos literarios que se
congratulan en los salones con la moda o sobre el plató de televisión
(sobrepasados los 90 años, en la habitación hospitalaria, superando su
sufrimiento, retoca hasta el fin el texto de “Planète sans visa” en vistas
a su reedición). Nunca quiso escribir novelas “de tesis”, aquello que había
comprendido León Trotsky cuando comentaba “Les Javanais” en estos
términos:
“Aunque
posee una dimensión social, la novela en ningún caso tiene un carácter
tendencioso. No quiere demostrar nada, ninguna propaganda, al contrario de
tantas obras de nuestra época que en demasía obedecen a dictados, incluso en el
dominio del arte. La novela de Malaquais es “solamente” una obra artística. Y,
al mismo tiempo, percibimos a cada paso las convulsiones de nuestra época, la
más grandiosa y la más monstruosa, la más crucial y la más despótica, que haya
conocido hasta aquí la historia humana. La unión de un lirismo personal
refractario y de una poesía épica violenta, aquella de su tiempo, forman,
quizás, el encanto principal de esta obra”1.
Jean era
también un compañero que después de los años 1920 había pertenecido a diversas
corrientes de la izquierda comunista internacionalista, las cuales se oponían
no solamente al estalinismo sino que criticaban ante todo a sus factores, como
Lenin y los bolcheviques, que había ocasionado la degeneración de la revolución
rusa. Nacido en Varsovia, el 11 de abril 1908, en una familia de origen judío,
pero totalmente agnóstico (su verdadero nombre era Vladimir Malacki), había
dejado Polonia después del bachillerato y, después de un largo periplo como vagabundo
para descubrir el mundo, había alcanzado Francia en 1926 la cual, en su
imaginación de joven, le parecía encarnar el país de las ideas revolucionarias.
Este “meteco”, com se calificaba él mismo, iba pronto a quedar decepcionado por
aquella autodenominada “tierra de asilo”:
“El
estalinismo lo asquea todo tanto como el ambiente nacionalista y xenófobo que
reina en Francia. Gravita alrededor de la Liga comunista trotkista dirigida por
Rosmer, Franck, Naville, pero no se compromete, a diferencia de su amigo Marc
Chirik2. Hacia 1933, Vladimir Malacki que se hacía llamar
Jean Malaquais (como un muelle de París), toma contacto con los grupos
revolucionarios a la izquierda del trotskismo: “Union
Communiste” de Chazé, bordiguistas italianos de “Bilan” inmigrados
a Francia y Bélgica (Ottorino Perrone, Otello Ricerri, Bruno Zecchini)”3.
Durante
este período, después de haber trabajado en una mina de plomo y de plata (sud
de Francia, cerca de Hyères) y rodeado por muchos explotados que hablaban todas
las lenguas del mundo (serán los “héroes de su novela “Les
Javanais”), se ve empujado a hacer toda clase de pequeños trabajos y
se encuentra a la deriva en París sin tener un domicilio fijo (a menudo dormirá
bajo los puentes de la “ciudad de la luz”).
“En 1936
sale hacia España al estallar la revolución; establece contacto con las
milicias del POUM y la columna Lenin, dirigida por los disidentes bordiguistas
italianos como Enrico Russo. Un día tiene la mala suerte de encontrarse de cara
con Ilya Ehrenburg, escritor estalinista promovido jefe de brigada
internacionalista. Está a punto de ser ejecutado como “agente fascista” y
provocador. Consigue regresar a Francia. Entra en contacto con Victor Serge y
Ciliga, huidos del Goulag estalinista”4.
Refugiándose
en la biblioteca Sainte‑Geneviève hasta la tardía hora de cierre, lee
mucho y aprende no solamente a familiarizarse sino también a dominar la lengua
francesa. Habiéndose ganado la simpatía de André Gide, a causa de una
correspondencia crítica sobre la condición del escritor en relación a la de los
trabajadores obligados a ganarse cada día su pan y alienados por la fatiga del
trabajo, es gracias a él que se lanza a la redacción de “Les
Javanais” (cuidados médicos, dinero, préstamos para la casa).
Durante la
guerra, después de haber sido movilizado en la línea Maginot, cae prisionero en
la ofensiva alemana de 1940, pero consigue escapar y pone los pies en Marsella
con su compañera rusa Galy. Allí forma parte del grupo de intelectuales
refugiados que huyen del nazismo (Breton, Péret, Victor Serge...) y trabaja en
la cooperativa obrera denominada “le croque‑fruit” dirigida por
trotskistas. Criticando la explotación es despedido en compañía de su amigo
Marc Chirik. Gracias al Comité de ayuda a los intelectuales y sobretodo al
sostén indefectible de Gide, acaba por obtener un visado para sud‑América.
Escapa a las redadas de los nazis embarcándose para Venezuela, más tarde hacia
México. Allí, los revolucionarios en el exilio se pelean y desgarran: a
consecuencia de las posiciones oportunistas de Victor Serge, que quiere crear
un “frente democrático” en lugar de denunciar la guerra imperialista en los dos
campos, Jean rompe brutalmente con él5. En 1946,
le es concedido un visado para los Estados Unidos: conoce un joven escritor
Norman Mailer de quien traduce la novela “Les Nus et les Morts”, y de
quien, a pesar de los altibajos, será un fiel amigo hasta el fin.
En 1947‑48,
de regreso a París, participa con el grupo comunista de izquierda “Internationalisme” que
procede de la herencia bordiguista bajo la influencia de Marc Chirik y en el
que militan compañeros como Robert Salama (llamado “Mousso”), Serge Bricianer,
Louis Evrard,... Pero, a pesar de permanecer sólidamente anclado en las
posiciones revolucionarias de la corriente de ultra‑izquierda (izquierda
alemana, holandesa e italiana) y manteniendo una extensa correspondencia con “Internationalisme”,
con Marc Chirik en particular, Jean es demasiado rebelde para poder aceptr
algunas tendencias hacia el dogmatismo y a la apología del partido. Antes bien,
se ve inclinado hacia los comunistas de los consejos holandeses tales como
Pannekoek y Canne‑Meyer. Cuando reside en París durante los años 1960,
aporta su contribución al grupo animado por Maximilien Rubel y sus “Cahiers
pour le socialisme des conseils”.
Los hechos
de mayo 68 le permiten precisar este tipo de evolución y así no participará en
“Courant Communiste International” fundada en 1975, todo y siguiendo
amigo de Marc Chirik, con quien se entrega a discusiones acaloradas cuando lo
reencuentra (llegan incluso a enfadarse). He tenido la suerte de conocerle
gracias a los debates que levantaron los días siguientes al 68, y de trabar
amistad con él durante cerca de treinta años. En el curso de los 1980, se
instala en Ginebra donde trabaja su compañera Elisabeth, pero haciendo
frecuentes estancias en París, lo que nos permite profundizar nuestra relación
amigable y política.
Mientras
ha permanecido en condiciones (1996‑97), se ha esforzado por estar
perfectamente al corriente de la actualidad, reflexionar teóricamente y
desplazarse a las reuniones del medio de la ultra‑izquierda. Los
compañeros de “Perspective Internationaliste” han
apreciado de manera particular su presencia y sus precisiones, tanto en las
reuniones del “Cercle de discussion” como en aquellas organizadas por el
grupo. Estaba de acuerdo en la necesidad de criticar las antiguas posiciones y
hacer avanzar la teoría con la ayuda del método marxista.
¡Salud
Jean, quedas entre nosotros gracias a todos tus escritos, tanto literarios como
políticos!
Guy
Sabatier, París diciembre 1998