Desde Japón
Japón se encuentra ante la crisis económica más grave desde el final de
la II Guerra Mundial. El PNB del año 1997 fue inferior al 0,7%, respecto al año
anterior. Esta reducción es la primera vez que se produce después de la Guerra;
excepto en 1974 (primera crisis del petróleo). La tasa media de crecimiento
económico fue: en los años sesenta, 10,4%; en los setenta, 5%; en los ochenta,
3,8%; y en los noventa (hasta 1996), 1,5%.
El crecimiento económico, que continuaba después de la guerra, se
detiene y no presenta una perspectiva favorable para el porvenir. En esta
situación las masas populares sufren un severo ataque por parte de los
capitalistas en todos los niveles: en el plano político, administrativo y
jurídico; en las empresas y en la vida personal.
Por ejemplo, para la protección de los obreros existe como aparato de
mediación, el Comité de Trabajo (nacional y provincial) compuesto por
representantes de los patronos, los trabajadores y de la administración
pública). Pero este sistema está de hecho a punto de descomponerse, porque las
decisiones del Comité, favorables a los trabajadores, contradicen las decisiones
del Tribunal de Justicia (Un ejemplo: el caso de los antiguos trabajadores de
la Sociedad Nacional de Ferrocarriles. Después de la privatización de la
Sociedad, fue rechazada su contratación por las nuevas empresas porque eran
militantes activos de un sindicato de izquierda. El Tribunal de Justicia,
finalmente, los admitió, a pesar de las recomendaciones del Comité de Trabajo.
Igualmente, la concentración (y la jerarquización) del poder de decisión es un
fenómeno reciente que comienza a generalizarse.
Otro ejemplo del ataque por parte de los capitalistas es el intento
de cambiar la legislación laboral, que
pretende ampliar la flexibilidad del trabajo y la desregulación de la jornada
laboral.
Los sindicatos obreros, después de la Guerra, se han desarrollado
siempre en el marco del capitalismo (aceptación de los sindicatos obreros,
aumentos casi regulares de los salarios y competencia en la mejora de la
productividad). Pero actualmente las bases sobre las que funcionan los
sindicatos están en vías de desaparición. Las empresas no pueden continuar el
aumento casi regular de los salarios y el empleo casi permanente, que son los
grandes medios utilizados para domar a los obreros. Las bancarrotas y el paro
aumentan. Ante esta situación, los sindicatos tienen que cambiar, pero ¿cómo?.
Los sindicatos eran y continúan siendo un aparato en el sistema
capitalista. Lo fueron durante largo tiempo. Así fueron perdiendo su capacidad
de lucha. No eran más que un grupo de presión dentro del sistema existente. Es
por eso por lo que los obreros deben organizarse de nuevo, de otra manera. De
momento, no hay grandes signos de que esto se produzca. Sin embargo, desde hace
unos años, se aprecia un nuevo fenómeno: aparición de sindicatos autónomos y
locales que son menos burocratizados y más activos, pero simplemente
reivindicativos y muy minoritarios.
El paro aumenta y los patronos comienzan a imponer la selección
profesional. Frente a esta situación, la acción habitual no es fuerte. Más bien
se va hacia la resolución personal: por ejemplo, la obtención de alguna
cualificación, etc.
Revisión de la Ley Laboral
La
revisión de la Ley Laboral, objeto de largos conflictos entre patronos y
obreros, pronto será adoptada por la Asamblea Nacional y el Senado, y se
aplicará a partir del año 2000. La revisión persigue fundamentalmente
economizar los gastos de persnal, y presenta tres características
fundamentales.
La primera consiste en ampliar la flexibilidad del trabajo, mediante la
evaluación del obrero según sus resultados en lugar de atender a la duración
del tiempo de trabajo. Actualmente no se aplica más que en ámbitos muy
limitados: investigación, abogacía, diseño, etc. La revisión actual pretende
aplicarla a otras categorías de trabajadores: proyectistas, planificadores,
encuestadores, analistas, etc. En breve, la flexibilidad amenazará con
aplicarse a casi todos los trabajadores de cuello azul, que tendrán que
trabajar durante más tiempo sin cobrar horas extraordinarias.
La ley de revisión contiene una cláusula de reserva: para aplicar la
flexibilidad es necesario contar con el consentimiento del interesado por medio
del comité paritario de la empresa. Pero en realidad, el consentimiento se
convertirá fácilmente en coerción.
La segunda característica es la desregulación del horario de trabajo.
Actualmente, la ley fija la semana laboral en 40 horas. Pero, si la duración
media anual es de cuarenta horas a la semana, se admite bajo ciertas
condiciones que la semana laboral exceda las 40 horas, hasta 48. Esta limitación
se elevará a 52 horas a la semana con la ley de revisión.
La tercera característica es la desregulación del contrato de trabajo
temporal. Actualmente, la ley admite el periodo de un año en ámbitos bastante
limitados. La revisión de la ley admite una extensión de la temporalidad hasta
tres años para muchas más categorías, lo que hace más inestable la situación de
los trabajadores.
Comité del Trabajo
En Tokyo
hay un Comité Central del Trabajo (que equivale a un tribunal de apelación), y
en todas las provincias existen los comités provinciales (46), de primera
instancia. Su papel principal consiste en juzgar las denuncias presentadas por
los trabajadores y hacer de mediador en los conflictos del trabajo. Los comités
son paritarios, formados por patronos, trabajadores y el representante de la
administración pública, que preside el Comité. En lo que se refiere a las
denuncias y la mediación en los conflictos, el Comité pueda hacer
recomendaciones a las partes interesadas. Aunque las recomendaciones del Comité
no son de cumplimiento obligatorio, en general, se las respeta desde hace
tiempo. El Comité del Trabajo funcionaba bien como institución para la
protección de los trabajadores. Pero en estos diez últimos años la situación ha
cambiado con la depresión económica. Los patronos, a menudo, no respetan las
recomendaciones del Comité, y las denuncias pasan al tribunal. Y últimamente,
los fallos del tribunal tienden a ser favorables a los patronos. Es por lo que
la institución del Comité del Trabajo queda cada vez más marginado.
El PNB del año financiero de 1997 (abril 1997/mayo 1998) ha dado como
resultado un 0,7% menos que en el año anterior. Para el año financiero de 1998
se prevé un nuevo descenso (incluso el gobierno japonés prevé una disminución
del 1,8%). Según las previsiones de la mayor parte de los economistas, esta
disminución del PNB continuará también durante el 1999.
Todas las cifras de la estadísticas son desfavorables para la economía.
El consumo (que representa el 60% del PNB) tiende a disminuir. Las inversiones
en bienes de equipo también, como la producción de automóviles y viviendas. Se
constata el comienzo de la deflación. Los precios de las acciones y de los
terrenos de los centros comerciales han descendido a un tercio de su máximo
valor alcanzado. Es la temporada de la crisis de los bancos. La exportación,
único ámbito todavía próspero, está llegando a un estado de estancamiento a
causa de la crisis económica de Asia y de las sacudidas de la ecoomía
americana.
En las empresas
Según una encuesta de mediados del mes de septiembre (publicada por el
periódico de gran tirada Asahè, el 27 de septiembre de 1998), entre 200
empresas importantes (100 del sector industrial y 100 no industriales), más de
la mitad había disminuido sus ventas durante el primer semestre de 1998,
respecto del mismo periodo del año anterior. Asimismo, se aprecia una
disminución de los beneficios para más de la mitad de las empresas. Desde el
pasado año las quiebras de grandes empresas se han sucedido (bancos, gestoras
de valores inmobiliarios, construcción...).
La perspectiva de futuro no está clara, aunque es más bien pesimista. La
mayor parte de las empresas frenan sus inversiones y se esfuerzan en disminuir
costes: reducciones de personal, anulación de las secciones no rentables,
cooperación o fusión con otras empresas, etc. Como consecuencia de tal
tendencia, la situación de los asalariados es inestable. Se tiene miedo del
paro. Se sufre una reducción de la remuneración, la competencia vital entre
colegas y la relación jerárquica acelerada.
(Cada mes la sección de estadística del Gobierno hace la encuesta sobre
el trabajo entre 40.000 hogares escogidos en todo el país). A partir de esta
encuesta, se deduce la tasa de desempleo. En el caso de Japón, la definición de
desempleo es muy estricta. Cualquiera que haya trabajado una hora para ganar
cualquier cosa, queda excluido de la cifra de desempleo). La tasa de paro era
del 4,3% en agosto de 1998, la peor cifra registrada desde la Guerra. El
desempleo afecta sobre todo a los
hombres de más edad (60 a 65 años), 10,4%; a los jóvenes de sexo masculino (15
a 24 años), 8,5%. El número total de desempleados en agosto era de 2.970.000
personas. Según las previsiones de algunos economistas, la tasa de desempleo
llegará pronto (en 1999) al 5%.
Ya no se tiene la perspectiva optimista del provenir. Se considera el
paro como una posibilidad para uno mismo. Los ingresos disminuyen. Y la tasa de
consumo (en todas las compras) y las cotizaciones de los seguros sociales
(sobre todo en la sanidad) se han elevado desde el año pasado. El Gobierno
prepara una disminución de los gastos públicos para las pensiones, lo que
obliga a ahorrar, algo que no favorece a la economía japonesa. La crisis
económica se acentúa a comienzo de 1999.
Kan E., Yamato 10 de enero de 1999.