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La industria de la emigración. Mutaciones y migraciones, una larga historia de la vida sobre la tierra

 

Un árbol que esconde el bosque, Siria.

Cerca de la mitad de los 23 millones de habitantes de Siria han tenido que emigrar ya sea al interior del país (7 millones) o a los campos de refugiados en los países vecinos (4,8 millones hasta febrero de 2016, según el Alto Comisionado para los Refugiados [HCR]). Cerca de 2 millones se han echado al mar para llegar a la Unión Europea. Más de 700 han perdido su vida en el intento (0,035% de los emigrantes) aunque este riesgo parece no importar demasiado a la hora de decidir quedarse o no en Siria: 250.000 muertos, más del 1% de la población total, una lista que aumenta a diario con los detenidos de Bachar el-Assad (más de 10.000), las víctimas de los ataques aéreos o los muertos de hambre. De una manera u otra este equilibrio entre la muerte y la supervivencia ha estado siempre en la base de las migraciones.

 

 

Desde el origen de la vida en la tierra, los seres vivos del mundo vegetal y animal, desde la célula más pequeña hasta los grandes mamíferos superiores, aparecieron y se desarrollaron debido a la existencia de un medio favorable a este nacimiento y expansión. Pero sin embargo no hay nada estático en un mundo en permanente evolución. Desde un punto de vista puramente astrológico, la tierra se mueve sin parar, lejos de cualquier interferencia del mundo vivo, ya sean cataclismos naturales o intrínsecos a ella, brutales o de evolución lenta, o debidos a la irrupción de un agente exterior procedente del universo. Ante estas circunstancias, cualesquiera que sean, el mundo de los seres vivos debe, o mutar en el mismo sitio o migrar hacia otros horizontes más clementes, o desaparecer. Pero este mundo vivo puede ser la causa de esta misma situación: las condiciones favorables que han propiciado su nacimiento y desarrollo pueden acarrear una contaminación tal que no solo destruye las posibilidades de reproducción de esta especie y provoca su extinción, sino que además interrumpe toda la cadena vital en la que se hallaba inserta. Mutar, migrar o desaparecer es, a fin de cuentas, el elemento central de la vida sobre la Tierra.

Desde hace millones de años la especie humana no ha escapado a este tipo de situación. Se desconoce prácticamente todo sobre mutaciones de las que se tiene constancia y mucho menos sus causas. Respecto a las migraciones hasta la época moderna, no se sabe mucho referente a sus causas, aunque los análisis genéticos nos permiten rastrear su recorrido. Respecto al período más reciente, entre los dos y tres mil años, aunque conocemos mejor las migraciones, tampoco sabemos mucho más sobre sus causas. Es difícil saber si las grandes invasiones que sumergieron y constriñeron al Imperio Romano, venidas todas del Este, tuvieron una causa común al igual que las más recientes (los Hunos en el siglo V, los árabes en el siglo VII en España y Francia y los turcos en el siglo XVII en Europa). Todas estas últimas migraciones eran tanto tentativas de conquistas militares en el sentido que lo entendemos hoy como al mismo tiempo grandes desplazamientos de población. Otras migraciones, en el interior de Europa y de menor importancia han jalonado el período moderno desde la de los vikingos o los normandos desembarcando en Inglaterra, a la huida de las persecuciones religiosas (protestantes, judíos, árabes etc.) Cuanto más se acercan a nuestra época, mejor conocemos las causas. Una parte de ellas son de supervivencia, como las que se dan hoy en día. Pero será el desarrollo del capitalismo el que en la época moderna comportará importantes migraciones bajo nuevas formas tanto en el interior de los estados como de un estado a otro. En principio en Europa Occidental y progresivamente en el mundo entero.

Algunos analistas se han preguntado si las migraciones dentro del capitalismo, de las que vamos a hablar, no serían sino una forma específica de las ancestrales migraciones de supervivencia, para relacionarlas con las causas probables de las migraciones ancestrales con sus características particulares. Siria e Irak han sufrido varios años de sequía que han empobrecido a tres cuartas partes de la población. Es cierto que en la apreciación de conjunto de las migraciones modernas, el calentamiento climático y la serie de catástrofes climáticas que conllevan parecen situar las migraciones en un marco distinto.

Migraciones y capitalismo

En cierta manera, el comienzo de la Edad Media y el final de las grandes invasiones conllevaron con el sistema feudal, una sedentarización basada en la agricultura y las técnicas anexas necesarias para el funcionamiento del conjunto. Las ciudades se convirtieron a la vez en centros comerciales y de actividad artesanal e industrial. En toda Europa se pudo observar una emigración del campo hacia las ciudades que absorbieron esencialmente el excedente de población campesina, pasando la mayoría de los emigrantes de una actividad agrícola y/o artesanal a una actividad ligada a un sector de producción económica. Comparada con las migraciones anteriores, la finalidad es perfectamente clara.

El capitalismo no puede existir sin la explotación de la fuerza de trabajo y debe, para ello, extraerlo de las clases sociales existentes. La emigración de base para el desarrollo de este sistema no puede venir sino del campo y es la prolongación de la que ya existía en la Edad Media. Se puede pensar que no es tanto el excedente de población agrícola que favorece estas migraciones del campo hacia las fábricas, sino también las vicisitudes climáticas u otras que afectan a los trabajadores agrícolas y a los campesinos pobres. La ubicación de los centros industriales no se debe al azar; dependerá del sector primario (minas de carbón o de minerales), de la cercanía de los transportes y, más recientemente, de la proximidad de los mercados. Cualesquiera que sean las razones de este desarrollo industrial, necesitaba una mano de obra cada vez más numerosa que la que suministraba la proximidad de manera limitada, de ahí las importantes migraciones internas que provocaron un total desarraigo no solo profesional sino también familiar y cultural. Además, si el aprovisionamiento de fuerza de trabajo no era suficiente, la que se convertiría en la clase burguesa ponía en marcha medios coercitivos, como en Gran Bretaña con el movimiento de los «cercados» Inclosure Acts (S.XVI-XVII), una reforma de las estructuras agrícolas que privaba a gran parte de campesinos de cualquier tipo de ingreso y los forzaba a emigrar hacia los centros industriales. En Francia, dado que estaba relativamente poblada, este proceso se realizó progresivamente, debido en parte a razones políticas, pero en países como la URSS, se llevó a cabo con una enorme violencia (desde la utilización del hambre hasta la deportación a los campos de concentración de Siberia).

Una de las «grandes migraciones» que pone enormemente en evidencia los lazos entre el desplazamiento de poblaciones y capitalismo es la trata de negros (1).

A lo largo de los siglos XIX y XX el desarrollo capitalista se llevó a cabo no solo a cuenta de las migraciones internas sino también de las migraciones internacionales. De manera destacada los Estados Unidos y Canadá y en menor medida Brasil, Argentina y Chile vieron llegar emigrantes principalmente de Europa. Estas migraciones eran voluntarias, favorecidas por la miseria (un buen ejemplo lo tenemos en Irlanda), la sobrepoblación y el atractivo de la aventura y la posibilidad de una vida mejor: éstas llevaron a cabo lo esencial del desarrollo capitalista de estos países a veces con un coste que llevó a la eliminación de las poblaciones autóctonas. Los últimos desarrollos importantes, China e India, se han llevado a cabo siguiendo el esquema tradicional de las migraciones internas del campo hacia las zonas industriales, sin aportación exterior.

Es difícil entender las migraciones contemporáneas sin tener en cuenta las transformaciones radicales y catastróficas en los países africanos provocadas durante los años 80 por los Programas de ajuste estructural del FMI o, a partir de 1970, por las inversiones en el extranjero de las multinacionales para crear «zonas de producción para la exportación» y las alteraciones en la agricultura tradicional. Un ejemplo lo tenemos en la venta a personas o a sociedades privadas de centenares de hectáreas de tierras etíopes para la producción de agro carburantes, entre otros. Estos compradores privados son mayoritariamente europeos (holandeses, suizos, alemanes, etc.) los mismos que refunfuñan por la llegada de emigrantes etíopes a su país…

Mundialiazación y vicisitudes del capital: la producción de emigrantes

¿Quiénes son estos emigrantes modernos que huyen así de la miseria, la inseguridad y la muerte? ¿Son diferentes, aunque en condiciones distintas, de todos estos emigrantes históricos que huían, sin que se sepa exactamente por qué, de una situación que amenazaba sus condiciones de existencia?

Digamos antes que nada que un planteamiento humanitario, si es que existe, puede ser un alivio temporal para todo lo que el emigrante va a vivir, pero no tiene ningún sentido por lo que respecta al problema central de la emigración en el mundo capitalista moderno. El «emigrante» no es ese personaje homogéneo que intentan presentarnos, una especie de modelo uniforme de víctima expiatoria del sistema. Los emigrantes constituyen una población diferenciada proveniente de clases, medios y orígenes sociales diversos: la misma cantidad de explotadores, de cínicos, ingenuos, egoístas, inteligentes y de imbéciles que se pueden encontrar en cualquier sociedad. A tener en cuenta: las migraciones actuales solo significan un 3% de la población mundial que vive fuera de su lugar de origen (emigración interior y/o exterior), lo que significa que el 97% de esta población se ha mantenido sedentaria (2).

Existe un «Gobierno global de las migraciones» representado por ejemplo por una organización de Naciones Unidas, la Organización Mundial para las Migraciones (OIM).

La mundialización complica todavía más los datos. A partir de ella las migraciones de personas se ven acompañadas por una migración de empresas y por consiguiente de empleos industriales que, a menudo, va en sentido contrario al de las personas.

En medio de la enorme diversidad de situaciones provocadas por los emigrantes, sobresalen algunos detalles: casi el 50% son mujeres (lo que corresponde a la demografía general) que, normalmente, corren más peligro que los hombres. Los niños se hallan también entre las víctimas: 50.000 de ellos habrían desaparecido de la circulación. Migraciones interiores y exteriores se entrecruzan entre sí sin que se pueda distinguir al emigrante voluntario (una huida decidida por el emigrante en función de su situación) del emigrante «coaccionado» – por las redes de prostitución, los secuestros de niños, los internamientos en campos.

Esto incluye a aquellos que, en cualquier lugar del mundo, son engañados con promesas que les llevan a la esclavitud. Según estimaciones de un organismo alemán, el 37% de los emigrantes son trabajadores cualificados (contra el 21% de lo que representan en Alemania, pero también 30% de no cualificados contra el 9% de Alemania) (3).

A día de hoy habría en el mundo 36 millones de esclavos: niños secuestrados o abandonados (10 000), mujeres obligadas a prostituirse, pescadores en los caladeros de marisco, etc. Solo en la península arábica 1 400 000 «emigrantes» se hallan en una situación que les impide liberarse de su trabajo de esclavos ya que tienen sus pasaportes confiscados (400 000 solo en Qatar).

Migraciones más o menos importantes han acompañado siempre las turbulencias generadas por el progreso económico y político del capital. En cierta manera eran una prolongación de las migraciones anteriores debidas a persecuciones religiosas. La Revolución Francesa vio el éxodo de los «ci devant» (nobles que perdían su condición) hacia los países vecinos. La Revolución Rusa de 1917 vivió el éxodo de los «Rusos blancos» hacia Europa, Estados Unidos o el extremo Oriente. El Nazismo y el Fascismo provocaron migraciones en Europa y hacia Estados Unidos. El final de la Guerra Civil española en 1939 provocó una importante migración de españoles hacia Francia. Los cambios de fronteras al final de la Segunda Guerra Mundial conllevaron importantes migraciones en el interior de Europa. La formación del Estado de Israel en 1947 con la expropiación a los palestinos generó importantes migraciones y la creación de campos de refugiados cuya existencia se extiende hasta nuestros días (la diáspora palestina cuenta con 7 millones de emigrantes de los que 1,3 millones viven en campos de refugiados desde hace más de medio siglo).

Es este tipo de situación de guerra que no cesa de alimentar las migraciones, tanto en el África subsahariana como en todo Oriente Medio con la misma tendencia de la construcción de campos permanentes de refugiados. Después de Israel, otras guerras han realizado su contribución: Corea, Vietnam, Afganistán (treinta y cinco años de conflictos armados), Irak, Sudán del Sur (Nigeria con 1 400 000 personas desplazadas), y actualmente en Siria por no citar las situaciones de guerra y de guerrilla en toda esta región de África, de Nigeria a Somalia y Libia. Pero no son solo las guerras o las situaciones económicas las que originan estas migraciones, también pueden deberse a decisiones políticas. Por ejemplo, el deshielo de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos ha provocado una emigración importante de todos aquellos que temían el fin del derecho de asilo en Estados Unidos y rápidamente han surgido redes organizadas desde Ecuador para estos nuevos emigrantes.

Cuando esta gente que huye de las guerras y guerrillas no se halla en las rutas del exilio hacia las tierras prometidas (principalmente la Unión Europea), habitan en estos campos de refugiados que se han construido por todas partes en la periferia de las zonas de conflicto (un cálculo cifraba la totalidad de emigrantes en 2010 en 232 millones).

Si las guerras en torno al petróleo o de la defensa de los intereses estratégicos son un puro producto del capitalismo, existe otra guerra – menos evidente, económica – que desestabiliza totalmente los países conquistados recientemente por la penetración capitalista total, a menudo con la estela de la descolonización y que abarca toda África y parcialmente América Latina. Esta penetración capitalista desestabilizadora implica todos los sectores de la actividad económica. La apropiación de los recursos naturales se realiza en las explotaciones mineras; el acaparamiento y la contaminación del agua arruinan a los campesinos, expulsados por dirigentes corruptos de las tierras agrícolas convertidas en vastos dominios. Estos mismos campesinos, comerciantes y artesanos locales están abocados a la ruina por el desembarco de productos baratos de los países industrializados o porque la competencia mundial de las multinacionales suplanta a las producciones agrícolas locales. Excluidos por el capitalismo, se instalan en barrios de chabolas cerca de los centros urbanos (a menudo son solo una etapa hacia la emigración), en campos de refugiados (otra etapa) o en las rutas del exilio.

Sobrepoblación, miseria, desestabilización económica, guerra… todas son facetas de la actividad capitalista, aunque son variantes que han alimentado y alimentan todavía las necesidades de mano de obra, sus características han cambiado profundamente debido a la misma evolución del capital, tanto en sus técnicas de producción como en las mutaciones geográficas. Francia ofrece un buen ejemplo de estas mutaciones desde la Primera Guerra Mundial. En el período de entre las dos guerras, para compensar los desastres del primer conflicto mundial, se abrieron ampliamente las puertas de la emigración a los italianos, polacos y españoles para trabajar principalmente en las minas, en la construcción, en la obra pública y en la agricultura – aparte de otras migraciones circunstanciales de las que ya hemos hablado. Un problema distinto se planteó después de la Segunda Guerra Mundial: la mecanización de la agricultura y las importantes reformas territoriales no eran suficientes para alimentar el desarrollo industrial. Las necesidades eran tan grandes que equipos de contratación «saquearon» los países magrebíes para llenar las cadenas de montaje de obreros no cualificados. Al mismo tiempo, los portugueses invadieron la construcción y la obra pública, y los españoles la agricultura o los servicios domésticos. Esta situación se mantuvo hasta los años 1970 con el desarrollo de la automatización y el traslado de las industrias a países de bajo coste laboral (que podían desarrollarse con sus propias migraciones internas tradicionales)

Después de este período, la aspiradora que expele las poblaciones de los países desestabilizados hacia los países desarrollados continuó funcionando todavía mientras el capital francés o europeo no precisaba ya de este complemento de mano de obra. Aunque las primeras medidas contra la emigración se tomaron en 1932 debido a la crisis del momento (expulsiones de trenes enteros de polacos e italianos y pogromos de italianos en Marsella), fue precisamente cuando se sustituyeron los obreros no cualificados de las cadenas de montaje por procesos automatizados, que unas circulares administrativas de 1972 (llamadas Marcellin-Fontanet) decidieron que solo estarían autorizados a residir en Francia los poseedores de un contrato de trabajo y de un alojamiento decente. La gran mayoría de extranjeros no estaban en condiciones de cumplir estas obligaciones por lo que automáticamente se convertían en candidatos a la expulsión. La aplicación estricta de estas circulares desencadenó movimientos más o menos violentos, huelgas de hambre, acciones colectivas. El mismo esquema puede aplicarse con variantes, al conjunto de países industrializados. En Estados Unidos la emigración interior hizo subir, de manera considerable, los negros del sur hacia la región industrial de los Grandes Lagos. Pero allí también la automatización, la competencia japonesa y los trasvases de industria al Extremo Oriente redujeron el interés del capital por cualquier tipo de migración mientras que la desestabilización económica causada por la penetración del capital norteamericano en toda América Latina hacía funcionar a todo gas la aspiradora y cientos de miles de emigrantes se afanaban hacia la frontera sur de Estados Unidos. Se habla poco de las migraciones de la India hacia todo el Sudeste asiático (2,3 millones de 2007 a 2012, alimentada por la imposibilidad del país de absorber, debido a su débil progreso económico, los 12 o 15 millones de jóvenes que entraron en el mercado laboral) o las de Bangladesh hacia el mismo destino (2 millones en el mismo período) (4).

La caída de la cotización del petróleo afectó gravemente a los países cuya economía se basaba únicamente en la producción petrolera como Argelia o Nigeria: la reducción de las subvenciones, principalmente a los alimentos y a los carburantes, conllevó una caída brutal del nivel de vida, caldo de cultivo de conflictos sociales y de un aumento de la emigración.

Pero este desarrollo capitalista al romper las situaciones económicas y sociales existentes también ha contribuido a desarrollar otro tipo de migraciones que se han ampliado sobradamente en el período reciente.

Estas migraciones internas se desarrollan bajo la forma tradicional de pasar del estado rural al de la esclavitud industrial, pero también existen migraciones coaccionadas, menos numerosas pero violentas: en Brasil, después de veinte años de deforestaciones, cerca de 50.000 trabajadores solo han podido escoger entre la extrema explotación o la muerte si intentaban huir (5). La atrocidad puede ser desmesurada pero producida en un contexto migratorio cuya importancia es relativa.

Tenemos un ejemplo en estos barcos de pesca norcoreanos, cargados de cadáveres muertos de hambre que se dirigen hacia las costas japonesas (unos 300 en cinco años) de los que no se sabe si querían huir o se han perdido (6). Es solo un ejemplo de las innumerables «migraciones» de este tipo que se dan en el mundo.

Entre los ejemplos el de los Rohingyas, minoría musulmana que huyó de Birmania o de Bangladesh hacia Indonesia, Australia o África Austral. Mientras que los emigrantes de Birmania que proceden del país Shan (7) serían –es una forma de hablar los que lo tienen mejor, los Rohingyas pueden hallar la muerte en cualquier momento (8).

Para los que ven en África del Sur un remanso de paz, el riesgo de morir no está en el trayecto sino en el «país de acogida» donde la violenta persecución popular es algo constante con una especie de pogromos.

Los conflictos permanentes en Sudán-Darfur y Sudán del Sur esconden también su parte de muerte y de horror (9).

A no ser en circunstancias particulares (la evolución demográfica alemana, por ejemplo) la inmigración ya no es deseada de ninguna manera y se ha pasado de entenderla como beneficencia a verla como una calamidad, con políticas nacionales anti-inmigración, con barreras políticas y materiales y un aumento de la xenofobia y del racismo, con la desmesura de un flujo creciente de migrantes debido al caos mundial causado por la expansión del capitalismo y de su crisis. La Unión Europea y los Estados Unidos son en la actualidad los más amenazados por esta invasión pacífica que no han sabido contener.

La maquinaria de generar emigrantes funciona a pleno rendimiento y la mercancía fuerza de trabajo debe iniciar el camino, provista a menudo de un viático en proporción a su posición social, cuya concreción material desestabiliza todavía más la economía local a causa de la venta de posesiones o la adquisición de préstamos (que perseguirán al emigrante y condicionarán su futura inserción). Este efecto desestabilizador podrá incluso ir a más durante su trayecto si el emigrante es víctima de robos, extorsiones u otros maltratos y debe acudir a la familia que se quedó en el país para financiar la continuidad de su viaje.

Se podría pensar que cada emigrante, a partir del momento en que abandona su medio social específico, es igual a cualquier otro en la trivialización y uniformización de una fuerza de trabajo no cualificada y en el nivel más bajo del escalafón. En parte es cierto, ya que tomar el camino del exilio te sitúa en el mismo nivel que todos los demás. Pero el «valor» de un emigrante puede depender de dos factores distintos; el primero es no solamente el del valor de sus pertenencias materiales, sino también el «valor» que los traficantes le otorgan – positivo si pueden obtener de él beneficios ya sea directamente por el pago del pasaje o mediante extorsiones ejercidas sobre la familia que se ha quedado en el país, o por la posibilidad de utilizarlo para un trabajo temporal, o por utilizarlo como pasante de droga o cualquier otro tráfico que puede llegar a la prostitución, o incluso por un préstamo que lo atará a un trabajo concreto en el «país de acogida»; o negativo por el hecho que ha sido «comprado» a un guardia del campo, por ejemplo, donde ha sido internado y vendido a cada intermediario durante el trayecto hasta llegar al último punto de entrega donde deberá devolver el dinero de una manera u otra.

El emigrante puede tener otro «valor» distinto a éste del viaje. Sus cualificaciones profesionales pueden permitirle «hacerse valer» en el momento de llegar a destino. Pero incluso en este caso, cualquiera que sea su cualificación, obstáculos como la lengua, las protecciones profesionales locales, o diferencias en la práctica, pueden convertirse en obstáculos que reducen o anulan el «valor» de estas cualificaciones y reducen su fuerza de trabajo a los estándares comunes. En cierta manera la emigración reduce el coste de la fuerza de trabajo a base de unificarlo por abajo y por la presión que esta devaluación ejerce en el país de acogida.

Un nuevo factor ha aparecido en la reciente emigración: antes, los emigrantes lo hacían individualmente mientras la familia se quedaba en el país de origen y con el tiempo se intentaba la reagrupación familiar; hoy en día, y particularmente los sirios, familias enteras intentan la aventura mientras la noción de reagrupamiento familiar ya no se utiliza.

Por otro lado un área de negocio en la que operan las agencias matrimoniales trasnacionales está experimentando una fuerte expansión potenciada por una creciente demanda masculina de re-normalización patriarcal de los roles de género en el seno de la familia, ofreciendo «mujeres dóciles y cariñosas» para quienes las únicas cosas que importan son «la familia y los deseos del marido», juego complejo característico de las migraciones femeninas contemporáneas, en él intervienen a la vez la huida de las relaciones patriarcales de los países de origen, la substitución de un trabajo afectivo y de cuidados que ya no quieren asumir las «emancipadas» mujeres occidentales, provocando una reproducción de las condiciones de subordinación de clase y de género (10).

Por otro lado, no se puede obviar la presión colectiva y familiar en las iniciativas de emigración. En África, la decisión de emigrar es raramente individual. Cuando los candidatos a emigrar provienen del medio rural normalmente es el pueblo quien los elije y busca los fondos para el viaje. Si el emigrante llega a Europa se ve obligado a enviar la mayor parte de su sueldo al pueblo ya que es sobre él en quien descansan las reales esperanzas de desarrollo. Cuántos pueblos no han obtenido un centro de salud, una escuela o un vehículo, gracias al dinero de la diáspora. La ausencia prolongada y eventualmente el retorno de los emigrantes es un verdadero factor de desestructuración social y fuente de conflictos familiares. (11)

Una agencia de viajes muy próspera

Todos los medios son buenos para que el emigrante se decida a conquistar la «tierra prometida» escogida ya sea en función de relaciones personales o de un imaginario. Esto fue mucho más fácil –si se puede decir– con el desarrollo del ferrocarril y del vapor en el transporte marítimo. Se da por sentado que este desarrollo de la máquina de vapor en el transporte jugó un papel importante en el desarrollo de la emigración principalmente hacia Estados Unidos, al convertir el viaje en más seguro (principalmente en la higiene), más corto y menos costoso. Pero no hay que olvidar que este viaje del emigrante constituía un trance a lo largo de un siglo, de 1850 a 1950, principalmente en la travesía del Atlántico (12). Otro aspecto que puede observarse hoy en día es la utilización de otros medios de transporte, nació con la utilización clandestina del tren que tomó grandes proporciones en los Estados Unidos con los hobos (13).

Otra característica importante de las migraciones hasta los años 60 reside en los pocos obstáculos administrativos u otros que había: con tal de que se pudiera pagar el precio del viaje, emigrar no encontraba mayores obstáculos. La razón principal residía en que en aquel momento, el capitalismo tenía necesidad de sangre fresca para sus diferentes desarrollos nacionales, para esto abría ampliamente las puertas e incluso a veces iba él mismo a reclutar la mano de obra en su país de origen, pagando el viaje y facilitando la documentación administrativa necesaria. Hoy en día la emigración ha pasado a ser una carrera de obstáculos.

Así hemos sido testigos de importantes migraciones por motivos económicos que ya hemos expuesto o huyendo de los peligros de la guerra, de toda América Latina hacia Estados Unidos o Canadá, de Europa hacia todos los países de América, de algunos países de Europa, de África, de Oriente Medio, hacia los países más desarrollados de Europa.

Existían sin embargo algunos obstáculos a esta inmigración que comportaban, por un lado el desarrollo de una industria de papeles falsos y por otro la creación de redes, aunque muy lejos de lo que existe en la actualidad. Estas redes podían ser clandestinas y utilizar las rutas del contrabando, de la droga, de la prostitución…o ser efecto de situaciones concretas, lo más a menudo de la situación política de países dictatoriales: como por ejemplo la travesía en la Francia ocupada de la línea de demarcación, la URSS, la Alemania nazi, la Italia fascista, la España franquista, el Portugal de Salazar y más tarde el Vietnam del Viet Minh (los boat people). Pero, comparadas con las migraciones presentes debidas a causas parecidas, aparecen como de pequeño tamaño y que no hallaban, si exceptuamos la salida del territorio nacional, excesivas dificultades.

A partir de los años 1970, la transformación estructural del capitalismo mundial modificó totalmente esta situación: con la automatización, el capitalismo desarrollado no necesitaba tanta fuerza de trabajo no cualificada y, con la mundialización ligada a la revolución del transporte marítimo, el capital podía ir a buscar esta mano de obra a los países en desarrollo sobrepoblados, principalmente India y China. Como ya lo hemos señalado más arriba, la misma mundialización, la crisis económica y el caos creado, han precipitado hacia la emigración a una masa creciente de candidatos al viaje en el preciso momento en que ellos ya no eran necesarios, exceptuando los casos particulares para el funcionamiento y desarrollo del capital en las entidades nacionales. Ésta no es una de las menores contradicciones presentes del sistema capitalista, que su propio funcionamiento genera problemas que no es capaz de solucionar a no ser con medidas coercitivas, que crean más problemas de los que resuelven. Las barreras de protección que prácticamente todos los Estados concernidos han edificado y continúan edificando ya sean jurídicas o materiales, no hacen más que fortalecer esta industria del emigrante, sin detener la ola renovada de una industria itinerante para la «fabricación de emigrantes» (14).

Vamos a estudiar el coste global de este «traspaso de emigrantes» (la materia prima) del lugar de producción al lugar de consumo (el de la explotación de su fuerza de trabajo) bajo dos aspectos, aunque estén estrechamente ligados. Por un lado el emigrante que debe pagar el precio de una vez o a plazos y no solo financiero, y por otro, todo aquello que agrupamos bajo el nombre de «traficante» o «redes» que puede representar un solo pago a las organizaciones o redes , o muchos cuando deben resolverse una a una en cada etapa del trayecto.

Los obstáculos jurídicos pueden parecer formalidades con posibilidad de fraude (papeles falsos), pero pueden tener consecuencias materiales en el trayecto que incluso pueden conducirles a un callejón sin salida en un campo de refugiados. Intentado hacer una clasificación por razones humanitarias, los estados refugio de emigrantes idearon la distinción entre refugiado político y emigrante económico como si los dos no fueran el mismo producto de la actividad capitalista bajo distintas formas. El «refugiado» que puede disfrutar de la llave maestra –el derecho de asilo– debe probar que se ha visto obligado a escapar de un peligro creado por el poder político de su país. La selección para separar el grano de la paja puede realizarse en condiciones terroríficas; he aquí una descripción de alguien que entró en la Unión Europea por las islas griegas: «…iraquíes, (cuatro miembros de una familia) acaban de desembarcar en Eftalou (Lesbos). Llevados en autobús a Moria, se les envía hacia «el campo de abajo», el que gestiona el registro de los hablantes árabes y de los más susceptibles de beneficiarse de asilo en Europa: los sirios, los iraquíes, los eritreos, los somalíes, los sudaneses y los yemeníes. A los otros –afganos, iranís, pakistanís– se les dirige hacia el «campo de arriba» donde los trámites son más lentos. A los marroquíes y argelinos, considerados simples emigrantes económicos, se les arresta en celdas de la comisaría de Mitelene antes de enviarlos al enorme campo de retención en el continente situado en Corinto para posteriormente redirigirlos hacia Marruecos o Turquía(…). (Para todos aquellos que han superado esta etapa de selección, el procedimiento es el mismo: el puesto de identificación o (…) la agencia europea de gestión de fronteras exteriores (Frontex) se encarga de establecer la nacionalidad de los refugiados que deben dejar sus huellas dactilares en máquinas conectadas al fichero central europeo, se les hace una foto (…) y se les entrega un salvo conducto para circular durante seis meses por la UE (15). El emigrante «autorizado» es trasladado a la frontera con Macedonia y allí se le deja a su propia suerte. Con alguna variante, las condiciones de selección son casi las mismas para la ramificación italiana que pasa por Lampedusa. Quedan más fronteras que pasar. La concesión de un estatus jurídico no pone fin al periplo del emigrante que se topa con las dificultades materiales de cualquier persona que vive en la ilegalidad: numerosas barreras cada vez más largas y eficaces se añaden a los obstáculos naturales que representan el mar, los ríos y las montañas (16). Su eficacia solo es temporal. Las redes se desplazan hacia otras rutas o utilizan otras técnicas (corte de alambradas, construcción de túneles) (17); estas barreras hacen aumentar el precio de la travesía, multiplican la sedentarización, oficial y/o salvaje en campos (el ejemplo de Calais) y las posibilidades de corrupción así como las violencias físicas (violaciones o tráfico de niños).

Si no acaba sus días en el fondo del mar o en un cementerio de la costa, el emigrante se encontrará bloqueado en uno de los innumerables campos de todo tipo que han surgido por todas partes , cerca de las fronteras o en el interior de un país vecino – desde los campos de retención oficiales de los que se sale para ser expulsado, hasta los campos salvajes que regularmente son destruidos por la policía para aparecer reconstruidos en otro lugar, pasando por los campos cuya existencia remonta a más de medio siglo de existencia. Pero antes de detenernos en analizar la función y el coste de estos campos de emigrantes, debemos fijarnos en el coste y el efecto financiero de esta parte de la industria de la emigración.

Aunque completamente ilegal, esta industria de la migración no deja de formar parte, con pleno derecho, del proceso de producción capitalista: durante el viaje se consumen una serie de productos que benefician a algún tipo de negocio; permite acumular, debido a su alta rentabilidad, una cantidad de capital invertido en estos circuitos legales (18). Se puede observar que el hecho de transformar capital inmovilizado bajo diferentes formas (tierras, joyas, ahorros), en capital financiero, no solo enriquece a la banca sino que contribuye también a la circulación mundial de los flujos financieros.

 Las estimaciones financieras que conciernen a este negocio, de tipo confuso, son evidentemente imprecisas, pero la comparación con otros negocios más legales nos puede dar una idea de su magnitud. Para hacernos una idea de su dimensión debemos analizar tres aspectos que inciden en general en las transacciones financieras, o sea, una mercancía o un servicio puestos en el mundo entero:

1- Lo que perciben en dinero las redes de transporte de emigrantes;

2- Los beneficios de los proveedores de materiales para realizar estos traslados;

3- El coste para los estados de los medios de control, de selección, de retención y de «almacenamiento» de los emigrantes durante su viaje.

1.- Poner una cifra a lo que pagan globalmente los emigrantes a sus traficantes desde su salida del país hasta su llegada al país de acogida es difícil porque se trata de una actividad clandestina, que el precio puede variar según el país, según los medios utilizados y, en el seno de una misma red, dificultades tales como el aumento de la represión, del control o de la construcción de barreras (19).

Podemos intentar una estimación global en relación con el número de una misma categoría de emigrantes (aquí solo contemplamos migraciones exteriores, no interiores de un país). En 2013, las Naciones Unidas daban un censo de 232 millones de emigrantes en el mundo (20). Incluso en el caso de suponer un precio de 1.000€ lo pagado por cada emigrante para su traslado, obtenemos un total de 232.000 millones –aunque esta cifra está muy por debajo de la real. Podemos compararlo con el presupuesto de Francia para 2016 que prevé un gasto de 300.000 millones en recetas médicas, o con las seis primeras empresas mundiales que juntas tenían una cifra de negocio de alrededor 400.000 millones de dólares. Pero por una parte, la cifra de negocio de la industria de la emigración puede llegar al doble de esta estimación y, por otra parte, esta cifra no refleja lo que pagan estos «empresarios» o agencias de viaje, como queramos llamarlos, para conseguir los medios materiales de transporte, la documentación falsa y el dinero para la corrupción de los agentes de control. Evidentemente y muy a menudo, las mafias reinan en el entramado de este negocio donde han descubierto una rentabilidad igual a la del tráfico de drogas (mafia turca para el traslado a Grecia, italiana para el trayecto Libia-Italia, albanesa para el paso hacia Macedonia). Además, las redes de la droga pueden ser utilizadas e incluso los mismos emigrantes obligados a convertirse en traficantes de droga.

Como buenos capitalistas, estas mafias se han dado cuenta, merced a su experiencia con la droga, que en todo tráfico ilegal los beneficios aumentan si por la parte baja controlan a los traficantes de base y, por arriba, a los proveedores de material. Este proceso de «concentración» lo ha llevado a buen puerto la mafia turca: de entrada se aseguró mediante chantajes el dominio económico de los traficantes y más tarde el de los comerciantes del material necesario para el traslado, asegurándose de esta manera el casi monopolio del suministro de lanchas hinchables, producidas principalmente en China. La mafia italiana, por ejemplo, que brilla en su tráfico de emigrantes «consolida» la explotación de los emigrantes en los llamados países de asilo. Recordemos los violentos enfrentamientos entre las mafias en el sur de Italia. El pueblo calabrés de Riace, citado a menudo por la acogida que ofrece a los emigrantes, ha debido al mismo tiempo librar una lucha anti-mafia.

2.- El material utilizado durante el traslado puede ser de una gran diversidad y fuente de beneficio tanto por los «monopolios» de las redes como por los habitantes locales para quienes la posesión de un barco de pesca les permite aprovecharse de la situación. Aquí también, la imaginación alimentada por la perspectiva de beneficio es delirante y los emigrantes deben siempre pasar por ello. Cada uno de nosotros hemos podido ver en la pantalla de nuestro ordenador o televisor estas embarcaciones hinchables cargadas de emigrantes de pie, apretados como sardinas. Algunas cifras: una barca hinchable cuyo precio puede variar entre 170 y 700 euros puede transportar entre 40 y 50 emigrantes que habrán pagado hasta 800 euros cada uno; beneficio neto: como mínimo 30.000 euros. Según el Financial Times una embarcación con 450 emigrantes genera 1 millón de euros en un solo viaje. No importa que la embarcación se pierda, ¿qué negocio daría tal beneficio? Pero todavía hay más: el ejemplo, que no debe ser el único, del Blue Sky, barco declarado para desguace después de 38 años de servicio, fue comprado por 100.000 euros (21). En su interior se amontonaron a 800 emigrantes que pagaron entre 6.000 y 8.000 euros cada uno por un pretendido traslado de Turquía a Italia. El barco fue abandonado en el Adriático con el motor y el timón bloqueados y avocados a un naufragio antes de ser avistados y sus ocupantes rescatados. Beneficio: cerca de 5 millones de euros. No será el único barco de este tipo interceptado. Aquí no existen beneficios pequeños. Además del precio del traslado, los que todavía disponen de reservas deben pagar 170 euros para el chaleco salvavidas o por una sábana, e incluso 170 euros más si no quieren estar en la bodega para poder respirar un poco en el puente del barco.

Otro sistema de paso clandestino de una frontera es el de los túneles, como los de Gaza hacia Israel o Egipto o los de México hacia Estados Unidos; pero conocemos muy poco de este mundo subterráneo (ver nota 17).

3.- ¿Cuánto cuestan los medios instalados para controlar, parar los flujos de emigrantes y luchar contra las redes? El periódico Libération (22) intentó una aproximación. En quince años, el «presupuesto emigración» habría costado:

– 75 mil millones en donaciones a países de África para inversiones destinadas a retener a los emigrantes (podemos compararlo con los beneficios de las redes de emigración que hemos indicado y pensar que una gran parte de este dinero se pierde en las cuentas offshore de dirigentes corruptos);

– 1.000 millones para la Agencia Frontex (ver más abajo)

– 11.000 millones para las expulsiones;

– 450 millones para investigar medios técnicos de detección;

– 77 millones para la construcción de muros y barreras.

El progreso no hay quién lo pare: a la imaginación avariciosa de los jefes de las redes se corresponde la imaginación defensiva de los estados para prevenir la invasión migratoria.

La Comisión Europea creó en 2015 un grupo de trabajo en el cual participan los principales fabricantes de armas (Airbus, Thales Finmeccanica y BAE) y de tecnologías especiales (Saab, Indra, Siemens, etc.) al que se adjudicaron 225 millones de euros para elaborar proyectos de protección de fronteras.

La Agencia Europea responsable de la eventual interceptación-acogida-salvamento de los emigrantes, Frontex, va a ser reemplazada por una fuerza europea de «gestión de la emigración» dotada con 1.000 agentes permanentes y 1.500 de reserva que podrían ser movilizados como una fuerza de despliegue rápido en caso de necesidad. Igualmente se ha creado un Fondo de Afectación Especial (Trust Fund), dotado con 18.000 millones de euros para el desarrollo del África Subsahariana (23). El paso a través del Canal de la Mancha se podría blindar, según opinión de los dirigentes de la sociedad que lo explota, con una inversión de 13 millones de euros con la participación del Reino Unido y la instalación de 40 km. de distintos tipos de barreras. En este terreno abundan las novedades técnicas, desde un centro europeo de huellas dactilares hasta la puesta en marcha por Israel y los Estados Unidos de un dron capaz de detectar en el interior de los túneles.

Desconocemos el coste de las distintas barreras que han proliferado recientemente en los Balcanes (por ejemplo los 175 km. entre Serbia y Hungría [24]) que han –provisionalmente– bloqueado a los emigrantes, pero que han provocado también en estos estados antes unidos en la antigua Yugoslavia, reacciones locales ya que dificultan las relaciones personales cotidianas, de trabajo, de comercio entre sus habitantes: frente a esto ha surgido un grupo llamado «Frente Obrero» cuyos comandos nocturnos cortan trozos largos de las alambradas entre Croacia y Eslovenia y lo revenden para revertir los beneficios en un fondo de solidaridad con los emigrantes (25).

Podemos preguntarnos si la balanza entre lo que pagan los emigrantes globalmente y lo que Europa gasta para limitar su entrada, no representa el precio que paga el emigrante para conseguir un empleo, como ya vimos que proliferó en el pasado en distintos países con las oficinas de colocación en las que se pagaba.

Si en las anteriores líneas nos hemos dedicado a mostrar lo que sucede en Europa es porque nos concierne directamente y que, consecuentemente los medias son especialmente prolijos en este punto concreto del problema mundial de la emigración. Pero podemos encontrar, en diversos grados, el mismo horror en las migraciones de la «segunda zona».

Traigo aquí el testimonio de un emigrante hacia Sudáfrica: Aunque le habían prometido un coche cómodo y elegante, el Sr. Giro recorrió la primera etapa de su viaje –la travesía de Kenia y Tanzania– en un minibús abarrotado. De todas formas todavía tuvo suerte, porque la otra mitad del grupo de 76 etíopes del que formaba parte hizo el mismo trayecto escondido en un cargamento de madera en la parte posterior de una furgoneta. Los dos vehículos tomaron carreteras secundarias en mal estado, circulando mayoritariamente de noche para evitar ser detectados. Los policías que encontraron por el camino los dejaron pasar a cambio de vasos de vino. Justo antes de la frontera de Malawi, los traficantes del Sr. Giro hicieron bajar a los emigrantes en medio de la nada y los dejaron allí sin comida ni bebida durante cinco días para ir a investigar la ruta a seguir (…) «Compartimos la poca agua que teníamos y comimos hojas» recuerda el Sr. Giro. «Algunos enfermaron debido al calor y al paludismo y cuatro personas murieron mientras esperábamos» (…) Una semana más tarde, mientras el Sr. Giro tenía dificultades para respirar en la parte trasera de un camión mientras atravesaba Mozambique, 42 etíopes murieron asfixiados en otro camión que atravesaba el centro de Tanzania. El conductor abandonó los cadáveres y los 85 supervivientes a mitad del camino y continuó su ruta. Aunque no hubo que lamentar muerte en el camión en el que viajaba el Sr. Giro, 16 de las personas que se hallaban en el camión cargado de madera, murieron durante el viaje. Podríamos extrapolar estos hechos al mundo entero y principalmente al paso de los emigrantes de América Latina a Estados Unidos (26).

De una manera u otra, la mercancía fuerza de trabajo halla un punto de utilización o de mantenimiento en la reserva en este almacén de depósito que configuran los distintos campamentos. Dejamos de lado a los que se entregan a piezas, en los tráficos de órganos (27). El tráfico de niños también está muy cotizado, de gran rentabilidad después de la esclavitud industrial, doméstica o sexual, la reventa para adopción o el tráfico de órganos (28).

Las restantes pérdidas en el stock global de esta mercancía, que tienen lugar a lo largo de los desplazamientos y que se ven explotados mediáticamente para lograr la aceptación de una inyección de fuerza de trabajo barata en las economías nacionales, aparecen como irrisorias teniendo en cuenta los millones de emigrantes y su constante renovación; parece reducirse todo a una relación pérdida-beneficio en el comercio de una mercancía que, vista desde este ángulo es un negocio muy rentable.

Otro aspecto del que se habla poco es el de la devaluación de su fuerza de trabajo que acompaña al emigrante. No es algo parecido a la mutación tradicional de un campesino, de un obrero agrícola o de un artesano en un obrero industrial o empleado en los servicios, sino en el hecho que el emigrante tuvo en su país de origen una actividad profesional en un determinado sector económico con un nivel de cualificación y de posición jerárquica. La mayoría de las veces este emigrante, cualquiera que haya sido su situación anterior, se ve reducido al nivel más bajo de la condición de proletario. Muchos obstáculos le harán difícil su inicial buena voluntad de inserción: lengua, diferencias técnicas, culturales, de asignación geográfica, racismo, reglas jurídicas,

Por otro lado, la inacción en los campos (que concierne a la mayoría de los emigrantes actuales) y la condición de «asistido permanente» conllevan una descalificación en un mundo en continua evolución técnica acelerada. Algunos campos permanentes han logrado, sin embargo, organizar formaciones escolares y profesionales, pero en la mayoría de ellos, los emigrantes no tienen acceso a nada.

Los campos de refugiados, reservas de la fuerza de trabajo

En la red de la emigración, un poco como en el Juego de la Oca, caer en una casilla de retención más o menos larga, puede ser la trampa en la que puede caer el emigrante. Esta casilla es el «campo» cuyo origen, naturaleza y características pueden ser muy distintos (29).

Es evidente que estos campos de refugiados llevan existiendo desde hace mucho tiempo, pero después del final de la Segunda Guerra Mundial, los primeros de cierta envergadura han sido coetáneos a la constitución del estado de Israel (1948) y la expropiación de los palestinos. Una gran parte de ellos se vieron deportados a campos en Líbano (el campo de Chatila en Beirut se creó en 1949), Jordania y Cisjordania; continúan estando allí después de dos generaciones, con una permanente engañosa esperanza de retorno al país del que fueron expulsados.

Podemos encontrar este tipo de campos que son subproductos de guerras, especialmente en África y actualmente alrededor de Siria. Estos campos «oficiales» reagruparían unos 15 millones de refugiados en el mundo.

Un solo ejemplo: el campo de Dadaah en Kenia, ceca de la frontera con Somalia, acoge a más de 400.000 refugiados, principalmente somalíes, huyendo del caos instalado en su país, en algunos casos desde hace tres generaciones. Es el mayor del mundo, una verdadera ciudad que ha desarrollado una actividad comercial y del que solo 500 personas han logrado salir de él ya que la mayor parte no puede pagarse el pasaje (30).

En los campos «oficiales», se asegura un mínimo de subsistencia proporcionado por la ONU y/o las ONG, pero este mínimo casi no existe en los campos «salvajes», más o menos improvisados pero convertidos en permanentes, cuyo modelo, si puede llamarse así, es la jungla de Calais (6.000 emigrantes a los que debemos añadir los 3.000 del anexo de la jungla en Grande-Synthe, en la aglomeración de Dunkerke).

Estos campos «provisionales» se han multiplicado durante los últimos años como consecuencia de una tremenda e hipócrita decisión política relativa a los emigrantes sirios, los más numerosos en la actualidad. De los 14,5 millones de sirios que han huido de su país, el 40% se halla en campamentos en Turquía, en Jordania, en Libia y en Egipto. La decisión alemana de acoger un millón trescientos mil sirios ha conferido un barniz humanitario a la fría política Merkel mientras que en realidad solo ha actuado en beneficio del capital alemán, necesitado de mano de obra a causa del déficit demográfico (se olvida a menudo que en Alemania viven desde hace muchos años de 4 a 5 millones de Turcos y Kurdos por lo que la integración de los sirios no sería demasiado problemática). La brutal decisión de cerrar el grifo, rompió de repente la cadena mientras muchos sirios respondiendo al llamamiento alemán se hallaban en diferentes países etapas del viaje. Las fronteras se han ido cerrando progresivamente, obligándoles, al igual que los emigrantes de Calais o de Libia, a instalarse en el lugar en campamentos improvisados; todo esto ha ido sucediendo como en un efecto dominó hasta la frontera turco-siria.

Turquía cuenta con más de 2 millones de refugiados sirios en campamentos más «clásicos» donde, aquellos que huyen de la muerte bajo los bombardeos rusos de Alepo se ven aparcados en campamentos improvisados en el lado sirio de la frontera sin verse liberados de la amenaza de la guerra. La existencia de estos campamentos salvajes producto de decisiones políticas se convierte en sí misma en un elemento de transacción política mediante chantaje – «ayudadnos financieramente o abrimos las compuertas y os invaden». Estos campos provisionales plantean a los estados de los Balcanes un problema real: con un índice de desempleo que puede llegar a más del 30% de la población activa y con unas economías a la deriva, ¿cómo pueden acoger humanitariamente a estos miles de refugiados bloqueados en su territorio y satisfacer temporalmente a estos vecinos sin ayuda externa? Es especialmente el caso de Grecia, un primer eslabón de la cadena evasión-invasión en la Unión Europea de los refugiados sirios: podrían decir «cerramos nuestras fronteras si nos condonáis la deuda sino, los dejamos pasar». Una solución sería, parece ser, que Europa financiara la construcción de un campamento permanente capaz de absorber alrededor de un millón de refugiados sirios (31).

Otra fórmula puede verse en los campamentos de retención, donde los «huéspedes» solo están un tiempo determinado y se renuevan constantemente al ritmo de las «cazas» al emigrante: los 1.000 centros de retención conocidos, reagruparían, en un momento u otro, más de 1 millón de estos «huéspedes» pasajeros (32).

Pero existen campamentos todavía más siniestros y secretos como el de Misrata donde se hallan encerrados en las peores condiciones 20.000 emigrantes arrestados en Libia. 200.000 prisioneros políticos estarían pudriéndose en los campamentos secretos de detención de Bacher Al-Assad, y no se sabe cuántos en otros equivalentes en Etiopía o en Sudán del Sur. Tan siniestros como secretos, en los confines del sur de Birmania, existen campamentos clandestinos «privados» que albergarían a más de 140 000 «residentes» bangladesíes o minorías oprimidas birmanas, mitad campamentos de tránsito, mitad campamentos de la muerte tal como pone a la luz el descubrimiento de fosas comunes. Los campamentos, cualesquiera que sean, forman parte de un ciclo industrial, empezando por el suministro de las innumerables tiendas de campaña, de un mínimo de estructura vial, de las conducciones de agua y electricidad y los suministros alimentarios. Si la Unión Europea puede conceder 30 millones a Ucrania para el mantenimiento de los centros de retención y de los campamentos de tránsito, podemos imaginarnos un poco la totalidad de la financiación de origen diverso de los campamentos «oficiales». Es aquí donde interviene la industria. Para asegurar los servicios en los campamentos se convocan concursos de ofertas a nivel internacional. Un cierto número de empresas que operan en el plano internacional presentan sus ofertas. A la más económica le toca la lotería y ofrece a los emigrantes en función de lo que ha recibido. Conocemos algunas de estas sociedades: Serco, Mitie and Geo Group, Broad Spectrum, Transfiel Services (que ofrecen también servicios a las cárceles) (Ver http://business-humanrights.org), que declara en su web: «Trabajamos con todos para hacer progresar los derechos humanos en el mundo de los negocios». Sus accionistas son a veces fondos de pensiones cuyas finanzas se desvían un poco, no por motivos morales sino por falta de rentabilidad. En realidad es una actividad mucho menos documentada que la del tránsito de emigrantes en cuanto a la rentabilidad.

Nos queda una cuestión, la más importante para el emigrante portador de la fuerza de trabajo. El campamento es una especie de almacén de la mercancía fuerza de trabajo a la reserva en vistas a un posible futuro productivo. En cierta manera, la estancia en el campamento puede tener efectos contradictorios: por un lado la inacción y la rotura con el mundo exterior en permanente evolución, conlleva una devaluación de la fuerza de trabajo del emigrante y por otro, la auto-organización del campamento puede permitir, como en Dadaah en Kenia, elevar el nivel de instrucción y desarrollar formación de cualificación, de forma que hoy en día se puede afirmar que el nivel de instrucción y cualificación es ampliamente superior a la media de la población local de alrededor.

Pero de todas maneras, el ingreso en un campamento representa para muchos una larga estancia: la falta de dinero de la mayoría les impide poder contactar con alguna red de emigración. Queda una vía trágica que, aunque limitada (afecta presumiblemente a más de 100.000 personas), está presente cual espada de Damocles sobre «cualquier cabeza» que habite un campamento. Que alguien asegure a uno de estos habitantes de un campamento que hay una posibilidad de salir hacia un país de acogida (en el caso de nuestro ejemplo, Israel). Es lo que hacía un guardia o un reclutador que cobrándole cien euros a un emigrante ingenuo lo presentaba a un traficante, este último lo revendía a otro traficante y así, pasando de una mano a otra, el emigrante acababa en un centro secreto en el desierto del Neguev valorado en 1.000 euros que debía pagar si quería entrar en Israel. Su familia en sentido amplio que se había quedado en el país era la que debía pagar el rescate y, para convencerles se les enviaba, vía Internet y iPad, imágenes de sesiones de tortura. Si no pagaban, mataban al emigrante y sus órganos se vendían para trasplantes. La construcción del muro ha puesto fin a esta red, pero otras parecidas existen, principalmente en Libia (33).

Podríamos considerar como campamentos de refugiados las acumulaciones de emigrantes en el interior de los estados que se aglutinan en una especie de gueto en la periferia de las ciudades, principalmente del Tercer Mundo. Es cierto que tienen la posibilidad de salir, ya sea para lograr un trabajo y una residencia fuera del barrio de chabolas o bien para entrar en las redes de la emigración, pero muchas veces su falta de recursos es una barrera tan infranqueable como las alambradas de los campamentos oficiales.

Migraciones y socialización

Uno de los aspectos a menudo más tenidos en cuenta al explicar el crecimiento y auge del capitalismo es la constatación de que al reagrupar a los trabajadores en una única unidad se creaba una colectividad unida en una idéntica condición, en un único espacio: la fábrica; esta forma de socialización se oponía a la individualización anterior de unidades individualizadas de producción dependiendo de un solo patrón. Se citaba como ejemplo lo que constituía uno de los primeros reagrupamientos, el de los tejedores que pasaron de trabajar en su domicilio a tejer reagrupados en una sola fábrica. Es solo en parte exacto ya que anteriormente existía otra forma de sociabilización tanto en estos productores independientes como en los campesinos para los que el desarraigo iba a constituir lo esencial de la fuerza de trabajo inicial del capital. Lo testifican por ejemplo los movimientos colectivos de los campesinos locales o generales a lo largo de la Edad Media hasta nuestros días. Como el capital ha destruido siempre los sistemas preexistentes para desarrollarse, la socialización que introducía tomaba el relevo a las preexistentes. Pero le resultaba nociva: esta socialización estaba en el origen de las resistencias individuales y colectivas de manera que el capital se hallaba en la necesidad, para que el proceso de producción funcionara sin sobresaltos, de eliminarlas o integrarlas. Es lo que se manifiesta a lo largo de su evolución desde su consolidación.

Las migraciones de diferentes tipos surgían de ámbitos nacionales, que se han desarrollado desde la mitad del siglo XIX, primero de Europa hacia América, después inter europeas, para pasar a ser internacionales como lo son hoy en día, presentan todas el problema de la destrucción de una socialización en el país de origen del emigrante, que encuentra otra forma de socialización, ya sea durante el trayecto o en su asentamiento en el país de acogida. Es lo que sucede a los emigrantes en nuestro tiempo, pero en las recientes migraciones, especialmente de Asia hacia Europa, la destrucción de la sociabilización de origen es evidente en la partida pero, por el contrario, nada sabemos de lo que será en los países de acogida. En este crisol que son las migraciones de hoy en día, se acostumbra a menudo a fijar la atención en los conflictos en las divisiones naturales derivadas de las nacionalidades, religiosas y/o étnicas, reproduciendo una socialización parcelada de origen o también en esta división artificial introducida por los países de acogida entre refugiados y emigrantes económicos, o social entre los ricos y los insolventes.

No se habla mucho de esta socialización, quizás efímera, que no puede dejar de tejerse aunque sea bajo formas muy elementales entre emigrantes del mismo origen y emigrantes de cualquier origen: esta socialización solo puede surgir de la condición común en la que se les ha colocado. Existe, pero nadie habla de ella, pertenece a la dinámica de las relaciones humanas. Esta cuestión pudo plantearse en el pasado, por ejemplo con los emigrantes que atravesaban el Atlántico para llegar a Estados Unidos, pero se daba mucho menos en las migraciones nacionales o inter europeas, que eran a menudo más individuales.

Esta socialización efímera puede incluso alargarse en el país de acogida, pero aquí también nos hallamos en un terreno desconocido y solo podemos enunciarlo. De todas maneras, estas formas transitorias de socialización se verán absorbidas por la socialización global del capital bajo sus formas nacionales.

El objetivo del viaje: la inserción del emigrante-fuerza de trabajo en el «país de acogida»

Desde el momento en que el emigrante ha encontrado de una manera u otra cierta sedentarización en el país de acogida, otro tipo de industria se pone en marcha para proporcionarle alojamiento, comida, cuidados, reconversión profesional… Pero no todos tendrán las mismas posibilidades.

Aquí reaparece la gran división, artificial pero real, entre refugiados (emigrantes políticos) y emigrantes económicos. Los primeros son los únicos que pueden «beneficiarse» del derecho de asilo, o sea de autorización para quedarse más o menos tiempo en un país concreto. Su «acogida» no es, en principio, tarea de las ONG, pero en último término éstas deben asegurarle un mínimo vital.

La diversidad de situaciones solo nos permite mostrar algunos ejemplos, más allá de los casos relativamente frecuentes, en las que el emigrante encuentra ayuda a través de las relaciones familiares o de origen (caso frecuente entre los latinos emigrantes en EEUU). Algunos ejemplos de «soluciones de urgencia»: en Viena, una familia de tres miembros es alojada en un hotel de gama inferior convertido en centro de acogida; el posadero recibe 19 euros del Estado por día y por persona para darles un mínimo alojamiento y tres comidas al día y como resultado se embolsa 65.000 euros al mes por albergar bajo mínimos en un sórdido hotel a 150 emigrantes llegados a «la Tierra Prometida».

En los diversos países de acogida de los refugiados encontramos un montón de fórmulas parecidas, ofrecidas durante un período más o menos largo con complementos, principalmente para el aprendizaje de la lengua u otros tipos de formación. Pero es muy difícil adelantar una cifra del dinero dedicado a los refugiados por las colectividades públicas, tanto más porque los refugiados se hallan a menudo dispersos.

Este tipo de soluciones de alojamiento provisional existen un poco por doquier en Europa y a menudo se convierten en un jugoso negocio tal como nos muestran muchos casos. Amontonar a cinco o seis emigrantes pagando cada uno 20 euros al mes en una sola habitación y por la que, además, se reciben 30 euros al mes de subvención local es un negocio «interesante» para un hotelero hasta tal punto que en Alemania, la oferta hotelera se ha quedado corta perjudicando a la vez la reserva hotelera habitual (viajeros diversos y turismo). En Suecia, en Skarn (10.000 habitantes), un antiguo sanatorio transformado en centro de acogida recibió 12 millones de euros de subvenciones en 2014 de los cuales obtuvo un beneficio del 10%; esta misma empresa tiene otros 32 centros en el país. En este mismo país, 250 centros de acogida recibieron un total de 191 millones de euros. Los mismos grupos de los que hemos hablado con respecto a los campamentos, trabajan también en este suministro de «servicios a los refugiados» (34). En Dinamarca se han planteado incluso hacer pagar al emigrante su estancia obligándole a dar la totalidad de lo que había logrado conservar (dinero, joyas, etc.) si el valor superaba los 1.340 euros; no sabemos si finalmente se ha llevado a la práctica.

Vemos que los emigrantes económicos o los excluidos del derecho de asilo tienen que valérselas por sí mismos o depender de la solidaridad de los habitantes del lugar. Se aglutinan con los «sin techo», acampan por cualquier sitio, ocupan y comparten de expulsión en expulsión los espacios más precarios. Algunos consiguen un trabajo en negro e incluso un alojamiento. O también se les deja al cuidado de asociaciones que deben suplir las insuficiencias gubernamentales en la materia aunque están sufriendo una rebaja importante de las subvenciones públicas a causa de los recortes. El control sanitario de los emigrantes, introducido de nuevo con rigor por Sarkozy mediante la transformación de «L’Agence nationale de l’accueil des étrangers et des migrations» (Anaem) en «Office français de l’immigration et de l’intégration» (OFII), incrementó todavía más esta precariedad.

Según el país en el que se hallen, estos emigrantes pueden vivir situaciones de casi esclavitud o igual de peligrosas a las que han tenido que enfrentarse durante la travesía. Así, por ejemplo, los que pasan a Gran Bretaña, de manera clandestina o no, pueden acabar en una verdadera esclavitud moderna en la agricultura, la pesca, los hospitales o en el transporte especial (35). Otros continúan aglutinándose en puntos de paso como Calais. El coste para la colectividad que los acoge reside fundamentalmente en el despliegue de medios policiales u otros para expulsarlos, impedirles reagrupaciones o encerrarlos en centros de retención

 Pero lo que interesa recalcar es la incidencia a menudo positiva que la acogida de los emigrantes puede tener sobre la actividad capitalista local, más allá de las especulaciones mediáticas. Debemos dejar de considerar el problema de los emigrantes bajo los distintos aspectos que hemos señalado para centrarlo solo en los aspectos económicos y más allá de la relación que podemos establecer entre las migraciones modernas y las del pasado.

Concentrarse en los aspectos humanitarios y/o políticos esconde las realidades económicas: en Francia, más de una tercera parte de la población proviene de la emigración. Esta antigua emigración de entre las dos guerras es prácticamente invisible en el conjunto de la población. No sucede lo mismo con los emigrantes recientes, principalmente magrebíes y negros que aunque les haya sido difícil integrarse económicamente, se enfrentan a una discriminación permanente que les dificulta el acceso a ciertos servicios. Podemos suponer que Francia no es una excepción en esto y que estas discriminaciones más o menos importantes y/o teñidas de racismo existen en todos los países del mundo. Si algunos han señalado el poco interés de los refugiados sirios en escoger Francia como país de asilo, se les puede recordar que a lo largo de 2015, 80.000 refugiados han pedido asilo, que se calcula que en 2013 hubo 235.000 emigrantes ilegales (15.000 de los cuales fueron expulsados y 95.000 están en tránsito) lo que demuestra que, aunque moderadamente, Francia continúa siendo un país de inmigración.

Respecto a Estados Unidos, se habla mucho de los obstáculos en la frontera mejicana, pero desde que en noviembre de 2014 Obama presentó –con muchos problemas– un proyecto de regularización bajo condiciones de 5 millones de sin papeles sobre los 11 millones de ilegales presentes en el territorio de las Estados Unidos (número estable estos últimos años) queda claro el reconocimiento de la utilidad para el capital americano de estos millones de emigrantes que debido a la llamada de esta puerta abierta llegaron a la frontera (36). Estados Unidos continúa siendo el principal destino para los emigrantes que en 2015 sumaron la cifra de 46 millones llegados durante los últimos setenta años; aunque esta emigración se ha reducido, representa sin embargo la cifra de 200.000 personas al año, saldo migratorio teniendo en cuenta las expulsiones (400.000 en 2014). Gran Bretaña, debido al «embudo» de Calais, da la impresión de un cierre total a la emigración, pero el país contó con la entrada de 260.000 emigrantes entre junio de 2013 y junio de 2014 y, en el período 2010-2012, 643.800 emigrantes atravesaron el Canal de la Mancha (37).

El impacto económico de las migraciones

Un laboratorio de investigación inglés ha realizado recientemente un estudio prospectivo y multisectorial (demográfico, económico, antropológico, etc.) para ver qué sucedería si se abrieran todas las fronteras. El resultado es concluyente: todo el mundo saldría ganando, incluso la economía del sistema capitalista.

Es un tema complicado cuya diversidad de elementos puede generar un buen número de incertidumbres debido a la clandestinidad e ilegalidad y las numerosas controversias que conllevan, a menudo a un nivel puramente nacional con dimensiones políticas predeterminadas que dificultan una aproximación global, tanto en el conjunto del globo como en el conjunto de los elementos, desde el inicio del viaje del emigrante hasta su utilización como fuerza de trabajo.

En el período precedente a los 70, cuando el capital necesitó esta inmigración para su desarrollo mundial, se absorbieron sin ningún tipo de problema grandes movimientos de poblaciones que contribuyeron al apogeo de estos países: 150.000 judíos rusos hacia Europa en los 1900, 700.000 republicanos españoles a Francia en 1937, un millón de «pieds noirs» argelinos a Francia en 1962 que también acogió a 170.000 «boat people» del Sudeste asiático.

Quisiera fijarme, antes que nada, en una repercusión de la que no se habla mucho. Es respecto al origen del fenómeno de la emigración que, en nuestros días, conlleva a menudo una «movilización» financiera, es decir, la conversión en dinero (exceptuando las joyas que podrán negociarse a lo largo del trayecto) de las posesiones familiares en tierras, inmuebles y otro tipo de instalaciones o materiales que permitían sobrevivir hasta aquel momento. Esta conversión de capital inmovilizado en capital monetario tiene repercusiones: por un lado provoca la entrada de nuevos capitales en los circuitos financieros. Una pequeña parte se gasta durante el trayecto donde el dinero en metálico o los valores que el emigrante lleva consigo se ven sustraídos en cada etapa de la red, con una increíble rentabilidad para los depredadores. Una parte más importante de estos haberes no va a los circuitos de consumo sino a los circuitos de blanqueo de dinero y acaba acumulándose en las cajas fuertes de los bancos. Aunque podamos considerar esta operación como favorable para el capital solo en este estadio de salida y traslado del emigrante, difícilmente podremos considerar las consecuencias negativas que esta liquidación de bienes materiales (tierras, inmuebles, empresas…) puede tener sobre las estructuras económicas y sociales del país. Es muy probable que contribuyan a la desestabilización de distintos países de África por ejemplo, o de Siria, del mismo modo que las migraciones internas destruyen el equilibrio ancestral en el campo, provocando por efecto boomerang nuevas migraciones. Solo para llegar a Europa, los emigrantes gastarían mil millones de euros al año y los países a los que se dirigen, más o menos la misma cantidad para pararlos. Si estos miles de millones no van a parar a los mismos bolsillos (lo que no es seguro), son la fuente de grandes beneficios que van a parar a los circuitos financieros internacionales (38). En estos países-reserva de emigrantes, ¿qué impacto tiene en su balance económico el dinero enviado a la familia de origen? Estas transferencias representaron, en 2015, la cantidad de 600 mil millones de euros en el mundo entero (39).

¿Cuál puede ser para los «países de acogida» el balance de las migraciones en el marco nacional? En 2014, las migraciones globales en los países de la OCDE representaron 4,3 millones de emigrantes de los cuales 800.000 pidieron asilo, mientras que en Estados Unidos, en el período de 2006 a 2014, el número anual de inmigrantes nunca fue inferior a 4 millones (40). Estos elementos pueden fluctuar mucho por distintas razones, lo que hace más difícil un estudio de la cuestión: en Alemania, durante el período 2006-2013, el número de llegados creció un 101% (las cifras revelan que desde 2009, Alemania optó por aumentar la llegada de inmigrantes y que la actual actitud es el remate de una política deliberada y no una invasión descontrolada). Durante este mismo período el aumento fue de un 26% en Francia, de un 51% en Corea del Sur. Por el contrario, otros países europeos experimentaron durante el mismo período una caída de la inmigración: -15% en el Reino Unido, -57% en Italia, -72% en España, -37% en Portugal y -67% en Irlanda (41). Respecto a los sirios de la reciente emigración, dominan los jóvenes y mejor formados (42). El problema hay que abordarlo en distintos períodos: el corto, el medio y el largo plazo cuya mezcla puede dar a menudo apreciaciones contradictorias que permiten su explotación política.

A primera vista, el corto plazo debe verse como completamente deficitario, por lo menos para los refugiados que podrían beneficiarse de medidas de acogida (alojamiento precario y a veces una mínima ayuda alimenticia); otorgadas sin contrapartidas pero por un tiempo limitado por las organizaciones públicas. Respecto a los emigrantes económicos «ilegales», deben arreglárselas por sí solos o con la solidaridad de las ONG y/o de las poblaciones locales. El coste que representan es el de su persecución, de su eventual retención y de su expulsión (que puede llegar al absurdo, como sucede en Francia con la operación que consiste en transferir en avión diariamente a un grupo de emigrantes «refugiados» que pretendían pasar a Gran Bretaña al centro del país o cerca de la frontera española. Si en Alemania el coste de las recientes migraciones asciende a 23 mil millones, esta situación puede provocar tensiones financieras en cualquier país cuyos ingresos se vean lastrados por la crisis (43).

Las turbulencias políticas que puede provocar esta hemorragia financiera pueden venir acompañadas de un malestar social más serio. En Sudáfrica, los disturbios raciales anti-emigrantes han llegado recientemente al linchamiento, mientras que en Alemania, el incendio de los centros de retención es la diversión favorita y frecuente por parte de los grupos neonazis. La «jungla» de Calais se ve a menudo consternada por comandos nocturnos que secuestran y linchan a los pobres emigrantes que encuentran en su camino de violencia. Podemos encontrar también la misma violencia en el interior los grupos nacionales de emigrantes entre sí. A menudo toda la política interior de los países de acogida así como los de tránsito puede verse seriamente perturbada, pero es muy difícil calcular el impacto económico y/o financiero.

A medio plazo, o sea los años siguientes a la llegada del emigrante al espacio nacional, pueden continuar los mismos problemas, con más razón cuando el corto plazo se renueva constantemente con la llegada de nuevos emigrantes de todas las categorías. «A corto plazo, como en un espacio de tiempo más largo, durante los dos últimos decenios, el efecto del flujo migratorio es positivo…todas las variables económicas estudiadas tuvieron un efecto positivo para Francia, incluso en el corto plazo» (44).

Por lo que respecta al largo plazo, antes de 1972, no se cuestionaba el efecto positivo de la inmigración; los emigrantes fueron los constructores e impulsores del despegue de la potencia americana, del resurgimiento del capital francés de los «treinta gloriosos»», de la reconstrucción de la República Federal Alemana después de la Segunda Guerra Mundial. Podríamos multiplicar los ejemplos. Hoy en día es efectivamente más difícil dar cifras. Si nos fijamos en Alemania, los 800.000 emigrantes acogidos cuestan 20 mil millones de euros al año, un 0,6 del PIB. Pero por otra parte se prevé que su presencia implique un crecimiento de entre un 0,3 a un 0,7 del PIB en 2020. No dejan de ser especulaciones acompañadas con la incertidumbre que presenta el caos de Oriente Medio y de África y la evolución de la crisis que a la vez que amplía la reserva inmigrante disminuye la necesidad de fuerza de trabajo. Tampoco hay que dejar de lado los cambios que puede experimentar el proceso mundial de la emigración: la pérdida de importancia de la red Sur-Norte y el desarrollo de las redes Sur-Sur (45).

Mutaciones y migraciones. Tendencias originales bajo la cobertura capitalista

Al igual que en otros ámbitos, el capitalismo por su propio funcionamiento y su necesaria expansión, genera perjuicios que es incapaz de detener y resolver. El proceso que acabamos de describir es –en parte– el resultado del funcionamiento del sistema que, a la vez que intenta utilizarlo para su funcionamiento, halla cada vez más dificultades debido al estadio actual de su expansión mundial.

Más allá de estos accidentes de recorrido de la dominación capitalista y de la explotación del trabajo, ¿no se trata de una misma corriente migratoria ancestral, que simplemente se adapta a las formas impuestas por el capital? Por ejemplo, desde antes del capitalismo algunos cambios climáticos debidos a distintas causas, que ya hemos evocado a propósito del Oriente Medio pero que se manifiestan un poco por todas partes, provocaron movimientos de población. Parece que estas corrientes tienen que ver con la evolución global de la población mundial y de las economías, aspectos que el capital no controla (¿Quién puede explicar por qué, a excepción de Francia e Irlanda, Europa se está despoblando?).

Comparada con el continente africano y con el sudeste y este asiático que muestran una población más joven y más pobre, la población de Europa se estanca alrededor de sus 500 millones de habitantes. En 1900, Europa representaba el 25% de la población mundial, hoy en día apenas llega al 7%. En 2050 África contará con 2 mil quinientos millones de habitantes con verdaderas potencias como Nigeria y Egipto. Esta evolución es resultado de la natalidad, de la extensión de la higiene y de los cuidados de la salud y de migraciones internas o de entre estados africanos. ¿Le seguirá, como ha ocurrido en China o India, su correspondiente desarrollo económico?

A largo plazo, hay otro aspecto de las migraciones del que se habla poco, se trata de la transformación de los seres humanos y de las sociedades en las que estos millones de emigrantes se instalan.

Estados Unidos y, en menor grado, Argentina pueden darnos una respuesta a esta pregunta nada desdeñable. Después de más de un siglo de recibir emigrantes de todo tipo procedentes principalmente de Europa, podemos encontrarnos con un típico americano que habla un idioma procedente del inglés pero del que se diferencia y tiene una manera específica de hablarlo, con hábitos alimenticios específicos, con una cultura, principalmente musical y cinematográfica, muy genuina. Es producto del «melting pot» (crisol de razas) que es hoy todavía este país, que sufre una nueva mutación con el progreso de los «latinos» que en breve representaran más de la mitad de la población. Dicho de otra manera, las migraciones producen cambios en la especie humana.

¿Qué le sucederá a Europa que lleva medio siglo inmersa en este proceso? Una respuesta muy limitada podemos darla fijándonos en Francia que logró fusionar las migraciones, casi únicamente de origen europeo, de entre las dos guerras hasta tal punto que hoy en día solo por el apellido podemos deducir el origen de los individuos en quienes podríamos detectar nuevas características originadas por una mutación (el hecho que dirigentes políticos como Nicolás Sarkozy, Manuel Valls o Anne Hidalgo, procedentes de la emigración, puedan acceder a las más altas esferas del Estado, ilustra esta mutación). Este «melting-pot» que se produce en el marco nacional, ¿saltará las fronteras para crear un ser humano europeo? Al igual que era fácil concebir esta evolución con emigrantes de raza blanca provenientes de países vecinos, de tradición religiosa cristiana y de una base cultural común, será difícil de imaginar un «melting-pot» implicando a árabes, negros, cada uno no solo aportando su color sino su religión y costumbres de vida y sus distintos referentes culturales. En algunos terrenos –como en el musical– esta fusión ya se está produciendo. Por un lado podemos lamentar que la mundialización del sistema capitalista lo uniformice todo, haciendo desaparecer toda la riqueza de los particularismos nacionales, étnicos, culturales o religiosos, pero por otro lado podemos observar que en esta uniformización surgen otros particularismos. Lo que es cierto –aunque a menudo difícilmente detectable cuando se están gestando– es que todos los elementos que componen las condiciones de vida y de supervivencia de la especie humana cambian sin parar y que las migraciones solo representan un pequeño aspecto –una gota de agua– en esta evolución. Un comentarista declaraba: lo que nos interesa, no son el 3% mundial de emigrantes, sino el 97% de los sedentarios y ver cómo evolucionan.

La mayoría de las migraciones del pasado llevaban consigo las ideologías y las culturas materializadas en las creencias y religiones de todo tipo. Podemos preguntarnos hoy en día sobre la impregnación religiosa que toman las distintas corrientes que alimentan las protestas y conflictos en el interior del capitalismo, guerras abiertas u otras. Aquí también una realidad puede esconder a otra: mientras los conflictos se focalizan entre aquellos que desde los judíos a los musulmanes, proceden de una creencia en un mismo dios, el de la Biblia, otros conflictos muy reales pero poco mediáticos oponen en Asia estos mismos exégetas de la Biblia y de su dios guerrero con todas las variantes de un Buda hedonista y pacífico (más de la mitad de la humanidad actual). Lo que nos devuelve a las migraciones originadas por estos conflictos de Extremo Oriente.

Queda abierta la discusión sobre el conjunto de cuestiones que hemos evocado.

 

Henri Simon

 

 

 

NOTAS

 

(1) Para algunos (como Eric Williams [1911-1981] historiador y primer ministro de Trinidad-Tobago, en su libro Capitalisme et Esclavage [Ed. Présence africaine, 1968]), el capitalismo nace en la sociedad de la plantación y el comercio triangular. Una forma muy moderna de capitalismo cuando leemos los lazos más que estrechos entre negreros-banqueros-corsarios y propietarios de la industria que a veces incluso era la misma persona. Algunos bancos especularon incluso con el precio de los esclavos. «Anticipándose a la abolición de las trata de negros, ellos [la Ship Bank] especularon a gran escala sobre la compra de esclavos. Finalmente la ley no se votó. Los esclavos tenían que ser vestidos y alimentados, por lo que su preció sufrió una bajada sensible y las enfermedades se los llevaron por delante a centenares. La empresa quebró en 1795 y significó el mayor fracaso financiero que Glasgow había visto. Williams demuestra también que los beneficios del comercio triangular sirvieron para financiar las industrias metalúrgicas (la máquina de vapor, por ejemplo) u otras industrias británicas (industria de la pizarra, del algodón). Los beneficios sirvieron también para la expansión de las compañías de seguros (Lloyd’s).

(2) « Germany debates how immigration affects crime », Financial Times, 17 enero 2016, y « The numbers game», Financial Times, 2 diciembre 2014.

(3) Investigación llevada a cabo por el «Institut für Wirtschaftsforschung (Ifo)», institución radicada en Munich y especializada en temas económicos, citado en «German employer pessimistic about the chances of finding work for low skilled refugees», Financial Times, 27 noviembre 2015.

(4) «The migration numbers game», Financial Times, op. cit.

(5) «Human traffic king. Brazil slaves face death threat and debt », Financial Times, 8 diciembre 2015.

(6) «N Korean ‘ghost ships’ wash up on Japanese shores», Financial Times 4 diciembre 2015 (https://next.ft.com /content/a0d56d1e-9a63-11e5-bdda-9f13f99fa654).

(7) Partner Relief & Development, 19 marzo 2014. Tailandia explota en las peores condiciones y en los trabajos más duros (transporte, limpieza doméstica, prostitución) a 2 millones de emigrantes procedentes de Birmania, de los cuales 200.000 provienen del país de Shan, en el Nordeste de Birmania en la frontera de China con Tailandia, la mayoría ilegales, no tienen derecho a ningún servicio social que están reservados a los tailandeses.

(8) «Le peuple le plus persécuté du monde» Le Figaro, 11 mayo 2015. Los Rohinyas son un grupo étnico musulmán del Sudoeste de Birmania en el distrito de Arakan, región costera y montañosa cercana a Bangladesh. Fueron expulsados por la junta militar de la nacionalidad birmana y todas las acciones contra ellos tienen por objetivo el control de esta región petrolera. Limpieza étnica, coacciones para exilarse a Bangladesh o a Malasia donde son rechazados al igual que en Indonesia o Australia (en tres meses de 2015, 25.000 personas fueron devueltas al mar) 140.000 están encerradas en campos en condiciones atroces, objeto de cualquier tráfico posible. En Malasia se descubrieron 139 fosas comunes en 29 campamentos de tránsito. («Les damnés de la mer» Libération 17 mayo 2015; Wikipedia, Euro News 25 mayo 2015).

(9) En Sudáfrica sobreviven 5 millones de emigrantes ilegales (10% de la población) de los cuales 3 millones son zimbabuenses. El aumento del desempleo, de las desigualdades, de la pobreza, de la contaminación y de la corrupción hace que, con la crisis, empeore la condición de los nativos negros. Como sucede siempre, la tensión social se desvía hacia los enfrentamientos con los emigrantes y con los zimbabuenses en particular. Los disturbios raciales de abril de 2015 provocaron 7 muertos y 300 detenciones. Más de 300 comercios de emigrantes fueron quemados al igual que decenas de alojamientos en estos disturbios que algunos consideran como verdaderos pogromos. (Wikipedia,UN Dispatch, 16 abril 2015). Respecto a Sudán del Sur: «Les récits hallucinés de l’enfer sud-soudanais», Le Monde 31 octubre 2015.

(10) Aparte del caso extremo de la prostitución, las migraciones de mujeres – principalmente africanas, pero también en la Guayana con las brasileñas – pasan por el hecho de casarse con un europeo. Se puede observar en las ciudades del Sur la existencia de gigantescos cibercafés repletos de mujeres intentando seducir a un posible marido utilizando webs de citas y las redes sociales. De manera anecdótica pero simbólica podemos encontrar también situaciones parecidas en emisiones de reality show, por ejemplo en la 1ª cadena de la televisión francesa. De esta manera podríamos tener una perspectiva de «liberación» (esencialmente de su situación de pobreza) de la mujer africana pero que representa una postura «antifeminista» a ojos de las europeas: la de una mujer dócil y sumisa a su marido.

(11) Con la caída de Gadafi, los pueblos del Chad, por ejemplo, se enfrentaron a una situación catastrófica ya que perdieron la inyección financiera que representaba desde hacía muchos años la diáspora establecida en Libia. La vuelta de los chadianos que residían en Libia (debido principalmente a la evacuación organizada por la OIM) tuvo un doble efecto catastrófico : la interrupción de la llegada de transferencias del exterior y el aumento de bocas que nutrir además de los conflictos sociales: muchos de los emigrantes se encontraron a su vuelta que las inversiones de sus ahorros y de sus bienes domésticos habían sido expoliados por sus vecinos y familiares, etc.

(12) Cualesquiera que sean las mejoras (reducción del trayecto, leyes sobre la higiene y las condiciones de transporte), la estancia en el entrepuente de un barco es difícil, como testimonia Edward Steiner en 1906, en On the Trail oh the Immigrant (reedición BiblioLife, 2008): «La distribución del entrepuente no cambia mucho, al igual que su emplazamiento: situado siempre encima de las vibraciones de las máquinas, mecido por el brusco ruido de la chatarra en movimiento y el rechinar de los amarres. Se llega a él a través de una estrecha escalera de viscosos y resbaladizos peldaños. Una masa humana, catres nauseabundos, lavabos asquerosos: así es el entrepuente que es también un sospechoso amalgama de distintos olores, peladuras de naranja, tabaco, ajo y desinfectante. Ningún confort, ni una silla. La comida mediocre, servida en enormes recipientes se reparte en unos cuencos suministrados por la compañía. Las ganancias conseguidas por las compañías de este transporte de emigrantes son enormes en función de su volumen y la competencia entre ellas es feroz».

(13) los «hobos» son trabajadores itinerantes que cruzan los estados a la busca de pequeños trabajos y de variadas artimañas. Son uno de los resultados de los profundos cambios que afectaron a la sociedad americana de principios del siglo XX. Intentan huir de la miseria, viajan por la carretera, o de manera clandestina en los trenes de mercancías. La imagen del hobo es inseparable a la del tren. Muchos hobos se reúnen a lo largo de las vías ferroviarias en puntos de acogida más o menos improvisados. Intercambian información sobre la posibilidad de encontrar trabajo y de llevar una vida estable. Cuando no se hablan de viva voz, los hobos dejan símbolos dibujados con tiza o con carbón. Este sistema de símbolos tiene por finalidad informar y prevenir a los demás (lugares donde encontrar un tren para dormir, presencia habitual de la policía, comidas calientes, perros peligrosos, etc.) Este lenguaje es un conjunto de signos que podemos encontrar a veces gravados en las paredes de los edificios de las ciudades, indicando si la casa es acogedora o, por el contrario, suelta los perros.

(14) Por ejemplo, el hundimiento del precio del petróleo podría desestabilizar países que viven de la renta del petróleo como Argelia o Nigeria y lanzar a las rutas del exilio a millares de personas víctimas del fin de las subvenciones a los productos básicos y la inflación consecuente.

(15) « A Lesbos, les migrants continuent d’affluer », Le Monde, 9 enero 2015.

(16) Ver « Murs », Echanges n° 153 (otoño 2015) y « Les parias à l’assaut de la forteresse Nord », Echanges n° 148 (verano 2014).

(17) «Desde principios de 2015, casi 4.000 peticionarios de asilo han hecho un larguísimo rodeo a través del norte para atravesar la frontera entre Rusia y Noruega, país miembro del espacio Schengen aunque no pertenece a la Unión Europea. En 2014 solo fueron 10. Citado en «Migrants: frictions entre la Norvège et la Russie avec l’essor de la route arctique» despacho de la agencia AFP del 10 de noviembre de 2015, citada por muchos informativos. Una triple valla, una de las cuales de 7 m. de alto, protege los enclaves españoles de Ceuta y Melilla, aunque cada mes unos 1.000 emigrantes logran traspasarla mientras 80.000 esperan hacer lo mismo al otro lado (Europe1 radio, 19 enero 2014). Entre Méjico y Estados Unidos, una barrera de 5 m. de alto con 1.800 torres de control y 18 000 «patrullas fronterizas» cubierta a cada lado por 2 m. de alambradas, con un camino de ronda y una fosa que impide el paso en coche, se puede atravesar por más de 200 túneles. Para la droga utilizan catapultas o drones.

(18) Algunos ejemplos. Estambul-Lesbos, precio medio 2.800€ por emigrante (Financial Times 16 junio 2015). Una familia siria de tres miembros deberá pagar 5.000€ para ir a Alemania (Financial Times 22 abril 2015). Según el Financial Times (11 de octubre 2015), el negocio del tránsito entre Siria y los Balcanes se habría «organizado» y racionalizado para aumentar la seguridad (es una manera de hablar!), evitar cualquier tipo de percance (principalmente con las autoridades y los medias) con una cifra mínima de traficantes (menos de diez), presentando una oferta diversificada (incluyendo el avión para los más ricos) y un precio medio de 7.000 euros (con una reducción del 50% para los menores de 8 años), mientras que solo cuesta 600 euros pasar de Libia a Lampedusa, pero con mucho más riesgo. Como en todas partes, la seguridad tiene un precio. A la cabeza de uno de los más importantes grupos de traficantes de emigrantes, un personaje llamado «El Doctor» está establecido en Estambul y desde allí organiza las expediciones hacia las islas griegas cuyo número puede variar cada noche entre cuatro y quince según el estado de la mar y otros problemas de control. Existe un proyecto de mandar construir un barco de 200 m. de largo capaz de transportar 400 emigrantes a la vez pagando 1.500 dólares en metálico cada uno, desde Turquía hasta la costa italiana donde un grupo de barcas de pesca los llevaría hasta tierra, un barco de estas características podría hacer entre cuatro y cinco viajes al día. («Smuggling rings struggle to stay afloat»,-Redes de contrabando luchan por mantenerse a flote- Financial Times, 14 diciembre 2015).

(19) « The migration numbers game », ONU y Financial Times.

(20) Ver por ejemplo: https://www.ined.fr/ fichier/s_rubrique/23808/fichier.fiche.peda.migrations.monde.fr.pdf

(21) «Personne ne pensait s’en sortir vivant. Les réfugiés du Blue-Sky racontent leur calvaire vers l’Europe », –Nadie pensaba salir con vida. Los refugiados del Blue-Skay cuentan su calvario hacia Europa, Le Monde, 4 enero 2015.

(22) «Les moyens de la répression migratoire », Libération, 18 junio 2015 (http://www.liberation.fr/apps/2015/06/tmf/).

(23) «Frontex, misión européene presque imposible» La Croix, 16 enero 2015. Frontex (Fronteras exteriores) es la agencia europea de gestión de las migraciones. Su sede está en Varsovia. Su poder creciente en el control de las migraciones hacia Europa y su intercepción precisa poderes militares para sus 1.500 vigilantes fronterizos desplegados con la ayuda eventual de los países de la UE por tierra, mar y aire. Con un presupuesto de 238 millones de euros para 2016, esta dotación llegará a los 322 millones en 2020. Actualmente se halla en fase de discusión un proyecto para convertir Frontex en un cuerpo europeo de guardias fronterizos con poder directo para intervenir en las fronteras europeas sin precisar la previa autorización de los países concernidos, lo que suscita mucha oposición.

(24) «Barrera entre Hungría y Serbia» Wikipedia https://es.wikipedia.org/wiki/Barrera_entre_Hungr%C3%ADa_y_Serbia.

(25) http://communisme-ouvrier.info/?Europe-forteresse-Ces-europeens (26) «Les passeurs prospèrent et les tragédies se multiplient                    », Irinnews (www.irinnews.org/fr/report/95877/migration-les-passeurs-prosp%C3%A8rent-et-les-trag%C3%A9dies-se-multiplient). Otros testimonios similares en : « Le long voyage d’un jeune Somalien vers la sécurité en Afrique du Sud », UNHCR, 20  setiembre 2010 ; «        L’enfer des migrants Est-Africains vers l’Afrique du Sud           », Slate Afrique (página web), 30            julio 2012.

(27) « Voyage en barbarie», un documental realizado por Delphine Deloget et Cécile Allégra: «Desde 2009, 50.000 Eritreos han pasado por el Sinaí, 10.000 desaparecieron». Existen varias versiones de este documental difundido por la cadena de televisión Public Sénat y por LeMonde: http://abonnes.lemonde.fr/afrique/visuel/2014/10/13/voyage-en-barbarie-dans-le-desert-du-sinai_4501271_3212.html, y publicado por Le Monde del 1º de setiembre 2014 y por Grands reporters.com (http://www.grands-reporters.com/Voyage-en-barbarie-2-Sinai-Deux.html) ; solo esta última web habla de tráfico de órganos apoyándose en testigos que citan en condicional. Afirmaciones a tomar con prudencia, pero sin excluir la posibilidad. « Chez les bourreaux du Sinaï », Le Monde, 1 setiembre 2014. «Des immigrants victimes d’un trafic d’organes au Mexique », Le Monde, 7 noviembre 2013.

(28) Estos secuestros de niños afectan a 124 países, un 40% en el Sur y Sureste asiáticos. (Informe mundial sobre el tráfico de personas, 2014 Agencia de las Naciones Unidas contra el crimen y la droga ONUDC. (29) Un monde de camps, dir. por Michel Agier, ed. La Découverte, 2014.

(30) Otro ejemplo de campamento activo con los emigrantes locales en Afganistán: «A Gulan la ville fleurit sur le camp». Libération, 15 de junio 2015 (http://www.liberation.fr/planete/2015/06/24/a-gulan-la-ville-fleurit-sur-le-camp_1336414). – «A Dadaab on Naît, on meurt, depuis trois générations» Libération, 29 setiembre 2015 (http://www.liberation.fr/planete/2015/09/29/a-dadaab-on-nait-on-meurt-depuis-trois-generations_1393537

(31) «Life on the line. Immigration fleeing violence and poverty, Hondurans making dangerous journey to the US only to become part of a bitter political figh », Financial Times, 1 julio 2014, o también: «Two FT journalists report from different sides of the US border, speaking to Hondurans fleeing poverty and violence for a better life in America (http://podcast.ft.com/2014/07/18/).«Greek debt to the key to refugee crisis», Financial Times, 26 enero 2016.

(32) «Réfugiés, le retour de l’Europe forteresse », Le Monde, 27 noviembre 2015. « After joining the UE a decade ago central and eastern countries largely bought into the union liberalisation agenda », Financial Times, 27  noviembre 2015.

(33) «Libya detention center is flip side or Europe’s immigration crisis », McClatchy DC, 2abril2015(http://www.mcclatchydc.com/news/nationworld/world/article24783472.html

(34) «Des systèmes d’asile très inégaux en Europe »,www.euractiv.fr/section/justice-affaires-interieures/news/des-systemes-d-asile-toujours-tres-inegaux-en-europe/.

(35) «UK migration: Toil, trouble and tension » y «Ruthless UK employers trap migrants in ‘modern-day slavery’ », Financial Times, 12 agosto 2015.

(36) «The migration numbers game », Financial Times, 2 febrero 2014.

(37) Ibid.

(38) «The migrants files », colectivo de periodistas europeos 2015.

(39) «Migrations régionales et envoi de fonds, principaux repères », Problèmes économiques n° 3124 (enero 2016).

(40) «Migrations internationales, état des lieux », Problèmes économiques n° 3124 (enero 2016).

(41) Ibid.

(42) « Quelle réponse apporter à la crise des réfugiés      ? », Problèmes économiques n° 3124 (enero 2016).

(43) « L’Allemagne se préoccupe du coût de l’accueil des réfugiés. Au moins 23 milliards d’euros seraient consacrés en 2016 aux migrants. Les Länder s’inquiètent des choix d’Angela Merkel », Le Monde, 1 de enero 2016.

(44) « Immigration, une chance pour l’économie », Problèmes économiques n° 3124 (enero 2016).

(45) Exodus, How Migration is Changing Our World, de Paul Collier, ed. Oxford University Press, 2013.

 

 

 

 

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