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Consideraciones acerca de los migrantes en esta época de guerra

 

Ya casi no nos quedan palabras para explicar y expresar lo que pasa y se siente ante el criminal estado de guerra y caos organizado por las potencias capitalistas «occidentales», en esta parte del mundo que ellos mismos han denominado «Oriente» (y en general en África y una amplia parte de Asia, pero también en Centroamérica). ¿Cómo calificar semejante brutalidad creada, que condena a millones de personas a la muerte, a la miseria y al sufrimiento secular? Es una brutalidad codiciosa y asesina que se prolonga desde la gestación e inicios del sistema capitalista: los millones de esclavos capturados y encadenados; el asalto militar, ocupación y saqueo colonial; las nuevas formas de colonialismo técnico, económico y militar de la segunda parte del siglo XX hasta ahora han marcado el siniestro estado de cosas actual en estas amplias zonas del mundo. Actualmente millones de migrantes o refugiados, el calificativo no es determinante, son obligados a marchar de los territorios donde vivían, forzados a irse por la guerra, también la económica.

Los estados de la Unión Europea (UE), integrados en la OTAN y bajo mandato de EEUU, con ayuda de los gobiernos dictatoriales, absolutistas y esclavistas de la zona (Arabia Saudí, Qatar, Emiratos...) han extendido la política de dominación basada en el caos organizado y el estado de guerra permanente desde Afganistán e Irak, a Libia, Palestina, Líbano, Siria, pero también en Sudan y el Chad, o en el Yemen, Somalia, Eritrea o Etiopia, etc.

No podemos ya, ni imaginarnos la magnitud de la tragedia, la multitud de dramas y de sufrimientos que se ocultan tras la fugacidad de las imágenes en TV, de la guerra y sus consecuencias: destrucción y muerte, refugiados, miseria, pateras y más muerte... Cuanto sufrimiento ocultan las imágenes de la propaganda informativa que nos muestran los mass media. Muestran algo brevemente, para ocultar la realidad de lo que ocurre. Espectadores como somos, ya hemos perdido, hemos sido desposeídos de la cualidad de observar y explicar la realidad que nos rodea. Miramos a través de las anteojeras de la pantalla. Atisbamos la imagen del mundo reflejada en la pantalla y solo nos lo explicamos a través y mediados por ella. No vemos, nos muestran lo que ha de ser visto y como narrarlo.

Valga Siria (un árbol que esconde el bosque) como ejemplo –pero también podría ser Libia, o Yemen, u otros; al inicio de la guerra (2011), tenía una población de unos 20’5 millones de habitantes. Unos 6 millones de personas se han visto obligadas a abandonar el país, de los cuales en el Líbano hay unos 1’2 millones en campos de refugiados, que en realidad son de concentración; en Turquía cuyos campos de internamiento subvencionados (3.000 millones de euros pagados por la UE y la ONU) hay 2’7 millones de refugiados y en Jordania hay 1’3 millones de refugiados. Más de 8 millones de niños se han visto afectados por la guerra, sin escuela, obligados a trabajar o a combatir... Más de medio millón de muertos, la esperanza de vida ha pasado de 74’4 a 55’3 años.

¿Qué decir y qué hacer ante el estado de caos y muerte que los estados capitalistas de este «Occidente» democrático ha instituido concienzudamente? El drama de los refugiados no es más que un eslabón más de toda la cadena de dominación y sometimiento, y por lo tanto de tragedia, que cotidianamente se desarrolla en esta zona, y que está provocada por unos muy determinados intereses de dominación, económicos, militares y geopolíticos.

Una parte de refugiados de estas zonas en guerra logran entrar en Europa. Más de un millón entraron en 2015. Entre enero y agosto de 2016, unos 300.000 refugiados llegaron por mar, atravesando el Mediterráneo en embarcaciones precarias, se cree que 4.200 perecieron ahogados, aunque las cifras son estimativas y si se calcula los cadáveres no encontrados, la cifra aumenta considerablemente

Los estados de la UE, se mueven en una doble dirección respecto a esta oleada migratoria de refugiados de guerra. Por una parte, los estados más industrializados los quieren para integrarlos en el proceso del trabajo productivo, como mano de obra barata. Por otra parte los países que se han visto más afectados por la crisis, –al tener una productividad industrial más débil o exclusivamente basado en el sector terciario o de servicios, como la industria del turismo que ya no requiere mano de obra excesivamente especializada–  y que, al mismo tiempo, tienen un alto índice de paro, muestran, en el espectáculo político, una apuesta por el rechazo de los «extranjeros», por el cierre de fronteras, por una política xenófoba. Como siempre el sistema capitalista se mueve entre aparentes contradicciones.

Pero con y en estas contradicciones el sistema intenta fortalecerse. Estas oleadas de migrantes o refugiados, también pueden favorecer enormes negocios, el sistema capitalista de todo busca y saca beneficios, todo lo convierte en mercancía. En el año 2015, el mercado de negocios para rechazar a los extranjeros, del control y la seguridad de fronteras, movió solo en Europa más de 15.000 millones de euros y se espera que para el 2020 la cifra se doble y alcance los 30 mil millones. El aumento de los negocios del mercado de la seguridad, el control y la vigilancia ha sido exponencial en los últimos años y mayoritariamente están en manos de una minoría de empresas privadas. En esto todos los Estados de la Unión Europea han optado por el cierre, el levantamiento de muros y vallas y la privatización del negocio que supone su construcción. No es solo las líneas de altas barreras de hormigón o metal coronadas o sembradas de concertinas, son sofisticados sistema de control y comunicación, cámaras de videovigilacia que detectan el calor o el movimiento, son los drones o los satélites espía.

Un entramado de empresas se beneficia de los recursos destinados al control de fronteras. Empresas como Indra, Thales, Eads, Selex; grandes proyectos europeos de Investigación+Desarrollo como Perseus, Seabilla, Talos y Operamar, o compañías aéreas como Air Europa o Swiftair. La Union Europea ha montado la Agencia Frontex, que tiene su sede en Varsovia y cuyos fondos presupuestarios aumentaron en un 67’3% del 2015 al 2016, es la burocracia supraestatal para coordinar el reparto del dinero institucional entre las empresas determinadas. En el estado español, por ejemplo, funciona el Sistema Integrado de Videovigilancia Exterior (SIVE), gestionado por la Guardia Civil y del que se benefician empresas como Indra o Amper y otras. Construir la Fortaleza Europa, rodeada y encerrada por un muro de hierro, cuchillas y videovigilancia. Jamás se habían levantado tantas barreras y muros en el mundo como en esta «sociedad abierta y democrática». Sociedad abierta para el dinero y una minoría de personas poderosas que disfruta de él, cerrada para la gran mayoría de la población que sufre las consecuencias de la dominación técnica, militar y económica.

«El poder del Estado que aparentemente flotaba por encima de la sociedad, era, en realidad, el mayor escándalo de ella y el autentico vivero de todas sus corrupciones», nos dejó escrito Marx en 1871. El Estado, jamás es neutral, pues es el Estado del Capital. En la dicotomía entre la lógica de lo público y una lógica del mercado, en la sociedad capitalista ha prevalecido la lógica del mercado. El dinero no reconoce fronteras mientras que las personas las conocen, históricamente, demasiado bien. El discurso de Deberes y Derechos, la igualdad ante la ley, los Derechos Humanos... siempre han tenido en su contenido un alto continente de propaganda para la sociedad capitalista y en el caso de los migrantes o refugiados que llegan a una Europa causante de su desastre y tragedia, se ve claramente. Libertad, Igualdad, Justicia, Universalidad de los Derechos Humanos: «Sofismes, els sofismes per els qui només veuen amb els ulls del cervell».

Europa, EEUU y las potencias capitalistas «Occidentales», siempre se han creído dueños e inventores de la Geografía Univeral y han impuesto su versión para dominar los territorios tal como ellos los describen, no solo a nivel científico sino como instrumento de dominación. Es su tendencia. Es como en el cuento de la rana y el escorpión: un escorpión le pide a una rana que le ayude a cruzar el río, prometiendo no hacerle ningún daño; la rana accede subiéndole a sus espaldas pero cuando están a mitad del trayecto el escorpión pica a la rana; ésta le pregunta incrédula «¿cómo has podido hacer algo así? ahora moriremos los dos», ante lo que el escorpión responde: «no he tenido elección, es mi naturaleza». Es la naturaleza del sistema capitalista: se toma por la fuerza y la violencia el derecho de dominar continentes, de trazar fronteras y diseñar estados, de poner y quitar gobiernos, de asesinar o nombrar a sus jefes de estado. Se adueña de la geografía física, de los territorios, de su suelo y su subsuelo, de sus riquezas terrestres y marítimas, desposeyendo a sus habitantes que pasan a ser unos objetos, una abstracción de la Geografía Humana, páginas que se pueden arrancar o borrar sin concederles la mínima importancia. Geografía Humana para la muerte o el trabajo, explotados ante la miseria por ellos creada y con la que el Capital también hace negocios.

 

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