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Migraciones: expulsiones

de la guerra social

Las migraciones y su relato

Según su relato, el que las pone en pantalla y a la vez las pone en la historia como construcción

mediática, las migraciones existen o dejan de existir. Cuando los media callan, desaparecen. Las

migraciones se suceden al compás de los mass media, según los intereses de sus amos:

gobiernos, estados, capital. Su representación mediática está separada de cualquier posible

solución, debemos contemplar la tragedia con impotencia, soportar irremediablemente la

violencia de este sistema social. Su saturación informativa las banaliza, su emisión entre cortes

de publicidad las vacía de cualquier causa emancipadora. Relato pues interesado pero al que

para saber acudimos aún sabiéndole su engaño. No hay otra.

Una previa. ¿Es posible escribir sobre esta huella migratoria, sobre este inhumano andar en

territorio extraño sin que tal horror, sin que tal sinsentido no te abruma, no te paralice? ¿No

hay algo previo más allá de lo cual el discurso falla, más allá de lo cual –-como más allá de

Hiroshima, de Auschwitz, de Ayotzinapa, de Ciudad Juarez…–- las palabras pierden su sentido

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entrados en la zona en que las preguntas ya no tienen respuesta? Decía Marx que la humanidad

solo se plantea los problemas que puede resolver ¿Estamos ya entonces fuera de la humanidad?

Se ha puesto en cuestión la misma humanidad del ser humano.

No, no hay previas. No hay previas porque el acto de barbarie y el de solidaridad se dan al

mismo tiempo, al mismo tiempo se dan lo siniestro y lo sublime, lo absurdo y el sentido. Y en

medio del horror y del sinsentido y en medio del xenófobo rechazo del otro vemos fraguar el

lazo solidario: la auto organización y la ayuda mutua que se dan entre migrantes, la también

solidaria acogida en los territorios transitados.

El relato que escuchamos sobre este errar migratorio, sobre el disperso andar de estos

sesenta y cinco millones de sujetos, tratados como objetos por los estados y como fuerza de

trabajo por las Economías de estos estados es interesado y va a orientar nuestro saber, nuestro

sentir y nuestro hacer.

Orienta nuestro saber

El relato habla de la realidad, no la inventa, la cuenta según un orden, según una forma

(Watkins) que aleja los efectos de sus causas –-las guerras de Irak, Afganistán, Libia, Siria–- y

sus por qués, y cuando a ellas llega las naturaliza: la guerra se contempla como catástrofe

natural; los bajos salarios son contemplados como un agravio comparativo, como un escándalo

público; los migrantes huyen de una miseria natural y no históricamente impuesta.

El migrante es considerado como un personaje, como alguien despersonalizado, máscara

que oculta su rica y plural individualidad. El estereotipo (sucio, inculto, aprovechado…) gana a

la mirada próxima.

El relato acerca de las migraciones distingue entre migrantes y refugiados cuando es la

misma cosa huir del horror político que del horror económico, de la guerra que del hambre.

Distinción que conviene a este Occidente democrático y capitalista causa de estas migraciones

para justificar su selección según el criterio de la mayor explotación de su fuerza de trabajo.

Orienta nuestro sentir

El relato que nos llega sobre las migraciones no solo orienta nuestro conocimiento sino que

invade el campo de lo emocional, orienta no solo nuestro saber sino también nuestro sentir. La

selección de una imagen no es neutra, puede llevarnos al sentimiento de pena, de impotencia,

de rabia…puede conmovernos sin movernos. Emocionarse sin poner en marcha algún

mecanismo activo, cuando ello es factible, de nada sirve. Se llora en la telenovela, en la final

deportiva, ante el nacimiento o muerte de un ser próximo. Tendríamos que cambiar el patrón

de reparto de las emociones, ellas nacen, sí espontáneas, en los espacios donde más hemos

proyectado nuestros deseos. Es esta espontaneidad la que descubre nuestras proyecciones.

La saturación, la machacona repetición seguida de su inmediata ausencia, nos sensibiliza e

insensibiliza a la vez. Llamadas a un humanismo que ya poco tiene de humano y mucho de

artificial justificación de un mundo al revés guiado por el criterio de la eficacia y del máximo

beneficio. Humanismo pues como tapadera de un mundo inhumano.

Orienta nuestro hacer

Como cualquier propaganda, la información vertida en este relato no persigue tanto cambiar

una opinión sino provocar una práctica, provocar una acción sin pasar por la reflexión (Ellul).

Nos hace reaccionar de manera automática en cómo ayudar y nos convierte en objetos pasivos

y mercantilizados.

Orienta nuestro hacer hacia campañas que ahora corren en sentido inverso: los mismos

Estados que forzaban las migraciones ahora pueden pedir nuestra solidaridad, llamadas a la

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solidaridad que te culpabilizan. Todos en el mismo saco, todos igualmente responsables de una

tragedia que ellos urden, todos igualmente culpables.

                            

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