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Correspondencia

 

Desde California

 

De dominio público

La campaña de Donald Trump ha expuesto algunos aspectos muy feos de la sociedad estadounidense. No son bonitos de ver, pero probablemente sea mejor que estén ahí fuera, donde todos podamos verlos y nadie pueda negarlos. También ha revelado algunas quejas genuinas que habían sido ignoradas y es bueno que esas, también se hayan aireado.

Las desventajas de la victoria de Trump son numerosas y demasiado obvias. Pero me gustaría señalar algunas posibles ventajas.

En Beyond Voting (Más allá del voto) destaqué que la campaña Trump estaba acelerando la autodestrucción del Partido Republicano. Supuse que probablemente perdería y que entonces habría una amarga guerra civil sobre quién tenía la culpa, lo que hacía difícil para ellos reagruparse y anotarlo como una casualidad puntual. Pero creo que su victoria será peor aún para los republicanos.

Esto puede parecer algo extraño, teniendo en cuenta que los republicanos ahora tienen la Presidencia, así como las dos cámaras del Congreso. Pero creo que va a ser como el conocido perro persiguiendo a un coche: ¿qué sucede si el perro realmente coge al coche?

Siempre que el poder se dividiera entre una Presidencia Demócrata y un Congreso Republicano, cada lado podría culpar al otro por la falta de logros positivos. Pero ahora que los republicanos tienen un monopolio, no habrá más excusas.

Imagina que eres un político republicano. Has sido reelegido... hasta ahora, muy bien. Pero las personas que te votaron, tus colegas y tu nuevo líder lo hicieron con la impresión de que iban a lograr algunas mejoras trascendentales en sus vidas. ¿Qué sucede cuando realmente tienes que dar algunas de las cosas que prometiste?

Durante los últimos seis años has organizado decenas de votaciones sin sentido para revocar el Obamacare (La Ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Asequible del gobierno de Obama), diciendo que querías reemplazarlo con algún plan republicano superior. Ahora es el momento de la verdad. Si no lo derogas, tendrás a millones de personas gritando por tu traición. Si lo derogas ¿dónde está ese maravilloso plan que de alguna manera, sabías que nunca iba a llegar? Ese plan es, por supuesto, inexistente, no es más que la habitual y simple retórica de los mercados libres que conduce a precios más bajos. ¿Crees que los 22 millones de personas recién aseguradas, muchas de las cuales votaron por ti, estarán encantadas de ser privadas de su seguro Obamacare para encontrarse de nuevo en su situación anterior? Es muy impopular (y también muy complicado) deshacer los beneficios que la gente ya está acostumbrada a poseer.

Por otra parte, ten en cuenta que el Obamacare es esencialmente un plan republicano («Romneycare»), ligeramente modificado por Obama –un conjunto débil de retales, para responder a la grave crisis de la salud en Estados Unidos–. Un programa tan torpe es comprensiblemente no muy popular. Pero el Seguro Social y el Medicare (que Paul Ryan ahora quiere desmantelar) son, con mucho, los programas sociales más populares en Estados Unidos y lo han sido durante décadas. Como señaló Eisenhower: «Si algún partido político intenta abolir la seguridad social, el seguro de desempleo, eliminar las leyes laborales y los programas agrícolas, no volverías a oír hablar de ese partido en nuestra historia política. Hay un pequeño grupo espinoso, por supuesto, que cree que puede hacer estas cosas. Entre ellos están algunos millonarios del petróleo de Texas, algún político u algún hombre de negocios. Su número es insignificante y son estúpidos». Al parecer, su número ya no es insignificante en tu partido. ¿Estás listo para cruzar el acantilado con ellos?

Algunas de sus bases siguen siendo vehementemente contrarias al aborto y al matrimonio gay –pero la mayor parte del país no lo es–. ¿Vas a tratar de deshacer los derechos reproductivos o la igualdad de matrimonio en todo el país? Si no, ¿vas a volver al caos de «dejarlo para los Estados»?

Hablando de pesadillas logísticas, ¿qué hay de tu famosa muralla mexicana? ¿Realmente vas a comprometerte con un proyecto tan tonto, que no lograría nada y costaría cientos de miles de millones de dólares? Y por cierto, después de haber dado a los ricos muchas más exenciones fiscales y canalizar gran parte del resto del presupuesto hacia el ya hinchado Pentágono, ¿de dónde saldrán los fondos para esos proyectos?

Lo mismo ocurre con las mejoras en infraestructuras que Trump ha prometido. Esta es una de sus pocas propuestas sensatas: aceleraría la economía y crearía millones de puestos de trabajo, lo que a su vez generaría más ingresos fiscales. Pero conseguir que se ponga en marcha, requerirá financiación del déficit, lo que va totalmente en contra de las políticas de austeridad, que han sido predicadas como un evangelio por su partido durante décadas. Revivir la economía o la ortodoxia partidista - ¿cuál será?

El racismo ha sido uno de los cimientos fundamentales de su partido desde que Nixon inauguró la «estrategia del Sur» hace cincuenta años, pero por lo general ha sido discreta y negativa. Ahora esa conexión es de dominio público. Muchos de los partidarios más fervientes de Trump ya están celebrando su victoria acosando a gente de color en su nombre. ¿Cómo van a disociarse de eso?

Tu partido ya se encaminaba hacia una guerra civil entre sus mutuamente contradictorios componentes (élite financiera, tea party, neoconservadores, libertarios, reaccionarios religiosos y los pocos moderados que quedaban). A esas divisiones se suman ahora los antagonismos entre el nuevo líder y los que se oponen a él. Bush por lo menos tenía el juicio suficiente, para saber que era un testaferro incompetente y de buen grado dejó que Cheney y Rove dirigieran las cosas. Trump piensa que es un genio y cualquiera que no esté de acuerdo con él, será agregado a su ya larga lista de enemigos.

Él también es muy imprevisible, por lo que el establishment republicano lo temía en un principio. Él ha propuesto cosas como los límites del mandato del Congreso que los políticos republicanos rotundamente no quieren, mientras que por otro lado ahora está considerando no revocar el Obamacare, tal vez porque se ha dado cuenta de lo complejo y arriesgado que podría ser tal acción. ¿Quién sabe qué otras cosas avanzará o retrocederá?

Todo esto es un mero espectáculo público. La suavidad de Obama le permitió escapar a la  responsabilidad de los crímenes de guerra, de las deportaciones masivas y de todo tipo de compromisos corporativos (ni un solo banquero criminal procesado), con poca gente atenta a estos hechos y menos aun protestando. Esto no sucederá con el Presidente Ubú y su administración de coche de payasos (Clown Car). El mundo entero estará observando y cada detalle será examinado y debatido. Aparecerá tan feo como lo es en realidad, señalado permanentemente por la sociedad. Ya no estás en el Partido Republicano, estás en el Partido de Trump. Tú lo compraste, tú lo tienes.

Si yo fuera ese imaginario político Republicano, no me sentiría muy confiado sobre el futuro de mi partido.

Mientras tanto, el Partido Demócrata se enfrenta a su propio ajuste de cuentas.

Los apologistas demócratas, están tratando de concentrar la culpa en uno u otro factor en concreto: el colegio electoral, la supresión de los votantes, las campañas de terceros, el anuncio de Comey, etc. Los demócratas se estaban enfrentando al candidato más insólito en la historia de Estados Unidos. Debería haber sido una goleada.

Con Bernie Sanders probablemente lo hubiera sido. (Una encuesta nacional post-electoral lo muestra batiendo a Trump 56-44). Era el candidato más popular en el país, mientras que el índice de aprobación de Hillary Clinton era casi tan negativo como el de Trump. Las encuestas constantemente mostraron a Bernie derrotando a Trump y a todos los demás candidatos republicanos por amplios márgenes, mientras que Hillary tenía resultados apretados contra todos e incluso perdiendo con algunos de ellos. Por otra parte, la popularidad de Bernie recortó las líneas entre los partidos, apelando no sólo a los demócratas, sino a independientes e incluso a un gran número de republicanos. Mientras Hillary cortejaba los donantes de Wall Street y a las celebridades, Bernie estaba atrayendo a multitudes que eran diez veces más grandes que las que ella manejaba, incluyendo a miles de jóvenes entusiastas que habrían viajado por todo el país para trabajar por él (como lo hicieron en menor medida para Obama en el 2008). Mientras Hillary estaba constantemente a la defensiva, Bernie habría tomado la ofensiva y habría dado el impulso en una dirección progresista por todo el país. Habría ganado fácilmente los tres estados de Rust Belt (Cinturón Industrial) que le costaron a Hillary la elección, probablemente también habría ganado algunos de los otros estados bisagra que perdió y hubiera sacado provecho, para lanzar suficientes carreras adicionales en las urnas para recuperar el Senado y tal vez incluso poner la Cámara en juego.

Pero el establishment del Partido Demócrata prefirió arriesgarse a perder con un candidato leal a la maquinaria, en lugar de arriesgarse a ganar con un radical independiente, cuyo movimiento podría haber desafiado sus cómodas posiciones. A pesar del hecho de que Hillary tenía una tonelada de equipaje (alguno realmente malo y mucho que fácilmente puede parecer malo) y que ella era una perfecta encarnación del simplismo, elite-autocomplaciente, defensora a largo plazo de las políticas neoliberales que habían asolado el país (especialmente en el Cinturón Industrial), sacaron todas las paradas para imponerla como «inevitable», mientras despedían a Sanders, presuntamente, por «poco realista».

En realidad, las soluciones supuestamente poco realistas que Sanders pedía, eran apoyadas por la gran mayoría de la población. Bajo presión, Hillary adoptó tardíamente versiones aguadas de algunas de esas soluciones, pero pocas personas creían que ella era lo suficientemente sincera como para luchar por ellas como lo haría Sanders. Su campaña, en gran parte, equivalía a los asuntos de siempre: «¡Defiende el status quo! ¡Tienes que votar por mí, porque mi oponente es aún peor!»

No funcionó. Las entrevistas con los votantes de Trump revelan que aunque muchos de ellos eran realmente racistas, muchos otros no lo eran (gran parte de ellos había votado previamente a Obama). Pero estaban enfurecidos ante el establishment político nacional, que los había abandonado y querían que alguien lo «sacudiera» y lo «limpiara». Bernie habló a esos sentimientos, Hillary no lo hizo. Debido a que Bernie no estaba en la votación electoral, decidieron enviar un gran mensaje de «que te jodan» votando por el otro supuesto «outsider», que al menos afirmó que haría eso. Muchos otros no fueron tan lejos, pero enviaron un mensaje similar al quedarse en casa. Otros, por supuesto, votaron por Hillary, incluyendo a la mayoría de los partidarios de Bernie; Pero el entusiasmo no estaba allí.

El establishment del Partido Demócrata tiene la culpa final de este miserable resultado. Millones de personas lo saben y ahora están tratando de averiguar qué hacer al respecto: cómo romper la maquinaria del partido, cómo separar al partido de su dependencia corporativa y transformarlo para que pueda ayudar a enfrentar los desafíos a los que nos enfrentamos. Les deseo lo mejor, pero no será fácil deshacerse de una burocracia tan atrincherada y corrupta, sobre todo porque muchos elementos de esa burocracia se van a presentar ahora como héroes que resisten al gobierno de Trump. Será difícil para esta parte conservar cualquier credibilidad si no se reúne al menos a un programa progresista de tipo Sanders. Ese tipo de programa está lejos de ser una solución suficiente a las crisis globales a las que nos enfrentamos, pero al menos podría afirmar ser un paso en la dirección correcta. Cualquier cosa menor será una farsa.

Mientras tanto, con el monopolio de los republicanos sobre el gobierno, incluso aquellos que normalmente se enfocan en la política electoral, deben darse cuenta de que durante algún tiempo, la lucha principal será fuera de los partidos y fuera del gobierno. Serán acciones participativas de base o nada.

Nuevos movimientos de protesta y resistencia se desarrollarán durante las próximas semanas y meses, respondiendo a esta bizarra y aún muy impredecible nueva situación. En este punto es difícil decir qué formas tomarán tales movimientos, excepto notar que casi todos parecen reconocer que nuestra prioridad número uno será defender a los negros, latinos, musulmanes, LGBT y otros más directamente amenazados por el nuevo régimen.

Pero también tendremos que defendernos a nosotros mismos. El primer paso para resistir este régimen, es evitar darle demasiada importancia – siguiendo obsesivamente las últimas noticias sobre él y reaccionando impulsivamente ante cada nuevo ultraje–. Ese tipo de consumo compulsivo de los medios, fue parte de lo que nos llevó a esta situación inicialmente. Tratemos este espectáculo de payasos con el desprecio que merece y no olvidemos las cosas fundamentales que todavía cuentan: cosechar nuestras batallas, continuar alimentando las relaciones personales y las actividades creativas que hacen que la vida valga la pena. De lo contrario, ¿qué defenderemos?

En última instancia, tan pronto como podamos recuperarnos, tendremos que volver a la ofensiva. Ya teníamos que enfrentar severas crisis globales durante las próximas décadas. Tal vez este desastre nos sacudirá para unirnos y abordar esas crisis más pronto y más sinceramente de lo que lo haríamos de otra manera, con menos ilusiones sobre la capacidad del sistema existente para salvarnos.

 

Ken Knabb

 

 

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