Diario de Campaña
En algún lugar del s. XX...
La campaña Dinero Gratis no nace vinculada a ningún evento
político concreto. Tampoco es una reivindicación. Es una
propuesta de experimentación que da nombre al malestar compartido por
precarios, parados, asalariados... por ti, que tan poco tienes que ver
conmigo... y por mí que ni siquiera sé lo que soy. Es el
malestar de todos los que nos resistimos a las formas de sumisión que
el dinero reparte e impone y a sus dos armas implacables: el miedo y la
soledad. Cuando las cuestiones más importantes que definen tu
trabajo son "a cuánto te pagan la hora" y "cuántas
semanas dura tu contrato", está claro que tu precariedad es
sólo tuya, tu hipoteca es sólo tuya, tu fracaso es sólo
tuyo... y tu resistencia, si la soportas, también. Dinero Gratis no
inventa nada, porque tú lo sabes ya todo: es el grito adormecido en el
miedo que regula tu vida, es el canto que silencias porque te hace enloquecer,
es la risa que contienes porque haría temblar los cristales de tu
oficina. Pero la campaña Dinero Gratis lo tiene todo por inventar. No
tiene fechas. No tiene prisa. Pero la anima una terrible urgencia: la que se
hace sentir cada día cuando suena, en cada casa, el despertador.
Aliada de todas las formas de resistencia que de una forma u otra desocupan,
sabotean y reinventan esta vida tan insoportable, la campaña Dinero
Gratis no es la organización de un movimiento político más:
nace como un grito de asco contra la miseria cotidiana.
En las calles de un siglo que no empieza...
Durante unos meses, la violencia y la complicidad de las
palabras que dicen este grito han invadido las calles de la ciudad. DINERO, en
primer lugar, en grandes bandas blancas. "¿Cómo?
¿Dónde, dónde? Yo quiero..." Éstas eran las
respuestas inmediatas, formuladas con picardía y risas socarronas.
Todos sabíamos, aún, de qué estábamos hablando.
DINERO GRATIS, con su correspondiente banda roja, vino tres semanas
después. Las reacciones se disparan: algunos "¿Dónde?,
yo quiero..." se hacen más entusiastas que nunca y las risas se
descaran, otros esconden su estupor en el silencio, el ciudadano hace sentir
su ofensa ("sois niños sin escrúpulos, no sabéis lo
que vale la vida"), algún moderno pide carteles para completar su
colección y más de un avispado nos ofrece lecciones sobre
cómo conseguir dinero gratis de verdad... Cerebros suspicaces se
huelen que hay algo detrás: "¿qué
queréis?..." "¡Lo mismo que tú!" Manos
anónimas y nocturnas arrancan con furia y aplicación
sistemática los carteles... Y la policía hace su
aparición: DNI y golpecitos en la espalda ("ya me gustaría
que mis hijos fueran tan activos como vosotros"). No ha llegado el nuevo
siglo y en Barcelona se respiran aún aires de distensión y
tolerancia. Pero las palabras no cesan. En imágenes blancas, negras y
rojas, como en las vanguardias más clásicas, aparecen manos
blancas que proclaman "Pasta ya", manos blancas cuyo trabajo sobre
el tiempo "ensaya la muerte", manos blancas empuñando los
barrotes del dinero, para liberarse del dinero dándose dinero; manos
blancas, finalmente, capaces de celebrar, atrevidas, que "No queremos
trabajo. Queremos dinero" Son palabras violentas porque hablan del
sufrimiento que cada uno tiene ya instalado en su casa y no quiere ver. Son
una bomba para el sentido común. Son un garrotazo que sólo
puede provocar la risa o la rabia. Pero por eso mismo las del Dinero Gratis son
palabras cómplices. Cuando no tenemos credos, ideologías ni
horizontes que compartir y el trabajo no ofrece la identidad de un conflicto
común, hay que apuntar a lo más sucio, a lo más
presente y lo más callado, a lo más intocable y lo más
duro: el dinero. Dinero Gratis: las calles se limpian, pero se enciende la
rabia y se contagia el temblor de la risa.
Dinero Gratis: Bcn 2001
La campaña Dinero Gratis no tiene fechas, pero a Barcelona le
regalan una: el 25 de junio del 2001. Y lo hace, como es bien sabido, el
Banco Mundial. Aunque la fiesta resulta aguada porque el invitado no hace acto
de presencia, la calle cambia. El efecto sobre las palabras, cómplices
y violentas, que habían estado diciendo el grito del Dinero Gratis es
paradójico y muy curioso (o no tanto). Por un lado, se multiplica
hasta dimensiones insospechadas su visibilidad. Los cuerpos que salen
en las manis de fin de junio se "abanderan" con cintas adhesivas de
Dinero Gratis, los tute bianche sellan sus armas con esas mismas cintas,
pegatinas pequeñas adornan, a modo de marca, el pecho de las camisetas,
niños pequeños se pasean con Dinero Gratis en la gorra, las
calles se cortan con larguísimos plásticos de Dinero Gratis...
A gritos de "Dinero Gratis" un Reclaim the Streets asalta la Casa
del Libro y hace volar cientos de libros sobre una multitud que baila... Y por
otro lado, la rabia y la complicidad del grito del Dinero Gratis caen en un
pavoroso silencio. En la calle, en las bocas, en los medios oficiales e
independientes. Visibilidad silenciosa, ésa sería la
situación del Dinero Gratis en la Bcn 2001. Hay algo que no se puede
decir, un temblor que necesita ser calmado, un viento demasiado fuerte. La
radicalización se hace escuchar más allá del alegre
catacrás de un escaparate roto. No es fácil sentir la
risa demoledora del Dinero Gratis e ir a trabajar al día siguiente. Es
más llevadero entusiasmarse por ese "lejano día" en
que otro mundo va a ser posible.
En el estallido del s. XXI
¿Y ahora qué? Génova, la caza de inmigrantes sin
papeles y el polvo que aún ahoga las calles de Nueva York parece
proclamar que, ahora sí ha empezado un nuevo siglo. Recrudecimiento
policial y militar: la política, sin tapujos, es ya un ejercicio
continuado de guerra: contra el extranjero (delincuente, antisistema o
terrorista) y por la seguridad. En Europa, a esta guerra se la añade
el chantaje ideológico del diálogo: o hablas y negocias
conmigo o eres un terrorista. De ahí la importancia, a pesar de los
baches en el camino, de la propuesta, tan barcelonesa, del Forum Universal
de las Culturas 2004. Y mientras, miles de inmigrantes siguen
esclavizándose en tierra o perdiéndose en el mar. Guerra,
migraciones y chantaje multicultural: ¿Qué pinta el Dinero
Gratis en todo esto? Pues todo. Seguir emitiendo, con nuevas palabras,
prácticas y ensayos, ese grito de asco contra la miseria cotidiana,
violento y cómplice a la vez, deberá poner sobre la mesa tres
cuestiones decisivas: una, que la intervención política
subversiva, por graves que sean las nuevas circunstancias, no puede quedar
reducida a planteamientos puramente antimilitares y antirrepresivos. Un
mundo sin "guerras" y con policías "más
democráticos" no garantiza que nuestras vidas sean menos
insoportables. Dos: que el Dinero Gratis es la violencia que no admite
cortes. ¿Dónde están los buenos y dónde
están los malos cuando se apunta al corazón? El Dinero Gratis
no se explica, no se argumenta, no se negocia ni se dialoga acerca de
él. El Dinero Gratis, de ahí su visibilidad
silenciosa, desvela como falsa e hipócrita toda crítica
"buena". La risa temblorosa del Dinero Gratis hace imposible
"hablar". Exige inventar otro lenguaje con el que poder decir que
rechazamos absolutamente esta sociedad. Y tres: irrumpir una y otra vez con
las palabras y los cuerpos del Dinero Gratis, con esa campaña que
siempre lo tiene todo por inventar, significa, finalmente, que nuestras
prácticas no quieren ser simplemente una respuesta. A Barcelona, como
a Madrid y a Sevilla (e imaginamos que también a Afganistán y a
Irak y a tantos otros), le han regalado de nuevo una fecha: Marzo del 2002.
Pero el despertador sigue sonando cada día. Y con Dinero Gratis
queremos ser nosotros quien marque el calendario. No hay ningún mundo
que esperar. Marcar el calendario es afirmar, hoy mismo, que "otra
okupación es posible", "otra expropiación es
posible", "otro amigo es posible"...
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