Un año después de la innauguración del Centro de Internamiento de Extranjeros de Barcelona, seguimos diciendo:

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Libertad de Movimiento.
Desmontar CIEs no es delito.

El pasado 24 de Junio de 2.006 el Centro de Internamiento para Extranjeros de Zona Franca se puso en funcionamiento. Su primera actuación consistió en la suspensión de derechos a 59 activistas, periodistas, abogados, investigadores y demás precarios que se oponían a su construcción. Su innauguración “de facto” mostró lo que sería su esencia tras la innauguración oficial: los CIEs son un dispositivo de control arbitrario e injusto, una prolongación de la frontera que suspende y niega derechos. Desde entonces, no ha habido un sólo día en que esta cárcel étnica no haya vulnerado los derechos básicos de los migrantes detenidos.

Ha pasado un año. Un año en el que Barcelona se ha quitado definitivamente la careta de multiculturalidad progre de la que le gustaba presumir; de la ciudad abierta, cool y modelo de la izquierda europea que pretendía ser. Hoy ya todos saben que no sólo en Copenhague se desalojan y derriban centros sociales con historia, también en Barcelona. Que no sólo en Rostock o Moscú la policía rodea manifestaciones para impedirlas, también en Barcelona. Que no sólo los CRS de las Banlieues francesas tienen “gatillo fácil”, también los Mossos de Esquadra. Un año en el que Europa ha pasado de la falsedad de Zapatero a la dura realidad de Sarkozy.

Un año basta para comprobar que nuestras sospechas eran ciertas: ningún cambio sustancial del “inhumano” CIE de La Verneda al CIE “humanitario” de Zona Franca. Por mucho que la subdelegación de gobierno insitiese, hace un año, en las bondades del nuevo CIE; por mucho que su Director lleve un año intentando justificar lo injustificable con estupideces que llegan al punto de afirmar que los internos “no están privados de libertad, pero sí de movimiento”. Por mucho que el conseller de interior afirmase que la política de la policía catalana tendería a “proteger a los débiles”.

Ya es hora de pensar en una nueva legalidad desde abajo que permita a cada hombre y mujer decidir libremente dónde y cómo vivir. Esta es la única ciudadanía que aceptamos, la que permite la universalidad de los derechos, la que admite las diferencias, la que posibilita que cada barrio sea un lugar en donde vivir con dignidad. Un espacio de derechos y conflicto en el que la democracia es absoluta y no una simple mercancia en venta en cada período de elecciones.

Una legalidad que no aceptará nunca más que miles de personas sean expulsadas de Europa como nuestro compañero Salah Dahri. Que no castigará a quienes luchan por un mundo sin fronteras sino a quien se forra gracias a la mano de obra sin papeles, sin voz y sin derechos.

Porque la Europa que queremos es hija del conflicto. Porque la Barcelona que soñamos la ganaremos juntos, autóctonos y migrantes, resistiendo frente aquellos que sólo ofrecen prohibiciones, control y mano dura,

OS ESPERAMOS, el viernes 22 de Junio en Plaça Universitat a la 18.00 horas para marchar en bici hasta el CIE de Zona Franca.

Espai per la Desobediencia a les Fronteres