¡Cerrar los CIE, ya!

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Article publicat al periòdic MASALA

24 de Junio de 2006. 59 personas son arrestadas en Barcelona en el transcurso de una acción directa no-violenta contra la construcción de un nuevo Centro de Internamiento para Extranjeros (CIE). Entre los participantes en la protesta se cuentan 13 nacionalidades distintas y entre los detenidos hay dos abogados en ejercicio de sus funciones, tres periodistas que tratan de cubrir la noticia y una investigadora de la Universitat de Barcelona especializada en el estudio de los Centros de Internamiento. El Colegio de Abogados de Barcelona critica la desproporcionada acción de la Policía. La acción consistía en el desmontaje simbólico del CIE.

21 de Julio de 2006. 7 policías encargados de custodiar el CIE de Málaga son arrestados acusados de lo que la Policía denomina "trato irregular a las inmigrantes". Entre ellos se encuentra el jefe de seguridad de la unidad policial. El Sindicato Unificado de Policía defiende la actuación de los agentes y culpa a las migrantes. El “trato irregular” consistía en violar a las migrantes internadas durante su turno.

Estas dos noticias han puesto sobre la mesa una cuestión que hasta ahora pasaba poco menos que inadvertida para la prensa: los Centros de Internamiento para Extranjeros y las horribles condiciones en las que los migrantes viven en ellos. Tras estos dos hechos, los periódicos comienzan a recordar la cantidad de denuncias a las que en su día no habían dado apenas espacio: recuerdan que el Comisario Europeo para los derechos humanos, el Síndic de Greuges, el Defensor del Pueblo Andaluz, el fiscal jefe del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, el Observatori del Sistema Penal i els Drets Humans de la UB, Amnistía Internacional, Human Right Watch, Andalucía Acoge, SOS Racismo, la APDH... y, obviamente, las organizaciones de base y las experiencias de autoorganización de los migrantes como la ARSC y la CIM llevan años reclamando su cierre.

Los medios explican a la opinión pública lo que es un CIE. Esto nos permite conocer a individuos de la talla intelectual de Miguel Ángel Prieto, director del CIE de Zona Franca, que se nos revela como un gran filósofo del lenguaje y nos regala aforismos como “En un CIE los internos no están privados de libertad, pero sí de movimiento” o "no es una prisión, aunque estén privados de libertad".

Pero la tozuda realidad desmiente al Sr. Prieto. Los CIE son cárceles administrativas, prisiones étnicas. Las legislaciones del régimen de frontera europeo permiten que los extranjeros puedan sufrir medidas punitivas sin haber cometido ningún delito: la privación de libertad y la expulsión. No tener documentación de residencia no es un delito, pero puede acarrear consecuencias similares. En España, las personas sin permiso de residencia pueden ser detenidas, privadas de libertad hasta 40 días, ver interrumpida su trayectoria vital y enfrentarse a una posible expulsión. La detención e internamiento previstas en la Ley de Extranjería son supuestos de privación de libertad que no son aplicables a los nacionales, son específicas de los extranjeros, por lo que se trata de medidas claramente discriminatorias. Por si esto fuera poco, el internamiento de personas extranjeras en estas prisiones administrativas contribuye a alimentar la difusión de estereotipos que vinculan inmigración y delincuencia, que equiparan “inmigrantes ilegales” y delincuentes.

Igual que en el resto de la UE. Según el colectivo de investigadores Migreurop, en todo Europa existen diversos tipos de centros para extranjeros (campos abiertos, cerrados, para extranjeros con orden de expulsión, para aquellos que acaban de llegar, etc.) que cuentan con determinadas características comunes. La primera la constituyen sus ocupantes: ciudadanos pertenecientes a países extracomunitarios que no han cometido más delito que cruzar o intentar cruzar una frontera sin “papeles”. Una segunda característica es que los “inmigrantes ilegales” son considerados y gestionados como un grupo, en vez de ser tratados como individuos singulares con trayectorias y motivaciones personales. Y tercero, es de facto imposible garantizar el respeto de los derechos fundamentales en dichos lugares, tal y como reflejan las reiteradas y continuas denuncias por parte de organizaciones sociales y ONGs, de vulneración flagrante de los derechos humanos. De sus informes se desprende que no se respetan los derechos básicos de asilo, vida familiar y privada, así como los derechos que asisten a los menores de edad (tanto a los internados como a los dependientes de éstos). Y, por supuesto, se dan en ellos sistemáticos tratos inhumanos y degradantes.

Como señala el profesor Héctor Silveira, si bien los CIE están previstos como medida excepcional para garantizar la efectividad de las expulsiones de los “sin papeles”, en la práctica, dada la imposibilidad de ejecutar todas las expulsiones dictadas, acaban realizando funciones de identificación, clasificación y control de la población extranjera.

Federico Rahola lo expresa así en la introducción de su magnífico libro “Zone Definitivamente Temporanee”, uno de los poquísimos trabajos publicados que aborda en profundidad el tema de los centros y campos de internamiento de migrantes y solicitantes de asilo: En la medida en que los campos humanitarios [de refugiados] son el síntoma de un exceso humano que producen las guerras contemporáneas, la misma “forma” de campo encuentra una aplicación inmediata frente a individuos que no nos pertenecen y son resultado del exceso cuando ha “caducado” la posibilidad/voluntad de valorizarlos. Las Zones d’Attente y los hoteles cerrados de los aeropuertos franceses, los “Centri di Permanenza Temporanea” italianos, los Campos de Internamiento diseminados por la frontera de Alemania oriental y los países contiguos, aquellos “ingleses” y “australianos” en cuyo interior se encierra a refugiados y asylum seekers, significativamente dislocados cada vez más lejos de las fronteras que presidian (en Ucrania, Croacia, Georgia, Marruecos, Libia, Papúa...), la excedencia encuentra su forma de territorialización perenne, a veces definitiva.

Sólo en territorio español hay dieciséis CIEs, CETIs y zonas de “espera internacionales” de los aeropuertos utilizadas para detener a aquellas personas que no cumplen los requisitos legales para entrar al Estado Español: en Algeciras, Barcelona, Fuerteventura, Lanzarote, Madrid, Málaga, Murcia, Tarifa, Tenerife, Valencia, Ceuta y Melilla.

El funcionamiento del CIE de La Verneda ha sido vergonzoso y paradigmático durante los 17 años que lleva ya en funcionamiento. Construido en el subterráneo de la comisaría, sin ventilación adecuada, su régimen de visitas es aún peor que en las prisiones. Para visitar durante 10 minutos a un amigo o familiar internado hace falta hacer cola en la puerta de la comisaría desde las 5 o las 6 de la mañana para coger turno y visitar a la persona internada de cinco a siete de la tarde. En un día sólo se permiten 7 ó 8 visitas (las primeras que se apunten); por lo tanto, la gran mayoría de los internados se verá privada de este derecho. Las visitas se realizan en una pequeña sala gris, sin ventanas, del primer piso en donde hay una silla y un sofá viejos. Las visitas se realizan siempre en presencia de un policía, sin respetar su derecho a la intimidad.

Pos eso, con Javier Toret y Nicolás Sguiglia decimos: Los CIE y las deportaciones son el símbolo más fuerte y evidente de la barbaridad del régimen fronterizo en el interior de la Unión Europea. Marcar estos lugares de racismo institucional con acciones y campañas es clave para lanzar un debate público sobre la función de los CIE, las expulsiones y las políticas migratorias. Existen ya precedentes de fugas en Italia, Australia y Alemania, experiencias de desmontaje e incluso de cierre de centros de detención gracias a acciones colectivas legitimadas socialmente. ¡¡¡A qué esperamos!!!

Un chinche.