NO LA VALLA DE LA MUERTE : NINGUNA PERSONA ES ILEGAL. CARAVANA EUROPEA POR LOS DERECHOS HUMANOS

Manifiesto convocando a la caravana - 4, 5 Y 6 DE noviembre de 2005-

Caravana Ceuta

El hecho de que la gente muera en las fronteras, por desgracia, no es nada nuevo y menos en esa frontera sur de Europa que separa España de Marruecos: baste pensar en la cantidad de restos de pateras encontradas a la deriva a lo largo de los años. No son nuevas las deportaciones ilegales, al desierto de Argelia o a países terceros, con frecuencia de solicitantes de asilo cuya petición nunca fue admitida a trámite. Tampoco es nuevo que la gente intente cruzar las fronteras: de hecho, más que una barrera infranqueable, éstas funcionan como un dique, con su complejo sistema de esclusas, que determina quién pasa y cómo, a costa y a cambio de qué. Saltar las vallas que separan los enclaves coloniales de Ceuta y Melilla del territorio marroquí es desde hace tiempo una vía de entrada en Europa, sobre todo para los que no pueden o no quieren pagar el visado falsificado, la patera o al guardia civil que hará la vista gorda en el momento adecuado.

¿Qué hay de distinto entonces en las imágenes que nos han llegado en las últimas largas semanas desde Ceuta y Melilla? Es distinta la brutalidad que ha adquirido el régimen de fronteras: por primera vez, las fuerzas de seguridad (poco importa bajo qué bandera, al fin y al cabo el grado de «cooperación» es cada vez más alto) han tirado a matar a quienes intentaban cruzar saltando la valla. Por primera vez, las deportaciones se han hecho a zonas del desierto alejadas de cualquier población y, por lo tanto, de cualquier suministro de agua y alimento. Es también distinta la cantidad de gente que intentaba saltar. ¿Tal vez por el control del Estrecho por el Sistema Integral de Vigilancia Exterior (SIVE), que obliga a hallar rutas alternativas? ¿por la subida de los precios cobrados por las redes de contrabandistas? ¿porque el salto de la valla implique no arriesgarse con estas mafias? . ¿Tendrá que ver el aumento de la cooperación policial entre España y Marruecos y la consecuente intensificación de la presión de las autoridades marroquíes sobre quienes utilizan Marruecos como país de tránsito en su migración hacia el norte?. Factores de peso que, entre otras cosas, obligan a interrogarse sobre los motivos de que la frontera sur sea la más militarizada de las fronteras europeas.

Hay más cosas que son distintas en esta ocasión: a medida que las imágenes se han ido colando en nuestros espacios cotidianos, a través de la televisión y de la radio, se nos ha ido haciendo más y más insoportable mirar, una vez más, como tantas otras veces, a otro lado. En distintos puntos de Europa, se han convocado concentraciones, vigilias y manifestaciones que han dicho basta: basta de asesinatos, basta de deportaciones homicidas, basta de golpes y vejaciones, basta de inversión en militarizar fronteras.

Grupos y espacios sociales autoorganizados, comunicadores sociales, ciudadanos europeos nacidos aquí y allá, asociaciones de vecinos, asambleas y foros de inmigrantes hemos decidido ir desde distintos puntos de Europa en una caravana hacia las vallas de Ceuta para que nuestro «basta» se oiga alto y claro. Hacia las vallas como lugar de un crimen perpetrado en nombre de las democracias europeas. Hacia las vallas como símbolo de un régimen de fronteras que no sólo está hecho de barreras físicas y áreas de vigilancia cada vez más militarizadas, sino también de un sistema de acceso a los derechos que crea ciudadanos de primera y de segunda categoría (y «no ciudadanos»), produciendo verdaderos apartheids laborales y sociales que cercenan y precarizan el lazo social y lo impregnan de miedo al otro.

Os invitamos a todos, hombres y mujeres de las distintas ciudades europeas, a sumaros a este viaje. Porque hoy más que nunca, frente a la barbarie, contra la multiplicación de las barreras y los sistemas de inclusión/exclusión en la Europa realmente existente, producir lo común significa decir basta a la valla de la muerte y a todo lo que ésta simboliza: no en nuestro nombre. Y significa también producir una alianza con los que intentan cruzar, defender su derecho a la existencia, que es también el nuestro... en un mundo mejor.