kein Mensch ist illegal

Hacking the border line!

 

En realidad, una exposición de arte contemporáneo no es necesariamente el lugar más apropiado para lanzar una campaña política que invitaba a desafiar la ley. Pero cinco años antes, cuando la exposición DocumentaX de Kassel fue el teatro de lanzamiento de kein Mensch ist illegal (Ninguna persona es ilegal), no se estaba muy preocupado por la formalidad. A finales de junio de 1997 un grupo de militantes políticos y media-activistas provenientes de las principales ciudades alemanas se reunieron en el laboratorio de medias puesto a punto cerca de la muestra de Kessel con el objetivo de crear un colectivo de apoyo a los migrantes clandestinos para buscar su regularización, un trabajo, ayudarlos a recibir asistencia sanitaria, mandar a la escuela a los hijos y facilitar su alojamiento.

No se trataba de una simple provocación, sino de elaborar y poner en práctica un modelo de apoyo político a personas privadas de los documentos corrientes, algo que se hacía desde años, pero secretamente. La opinión pública alemana parecía no alcanzar a ver en los migrantes otra cosa que delincuentes peligrosos, así que en el curso de los años Noventa cada seis meses se volvía a poner mano a las leyes en materia de inmigración: recortes en los servicios de asistencia, modificación de los procedimientos judiciales y hasta de la Constitución, por no hablar del rearme de la frontera alemana oriental, para contener la inmigración clandestina y las así llamadas organizaciones de traficantes de seres humanos

En este sentido kein Mensch ist illegal adoptó una perspectiva radicalmente nueva, optando por no hablar de los «inmigrantes» a partir de los presuntos motivos de su desplazamiento, sino de personas a las que le son negados los derechos civiles, y más en general el derecho a no tener derechos. No estábamos interesados en trabajar sobre números o estadísticas: invitábamos a tratar concretamente, a «hacer», algo que muchos de nosotros considerábamos natural, pero que desde hacía tiempo estaba declarado delito: favorecer la entrada y el alojamiento clandestino.

El punto de partido era: el hecho de no poseer documentos no hace automáticamente a los migrantes criaturas indefensas, no les deja a merced del aparato represivo del Estado y de los mecanismos de explotación tardocapitalistas, no hace de ellos individuos incapaces de todo más que de atraer un poco de compasión por parte de la gente. No estábamos carentes en Alemania de señales concretas del mundo de los migrantes: de sus tentativas de autoorganización ya en las diversas comunidades, o sobre el punto de trabajo, hasta de acciones espontáneas de protesta. Lo que faltaba era un marco político de referencia, estructuras eficaces que estuvieran en grado de poner verdaderamente en discusión un discurso dominante que veía en el asilo político una mera concesión a los prófugos.

Casi un año antes, en París, algunos miles de inmigrantes clandestinos, los sans papiers, habían ocupado dos iglesias, a breve distancia la una de la otra, dando así inicio a uno de los movimientos políticos más importantes de fin de milenio. Guiados por sus líderes carismáticos, los sans papiers tuvieron el coraje de salir de la oscuridad de una situación laboral precaria absolutamente privada de derechos y a la sombra de la ambigua protección concedida por las estructuras locales de los centros de acogida: saliendo a campo abierto, se habían presentado a los ojos de una opinión pública, que en el bello escenario de las vacaciones estivales, parecía no tener nada de que ocuparse. En el verano de 1996 el movimiento de los sans papiers inflamó París como una mecha, y la experiencia de la lucha francesa se difundió rápidamente por toda Europa. La autonomía y la conciencia de los sans papiers eran extraordinarias y cogieron a muchos por sorpresa.

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Partiendo de la experiencia de Paris, kein Mensch ist illegal propuso la idea de una «legalización desde abajo», de transportar, más o menos directamente, las ideas, las estrategias y las tácticas de los sans papiers al contexto alemán y de abrir, en el enfrentamiento con la peculiaridad de la situación alemana, nuevos recorridos de movilización. La idea demostró ser capaz de funcionar: el eslogan, por sí mismo, fue suficiente para agregar las más diversas aproximaciones al problema, sin que emergiese la rivalidad que caracteriza las colaboraciones entre grupos de naturaleza muy distinta. El espectro de acción se alargó rápidamente de la actividad sobre el derecho de residencia a la organización de campañas contra las expulsiones, del trabajo de apoyo a la autoorganización de los migrantes a la crítica práctica del nuevo «régimen de confinamiento».

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En 1999 tiene lugar en Tempere, en Finlandia, la cumbre extraordinaria del ministro de justicia y de interior de la Unión Europea, dedicado a la coordinación de las políticas migratorias sobre la escala europea. Con ocasión de esta reunión el network fue relanzado y asumió el nombre de noborder. En la fase de preparación los distintos grupos noborder habían conseguido establecer contacto en Francia y sobre todo en Italia, y en los días de la cumbre finlandesa se organizaron, en diferentes ciudades europeas, acciones de protesta contra el nuevo capítulo de la política de clausura de la UE.

Por la «gradual construcción de un espacio de libertad, de seguridad y de derecho», reza el Tratado de Amsterdam, en vigor desde el 1 de mayo de 1999, que en realidad significa: mayor clausura de las fronteras, aumento de los controles y de las expulsiones. El 15 y el 16 de octubre se desarrollaron así en Francia, en Bélgica, en Italia, en Dinamarca, Países Bajos, Suiza, Alemania y, naturalmente, Finlandia numerosas acciones espontáneas, grandes y pequeñas, más o menos espectaculares. El intercambio de información y la coordinación entre las actividades de los días de la cumbre fueron gestionadas por una laboratorio de medias improvisado [...] Aquello que hoy puede parecer natural aparecía ahora como algo extraordinario, se había conseguido gestionar y coordinar todas las noticias; el material proveniente de los diversos países constituyó la base para el nacimiento del network noborder, que desde entonces ha dado siempre cada vez más importancia a las acciones comunes sobre la escala europea.

Ya un año antes, pocos después de la muerte del joven migrante Semira Adamou en Bélgica, en distintos países se desarrollaron acciones de protesta que han sido noticia más allá de las respectivas fronteras nacionales. En los meses sucesivos también en Austria, Suiza y Alemania, alguno de los llamados deportados, fueron asesinados mientras iban a ser expulsados y los activistas de noboder lanzaron acciones en toda Europa. La campaña, a la que le fue otorgado provocadoramente el nombre de Deportation Alliance, tomó como punto de mira particular las compañías aéreas que colaboraban voluntariamente con los gobiernos transportando a aquellos que iban a ser expulsadas [...]

La campaña Deportation Alliance ha permitido no sólo eludir hábilmente el enfrentamiento directo, y absolutamente inútil, con los gobiernos, sino también obstaculizar concretamente las expulsiones de grandes contingentes, no limitándose ya a los casos individuales. La gran resonancia de esta campaña de protesta ha demostrado como la experiencia positiva de ciertos países era exportable a otros contextos: se comenzaron a proyectar, organizar y desarrollar acciones que han hecho posible el encuentro entre experiencias, conocimientos y recursos diversos al tiempo que han canalizado su potencial creativo, a fin de desarrollar, desde una posición a primera vista inexorablemente perdida, nuevas perspectivas de lucha contra las grandes empresas y sobre todo de resistencia unitaria al ataque represivo.

Igualmente prometedor se reveló otro proyecto del network noborder. En julio de 1998 un grupo de activistas organizó un campamento de diez días en la frontera entre Alemania y Polonia, a pocos metros del río Neisse. El slogan elegido por los organizadores de este primer Grenzcamp o Bordercamp («campamento de frontera») era: hacking the borderline, que ha marcado todos los otros campamentos a lo largo de las otras fronteras europeas durante los años sucesivos. El trabajo que se desarrolló en el Grenzcamp ha sido caracterizado por una estrategia basada en la trama de experiencias, debate político y acciones directas con el objetivo de subvertir el régimen de frontera. Después de los dos primeros campamentos en la frontera polaco-alemana fueron organizados otros en las fronteras entre Polonia y Ucrania, Polonia y Rusia, Blanca, Eslovenia y Croacia, lo que ha contribuido a conectar a los activistas noborder del Este europeo. Aquí se trabaja sobre todo sobre las consecuencias de la ampliación al este de la Unión Europea, como la cluasura de las fronteras en los países de proveniencia de los migrantes, y se tiene la mirada puesta en el papel de la International Organization of Migration (IOM), que en contraposición a los objetivos humanitarios de la UNCHR, opera como una agencia internacional para la difusión en el mundo de prácticas represivas en la aplicación de las políticas migratorias. Los campamentos noborder han alcanzado también el estrecho de Gibraltar, la playa de Tijuana, la frontera USA-Mexico y Woomera, sobre la costa australiana, demostrando que saben proporcionar, incluso en contextos muy diferentes entre sí, un principio real de agregación.

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«Las fronteras existen para ser superadas», el eslogan del Grenzcamp de 1999, es el que mejor expresa el sentido de las acciones realizadas en la tierra de nadie, en los márgenes del Estado-nación: afirmar la libertad de movimiento como derecho fundamental de todas las personas, movilizar toda forma de oposición a un régimen que desprecia a los seres humanos, desplegar una comunicación global modelada sobre la libertad de circulación de ideas, experiencias, capacidades específicas. Estos objetivos y la forma de luchas que de los mismos derivan no forman parte de un constructo teórico abstracto, sino que provienen de la realidad, de la historia de nuestros días, donde el mando imperial pisotea el derecho fundamental a la libertad de las personas que tienen cualquier motivo para superar las fronteras nacionales.

Ni el ballet de etiquetas, con el que en el marco del nuevo orden mundial se hace apología de una pretendida globalización, ni el meláncólico lamento sobre las certezas perdidas del Estado social nacional están en disposición de hacer justicia al actual desafío global. El movimiento anti-globalización insistiendo en afrontar la cuestión de los migrantes a partir de modelos interpretativos preconstituidos no reconoce el efetivo potencial de los nuevos flujos migratorios y la interconexión transnacional que estos comportan. La izquierda radical continúa en mucho casos considerando la cuestión migrante como un efecto secundario del capitalismo, no afrontándola como instancia en sí, a menudo encallandose en una postura puramente humanitario o persistiendo en la idea obsoleta de la independencia nacional. Sólo la enorme manifestación del 19 de julio en Génova, en el 2001, ha demostrado finalmente que la lucha contra la globalización capitalista no puede prescindir de una realidad que los nuevos flujos migratorios contribuyen a remodelar. Pero ¿cómo se puede hacer de este análisis algo más que un gesto simbólico?

Otra cita del network noborder ha tenido lugar el pasado año en el festival mediático make world en Mónaco organizado para discutir sobre el actual estado de las colaboraciones internacionales y sobre las prospectivas para el futuro. En el encuentro que ha tenido lugar al abrigo de los atentados de Nueva York han participado artistas, sindicalistas, militantes políticos y media activistas de toda Europa. En el centro de la discusión estaba la contrastación de las distintas experiencias para afrontar las dos temáticas clave de los años Noventa: de un lado la revolución digital y la crisis del trabajo que esta ha provocado, de otro la lucha por la libertad del movimiento, la batalla de la nueva clase obrera transnacional y el cambio de paradigma en la política migratoria dominante.

La conferencia se cerró con resultados importantes, entre ellos el proyecto de un campamento noborder europeo en Estrasburgo, la creación del network everyone is an expert, y una gira espontánea por distintas ciudades alemanas de dos sindicalistas americanos activos en el movimiento de los migrantes. El encuentro ha sido también una ocasión para repensar radicalmente la forma y la sustancia del trabajo de apoyo a los migrantes: lo más importante es no ver a los migrantes como simples víctimas, objetos de la represión estatal, del juego político o de una atención animada por un espíritu de compasión o de interés sociológico, sino como sujetos políticos con motivaciones propias y complejas, experiencias y capacidades que son negadas en el momento en que cruzan las fronteras de otro Estado con el objeto de crear los presupuestos de la hiperexplotación en el mercado de trabajo informal. En América la lucha de los trabajadores del textil de los sweatshop de Los Angeles y la campaña justice for janitors han asumido la misma función clave que cinco años antes habían desarrollado los sans papiers de París: de nuevo la apuesta es aquella de transportar sobre nuestro territorio la experiencia de luchas sobre el puesto de trabajo guiadas por las organizaciones multiétnicas del resto del mundo.

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En la conferencia make world de Mónaco se ha presentado también el proyecto de un banco de datos llamado expertbase.net, una provocación que consiste en formar un motor de investigación para la investigación sobre el trabajo que no exige documentos, y que invita a los interesados a inscribir o expedir anónimanente una presentación o currículum en el banco de datos. Pero no se trata sólo de una mediación en el trabajo: es un óptimo instrumento para comenzar a descifrar la composición de la clase obrera migrante y para recoger algunas informaciones sobre esa masa de hombres y mujeres, provenientes sobre todo del este europeo, que encuentran trabajo en Europa en el mercado de los «afectos» y del «cuidado», como empleados domésticos, de empresas de limpieza, personal de asistencia a enfermos o ancianos.

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