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\title{\textbf{Cooperación sin mando:\\una introducción al software
libre}} \author{Miquel Vidal \\ \texttt{\small{miquel@sindominio.net}}}

\date{}
\begin{document} 
\maketitle
%\abstractname{Abstract}
\begin{abstract} En las siguientes líneas explicaré algunos de los
rasgos del movimiento del software libre, su modelo de desarrollo y el
alcance político, ético y económico de su apuesta. Trataré de hacer una
breve genealogía del movimiento, destacando sus rasgos singulares y lo
que puede haber más allá del mismo, proponiendo algunas líneas de debate
y señalando algunos de sus interrogantes.\end{abstract}

Si bien el software libre no es un fenómeno nuevo ya que existe desde
los orígenes de la informática, sí es relativamente reciente su modelo
cooperativo de producción en red ---el llamado \textit{modelo bazar}---
y el movimiento social que lo avala ---la comunidad del software
libre---. No ha sido hasta los últimos cinco años en que, ligado a la
extensión de Internet y a la popularización de los ordenadores
personales, el movimiento del software libre ha alcanzado su masa
crítica, ha dejado de ser sólo cosa de algunos programadores y se ha
convertido en un fenómeno de cooperación social liberada. En la época de
la subsunción real de la totalidad de las fuerzas productivas bajo el
mando capitalista, en la cual todo se valoriza en términos mercantiles y
todo acaba tragado como en un agujero negro, las empresas han tardado en
advertirlo pero finalmente se han lanzado a la caza y captura de esta
increíble máquina productiva, tal vez la mayor empresa colectiva que
existe hoy día. ¿Qué es pues el software libre, que tanto interés está
empezando a despertar?\par

\section{¿Qué es el software?}

El software es una producción inmaterial del cerebro humano y tal vez
una de las estructuras más complicadas que la humanidad conoce. De
hecho, los expertos en computación aún no entienden del todo cómo
funciona, su comportamiento, sus paradojas y sus límites.\footnote{El
empeño por crear procesos computacionales cada vez más mecanizados y
``autoconstructivos'' nos ofrece algunos ejemplos de esos límites, que
son los de la lógica. Gracias al genial matemático Kurt Gödel, se
conocen bien algunos de esos límites en la noción de recursión, parte
fundamental de la informática moderna. Uno de ellos es la
irresolubilidad del ``problema de la detención'', que consiste en
decidir, dado un ordenador arbitrario provisto de un programa y de unos
datos arbitrarios, si llegará a detenerse o si quedará atrapado en un
bucle infinito. Otro es la demostración de que ningún programa que no
altere el sistema operativo de un ordenador será capaz de detectar todos
los programas que sí lo hagan (por ejemplo, los virus).} Básicamente, el
software es un plan de funcionamiento para un tipo especial de máquina,
una máquina ``virtual'' o ``abstracta''.  Una vez escrito mediante algún
lenguaje de programación, el software se hace funcionar en ordenadores,
que temporalmente \textit{se convierten} en esa máquina para la que el
programa sirve de plan. El software permite poner en relación al ser
humano y a la máquina y también a las máquinas entre sí. Sin ese
conjunto de instrucciones programadas, los ordenadores serían objetos
inertes, como cajas de zapatos, sin capacidad siquiera para mostrar algo
en la pantalla.\par
\pagebreak
Los ordenadores sólo procesan lenguaje binario,\footnote{O sea, basado
en dos estados, conocidos universalmente como ``bits'' (\textit{binary
digits}). La lógica binaria no es una limitación ontológica de las
máquinas, de hecho algunos de los primeros ordenadores, como el
\textsc{eniac,} operaban en base 10. Si los ordenadores se construyen
con arquitectura biestable es porque resultan mucho más sencillos y
baratos de fabricar que si ese mismo hardware estuviese obligado a
instanciar diez estados distintos.} pero para las personas este no es un
modo válido de comunicarse (salvo a nivel sináptico :-). Si bien en los
tiempos heroicos de los primeros ordenadores no les quedaba otro remedio
que hacerlo, los programadores hace mucho que no escriben su código en
lenguaje binario (denominado técnicamente ``código-máquina''), pues es
terriblemente tedioso, improductivo y muy sujeto a errores. Hace tiempo
que los programadores escriben las instrucciones que ha de ejecutar el
procesador de la máquina mediante lenguajes formales, llamados ``de alto
nivel'', bastante cercanos al inglés, si bien con rígidas reglas
sintácticas que lo asemejan a los lenguajes lógico-formales. Esto
facilita enormemente la tarea de escribir programas pero, para que esas
instrucciones sean comprensibles para el procesador, deben ser
convertidas antes a código-máquina. Esa \textit{conversión} se realiza
cómodamente con programas especiales, llamados compiladores. A lo que
escribe el programador se le denomina ``código-fuente''. Al resultado de
la ``conversión'' (compilación) en lenguaje-máquina, se le denomina
``código-objeto'', ``binarios'' o ``ficheros ejecutables''. En
principio, al usuario común sólo le importa este último nivel, los
``binarios'', pero conviene tener clara la distinción entre fuentes y
binarios pues es clave para entender el empeño de los partidarios del
software libre en disponer de las fuentes.\par 

Pero el software libre es mucho más que el derecho de los programadores
y de los hackers\footnote{A lo largo de este artículo usaré el término
\textit{hacker} no en el sentido massmediático y distorsionado de
``pirata informático'', sino en su acepción original, tal y como la
define por ejemplo Eric Raymond: ``Existe una comunidad, una cultura
compartida, de programadores expertos y gurús de redes, cuya historia se
puede rastrear décadas atrás, hasta las primeras minicomputadoras de
tiempo compartido y los primigenios experimentos de \textsc{arpa}net.
Los miembros de esta cultura acuñaron el término \textit{hacker}. Los
hackers construyeron la Internet. Los hackers hicieron del sistema
operativo \textsc{unix} lo que es en la actualidad.  Los hackers hacen
andar \textsc{Usenet.} Los hackers hacen que funcione la \textsc{www.}
Si tú eres parte de esta cultura, si tú has contribuido a ella y otra
gente te llama \textit{hacker,} entonces tú eres un hacker.''} a
disponer de las fuentes del código: significa también la libertad de
copiar y redistribuir esos programas.  Esos derechos, o su ausencia,
condicionan a cualquiera que use un ordenador y han configurado la
industria del software y de la informática tal y como la conocemos hoy
día. También ha dado lugar a un movimiento social ---el del software
libre--- cuya historia reconstruiremos brevemente en las próximas
líneas.\par

\section{Los inicios}

En la informática de los años sesenta y setenta y en la cultura hacker
que surgió en torno a ella, se disponía libremente de las herramientas
necesarias y del código fuente de la gran mayoría de los programas.  La
colaboración forma parte desde antiguo de los hábitos de la comunidad
científica y además, ante la diversidad de plataformas, era necesario
disponer del código cuando se adquiría el programa para poder
\textit{portarlo} al hardware de cada cual. Era tan normal como
compartir recetas de cocina y ni siquiera se hablaba de ``software
libre'', pues todo el que quería programar se beneficiaba de ello y veía
lógico que los demás se pudiesen beneficiar a su vez. Los hackers
copiaban los programas, intercambiaban sus fuentes, podían estudiarlas,
evaluarlas, adaptarlas a sus necesidades y a su hardware, reutilizaban
una parte del código para hacer nuevos programas\dots El desarrollo de
bienes públicos basados en ese modelo fue exponencial hasta el punto de
que gran parte de la tecnología en la que se basa hoy Internet ---desde
el sistema operativo \textsc{unix} hasta los protocolos de red---
procede de esos años.\par

Pero, a principios de los años ochenta, ese modelo entra en crisis, y
rápidamente comienza a emerger un modelo privatizador y mercantilista.
Los ordenadores, hasta entonces escasos, caros y poco potentes, se hacen
asequibles, cada vez más baratos y potentes y aparece un nuevo negocio,
el de los productores de software. Los programas se empezaron a vender
como productos comerciales independientes de las máquinas y sólo con el
código binario, para ocultar las técnicas de programación a la
competencia. La nueva industria del software comienza a apoyarse en la
legislación sobre propiedad intelectual. El mundo \textsc{unix} se
fragmenta en diversas versiones privatizadas y progresivamente
incompatibles entre sí, que los programadores no pueden modificar. Lo
que era práctica habitual, se convirtió en un delito: de golpe y
porrazo, quien compartía el código y cooperaba con otras personas pasó a
ser considerado un ``pirata''.\par 

Al tiempo que los sistemas van haciéndose incompatibles entre sí, la
comunidad de investigadores se va desmembrando poco a poco. Muchos
hackers ficharon por empresas y firmaron contratos en los que se
comprometían a no compartir con nadie de fuera los ``secretos de
fabricación'' (el código fuente). Por su parte, los laboratorios de
investigación comenzaron a hacer lo mismo y obligaban a sus hackers a
suscribir el mismo tipo de cláusulas. Para cerrar el círculo, los
compiladores, los depuradores, los editores y demás herramientas
imprescindibles para programar eran propietarios y se vendían a precios
respetables: se trataba de que la programación ``de verdad'' sólo
estuviese en manos de la naciente industria de software.\par 

Hubo hackers que no aceptaron esta nueva situación y continuaron con sus
prácticas cooperativas, lo que les convertía automáticamente en
``piratas'': parecía solo una cuestión de tiempo que la industria del
software propietario arrinconara y dejara definitivamente fuera de la
ley la cultura cooperativa y confiada de las primeras comunidades de
hackers.\footnote{``Muchos programadores están descontentos con la
comercialización de software de sistema. Esta puede permitirles ganar
más dinero, pero les requiere sentirse en conflicto con otros
programadores en general en vez de sentirse como camaradas. El acto
fundamental de amistad entre programadores es el compartir programas;
Ahora se usan típicamente arreglos de marketing que en esencia prohíben
a los programadores tratar a otros como sus amigos. El comprador de
software debe escoger entre la amistad y la obediencia a la ley.
Naturalmente, muchos deciden que la amistad es más importante.  Pero
aquellos que creen en la ley a menudo no se sienten bien con ninguna de
las dos opciones. Se vuelven cínicos y piensan que la programación es
sólo otra forma de hacer dinero.'' (Richard Stallman, \textit{El
Manifiesto GNU,} 1985)} Este contexto sirve de base y explica el auge
posterior del imperio Microsoft y similares: estaba naciendo el negocio
del software propietario y la próspera industria de los ordenadores
personales.\par

\section{El proyecto GNU}

Son los primeros años ochenta y seguiré la pista de algunos de esos
programadores que habían conocido la vieja cultura hacker de los años
setenta y que no se plegaron a los designios privatizadores de la
industria del software.\footnote{``Considero que la regla de oro me
obliga a que si me gusta un programa lo deba compartir con otra gente a
quien le guste. Los vendedores de software quieren dividir a los
usuarios y conquistarlos, haciendo que cada usuario acuerde no compartir
su software con otros. Yo me niego a romper mi solidaridad con otros
usuarios de esta manera. No puedo en buena conciencia firmar un acuerdo
de no divulgación [\textit{nondisclosure agreement}] o un acuerdo de
licencia de software.'' (Richard Stallman, \textit{El Manifiesto GNU,}
1985)} De hecho, consideraron la privatización un verdadero atentado a
los mismos cimientos del proceso de conocimiento. Se cuestiona que la
propiedad intelectual sea un derecho natural, y se percibe como una
práctica socialmente indeseable.\footnote{``Extraer dinero de los
usuarios por un programa con base en la restricción del uso que se le dé
es destructivo porque las restricciones reducen la cantidad y las formas
en que el programa puede ser utilizado. Esto reduce la cantidad de
riqueza que la humanidad deriva del programa. Cuando se opta
deliberadamente por restringir, las consecuencias dañinas son
destrucción deliberada. La razón por la que un buen ciudadano no utiliza
estos medios destructivos para volverse más rico es que, si todos lo
hicieran, podríamos empobrecernos todos por la destrucción mutua. Esta
es ética kantiana; o la Regla de Oro.'' (Richard Stallman, \textit{El
Manifiesto GNU,} 1985)}\par

Con ese planteamiento nace el Proyecto \textsc{gnu} (típico juego hacker
con un acrónimo recursivo que significa {\textsc{Gnu}'s Not
\textsc{Unix}}, o sea, ``\textsc{Gnu} No es \textsc{Unix}'') de la mano de
Richard M. Stallman, un hacker del emblemático Laboratorio de
Inteligencia Artificial del Massachussets Institute Technology
(\textsc{mit}). Era el año 1984, Stallman abandona el \textsc{mit} para
que no pudiese interferir en sus planes de liberar software y
comienza la construcción de una nueva comunidad, una labor metódica y
silenciosa, pero guiada por una asombrosa visión estratégica.\par

El proyecto \textsc{gnu} se propuso a la sazón una tarea titánica:
construir un sistema operativo libre completo. No es sencillo expresar
en pocas palabras la enorme dificultad que comporta un proyecto así,
sólo al alcance de unas cuantas empresas con miles de programadores a
sueldo. No digamos ya si no se dispone de herramientas para hacerlo.
Stallman tuvo que empezar casi desde cero, sin modelo bazar, pues no
existía la universalizada red Internet tal y como hoy la conocemos;
tampoco existía una comunidad de desarrolladores lo suficientemente
grande y ni siquiera se disponía de un compilador libre para empezar el
trabajo. Una analogía es construir una casa sin disponer apenas de
herramientas, por lo que primero hay que fabricarlas: desde picos y
palas hasta ladrillos y cemento. Eso sí, contaba con algún material
reciclable de ``otras casas'' ---grandes fragmentos de código
\textsc{unix} y una cultura de reutilizar código---. Stallman y la
\textsc{fsf} merecen por tanto un reconocimiento especial en esta
historia, pues sin compilador, depurador y editor libres no habría sido
posible lo que vino después, incluyendo el propio linux.\par

Con todo lo importante que eran esas herramientas, no fue ni mucho
menos la principal aportación de la \textsc{fsf}. Y es que los hackers
que impulsaron el Proyecto \textsc{gnu} en aquellos años no se
conformaron con su trabajo de desarrolladores, ya de por sí formidable.
Se dieron cuenta de que necesitaban algo más que crear herramientas de
software que dieran libertad a los programadores. Para que el trabajo no
fuera estéril y fácilmente reapropiable por intereses privados,
precisaban además defender esa libertad en el terreno político y
jurídico. El Manifiesto \textsc{gnu} (1985), escrito por el propio
Richard Stallman, es la declaración de principios e intenciones del
proyecto; inspirada en sus principios, se lanza en 1989 la primera
versión de lo que fue posiblemente el mejor logro de la \textsc{fsf} y
significativamente no en el terreno informático, sino en el ámbito
jurídico: la \textsc{gpl} (General Public License) o Licencia Pública
General.\footnote{Hay varias traducciones no oficiales al castellano de
la Licencia Pública General de \textsc{gnu}, por ejemplo en
http://lucas.hispalinux.es/Otros/gples/gples.html. Puede leerse la
versión original en inglés (única con valor legal) en
http://www.gnu.org/copyleft/gpl.html.}\par

\section{La GPL: copyleft para tod@s}

Utilizando un brillante juego de palabras, tan del gusto de los hackers,
Stallman inventa el concepto de \textit{copyleft,} con el propósito
político de garantizar la libre circulación de los saberes contenidos en
el software y la posibilidad de que todos contribuyan a su mejora. El
copyleft se sirve de las leyes internacionales del copyright para darles
la vuelta (\textit{all rights reversed:} ``todos los derechos del
revés'') pues protege el uso en lugar de la propiedad. El autor se
reserva los derechos para que su obra pueda ser utilizada por cualquiera
con la única condición de que nadie recorte o elimine esos derechos de
libre uso: en el momento en que alguien suprima o añada nuevas
condiciones que limiten en algo su disponibilidad (por ejemplo,
distribuyendo código binario modificado sin posibilidad de acceder a las
fuentes modificadas) estaría vulnerando la licencia y perdería el
derecho a servirse de ese software. Obligando a transferir esos derechos
a cualquiera que copie ese software, lo modifique o no, se beneficia
quien está de acuerdo con mantener su futuro trabajo con copyleft,
mientras que quien quiera desarrollar software propietario no podrá
utilizar código libre y deberá empezar desde cero.\par

La \textsc{gpl} o Licencia Pública General es la plasmación jurídica del
concepto copyleft. Con el tiempo, la \textsc{gpl} se ha convertido en el
cimiento del software libre, su baluarte legal, y para muchos constituye
un extraordinario ejercicio de \textit{ingeniería jurídica:} con la
\textsc{gpl} se asegura que trabajos fruto de la cooperación y de la
inteligencia colectiva no dejen nunca de ser bienes públicos libremente
disponibles y que cualquier desarrollo derivado de ellos se convierta
como por ensalmo en público y libre. La \textsc{gpl} se comporta de un
modo ``vírico'' y, como un rey midas del software, convierte en libre
todo lo que toca, es decir, todo lo que se deriva de ella.\par

Junto al modelo copyleft, hay otros desarrollos de software libre que no
son copyleft y considerados menos ``estrictos'' en cuanto a la licencia,
cuya mayor diferencia con el copyleft es que no insisten en que el
código derivado tenga que seguir siendo libre. Es el caso de las
licencias tipo \textsc{bsd}\footnote{http://www.freebsd.org/copyright/}
y las de tipo X11/XFree86: no ponen el énfasis en asegurarse que el
software libre siga siéndolo, pues los partidarios de Berkeley
consideran que de algún modo eso ya es limitar derechos. Posiblemente,
es una postura que se acerca al anticopyright y a la noción de ``dominio
público'' (un bien que jurídicamente no es de nadie), pero es menos
comprometida ---al menos en cuanto a la licencia--- en garantizar que el
software libre no deje de serlo. En la práctica y dejando los matices de
tipo jurídico, tanto las licencias tipo \textsc{bsd}-XFree86 como la
\textsc{gpl} son el baluarte del software libre y ambas representan un
referente ético y práctico alternativo al software propietario.\par

\section{Linux}

Disponiendo de la \textsc{gpl} y de poderosas herramientas informáticas
libres llegamos a los años noventa, con un sistema operativo
\textsc{gnu} ya casi completo. Faltaba el \textit{kernel} o núcleo de
sistema, una pieza fundamental y muy compleja que se iba retrasando más
de lo debido por la enorme dificultad de la empresa y por la escasez de
voluntarios que trabajasen en ello (hay que recordar que la mayor parte
de los hackers han escrito su código en ratos libres).\par

Por aquel entonces, por su cuenta y riesgo y sin ninguna relación con la
\textsc{fsf}, un estudiante finlandés llamado Linus Torvalds decide
ponerse a escribir un kernel que pueda funcionar y sacar todo el partido
de la arquitectura de 32 bits de los nuevos procesadores i386. Cuenta
con las herramientas \textsc{gnu} para hacerlo, y con un desarrollo
\textsc{unix} para los \textsc{pc} de 16 bits de entonces (minix). Por
primera vez hay máquinas disponibles a nivel personal y a precio
asequible capaces de trabajar con un sistema multitarea. Linus decide
entonces hacer un llamamiento a través de las news para quien quiera
ayudarle en el desarrollo. A los pocos meses (1992), son unos cientos de
entusiastas hackers de todo el mundo, coordinados a través del correo
electrónico y de las news y sin ningún interés económico, los que
consiguen el milagro. A un ritmo frenético y en medio de un caos
aparente, van dejando versiones en los repositorios \textsc{ftp} de
Internet para que la gente las pruebe, las estudie o las mejore. Linus
pone el desarrollo del kernel bajo la \textsc{gpl} y el proyecto
\textsc{gnu} se pone a trabajar para integrar el nuevo kernel con el
resto del sistema. Desde entonces la historia es bien conocida: a
principios del año 2000 son probablemente más de mil hackers
los que dan soporte al kernel y se calculan veinte millones de usuarios del
conjunto \textsc{gnu}/Linux. En suma, disponemos libre y gratuitamente
de un sistema operativo completo, potentísimo y fiable como el que más,
que doblega a las grandes firmas y desafía a muy corto plazo al ubicuo
imperio de las $Ventanas^{\textsc{tm}}$ con miles de programas en
constante evolución (la última distribución \textsc{gnu}/Linux del
Proyecto Debian\footnote{El Proyecto Debian nació bajo los auspicios de
la Free Software Foundation en 1993, con el objetivo de juntar la piezas
\textsc{gnu} y construir un sistema operativo libre completo. Hoy día es
un proyecto independiente de la \textsc{fsf} pero mantiene sus objetivos
fundacionales, lo cual la hace totalmente singular dentro de las
distribuciones \textsc{gnu}/Linux: es la única basada exclusivamente en
software libre y es la única de carácter no comercial. Debian se
mantiene y desarrolla de manera distribuida mediante la cooperación
desinteresada de más de 300 hackers de todo el mundo y dispone de una
comunidad de miles de usuarios coordinados a través de más de cincuenta
listas de correo públicas extraordinariamente activas.} recopila más de
4500 paquetes de código libre).\par 

Si bien es el más conocido, el núcleo linux no es el único ejemplo del
increíble éxito del software libre: por ejemplo, el 62\% de los
servidores web de Internet (equivalente a diez millones de sitios web,
según el último estudio de
Netcraft,\footnote{http://www.netcraft.com/survey/} correspondiente a
junio del 2000) se basa en un software libre llamado Apache, o en alguna
versión modificada del mismo.  Apache lo desarrollaron en un tiempo
record un grupo de webmasters y ha minimizado el uso de los servidores
propietarios de Microsoft y Netscape (en el mismo estudio de Netcraft
aparece en segundo lugar, muy lejos de Apache, el \textsc{iis} de
Microsoft con un 20,36\% de los servidores web y tercero
Netscape-Enterprise con solo un 6,74\%). Muchas otras utilidades y
aplicaciones basadas en software libre operan en servidores de todo el
mundo y, de modo silencioso y transparente para el usuario de a pie,
garantizan el funcionamiento cotidiano de Internet y de otras muchas
redes y sistemas informáticos, libres de los virus y agujeros de
seguridad que periódicamente atormentan a los inseguros sistemas basados
en Windows. Disponer del código fuente permite localizar errores y
corregirlos, e incluso detectar la existencia de código malicioso
(virus, puertas traseras, troyanos) que las empresas y grupos de poder
pueden eventualmente introducir en los programas y sistemas operativos
cerrados como forma de control y de asalto a la privacidad.\footnote{Un
caso paradigmático ha sido el archifamoso gusano LoveLetter (alias
``ILoveyou''), que infectó a varios millones de ordenadores conectados a
Internet a principios de mayo del 2000. Con un despliegue a partes
iguales de sensacionalismo e ignorancia, las portadas de los medios de
comunicación de todo el mundo se hicieron eco de este hecho como de un
problema que ponía de manifiesto una supuesta falta de seguridad de
Internet. Ni ellos ni ninguno de los autodenominados expertos de
empresas antivirus señalaron en ningún caso que el ``peligrosísimo
virus'' era un sencillo script de menos de 300 líneas escrito en
VisualBasic, inocuo por tanto para las tres cuartas partes de los
servidores de Internet, basados en sistemas \textsc{unix}. Para eludir
toda responsabilidad, Microsoft insistía en que no se trataba de ningún
error de diseño en sus aplicaciones. De ese modo y sin advertirlo,
Microsoft estaba reconociendo implícitamente que el gusano ``I love
you'' no explotaba agujero alguno, simplemente aprovechaba las
facilidades inherentes a la concepción de Windows: es pues Microsoft, y
no Internet, el que convierte los \textsc{pc} caseros en absolutamente
inseguros y pone los datos de sus incautos usuarios al alcance del más
inexperto \textit{script kiddy.}}\par 

El responsable de esta \textit{revuelta} antipropietaria (``Linux es
subversivo'': así empieza ``La catedral y el bazar'') no es Linus
Torvalds ni Richard Stallman ni la \textsc{fsf}, ni universidad,
gobierno o institución alguna, ni menos aún las empresas que ahora
cotizan en el Nasdaq con ``linux'' como bandera. El responsable de todo
esto es la propia comunidad de usuarios del sistema.  En el caso de
Linus Torvalds, su mayor mérito y por lo que debe ser reconocido sin
discusión no es por el kernel linux, por extraordinario que sea este,
sino por el ``modelo bazar'', la genial intuición de ingeniero que tuvo
para ponerlo a tope de vueltas en el momento justo (sin la explosión de
Internet y de los ordenadores personales no habría sido posible). Linus
ha llevado probablemente hasta sus límites el modelo bazar y lo ha
exprimido al máximo, aunque justo es decir que para nada lo inventó pues
desde siempre formaba parte de algunos entornos \textsc{unix} y de la
práctica de determinadas comunidades científicas y académicas (como Bell
Labs, el \textsc{mit ai} Lab o la Universidad de California en
Berkeley), que lo aplicaron y obtuvieron éxitos legendarios: pero nadie
antes que Linus lo había lanzado a escala planetaria, fuera del ámbito
científico y con ese formidable grado de intensidad y productividad. Se
puede afirmar sin temor a exagerar que el sistema operativo libre
\textsc{gnu}/Linux es la obra más importante que hasta ahora ha producido
Internet.\par

\section{El modelo bazar}

Actualmente y gracias al proyecto en torno al kernel linux, el principal
modelo de desarrollo del software libre es el ``modelo bazar''.  Fue
descrito por Eric S. Raymond en su ya clásico ``La catedral y el
bazar''\footnote{http://lucas.hispalinux.es/Otros/catedral-bazar/cathedral-es-paper-00.html}
(1997) y sin duda constituye una aportación singular en este capitalismo
de fin de siglo. Raymond contrapone el modelo bazar a un modelo de
producción de software al que denominó ``modelo
catedral'',\footnote{Nombre desafortunado para describir el fenómeno,
pues la construcción de las catedrales góticas se debía a los
\textit{compagnons,} colectivos nómadas e itinerantes del tipo albañiles,
carpinteros, herreros, etc. que las construían aquí y a allá,
diseminando las obras, sin división entre trabajo manual e intelectual y
con una planificación y construcción descentralizada y autónoma: ``Al
plano sobre el suelo del \textit{compagnon} gótico se opone el plano
métrico sobre el papel del arquitecto exterior a la obra.'' (Gilles
Deleuze y Félix Guattari, \textit{Mil mesetas,} Pre-Textos, 1988). Sería
pues más exacto denominar ``modelo pirámide'' o ``modelo rascacielos'' al
modelo jerárquico y planificado que describe Raymond en su artículo.}
basado en la necesidad de un arquitecto al mando de un staff rígidamente
estructurado y jerarquizado y el estricto control de errores previo a la
publicación.  A juicio de Raymond, el modelo catedral no sólo
corresponde a la industria del software propietario, sino a algunos de
los grandes desarrollos libres que ha avalado la \textsc{fsf}.\par 
\pagebreak
Según Raymond, el modelo bazar de programación se resume en tres
máximas: 1) liberar rápido y a menudo; 2) distribuir responsabilidades y
tareas todo lo posible, y 3) ser abierto hasta la promiscuidad para
estimular al máximo la cooperación. Incluso cumpliendo esas máximas, no
siempre es posible el modelo bazar: sólo puede darse en un entorno de
libertad, cooperación, comunidad y disponiendo del código abierto. A
menudo, encontramos fórmulas mixtas entre el bazar y la catedral. El
bazar encuentra dificultad para producir cooperación cuando se empiezan
proyectos desde cero o cuando se ensaya en grupos reducidos demasiado
heterogéneos o con mucho desnivel de conocimiento.\par 

A juicio de Raymond, el modelo bazar es mucho más eficaz y produce un
software de mayor calidad con menor gasto de recursos, lo que por sí
solo ya justificaría la aplicación masiva del modelo en la industria del
software. Por contra, para la gente que sigue los postulados de la
\textsc{fsf,} la calidad del código libre ha sido un elemento extra, no
es la razón de ser del software libre, ya que más importante que la
potencia y la fiabilidad técnica es la libertad y la comunidad
autogestionada de usuarios y desarrolladores a que da lugar, sin
precedentes en ningún otro ámbito, que por primera vez lleva la
iniciativa y el total control tecnológico sobre lo que usa.\par 

En todo caso, con bazar o sin él y más allá de su demostrado éxito a
nivel organizativo y técnico, el software libre desafía la lógica
interesada y mercantilista que parecía definitivamente asentada en lo
social. Alguien podría objetar que los procesos de cooperación no son
una novedad en el capitalismo avanzado y que de hecho son parte
imprescindible del modelo de organización posfordista.\footnote{En el
plano de los procesos productivos y de las formas de mando sobre la
cooperación social, algunas corrientes de pensamiento denominan
\textit{posfordismo} al conjunto de transformaciones que a partir de
mediados de los años setenta conducen a la informatización de lo social,
la automatización en las fábricas, el trabajo difuso, la hegemonía
creciente del trabajo inmaterial, del \textit{general intellect} y del
llamado terciario (comunicativo, cognitivo y científico, performativo,
afectivo) y la globalización de los procesos productivos.} Pero este
último precisa cooperación sujetada, orientada únicamente a la
extracción de beneficio, en ningún caso autodeterminada. La novedad que
introduce el software libre es que pone en funcionamiento un modelo de
\textit{cooperación sin mando.} No hay intereses empresariales directos,
es \textit{general intellect} puro, ingobernable y libre del
mando.\footnote{En los \textit{Grundrisse,} texto que prefigura nuestra
época con más de cien años de antelación, Marx recurre al término
\textit{general intellect} (o ``intelecto general'') para designar el
conjunto de los conocimientos abstractos (de ``paradigmas
epistemológicos'', diríamos hoy), que, al mismo tiempo, constituyen el
epicentro de la producción social y organizan todo el contexto de la
vida. Un ``cerebro'' o intelecto general, basado en la cooperación y el
saber abstracto, incluyendo el saber científico, que tiende a volverse,
en virtud precisamente de su autonomía en relación a la producción, ni
más ni menos que la principal fuerza productiva, relegando a una
posición marginal al trabajo parcelizado y repetitivo de la producción
industrial.} Es más, la ausencia de mando, de control corporativo o
jerárquico, parece condición \textit{sine qua non:} allí donde reaparece
el mando ---sea en forma de interés propietario, sea en su variante
autoritaria---, el modelo se marchita, se agosta y acaba por
desaparecer. Como el pájaro bobo (el pingüino), sólo puede vivir en
libertad. Nadie da órdenes, nadie acepta órdenes. Y sin embargo, la
gente se coordina, se organiza, hay gurús, ``líderes'', gente que dirige
proyectos: pero es autoridad conferida, no es mando. Funciona una
especie de ``economía del regalo'', en la cual se es más apreciado
cuanto más se aporta a la comunidad. Nadie puede exigir, no hay
garantía, no hay dinero como estímulo para el trabajo,\footnote{``De
hecho, mucha gente va a programar sin absolutamente ningún incentivo
monetario. La programación tiene una fascinación irresistible para
algunas personas, generalmente para las mejores en el ramo.'' (R.
Stallman, \textit{El Manifiesto GNU,} 1985)} aunque haya gente que cobre
por su trabajo o gane dinero mediante linux, pues ninguna objeción hay
en la comunidad para que los hackers puedan ser remunerados por su
trabajo. Todo este ``bazar'' caótico de listas y grupos dispersos de
voluntarios por Internet produce el mejor software, complejísimo
software cuyo desarrollo no está al alcance ni de la empresa más
poderosa del planeta. Porque la comunidad del software libre es ya la
empresa de software más poderosa del planeta.\par

\section{La teoría de juegos}

¿Cómo es esto posible? ¿Por qué ganan las estrategias altruistas a las
egoístas en el software libre? ¿Por qué la gente no trata simplemente de
extraer el máximo beneficio ecónomico como enseña el capitalismo? ¿Por
qué los pragmáticos no se limitan a tratar de aprovecharse y en la
práctica cooperan como el que más (aunque ideológicamente no lo
reconozcan)?\par

Desde la propia comunidad del software libre ha habido intentos de
explicar estos fenómenos a través de la teoría de los
juegos.\footnote{Ver por ejemplo el artículo de Juan Antonio Martínez,
``Software libre: una aproximación desde la teoría de juegos'', en
\textit{Linux Actual,} núm 11.} Y ciertamente, el clásico dilema entre
``bien colectivo'' \textit{versus} ``actitud egoísta'' es superado por
un axioma que recuerda vagamente al ``dilema del prisionero'' de la
teoría de juegos: la cooperación es preferible \textit{también} desde
una perspectiva egoísta. Y, al igual que sucede en el dilema del
prisionero, esto no siempre es evidente de primeras.  Inventado hace
medio siglo por especialistas de la teoría de juegos, el ``dilema del
prisionero'' se utilizó para estudiar el concepto de elección racional y
para ilustrar el conflicto existente entre beneficio individual y bien
colectivo.\footnote{Los creadores del ``dilema del prisionero'' lo
ilustraron así: dos personas detenidas y sospechosas de cometer un
delito son puestas en celdas separadas e interrogadas.  Cada uno es
invitado a traicionar a su colega, convirtiéndose en un arrepentido. Lo
que suceda depende de lo que hagan ambos prisioneros y ninguno sabe lo
que ha dicho el otro. Si los dos se callan (es decir, si cooperan entre
sí, según la teoría de juegos), serán condenados a una pena mínima de un
año por falta de pruebas. Si se denuncian uno al otro (es decir, no
cooperan entre sí, según la teoría de juegos) cumplirán una pena de tres
años. Pero si sólo uno denuncia al otro, recibirá una recompensa (y
quedará libre), mientras que su cómplice se pudrirá entre rejas durante
cinco años. Ante este dilema ---suponiendo que ambos están motivados por
el interés racional y que no pueden hablarse para pactar entre sí---
parece que la única opción racional es acusarse mutuamente para
minimizar la pena (será liberado si su cómplice se calla y cumplirá tres
años si habla; en cambio pueden caerle cinco años si calla y su cómplice
habla). La opción más \textit{racional} les hará acusarse mutuamente y
recibir una pena mayor. A menos que el jugador sea un incauto, tendra
que descartar la solución más \textit{deseable} para ambos ---la
cooperación (o sea permanecer callados)---. Este dilema sin salida ha
vuelto locos a generaciones de teóricos de juegos, y solo con una
variante llamada el ``dilema del prisionero repetido'', que consiste en
poderlo jugar varias veces y observar el comportamiento del otro,
encontraron una condición de salida.}\par

En la teoría de juegos tradicional, la estrategia ganadora es la llamada
\textit{Tit for Tat} (``donde las dan las toman''): ``sólo coopero si el
otro coopera''. Es también la más simple, se comienza cooperando en la
primera jugada y después simplemente se copia el movimiento previo del
otro jugador. Los teóricos de juegos consideran que \textit{Tit for Tat}
reúne dos rasgos que identifican a las estrategias ganadoras y
que juntas la hacen ganar en todas las pruebas realizadas por ordenador
contra estrategias mucho más sofisticadas y mas ``sucias'' (egoísmo no
cooperativo): es \textit{amable} y es \textit{clemente}. Una
\textit{estrategia amable} es aquella que nunca es la primera en ser
egoísta. Una \textit{estrategia clemente} es la que puede vengarse pero
tiene \textit{mala memoria,} es decir, tiende a pasar por alto antiguas
ofensas (se venga inmediatamente de un traidor o egoísta, pero después
olvida lo pasado). No se olvide que es amable en sentido técnico, no
moral, pues no perdona en absoluto. \textit{Tit for Tat} tampoco es
``envidiosa'', que en la terminología de Robert Axelrod significa que no
desean más recompensa que los demás y se siente feliz si el otro tiene
el mismo premio que uno mismo (de hecho \textit{Tit for Tat,} nunca gana
un juego, como máximo empata con su oponente): en el software libre
significa desear que todos tengan las mismas libertades de que dispone
uno mismo. Que lo más eficaz sea ser amable y clemente parecía desafiar
todo sentido común y constituyó toda una sorpresa para los matemáticos,
psicólogos, economistas y biólogos que han estudiado a fondo las
diversas estrategias de la teoría de juegos.\footnote{Ver el libro de
Richard Dawkins \textit{El gen egoísta,} publicado en su segunda edición
en 1989. Especialmente relevante para este asunto es el capítulo ``Los
buenos chicos acaban primero''.} Esta conclusión, que abrió una nueva
dirección de análisis, se ha confirmado una vez tras otra en los
estudios y torneos organizados por el politólogo estadounidense Robert
Axelrod: siempre acaban ganando las estrategias amables y clementes y
siempre salen derrotadas las estrategias ``sucias''. Por su parte,
biologos, genetistas y etólogos están cada vez más convencidos de que la
``cooperación egoísta'' es la dominante en la naturaleza.

En cuanto al software libre, sólo a veces aplica el modelo \textit{Tit
for Tat} a rajatabla y lo suele hacer no contra individuos sino contra
empresas poderosas cuando algunas de estas adoptan descaradamente
posiciones egoístas no cooperativas: se aprovechan en un primer momento
de la cooperación, pues hacen creer que comparten los valores de la
comunidad, y luego \textit{desertan} y no cooperan; suele suceder que
acabarán viéndose relegadas de la comunidad en cuanto se perciba la
trampa, aunque siempre se les permitirá rectificar. Sin embargo, el
modelo \textit{Tit for Tat} no parece ser el que caracteriza al software
libre.  Al menos no de una manera canónica. Por un lado, es libre
incluso para quienes no cooperan (esto le da valor ético, pero le aleja
del \textit{Tit for Tat}). Por otro lado, aunque el copyleft permite que
cualquiera se beneficie, no permite que nadie se lo apropie o que se use
para crear software propietario (esto le da valor pragmático y le
aproxima al \textit{Tit for Tat}).  La estrategia del software libre es
``amable'' y ``clemente'' a la vez, pero ---a diferencia del \textit{Tit
for Tat}--- es capaz de asumir en su seno estrategias egoístas sin
necesidad de expulsarlas o vengarse de ellas.\par

De acuerdo a la teoría de juegos, los individuos del \textit{Tit for
Tat,} cooperando entre sí en acogedores y pequeños enclaves locales,
pueden prosperar hasta pasar de pequeñas agregaciones locales a grandes
agregaciones locales. Estas agregaciones pueden crecer tanto que se
extiendan a otras áreas hasta entonces dominadas, numéricamente, por
individuos egoístas que juegan al ``Voy a lo mío''. A su vez, la
cooperación es un fenómeno que produce realimentación positiva: nadie
que disfrute de los beneficios del software libre puede dejar de
promover su uso. Por eso la comunidad conserva cierto tono proselitista,
además de por una percepción más o menos generalizada de que la potencia
y el futuro del modelo depende muy directamente de que haya mucha gente
participando activamente en su desarrollo.\footnote{Juan Antonio
Martínez, \textit{op. cit.}}\par 

En el software libre, convive un planteamiento basado exclusivamente en
la eficacia, en la superioridad técnica y productiva que genera el
modelo bazar, con otro que sitúa en primer plano la cooperación, la
ética y la libertad. La postura pragmática, que hay quien ha
calificado críticamente como ``realpolitik''\footnote{``Todas las
confusiones y parcialidades que aparecen en los artículos de Eric
Raymond son típicos de su elección de la `política real' como principio
de actuación en su activismo en pro del software libre. Un ejemplo de
esta elección es haber cambiado con efectos retroactivos en sus
artículos y conferencias el término \textit{software libre} por
\textit{open source.} No discrepo de la noción de ser eficaz promoviendo
el software libre.  Pero me opongo a acciones que pueden resultar atajos
válidos a corto plazo y causar perjuicios a la larga, ya que en estos
casos, en la búsqueda de un éxito puntual, se opta por apoyar fenómenos
esencialmente erróneos en lugar de combatirlos.'' (François René Rideau,
``Sobre los artículos de Eric S. Raymond'', 1998)}, rechaza cualquier
formulación ética del modelo y sólo acepta como ideología las reglas del
\textit{laissez-faire} propias del liberalismo más ortodoxo. Este
planteamiento apoya y potencia decididamente el software libre, porque
ha verificado que su resultado es \textit{más eficaz,} no porque valore
la cooperación en términos de producción de bienes públicos o de
beneficio social ni porque considere inmoral el modelo
propietario.\footnote{``Es posible que a largo plazo triunfe la cultura
del software libre, no porque la cooperación es moralmente correcta o
porque la `apropiación' del software es moralmente incorrecta
(suponiendo que se crea realmente en esto último, lo cual no es cierto
ni para Linus ni para mí), sino simplemente porque el mundo comercial
no puede ganar una carrera de armamentos evolutiva a las comunidades de
software libre, que pueden poner mayores órdenes de magnitud de tiempo
calificado en un problema que cualquier compañía.'' (Eric Raymond, ``La
catedral y el bazar'', 1997)} Incluso puede que solo le interese la
cooperación social como poderosa máquina al servicio del capitalismo.
Esta parte del modelo probablemente es la que se ajusta mejor a la
teoría de juegos de acuerdo al concepto de la \textit{cooperación
egoísta:} las empresas cooperan porque a la larga obtendrán más
beneficios y los individuos cooperan porque apoyando el modelo
dispondrán de mejores aplicaciones.\par

Junto a este planteamiento coexiste un acercamiento ético o altruista.
Conviene no confundirlo con un altruismo de base moral, religiosa o
metafísica, sino de una ética materialista que considera la libertad y
la cooperación social el mejor modo de defender algo que es bueno para
todos y que encuentra otros estímulos diferentes al beneficio
económico.\footnote{``No hay escasez de músicos profesionales que sigan
en lo suyo aunque no tengan esperanzas de ganarse la vida de esta forma.
[...] Durante más de diez años, varios de los mejores programadores del
mundo trabajaron en el Laboratorio de Inteligencia Artificial [del
MIT] por mucho menos dinero del que podían ganar en otras partes. Ellos
obtenían varios tipos de premios no monetarios: fama y aprecio, por
ejemplo. Y la creatividad también se disfruta, es un premio en sí
mismo.'' (Richard Stallman, \textit{El Manifiesto GNU,} 1985)} Dicho de
otro modo, no se trata de una historia de ``altruistas'' y ``egoístas'',
de ``buenos'' y ``malos'', que como tantos otros dilemas morales se han
mostrado inoperantes por falsos: pero hay una cuestión política de fondo
muy importante que los diferencia claramente y es la de si el software
---y, en general, el saber humano--- puede o no puede ser privatizado.
Mientras para el sector prágmático esto no es relevante, para Stallman y
quienes abogan por la visión ética esto es una cuestión central e
innegociable: el software, a diferencia de los bienes materiales, no
puede ser poseído, pues puede ser disfrutado por un número indeterminado
de personas sin por ello haya que privar a nadie de tenerlo a su
vez.\footnote{``Como no me gustan las consecuencias que resultan si
todos acapararan información, debo considerar como erróneo que alguien
lo haga.  Específicamente, el deseo de ser recompensado por la
creatividad de uno no justifica el privar al mundo en general de toda o
parte de esa creatividad.'' (Richard Stallman, \textit{El Manifiesto
GNU,} 1985).} Ese es el núcleo del dilema, de la diferencia, y el que
comporta acercamientos tan dispares al software libre.

La teoría de juegos funciona a nivel estadístico y se basa en
estrategias inconscientes de base algorítmica (las pueden ejecutar
máquinas, genes o seres humanos): no aplica pues criterios morales o
finalistas ni trata de dar cuenta de los casos particulares, ni de las
motivaciones de cada cual para cooperar o para ser egoísta, sino que nos
ofrece algo más sutil y valioso: la comprensión de un proceso y el
cuestionamiento de un mito capitalista y neoliberal, el del juego sucio
y el ``todos contra todos'', el de que es mejor que cada uno vaya a lo
suyo y solo se atienda a los intereses privados. Las conclusiones de la
teoría de juegos ---pese a carecer de finalidad moral--- nos ofrece un
resultado optimista y alentador para una ética materialista (no
moralista ni religiosa). La teoría de juegos y el software libre podrían
ser la punta de lanza de un \textit{nuevo mito,} el mito de compartir,
el de la cooperación y la ayuda mutua. Podría anunciar la saludable idea
de que incluso con individuos egoístas al mando, y en palabras del
biólogo Dawkins, ``los buenos chicos acaban primero''.\par

No obstante, hay también razones para pensar que si el enfoque
pragmático, apolítico, también llamado ``cooperación egoísta'', se acaba
imponiendo, dañará a la comunidad del software libre, que podría acabar
siendo recuperada por el capitalismo posfordista, del mismo modo que
recupera el \textit{general intellect} (la cooperación y el saber social
general) y lo pone al servicio de la extracción de beneficio privado.
Otros, sin embargo, apuestan por la coexistencia de ambas tendencias, y
piensan que mientras la postura egoísta se avenga a cooperar dentro de
las reglas del software libre no habrá nada que temer. Ese debate lo
abordaré en el siguiente epígrafe.\par

\section{Desafíos e interrogantes}
%\renewcommand{\baselinestretch}{0.25}

flushright{\fontsize{9}{11}\selectfont\textit{El interés en el software
crece más rápido que la conciencia acerca de la filosofía sobre la cual
está basado, y esto crea problemas. Nuestra capacidad de enfrentar los
desafíos y amenazas al software libre depende de la voluntad de
mantenerse firmes del lado de la libertad. Para asegurarnos de que
nuestra comunidad tiene esta voluntad, necesitamos esparcir la idea
entre los nuevos usuarios a medida que ellos llegan a nuestra comunidad.
Pero estamos fracasando en esto: los esfuerzos realizados para atraer
nuevos usuarios a nuestra comunidad sobrepasan de lejos a los esfuerzos
dedicados a la enseñanza cívica acerca de nuestra comunidad. Necesitamos
hacer ambas cosas, y es necesario que mantengamos ambos esfuerzos
balanceados.} \par\vspace{3pt} \hspace{\fill}{Richard
\textsc{Stallman}}} \par\vspace{12pt}

Entre 1997 y 1998 se producen tres acontecimientos que, a juicio de
muchos, inauguran un nuevo periodo en el ámbito del software libre: la
publicación de ``La catedral y el bazar''; la liberación del código
fuente de Netscape, y la foto de Linus Torvalds en la portada de la
revista \textit{Forbes.} Convencionalmente, se considera que esos tres
hitos despertaron el interés y dieron pie a la entrada masiva de las
grandes empresas en el mundo del software libre. Esta nueva etapa está
llena de sombríos interrogantes, por mucho que algunos la describan
triunfalmente, y probablemente van a generar nuevos focos de
antagonismo. Algunas grandes empresas han comenzado a contratar hackers
(lo cual no es nuevo) para llevar a cabo desarrollos de software libre
(esto sí lo es). Trabajos que antes se hacían sin interés económico
directo ahora empiezan a estar financiados por empresas. Proyectos cuya
motivación era la necesidad o el deseo de los hackers y de la comunidad
de usuarios de software libre, ajena al mercado, ahora pueden empezar a
estar condicionados por las necesidades, los ritmos y las prioridades de
las empresas que financian esos proyectos.\footnote{Un admirado hacker,
que coordina un estratégico proyecto de software libre, comentaba en
privado recientemente que hasta hace un año se levantaba por la mañana y
se ponía a escribir lo que le apetecía o si no le apetecía no escribía
nada. Ahora, en su empresa, sigue trabajando con software libre pero
cuando se levanta por la mañana debe consultar su agenda y ponerse a
escribir lo que le piden sus clientes. Aunque en ambos casos, antes y
ahora, está produciendo software libre, la diferencia a su juicio es muy
notable.} Modestos negocios que basaban sus ingresos en servicios
relacionados con el software libre se han convertido de la noche a la
mañana en grandes empresas que han salido a bolsa con capital-riesgo.
Algunas empresas que basan su negocio en el software libre se están
dedicando a comprar empresas más pequeñas y a su vez son compradas por
otras mayores, produciéndose la creación de grandes emporios. Ese trajín
de compraventa incluye sitios estratégicos para la comunidad como medios
de comunicación o repositorios de software: Andover compra Slashdot y
Freshmeat ; VA Linux compra Andover; RedHat compra Cygnus, etc. ¿Adónde
conduce esa concentración empresarial? ¿Qué pinta la gente de a pie en
todo este tinglado?\par

Hasta ahora, en la comunidad del software libre todo esto no se aprecia
como una amenaza, ni siquiera como un problema, antes al contrario:
alguna gente se ha esforzado mucho para convencer a las empresas de la
viabilidad capitalista del modelo, y ahora empiezan a recogerse los
frutos. ¿Cómo vamos a oponernos ahora a que las empresas ganen dinero
con el modelo, siempre y cuando mantengan las reglas del juego, es
decir, produzcan o financien software libre?\par

Ni tenemos perspectiva ni ha pasado tiempo suficiente (apenas dos años)
para valorar lo que va a suponer la irrupción masiva de capital fuerte y
de transnacionales en el software libre. Mi apreciación personal es que,
a diferencia de otras cuestiones en que se mantiene una actitud crítica
y muy alerta (como la legislación sobre patentes), en este crucial
asunto hay excesiva fe en las bondades del mercado y del libre comercio.
Es cierto que hasta ahora se ha conseguido doblegar a verdaderos
gigantes, pero ahora la situación es distinta porque con el modelo de
``cooperación egoísta'' ---y qué mayor paradigma de la cooperación
egoísta que el de la empresa capitalista--- esas empresas juegan a estar
``dentro''. Se puede pasar fácilmente de la cooperación sin mando a la
cooperación sujetada, la cooperación con mando.\par

Se presupone, en contra de toda evidencia histórica anterior, que lo que
es bueno para las empresas es también bueno para las personas. Y el
axioma no es ese, sino uno más tautológico pero también más exacto:
\textit{lo que es bueno para las empresas es bueno para las empresas.} Y
nada más. Bien es cierto que, a veces, aquello que genera beneficio
empresarial es reutilizado para procurar beneficios sociales, pero esto
es colateral (como un epifenómeno) y es atrozmente ingenuo confiar a
priori en que va a ser así. La confusión entre lo que es bueno para las
empresas (la acumulación de capital y la extracción de beneficio
económico por encima de cualquier otra consideración) y lo que es bueno
para la gente (la producción de bienes públicos y de riqueza social para
la vida en comunidad) puede ser desastrosa. \textit{Todo el interés del
capitalismo en el software libre es convertirlo en una máquina más de
hacer dinero,} pero como con todo lo demás si lo consigue probablemente
será a costa de vaciarlo de todo contenido liberador.\par

El sector que va más allá de la superioridad técnica y que realiza una
apuesta por la dimensión ética del software libre, confía en la
fortaleza del movimiento y de momento no se percibe alarma alguna en
este sentido. Se considera que el modelo de producción del software
libre no puede ser privatizado y recuperado por el mercado, que está
blindado \textit{jurídicamente} (la \textsc{gpl}), \textit{técnicamente}
(la superioridad en varios órdenes de magnitud de lo creado mediante el
modelo bazar frente a sistemas propietarios) y \textit{políticamente}
(algunos de los más significativos promotores del software libre
provienen de movimientos contraculturales o simpatizan con causas pro
derechos civiles).\footnote{Ver artículo de Aris Papathéodorou y Laurent
Moineau, ``Coopération et production immaterielle dans le logiciel
libre'', en el primer número de la revista \textit{Multitudes}, marzo
del 2000. Hay disponible una versión en línea en:
http://www.samizdat.net/slut/textes/mult\_coopprod.html.}\par 

No obstante y compartiendo esa confianza en la potencia de la comunidad
y su capacidad de respuesta, demostrada ampliamente hasta ahora, no hay
razón para desechar una lectura más crítica que nos haga cuando menos
estar alerta y no relajarnos ante los éxitos y los cantos de sirena que
vienen de fuera: el capitalismo ha sido capaz de ``recuperar'',
privatizar y mercantilizar casi todos los aspectos de la producción y de
la vida, desde lo material a lo inmaterial. ¿Por qué no va a poder hacer
lo mismo con el software libre? De hecho, hay ya bastantes indicios que
apuntan a la ``recuperación'' mercantilista de la capacidad de
innovación del hacker. El asalto masivo de las grandes empresas, con
perspectiva exclusivamente mercantil, podría verse como un
``troyano''\footnote{No es solo una metáfora: un ``troyano'', en este
contexto, sería un tipo particular de \textit{meme}. El \textit{meme}
sería la idea del mercado como motor de la economía y dinamizador del
software libre. En esa hipótesis, el troyano incorporado en el
\textit{meme} lo ``vampiriza'', se propaga con él, y acabaría reduciendo
el software libre a una pieza más del gran supermercado global en que se
está convirtiendo gran parte de Internet.} introducido en el software
libre y que, con el tiempo, parasite y desactive la potencia de la
comunidad.  ¿De qué modo?  La confusión con el tema de las licencias,
por ejemplo, está debilitando progresivamente la filosofía de fondo del
software libre (por eso la \textsc{fsf} se esfuerza tanto en explicar
las diferencias entre unas y otras), haciendo que algunas empresas hagan
pasar por libres desarrollos que no lo son, o bien popularizando
distribuciones comerciales de linux que mezclan software propietario con
la base libre del sistema \textsc{gnu}/Linux.  Lo primero ---la
confusión con las licencias--- puede causar desconfianza entre los
desarrolladores, que teman que su trabajo pueda ser finalmente
reapropiado y privatizado, y lo segundo ---las distribuciones linux que
añaden software no libre--- tapona el desarrollo de opciones libres que
reemplacen esas soluciones propietarias y se legitima software
propietario como si por el hecho de funcionar bajo \textsc{gnu}/Linux
fuese ``menos propietario'' y más aceptable.  Por su parte, la Open
Source Initiative (\textsc{osi}) no ha ayudado mucho a aclarar este
panorama.  Surgió como propuesta de algunos hackers para acabar con una
ambigüedad (\textit{free} en inglés, significa ``libre'' pero también
``gratis'') y con un término que al parecer disuadía a las empresas,
pero a cambio ha introducido otras tal vez peores: con el concepto
\textit{open source} (``fuente abierta'') que proponen como sustituto a
``software libre'' se pone solo el acento en que el código fuente esté
disponible, sin incidir en las otras dos libertades (poder copiar y
poder redistribuir libremente). Es decir para solucionar una ambigüedad,
se ha creado otra mayor.\par

Otro problema derivado del \textit{troyano} de la mercantilización son
los agravios comparativos que pueden producirse entre hackers que cobran
de multinacionales mucho dinero por el mismo trabajo y proyecto en que
otros participan sin cobrar. También hemos citado el peligro de que las
empresas marquen las prioridades de desarrollo y que se privatice el
conocimiento. Esto último ---la privatización del conocimiento---
entronca con dos de los problemas más graves con el que se debe medir el
software libre: 1) la poca o nula disponibilidad de los fabricantes a
facilitar información técnica relevante sobre sus dispositivos ni a
fabricar drivers para \textsc{gnu}/Linux que permitan utilizar los
nuevos dispositivos que van apareciendo en el mercado, y 2) las patentes
del software, como forma de privatización de las ideas, verdadera
amenaza para el software libre, ya que obligan a esperar durante años a
que expiren patentes de invención que son cruciales para poder utilizar
determinados programas.\par

Algunas de esos elementos, o varios combinados entre sí, podrían
desmoronar la cooperación sin mando y, por tanto, la comunidad de
software libre tal y como hoy la conocemos: y si no hay comunidad, no
hay software libre, puede haber fuentes abiertas y públicas incluso,
pero no software libre. Se hace pues cada vez más necesario un análisis
político del software libre que lleve a una toma de postura política o,
si se prefiere, a una apuesta ética que no ponga en primer lugar la
conveniencia o la mera instrumentalización de si es mejor o peor que las
opciones propietarias. Estamos ante un fenómeno que escapa claramente a
los parámetros clásicos de la economía política y de la ideología:
escapa a los parámetros ideológicos al uso, pues ni acaba de encajar en
una visión antagonista ---hay grandes dosis de pragmatismo y no existe
una visión decididamente anticapitalista--- y tampoco encaja en el
neoliberalismo puro y duro ---la libertad absoluta es un valor
fundamental del movimiento, sí, pero no el único pues hay también
principios éticos acerca de lo público, del apoyo mutuo y del acceso
igualitario y horizontal a los recursos del conocimiento y en contra de
la privatización del saber humano---. Es una nueva noción de bien
público, no tutelado por el mercado ni por el Estado: es un nuevo
\textit{espacio público no estatal.} No hay duda de que un nuevo modelo
de cooperación social productiva ha surgido en torno al software libre:
falta saber lo que dará de sí esa comunidad, además de buenas
herramientas informáticas, y si este nuevo paradigma podrá extenderse a
otros sectores de la producción inmaterial.  Estamos pues ante una
verdadera contienda política, que no está ganada ni mucho menos, y que
requiere determinación y apoyo al software libre y una lucha decidida
contra las patentes de software y demás leyes sobre la propiedad
intelectual que previsiblemente podrían detener su
avance.\footnote{``Las leyes de propiedad intelectual han corrompido
completamente las instituciones económicas, ya que muchas corporaciones
dependen de un modo crucial del monopolio de la información, también en
el origen de grandes fortunas, más que de la prestación de servicios
reales. No deben realizarse compromisos con estas leyes, y debe lucharse
contra su justificación, habitualmente errónea. Este es el principio
fundamental de la filosofía del software libre. [...] Es difícil luchar
contra prejuicios que sirven para justificar enormes intereses
financieros, por supuesto. Hace falta ser muy estricto precisamente
porque la tarea es muy dura.'' (François René Rideau, ``Sobre los
artículos de Eric S. Raymond'', 1998)} Me gustaría acabar citando unas
palabras de los paleoantropólogos Carbonell y Sala, del proyecto
Atapuerca, pues me parecen un magnífico colofón que de algún modo resume
y explica dónde reside la singularidad y la potencia del software libre:
``\textit{No es la humanización de la tecnología lo que debemos buscar,
sino su socialización. No es posible humanizar algo que es
exclusivamente humano. La socialización es lo que permite un crecimiento
exponencial de las capacidades humanas.}''\footnote{Eudald Carbonell,
Robert Sala, \textit{Planeta humà,} Editorial Empúries, 2000.} \par 

\section{Reconocimientos}
Sin la propuesta primero y la insistencia después de la Oficina 2004 de
Barcelona para escribir esta introducción política al software libre,
probablemente nunca me habría puesto a ello. Al primero que escuché
explicar con claridad la diferencia entre el acercamiento ético y el
prágmático al software libre fue a Jesús González-Barahona. Buena parte
de las ideas expresadas en la sección ``Desafíos e interrogantes'' son
fruto de mis frecuentes conversaciones con Marga Padilla, de quien tanto
he aprendido a lo largo de muchas horas de hackin' ---y de vida---
compartidas durante estos tres últimos años.  Agradezco también la
atenta lectura que Luis Pueyo hizo de la versión preliminar de este
artículo, cuyas críticas, comentarios y sutiles observaciones sin duda
han mejorado el texto final. Por último, \textit{but not least,} la
confianza y el apoyo del CSOA el Laboratorio a la telemática
antagonista me ha permitido aprender a socializar el conocimiento y ha
demostrado que son posibles en un centro social okupado proyectos
estables de autoproducción basados en nuevas tecnologías.  \bigskip
\flushright{\textit{Lavapiés, Madrid\\Julio del 2000}} 



\vspace{10mm}
\renewcommand{\baselinestretch}{0.7} \center{\footnotesize{Copyright
\copyright 2000 Miquel Vidal \\ Se permite la copia y la reproducción de
este artículo en su totalidad \\ y por cualquier medio, siempre y cuando
esta nota se preserve.}} \normalsize \end{document}
