Golpeado por una caída del consumo, el sector sigue cerrando plantas y reduciendo plantillas.
El Pais. Fernando Barciela 2 DIC 2012 - 00:00 CET
La crisis afecta a todos, pero a unos más que a otros. Para la industria del cemento, sus empresas, trabajadores y familias, y los pueblos donde están sus 36 plantas de producción, cualquier palabra que se utilice para definir su situación —cataclismo, catástrofe, hecatombe—, les parece suave. Esta industria, triunfal hace cinco años, vive la mayor crisis de su historia. Después de batir todos los récords de producción en 2007, ha regresado a los humildes niveles de los sesenta, anteriores al desarrollismo.
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