Tren de vida
GARA. Iritzia. Iñaki LEKUONA Periodista
Desconozco cómo llegó el médico Henri Grenet desde Bègles a Baiona en 1936, pero probablemente lo hizo en el tren que unía Burdeos con Hendaia. En su particular tracatrá vital, aquel girondino llegó a alcalde de la capital labortana en 1959 entre otras razones gracias a la popularidad que le confirió presidir el club de rugby de la ciudad. Su hijo Jean, también médico, también ex presidente del Aviron Bayonnais y también alcalde, ha cumplido este año medio siglo de dinastía.
Días antes de que el Rey Léon diera comienzo a las fiestas de Baiona, Grenet II anunció que París se plantea ahora construir la estación de la futura línea de alta velocidad en la propia ciudad y no en municipios de las afueras, donde algunos señores de las tierras, como el presidente de la Cámara de Comercio e Industria Jean-Marie Berckmans, acechaban esperando recalificar terrenos rurales en urbanos.
Pero el pelotazo parece que se queda en Baiona. O eso quisiera el bueno de Grenet, que lloraría emocionado si su nombre quedara para la posteridad grabado en el marco de una gran infraestructura, como ya lo tiene su difunto padre con el puente que atraviesa el Aturri.
Mientras él sueña, seguimos sin el famoso tram-train que debía haber comunicado la tan maravillosa Eurociudad prolongando la línea de Euskotren hasta Baiona. Obviamente, el próximo 21 de agosto, cuando su querido Aviron se enfrente al Stade Français en Anoeta, Jean Grenet acudirá a Donostia en su pedazo de coche de lujo. Para qué quiere Topo teniendo como tiene un buen tren de vida. Ahora sólo desea un andén faraónico donde estacionarlo, y qué mejor para ello que la moderna alta velocidad.
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