Manifiesto contra el Tren de Alta Velocidad (2002-04-17)

Otro monstruo amenaza a Euskal Herria: el TAV o Tren de Alta Velocidad. Un proyecto faraónico, costosísimo y de enorme impacto ambiental; uno más a añadir a la inmensa red de infraestructuras en proyecto o ya realizadas que atraviesan a lo largo y ancho el país: el superpuerto, autopistas, etc. Va a significar una de las mayores agresiones habidas hasta ahora contra la naturaleza, en toda la extensión del territorio, así como un duro atentado contra los individuos y el conjunto de la sociedad vasca. Supuestamente pieza importante para dar salida a la crisis económica y, según sus promotores, para modernizar Euskal Herria, va a producir en realidad un agravamiento de los ya acuciantes problemas económicos, sociales y ecológicos dentro del diseño de un capitalismo neoliberal, salvaje, tecnocrático, gigantista, nuclearizado, depredador, generador de marginación y pobreza, desestructurador del tejido social, pero recubierto de apariencias de progreso e incluso de respeto al Medio Ambiente.

EL TAV REPRESENTA UNA ENORME AGRESION ECOLOGICA

Este bárbaro proyecto tiene dentro de la reducida superficie de Euskal Herria un trazado previsto de nada menos que 443 kilómetros.: 180 kms. corresponden a la «Y» vascongada; 192 kms. al tramo navarro, que conecta con la «Y» en Tolosa -conviertiéndola en «H»- y atraviesa Nafarroa para empalmar en Aizón (Zaragoza) con el eje Madrid-Barcelona del TAV; y 71 kms. a la línea del TGV Dax-Biriatu que afecta a Lapurdi. Los TAV alcanzarían velocidades máximas de 250-400 kms/h para los viajeros y 120 kms/h para el transporte de mercancías. La realización de las obras del propio trazado y las actuaciones que requiere accesoriamente el funcionamiento del TAV traen consigo gravísimos efectos en múltiples direcciones. para empezar, el proyecto del TAV amenaza a los montes vascos del norte de Nafarroa, Gipuzkoa, y zonas limítrofes de Bizkaia y Araba, con la perforación de más de 128 km. de túneles, llegando a adquirir muchos de ellos grandes dimensiones, como el que atraviesa la sierra de Aralar (túnel de 11, 2 kms.), los del monte Udalaitz (dos de 4 km. y otro de 6,5 kms.), el de Arlaban (8,8 kms.), entre otros. Aproximadamente otros 310 km. del trazado discurren por la superficie del terreno, con más de 55 viaductos que se extienden a lo largo de 20 kms. El TAV requiere, en efecto, de la construcción de una infraestructura básica gigantesca y que provoca sobre el entorno un impacto incluso peor que el de las autopistas. Significa el socavamiento y el movimiento de impresionantes masas de tierra, la proliferación de taludes, terraplenes, viaductos, túneles, canteras y escombreras por todos los rincones de nuestra geografía, y la desfiguración de numerosos montes y barrios de nuestros pueblos. El impacto geológico e hidrológico será muy importante, provocará erosión del suelo, y miles de especies animales y vegetales se verán afectadas. Después se hará imprescindibles, por motivos de peligrosidad, su total vallado y aislamiento, ocupando franjas de hasta 120 metros de anchura que dividen profundamente el territorio. En cuanto a la proximidad de otras infraestructuras, como autopistas, ferrocarriles ordinarios, gaseoductos, etc. ello origina un fuerte aumento de la degradación ambiental y la acumulación de riesgos, peligro de accidentes e incluso de catástrofes por la gran velocidad del TAV. A su vez, el ruido y las vibraciones que produce a su paso son enormes, y su infraestructura eléctrica con una intensidad de 25.000 voltios produce campos electromagnéticos intensos que repercuten seriamente en la salud. Vienen ocultando las vinculaciones del TAV con la energía nuclear puesto que la utilización del TAV implica un crecimiento importantísimo del consumo y del despilfarro de energía eléctrica y significa recurrir para producirla a centrales nucleares. En menor medida, será también atendido por centrales a gas natural, petróleo, fueloil, carbón y por grandes pantanos hidroeléctricos, cuyos efectos en cualquiera de los casos, en distintos campos, son nefastos. Igualmente, la masiva utilización de metales pesados, cementos, explosivos, herbicidas, sistemas de refrigeración, etc. significan por su parte un importante incremento de la contaminación tanto en Euskal Herria como en aquellos lugares afectados a lo largo de la cadena productiva de estos elementos, con impacto en el clima, la flora y la fauna. Hasta aquí algunos ejemplos que muestran las importantes consecuencias del TAV, que no es sino una excelente muestra del desarrollismo que preside nuestra sociedad, en la que el incremento de la producción se convierte en objetivo sagrado de los estados y organismos internacionales. Resumiendo, el TAV ejemplariza el modelo desarrollista actual que, en aras de un «progreso» ilimitado, refuerza la propiedad estatal, privada y humana de la tierra, acelerando los procesos de concentración de capital y de destrucción de la naturaleza. Desarrollismo en la práctica significa producir contaminando, agrediendo y destruyendo la naturaleza de la que formamos parte, despilfarras los recurso naturales y energéticos, alterar los equilibrios ecológicos y destruir nuestra necesaria armonía con el entrono. El modelo que subyace al TAV consolida igualmente el abismo entre el Norte desarrollado y el Sur pobre y explotado, continuando con la expoliación de los recursos y bienes de Tercer Mundo sobre la base del cambio desigual y de nuestro enriquecimiento a expensas de su trabajo y de su riqueza. A su vez, las grandes potencias utilizan la mundialización del problema mediambiental para reforzar su derecho a decir lo que hay que hacer en el mundo, e intervenir cuando convenga a sus intereses, achacando a los pueblos condenados de la tierra el deterioro del planeta.

¿A QUE INTERESES Y A QUE MODELO SOCIAL RESPONDE EL TAV?

El Tren de Alta Velocidad, junto a las otras grandes infraestructuras, forman parte del modelo que principalmente el PNV, PSOE y UPN se han trazado para Euskal Herria con el supuesto propósito de salir de la crisis, de acuerdo con los intereses económicos, sociales, ideológicos y políticos que representan, y basado en lo que llaman la dinamización de la economía, el impulso de la competitividad y la modernización, el progreso, la tecnología punta y la construcción de grandes infraestructuras, en concordancia con las pautas de reestructuración del capitalismo. Desde esta perspectiva, el TAV permitiría mejorar las relaciones económicas de las fuerzas impulsoras del proyecto con la Península, Europa y el resto del mundo, a través del eje Madrid-Irún-París, del superpuerto (pieza fundamental) y de la conexión por Nafarroa con el eje Madrid-Barcelona. El coste económico del conjunto del proyecto será inmenso: se estima actualmente en 700.000 millones de pesetas, cifra que posiblemente quede al final multiplicada por tres o por cuatro, hasta llegar a los dos billones, como siempre ha sucedido con los proyectos importantes de obras públicas. Sin embargo, hay que ser conscientes de que la crisis tiene dos lecturas: por una parte, la de quienes la han generado, es decir, la de los empresarios y representantes del capital, que ven reducir sus tasas de beneficio y adoptan medidas cuyo objetivo prioritario reside primero en la recuperación y después en el incremento de ganancias, y no precisamente en la creación de puestos de trabajo como proclaman. Por otra parte, al otro lado de la barrera, la de la mayoría de la población, que sufre sobre sus espaldas las consecuencias de aquellas medidas, viendo como pierde su trabajo y se degradan aún más las condiciones del entorno y de su propia existencia, y frente a la cual no cabe más que una reestructuración total y absoluta del actual modelo de producción, consumo y de sociedad. El TAV es una pieza más de esa estrategia capitalista que está conduciendo a la flexibilización del mercado de trabajo, a la precarización generalizada, a unas tasas crecientes de paro, al incremento de la pobreza y la miseria, a la drástica reducción de lo que había para gastos sociales en la Sociedad de Bienestar -si así se puede llamar- convertida en obstáculo para el capital, a la reducción de salarios y al deterioro masivo de las condiciones de vida y trabajo. El TAV no va a significar una salida a esta situación, sino su agravamiento. Los recursos públicos disponibles se desvían hacia el saco roto de los empresarios y hacia la creación de gigantescas y costosísimas infraestructuras de transporte como el TAV, con la pretensión de atraer, dentro de la más estricta filosofía neoliberal, la más salvajemente capitalista, a quienes detentan capitales, principalmente al capital internacional y a las transnacionales, confiando que inviertan en el país y que generen un proceso de reactivación económica inducido, cuando en realidad no existe ninguna garantía de que tal cosa suceda. El TAV hay que situarlo en el contexto de la nueva división internacional del trabajo que se está produciendo a instancias principalmente de las multinacionales, lo que va a suponer una mayor dependencia de Euskal Herria respecto de aquellos verdaderos centros de poder, asignándosenos tras el desmantelamiento industrial y agrario, un papel comercial y subsidiario, un papel terciario, y siendo tributarios de la extrema movilidad del capital que puede trastocar cualquier esfuerzo hecho a nivel local. La maximización de la rentabilidad, la fabricación masiva de productos y la competitividad han ido empujando a la concentración de propiedades y capitales, al agrandamiento de plantas y al gigantismo general, lo cual les conduce a dispersar y fraccionar, en distintos lugares y países, las diversas fases de producción, distribución y almacenamiento en función de la máxima rentabilidad y mínimo costo empresarial. De forma que frente al necesario equilibrio sectorial y territorial, regional y local, el nuevo modelo desarrollista representado por el TAV contemple únicamente la interrelación y el desarrollo de núcleos grandes y especializados, lo que trae como consecuencia una total desestructuración social y hace que el trasporte adquiera en este modelo productivo y territorial una tremenda dimensión, como está sucediendo dentro de Espacio Económico Europeo. Asamblea contra el TAV

 2002-04-17

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