¿TAV para unos pocos o bicis para todas las gentes del mundo?

Gara. Iritzia. Rosa Lago Profesora de la UPV-EHU y miembro de Ekologistak Martxan

El EVE promueve el ahorro, la eficiencia energética y cierta producción con renovables, pero no parece querer ver el desastre al que nos encamina la lógica capitalista cuyo buque insignia en Euskal Herria, hoy día, es el TAV.

Sería el Tren de Alta Velocidad un medio de transporte universal y que respondiera a las necesidades de la mayoría de la población, por ejemplo, en Africa? Y el ferviente defensor del Tren de Alta Velocidad ante el que me encuentro reconoce que «el problema es la movilidad». El problema es el incesante aumento del transporte de mercancías a un ritmo anual del 28% en la CAPV durante la década de los noventa, y el mayor número de desplazamientos por estudios o trabajo con una tasa anual del 2,47%. Aún sin datos precisos, parece probable que el 90% de la población nigeriana que malvive con menos de un dólar diario no perciba el TAV como solución a sus problemas, ni siquiera de movilidad. Y resulta ser una paradoja macabra que el 87% del gas natural importado por la CAPV proviniera, precisamente, de Nigeria en 2005 (Fuente: ICEX), es decir, casi todo el gas consumido, ya que La Gaviota se agotó hace tiempo. Hasta las mentes más avezadas en esquivar responsabilidades y asignarlas a los gobiernos dictatoriales de los países empo- brecidos, repito, hasta esas lumbreras perciben cierto tufillo a colonialismo por parte de los países que, como Euskal Herria, carecen de recursos fósiles y se apropian de ellos, para seguir alimentando «el tren de vida» en el que nos hemos montado.

Dejando a un lado si el aumento de consumo con el cuadrado de la velocidad se compensa (por el menor número de frenadas ante la ausencia de curvas y paradas), el TAV absorberá mucha energía en su fase de construcción, y en cualquier caso, no va a invertir la tendencia y conllevar un decremento en el consumo energético, porque fundamentalmente el problema es la creciente movilidad. En el interior de la CAPV, en todo caso afectaría a los desplazamientos entre las tres capitales que apenas alcanzan un 0,72% del total. Además el precio del billete será más caro que el autobús o el tren convencional (un viaje de ida y vuelta entre Bilbao y Vitoria superaría los 20 euros, según estimaciones a partir de las actuales tarifas de Renfe en las líneas AVE), y por tanto, no está destinado a los trabajadores de bajo salario o estudiantes, deshaciendo así el hechizo sobre alguna madre encantada con la idea de su hijo yendo a la universidad a Vitoria todos los días en el TAV desde Bilbao, según me manifestaba entu- siasmada. El TAV es un medio de transporte exclusivo de países ricos, para gente exclusiva dentro de ellos, ejecutivos que se desplacen a Madrid y sustituyan el avión por este medio de transporte.

Mientras nuestro consumo energético casi se ha triplicado desde principios de los años setenta (¿se ha triplicado nuestra esperanza de vida, la tasa de alfabetización...?) y se avecina una crisis real por la escasez de crudo, el panorama internacional se torna aún más belicista en la carrera por controlar los recursos fósiles, siendo la guerra y ocupación de Irak un claro ejemplo. El Ente Vasco de la Energía promueve el ahorro y la eficiencia energética, así como cierta producción local con renovables, pero ni el EVE ni nadie en el Gobierno Vasco parece querer ver el desastre al que nos encamina la lógica capitalista, de la cual hoy día el TAV es su buque insignia en Euskal Herria.

Los movimientos de tierras previstos con las obras del TAV significan la mitad de los asociados a todas las nuevas infraestructuras construidas en la CAPV en los últimos veinte años, afectando a 331 explotaciones agrícolas. El Tren de Alta Velocidad deja a su paso un panorama desolador para las futuras generaciones que deseen defender su soberanía alimentaria consumiendo productos con «eusko label», en lugar de importar las manzanas de Chile o los tomates de Marruecos, opción política que realmente contribuiría a disminuir el tráfico de mercancías.

Ante mi entusiasmo por la bicicleta como el medio de transporte más práctico en Bilbao, y más delicioso, aún con lluvia, pedaleando junto a la ría en lugar de someterme a los chirriantes pitidos del metro, una amiga me preguntó con sonrisa maliciosa: «¿y qué tendría que hacer yo?, ¿ir de Bilbao a Gasteiz todos los días en bici?». Se puso a tiro: «No, tendrías que vivir en Gasteiz». Eso dolió a mi amiga, y no recuerdo las palabras exactas, pero más o menos se defendió diciendo que ella valía más que la energía consumida. Las vascas y los vascos valemos mucho, pero no más que los nigerianos ni las futuras generaciones. Un pueblo en armonía con el resto del mundo tiene que vivir de sus propios recursos, y el TAV no responde en absoluto a ese principio. No hay tiempo, es urgente parar el TAV.

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