¡NO al TAV! Que recorten de donde no necesitamos!

Hoy, cuando se hace patente que del caldero brujeril-financiero  del capitalismo puede salir cualquier cosa, sobre todo si es mala, las clases populares no pueden más que conjeturar sobre la agravación de la crisis y protestar por  el continuo deterioro de las condiciones laborales, los recortes sociales, la inestabilidad, la precariedad de todo y la ausencia de la menor seguridad respecto al porvenir en un mundo donde la pobreza, las desigualdades, las guerras y el hambre coexisten con la abundancia de mercancías, el lujo y el despilfarro. Así se extiende la idea de que el capitalismo nos ha conducido al borde del abismo, aunque sin parar de invitarnos a “dar un gran salto hacia adelante”, a la vez que las instituciones económicas y políticas que nos han traído a esta situación pierden toda respetabilidad y reputación de servir al interés público.

Pues bien, el ataque sin precedentes contra los derechos laborales y sociales se conjuga con otras políticas agresivas y modernas formas de expolio que en Euskal Herria también son ampliamente promovidas y responsables de la situación actual. En este sentido, ya es hora de desengañarse de que la construcción del TAV
y de grandes infraestructuras traen riqueza, empleo y bienestar, cuando en realidad son un buque insignia de los avances del capitalismo, avances que no solo agravan los males sociales sino que condenan el planeta a la destrucción. Entre otras cosas:

  • La expansión de grandes infraestructuras de transporte y comunicación ha fomentado la globalización económica y la conversión del territorio en conurbaciones y metrópolis, es decir, son instrumentos que han posibilitado la conquista del mercado internacional por las grandes corporaciones industriales y financieras, hasta el punto de que la lógica del mercado, la competitividad y el beneficio ha impregnado todos los dominios de la vida social y rincones del planeta, transformando íntegramente la vida social y la naturaleza en materia de explotación económica.
  • Las infraestructuras --como el TAV, las autopistas y autovías, los superpuertos, las incineradoras, las centrales térmicas, los tendidos de muy alta tensión y las macro-cárceles, entre otros ejemplos-- son además en buena parte un pretexto  para amasar dinero con rapidez, un verdadero negocio, y por consiguiente, allí donde también los gobiernos siguen realizando colosales inversiones en beneficio de intereses económicos y empresariales muy concretos: así el ejecutivo autonómico lleva el PSE-PSOE lleva comprometido un gasto de 2.521 millones de euros para hacer las obras de los tramos gipuzkoanos del TAV (solamente este año ha presupuestado 380 millones, cuantía que supone un incremento del 27% sobre 2011); el Gobierno de UPN prevé derrochar este año la mitad de la inversión pública en Nafarroa destinando 134 millones al inicio de las obras del TAV; y el Gobierno español ha solicitado a través del ADIF un nuevo préstamo de 1.000 millones para continuar con las obras en Bizkaia de euros al Banco Europeo de Inversiones. Estos procesos están teniendo ya consecuencia sociales muy graves, absorbiendo crecientemente los recursos que requieren imperiosamente otros sectores de actividad económica, social o cultural y la cobertura de necesidades sociales.
  • Por último, la creación de empleo es una gran falacia: las obras de la “Y vasca” son sinónimo de empleo precario y de sobre-explotación de trabajadores que realizan jornadas laborales de más de 12 horas bajo condiciones de inseguridad laboral que se saldan con la muerte de muchos, todo ello bajo la vista gorda y la complicidad de las administraciones públicas. De manera que el estado español es líder europeo en kilómetros de Trenes de Alta Velocidad, y a la vez encabeza el ranking en desempleo.

Por todo ello, a  la vez que respaldamos la huelga para responder al ataque contra derechos laborales y sociales, manifestamos que la defensa del territorio frente al TAV y el rechazo a las grandes infraestructuras debe situarse en el centro de la lucha social. Creemos, pues, que la contestación social no debe limitarse a cuestionar la reforma laboral, sino que debe asumir un planteamiento crítico del capitalismo que incida  en la importancia de las luchas populares en defensa de la tierra para que cuaje un cambio social verdadero. Es decir, a nuestro entender, las soluciones solo podrán emerger desde un movimiento guiado por la voluntad de vivir de otro modo, que cuestione las sagradas ideas de progreso, de desarrollo  y de crecimiento económico que las instituciones manipuladoras siguen dando por meta indiscutible, y  que contemple la transformación social y de la economía sobre bases descentralizadas y encaminadas a reconstruir una convivencia equitativa y en paz con el planeta.

¡El 29 de marzo tod@s a la calle!

Grupo contra el TAV de Donostia