¡Ni TAV, ni sumisión al capital!

De un modo crítico, la Asamblea contra el TAV apoya la huelga convocada por los sindicatos vascos el 21-M, pero a la vez también manifiesta su disconformidad con los contenidos y las formas que han lanzado la movilización. Apoyamos la huelga como un primer paso (no como fin de un ciclo de movilizaciones) para establecer complicidades en la calle y a través del conflicto, simpatías y afinidades que deben servir no sólo para tomar conciencia del poder que otorga la lucha y la protesta real, sino también de los enemigos a los que nos enfrentamos (empresarios, gobiernos y policía). En cuanto a la disconformidad con los contenidos de la movilización, opinamos que resolver la actual situación con un sencillo “que lo paguen ellos” supone obviar que antes de que la palabra crisis llegara a nuestras vidas ya estábamos envueltos en unas circunstancias críticas. El pretendido período de opulencia y crecimiento que hemos vivido ha sido en realidad un tiempo en el que lo que ha proliferado abundantemente han sido nuestras miserias, nocividades, sumisiones y aislamientos. Durante los años de las vacas gordas la mancha constructora de cemento (urbanizaciones, autopistas, Trenes de Alta Velocidad, centrales térmicas y eólicas, centros comerciales…) se incrementaba proporcionalmente a las hipotecas, las prisas, la precariedad económica y afectiva, el stress, la soledad… y, consecuentemente, al sometimiento a los medios de comunicación, a Internet, a los teléfonos móviles o al coche (esclavitudes que muchos han recibido con júbilo). Y el hecho de haber tenido que esperar a que las cuentas no cuadrasen para llamar a la movilización sólo da testimonio de la falta de conciencia que tenemos sobre nuestra desposesión. Por todo esto, creemos que la huelga sólo tendrá sentido como arranque de una visión crítica sobre el mundo insostenible en el que vivimos. La vida no es insufrible porque carecemos de empleo, sino porque nos vemos abocados en todo caso a una existencia agobiante que exige medicamentos, drogas legales (o ilegales), turismo en la pobreza de los demás, escapadas todos los fines de semana, evasión constante y dosis televisivas… que inevitablemente nos envilecen. Algo que exige acabar con nuestras cadenas con el mercado, pero también hacer más horizontales nuestras relaciones, recuperar los tejidos comunitarios barriales, locales, laborales y sociales e impugnar los roles de dirigentes y dirigidos. Lo cual propiciará no tener que esperar que nadie juzgue el momento político propicio para dar el pistoletazo de salida a la protesta. Para tomar conciencia de la crisis, habremos de acabar con la crisis de la conciencia. El 21-M nos vemos en la calle.

1 comentario for '¡Ni TAV, ni sumisión al capital!'

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