Ibarretxe agradece su trabajo a las empresas del TAV, pero elude citar a ETA

El Correo. JOSÉ MARI REVIRIEGO | ORDIZIA

«Las críticas son legítimas, lo que no es legítimo es poner bombas», proclama tras los atentados terroristas contra las constructoras El tripartito acelerará el recurso a Europa en favor de la consulta

Juan José Ibarretxe trasladó ayer en persona el apoyo del Gobierno vasco al Tren de Alta Velocidad (TAV), en la que fue su primera visita a las obras de un medio de transporte que considera vital para «el progreso» de Euskadi. Dos semanas después de que ETA asumiera los atentados contra empresas que participan en su construcción, el lehendakari se desplazó al tajo más importante del tramo de Guipúzcoa, situado en un valle de Ordizia. A pie de obra, en el corazón del Goierri, volvió a rechazar el uso de la violencia para oponerse a la nueva red ferroviaria, aunque eludió citar expresamenter a la organización terrorista. «Las voces críticas son legítimas. Lo que no es legítimo es poner bombas», advirtió. También se refirió a las compañías adjudicatarias, amenazadas por la banda armada, a las que «agradeció su trabajo por construir el futuro» del País Vasco.

Ibarretxe eligió para su estreno en unas obras del TAV el ramal guipuzcoano, el único de la 'Y' ferroviaria que ejecuta su Gobierno. La Administración central gestiona el resto, aunque financia todo el trazado. Pero con su visita a la excavación de un túnel entre Ordizia e Itsasondo también eligió el territorio con mayor número de alcaldes de ANV y, presumiblemente, donde la oposición al AVE vasco es más amplia. El regidor de Itsasondo, aeneuvista, no acudió al acto, pese a que estaba invitado.

El lehendakari llegó a las 10.45 horas a la zona de obras, ubicada en una loma sobre el arroyo Mariaratz, a bordo de un todoterreno y entre fuertes medidas de seguridad a cargo de la Ertzaintza, que desplegó furgonetas con antidisturbios cerca de la carretera de acceso. En el bosque, entre robles, abedules jóvenes y pinos de repoblación, se internaron agentes con uniformes de camuflaje. Por su parte, vigilantes de una compañía privada, dotados con armas de fuego, custodiaban las casetas de los operarios. El jefe del Ejecutivo autónomo acudió acompañado por la consejera de Transportes, Nuria López de Guereñu; el diputado general de Guipúzcoa, Markel Olano; y el alcalde de Ordizia, José Miguel Santamaría; todos con zapatos, salvo Guereñu, que optó por las botas de goma. El día era espléndido y no había barro junto a la boquilla sur del túnel, donde estaban instalados los micrófonos.

Por este orden, Ibarretxe dedicó sus «primeras palabras de agradecimiento a las instituciones locales de este país por su trabajo fundamental» para sacar adelante esta infraestructura. Después, a los responsables técnicos «por su compromiso más allá de los planos». Por último, al «trabajo» de las empresas del TAV, que habían reclamado un refuerzo de las medidas de seguridad tras los atentados por ETA. El primero de los tres perpetrados hasta ahora ocurrió el 12 de mayo. «Nos ayudáis no al Gobierno, la Diputación y los ayuntamientos, sino a la propia sociedad vasca a construir su futuro», apuntó en un mensaje de apoyo a las constructoras, aparentemente algo tibio para la gravedad de las advertencias de la banda terrorista, que las señala por participar en un proyecto «ajeno a los intereses de Euskal Herria».

«El tren del progreso»

Sin la contundencia empleada en ocasiones anteriores para rechazar esas amenazas, pero con un mensaje claro, reforzado con su presencia en las obras, el lehendakari volvió a deslegitimar la violencia y recordó que «el progreso es coger el tren, no obstaculizarlo ni ponerle bombas». En junio, al visitar una exposición informativa en Tolosa, calificó las bombas contra compañías del TAV como «actos cobardes e inhumanos». Ni entonces ni ayer mencionó por sus siglas a ETA. El Gobierno vasco, que se ha resistido a reconocer la autoría de esas acciones, consideraba que vincular el acoso al proyecto ferroviario con una campaña terrorista era «dar publicidad» a la banda.

Ibarretxe se explayó más en «el progreso» que el TAV traerá al País Vasco. Es -subrayó- un transporte sostenible que moverá pasajeros y mercancías, y sacará así vehículos de las carreteras, especialmente camiones, lo que reducirá la contaminación. Además, será «solidario» entre sus viajeros. «Nos unirá a todos, cristianos, judíos, mahometanos, musulmanes», precisó ante sus tres acompañantes y compañeros de partido (PNV). En un flanco seguía el discurso una delegación de las empresas; de los ayuntamientos, liderados por el presidente de Eudel, Jokin Bildarratz; y del Ministerio de Fomento, representado por la directora de Relaciones Institucionales, María Teresa Rodríguez Barahona (PSE).

En un paisaje rural, donde un baserritarra jubilado regalaba a los periodistas manzanas reinetas antes de que su huerta sea expropiada, el lehendakari dio un toque cosmopolita al TAV. Destacó de él su capacidad para enlazar Euskadi con el resto de Europa y por ello lo comparó con un metro, «el intercity»: «Estaremos a pocas horas de París, Londres y Berlín». También resaltó que las capitales vascas estarán conectadas entre sí a sólo media hora, aunque no hubo referencias más allá del desfiladero de Pancorbo para sorpresa de Rodríguez Barahona -Madrid estará a apenas dos horas de distancia-.

Ibarretxe destacó otra virtud del TAV: permitirá difundir la cultura vasca «en el espacio europeo». Al término del acto, saludó a una etxekoandre que había bajado de un caserío cercano y visitó la maquinaria de obra. Más abajo, tras dejar atrás una ladera en la que pastaban unas ovejas latxas, un grupo de 20 jóvenes protestaba contra el tren. Se disolvieron sin incidentes tras acusar al PNV de tener «el corazón de hormigón». El alcalde de Ordizia calificó la jornada de ayer de «día histórico» porque el nuevo trazado ferroviario permitirá «abrir puertas y ventanas en nuestro país». «Y nuestra obligación como políticos es mantenerlas abiertas».

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